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miércoles, 26 de mayo de 2021

«La gran montaña»: ilustrando una travesía, por Carmen Salvador

Carmen Salvador (Caracas, 1953) es una conocida ilustradora, artista plástico y arquitecta venezolana. Estudió en la Universidad Central de Venezuela, la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas y en el Instituto Federico Brandt de Caracas. Ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo de ilustración de libros para niños, como Los Mejores del Banco del Libro o la selección en la lista White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek. Con Ediciones Ekaré ha ilustrado los libros El rey mocho, El libro de oro de los niños, Estaba el señor Don Gato y La gran montaña.

En esta entrada, con motivo del décimo quinto aniversario de La gran montaña, Carmen Salvador comparte su experiencia durante el proceso de ilustración.

Cuando yo era niña, mi mamá —que era una gran lectora— nos contaba un cuento todas las noches antes de dormir. Leía usando solo una lámpara sobre el libro, para que la noche siguiera “puesta” en nuestra habitación. Aquellos libros tenían mucho texto y apenas una imagen cada tantas páginas, como solían ser las ediciones de cuentos de hadas de antaño.

Recuerdo hoy cómo, con cada vuelta de página, yo la interrumpía con mucha curiosidad diciéndole: “¡Déjame ver...!”. Y ella de vez en cuando me revelaba la imagen.

Muchos años después, al comenzar a ilustrar, reviví este fascinante juego de leer e imaginar, pero además ahora yo podía crear las imágenes y llevarlas al papel. Es un reto tratar de sacar las imágenes que tienes en tu memoria, o las que puedes crear a partir de una referencia, y reproducirlas en la forma en que tú quieres que se vean.

Cuando eres ilustrador y te entregan un manuscrito, quisieras complacer a todos logrando plasmar en el papel lo que se imaginan. Pero esto es imposible. Solo es posible cerrar los ojos, leer y leer muchas veces el texto, abrir los ojos, imaginar, pensar... y comienza un proceso como cuando cocinas y tienes todos los ingredientes en la mesa.

Creación de personajes

La gran montaña, escrito por José Antonio Delgado, narra la historia de cuatro amigos que sueñan con escalar una gran montaña. Estos cuatro amigos están inspirados en los integrantes del Proyecto Cumbre, que para entonces habían escalado grandes cumbres como el Everest. Teniendo esto en cuenta, me basé en relacionar a cada uno de los animales del cuento con algunos de ellos para la creación de los personajes.

A Yak lo crearía a partir de una foto que le pedimos a Frida —la esposa de José Antonio— de su pequeño hijo Tomás, porque era tan gracioso y tenía un pelo así como despelucado que nos recordaba a los yaks. Le pregunté a José Antonio con cuál se identificaba él y me dijo que con Elefante. Carlos Castillo con su característico pañuelo en la cabeza sería Canguro y finalmente Marcus Tobía, Camello.

Hice varias pruebas donde aparecían en bocetos los animales humanizados vestidos con ropa de escaladores, pero nos gusto más que se vieran como animales en sus cuatro patas. Lograr un lenguaje sencillo y con ternura era importante para resaltar los valores de amistad, solidaridad, perseverancia y trabajo en equipo.




Lo más importante para mí era resolver el recorrido que hacen los personajes desde que salen de su casa hasta que llegan a la cumbre de la gran montaña. Hice muchos bocetos y mapas hasta lograr armar una maqueta miniatura del libro completo. El storyboard creo que solo lo entiendo yo porque los hago muy pequeños, ya que así consigo ver rápidamente el conjunto y desarrollo de la historia para posteriormente definir las escenas.




Referencias y técnicas

Como referencias usé el libro “Camino a la cumbre: del Ávila al Everest” y otro libro muy completo que me prestó José Antonio sobre el Tíbet. Del último tomé imágenes de templos, personas, lugares, símbolos y los típicos banderines tibetanos.

Camino a la cumbre: del Ávila al Everets y referencias fotográficas

Para la técnica, use óleo sobre papel Fabriano de algodón. El óleo es un material difícil para ilustrar porque tarda en secar, pero el color es profundo y luminoso, y quería que así fuera porque el cuento era para niños pequeños. Todo el trabajo está realizado a mano suelta.

Boceto escena final

Ilustración terminada escena final

Tampoco utilicé líneas negras para los contornos, sino el mismo color de la forma en creyón para que el color fuera predominante. El diseño del libro marcaba que las ilustraciones serían sangradas, es decir, ocuparían todo el espacio de las páginas. Tuve cuidado de no intensificar mucho el color en la parte donde se agregarían los textos, para así facilitar su lectura.

Detalle escena final

El fondo de la portada y contraportada lo hice aparte en una doble página utilizando óleo, rasgando y superponiendo los blancos. Las guardas a línea negra, figuras sencillas, que luego se convertirían digitalmente a blanco con los motivos y símbolos tibetanos.

Guiños escondidos


Quise incluir un juego. Al inicio del cuento, donde Elefante está en su cuarto leyendo, piensa: “¿Podré tocar el sol y la luna?”. Allí coloqué en la ilustración al sol y a la luna en el mismo lugar que en la última página del cuento cuando (¡finalmente!) todo el grupo llega y dice: “Era casi como tocar el sol y la luna”. Lo quise ilustrar de esta forma para que, si el lector pinza las páginas intermedias y las mueve para ver la primera y última página, se pueda observar al sol y la luna superpuestas, casi tocándose.

Y finalmente, en el pequeño mapa, que aparece al final de la historia, se ve todo el recorrido de los cuatro amigos desde que salen de casa hasta llegar a la gran montaña. 

De colofón dibujé una foto, a manera de postal, en la que aparecen todos contentos posando con los abrigos que les tejió la Abuela Canguro.




jueves, 5 de noviembre de 2015

Una ojeada digital: Morella Fuenmayor (1963-2002)

"Los mundos creados por Morella, cálidos, francos y expresivos, tal como era ella misma, siguen muy vivos en sus historias. Nos acompañan y emocionan cada vez que abrimos uno de sus libros".

Directora de arte de Ediciones Ekaré 












jueves, 29 de octubre de 2015

Los mundos expresivos de Morella Fuenmayor

Irene Savino, diseñadora y directora de arte de Ediciones Ekaré, comparte su experiencia de trabajo junto a Morella Fuenmayor (1963-2002), ilustradora de siete títulos de Ekaré, a quien rendimos homenaje a propósito de los 25 años del clásico libro: Rosaura en bicicleta


Conocí a Morella una tarde de hace casi treinta años en el Instituto de Diseño de Caracas. Estaba interesada en ilustrar, sabía que yo trabajaba en Ediciones Ekaré y quería mostrarme sus dibujos. Como directora de arte tuve la suerte de acompañarla en el proceso de desarrollo de siete de sus libros, siete propuestas diferentes en cuanto al tema, edad del destinatario y técnicas de realización, todas ellas abordadas con delicadeza y escrupulosidad.

El book de Morella no era diferente ni más variado, pero en sus trabajos quedaba claro que dibujaba con acierto y que su trazo era seguro y limpio. De este primer encuentro, lo que más me llamó la atención fue cómo, a pesar de su timidez, Morella transmitía la firmeza de haber escogido su profesión: iba a ser ilustradora. 


En Estaba la pájara pinta, Morella construyó el espacio dibujando a lápiz un mínimo de elementos: un banco y un árbol. La ambientación se completa con una paleta restringida de colores primarios. Mediante la recreación cuidadosa de expresiones, poses y miradas plasmó en sus personajes algo tan inasible como es la relación de afecto que se desprende del juego amoroso de una madre con su hijo.  El resultado es un libro encantador, profundo en su simpleza.


La observación de los detalles como herramienta en la búsqueda de motivos para la representación se evidencia en su segundo libro, Un día en la oficina de 1987. La cotidianidad de una oficina se rompe cuando un padre lleva a su hijo al trabajo. Utilizando la misma técnica del libro anterior, da en este un mayor protagonismo al escenario de la oficina. El ambiente es el detonante de las acciones.

Rosaura en bicicleta planteó nuevos retos: la técnica para lograr la atmósfera deseada, los personajes y situaciones -que a pesar de lo inusual debían parecer cotidianas-, la secuenciación que no tenía que perder ritmo ni interés hasta llegar al esperado final. Al volver a hojear este libro queda claro que las decisiones que tomó Morella fueron las acertadas para hacer real, literariamente hablando, el mundo luminoso de la Señora Amelia y de Rosaura, su gallina, que pide una bicicleta para su cumpleaños.

La experiencia de Rosaura en bicicleta le permitió abordar con madurez el cuento de Orlando Araujo, Miguel Vicente pata caliente. Aquí vuelve a destacar la recreación del personaje, un niño en los escenarios de su ciudad. Morella realizó una cuidada recopilación de entornos. Recorrió Caracas para captar con sus bocetos detalles significativos en lugares emblemáticos. 

Uno de los procesos que vivimos de manera más gustosa fue el de Las recetas de misia Elena, de 1993, con textos de Elena Iribarren, editora de Ediciones Ekaré en esos tiempos. Morella preparaba cada receta para poder recrearla. Disfrutábamos mucho cuando nos visitaba para mostrar los avances del libro y las reuniones se acompañaban de ricas barritas de chocolate y ponquecitos de auyama. A pesar de que en Las recetas de misia Elena no hay narración, Morella no renunció a crear personajes que mostrarán en una serie de recuadros ilustrados los diferentes pasos de la elaboración de cada plato. Cada receta es “preparada” por un niño caracterizado con su propia personalidad.

Con la utilización de la acuarela recreó la vida de una familia monoparental donde La cama de mamá es el lugar polifacético donde mejor se está. Las ilustraciones, ambientadas en el interior de la casa, cuentan a través de infinidad de detalles la cotidianidad de los personajes que allí viven. Un pequeño mundo de relaciones familiares, de complicidades entre hermanos y cuidados maternales que confluyen en la cama de mamá.

 1. Samantha | 2. Atalanta | 3. Felipe 
Hacia finales de los años noventa trabajamos juntas por última vez en El libro de los nombres, un título que aún se mantiene inédito. Se trata de un diccionario de nombres que con mucho rigor preparó Verónica Uribe. Encargamos a Morella la entrada de cada capítulo, queríamos que ilustrara un personaje representativo cuyo nombre empezara con la letra correspondiente. Con buen tino, Morella seleccionó los caracteres y los representó con la simpleza de la línea. Aparecen la incansable Atalanta en la A, Felipe, aficionado a los caballos en la F, Samanta la que escucha en la S, entre otros. Y aquí también logró lo que tan bien sabía hacer: personajes significativos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Morella Fuenmayor: una mirada infinita

Morella Fuenmayor (1963-2002) fue una de las ilustradoras de libros para niños más reconocidas y galardonadas de Venezuela. Su trabajo siempre reflejó esos momentos íntimos y memorables de personajes e historias que, hoy en día, siguen en el imaginario de diferentes generaciones. En esta ocasión recordamos sus ilustraciones, pero ahora, desde su propia voz. 

“Yo dibujo desde que tengo memoria y recuerdo que de pequeña me gustaban mucho los libros ilustrados: los cuentos de Grimm, Las mil y una noches, los cuentos de hadas. En una oportunidad vi en clase, en el Instituto de Diseño, el libro La calle es libre. Recuerdo que aquello me provocó un gran impacto; incluso creo que allí nació mi admiración por Monika Doppert, una de mis ilustradoras favoritas”. 

Rosaura en bicicleta, 1990

"Para Rosaura en bicicleta me fui a la parte colonial de La Guaira. Para mí es muy importante la atmósfera, y es lo que más me cuesta, el ambiente, la perspectiva. Los personajes me cuestan menos. En esta primera etapa, que es de observación, haces algunos bocetos, recoges y asimilas cosas para luego sentarte a trabajar”. 

Ilustración original de Miguel Vicente pata caliente, 1992
La cama de mamá, 1994
“Cuando se comienza un nuevo proyecto hay una etapa interesante y muy bonita: la de la investigación y recolección de información. Para Estaba la pájara pinta me fui a un parque a observar los bancos, las mamás y los niños. Cuando estaba ilustrando Un día en la oficina, siempre que iba a entrevistas de trabajo me fijaba en las personas y en los objetos, los estantes, el escritorio, las papeleras”. 

Ilustración original de Estaba la pájara pinta, 1987

Un día en la oficina, 1987


“Alguna gente tiene metida en la cabeza que como son libros para los niños, hay que trabajar con círculo, cuadrado y triángulo, con formas muy básicas. No estoy de acuerdo porque eso es subestimar la capacidad del niño. Los niños están preparados para mucho más de lo que se cree. Es asombroso cuando les enseñas un libro y ellos ven cosas en las que uno ni siquiera se ha fijado”. 

El conde Olinos, 2000

Miguel Vicente pata caliente, 1992

“Me gusta ilustrar para niños, pero hay que tener bien claro que ilustrar no es pintar. Son cosas distintas y hay que separarlas. En los libros para niños hay que respetar y tomar en cuenta ciertas cosas. Hay que tener muy presente la impresión, el medio de reproducción; hay que saber algunos trucos, algunas trampas”. 

La cama de mamá, 1994 
"No hay nada más gratificante que un niño se ría con las ilustraciones de uno, que las vea y le encanten. Ese es el premio. No importa el jurado de especialistas o bibliotecarios. El niño es, en definitiva, el que tiene la última palabra". 


Frases de "Entrevista a Morella Fuenmayor" por Claudia Larraguibel. Texto cortesía del Centro de Información y Documentación del Banco del Libro

jueves, 2 de mayo de 2013

Una ojeada digital: Niña bonita; Jararaca, Perereca y Tiririca; Un diente se mueve.

Niña Bonita

Un conejo blanco, blanco, ha quedado prendado de una niña negra, negra, y quiere ponerse bonito y oscuro como ella. Cada vez que la ve, le pregunta: "Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?". Después de muchos experimentos y desilusiones, el conejo descubre el secreto.



Jararaca, Perereca y Tiririca

Ana Maria Machado ofrece al lector una poética historia sobre la supervivencia y el deterioro ambiental en la que sus protagonistas: una gramilla, un sapo y una serpiente, deben afrontar, cada una a su manera, la llegada del hombre al terreno baldío donde viven.

Un diente se mueve

¿Es cierto que los ratones se llevan nuestros dientes? ¿Y qué harán con ellos? Clarisse está inquieta desde que su primer diente de lecha se ha aflojado. El día en que se le cae, lo coloca bajo su almohada y esa noche, en sus sueños, visita el país de los ratones. Allí descubre lo que hacen los ratones con los dientes de leche de los niños.

Escritora a diario

Ana Maria Machado, autora de El perro del cerro y la rana de la sabana, Jararaca, Perereca y Tiririca, y Niña bonita, es entrevistada por Diajanida Hernández para el Papel literario del diario venezolano El Nacional.


Ana Maria Machado (1941) fue invitada de honor a la FIL Guadalajara 2012. La razón: la consagrada autora brasileña recibió el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil como reconocimiento a su trayectoria literaria. En el fallo del jurado se lee que la obra de la autora brasileña se distingue por “un estilo narrativo sencillo y complejo a la vez, que apela a la inteligencia del lector, con un lenguaje cuidadoso, lírico, ameno y que recupera la riqueza de la oralidad”. Machado es, quizás, una de las escritoras de literatura infantil más importantes de Iberoamérica. Valga decir que en el año 2000 recibió el Hans Christian Andersen, el galardón más prestigioso de las letras infantiles. Con más de cuarenta años de trayectoria, Machado ha articulado una obra dirigida a niños y jóvenes reconocida por trabajar con las nociones de género, alteridad y tradición, y por abordar temas diversos. Tiene más de cien libros publicados en dieciocho países y una cifra de títulos vendidos difícil de procesar: más de 19 millones de ejemplares. Un par de días antes de la entrega del premio, nos encontramos con la autora para conversar sobre el reconocimiento y su oficio.


Usted va a recibir un premio que ya se le concedió a Bartolomeu Campos de 
Queirós (1944-2012), quien fue un gran trabajador de la palabra, preocupado por el incentivo de la lectura y la formación de los lectores en Brasil. Ustedes comparten ese objetivo y el amor por la palabra, ¿qué significa recibir ese mismo premio?

No creo que sea una coincidencia, creo que es más bien un conjunto de circunstancias. Conocí a Bartolomeu hace más de cuarenta años, ya estábamos los dos trabajando en eso. Creo que es un momento de Latinoamérica, de las últimas décadas. Y, en Brasil, de una manera ejemplar porque teníamos niveles de analfabetismo muy grandes, fue necesario atender una deuda en la educación enorme. Teníamos un desarrollo de la literatura infantil muy grande, desde finales de los sesenta, con eso los autores que se estaban dedicando a escribir para niños estaban muy involucrados con la cuestión de la educación y del fomento de la lectura en general.

En Brasil se está trabajando para insertar bibliotecas en las escuelas a raíz de la ley que estableció que era obligatorio. ¿Cuál cree es el reto que enfrentan las escuelas con el tema de la formación de lectores, de cara a esta legislación que establece que toda escuela debe tener su biblioteca? 

Creo que el principal reto es hacer que los maestros y docentes lean porque, en general, leen muy poco. Hay algunos que leen pero, en general, la formación de docentes en Brasil deja mucho que desear. Tuvimos que aumentar muchísimo la cantidad de escuelas y de aulas en muy pocos años, pero eso no se acompañó con una valoración del magisterio, de los salarios, de la formación, del prestigio del magisterio. Entonces hay una cantidad muy grande de maestros que todavía son la primera generación alfabetizada de su familia, no vinieron de un ambiente con libros o de un ambiente lector. No es culpa de ellos, pero tienen deficiencias muy grandes de inmersión en un ambiente lector. Creo que, por los momentos, ese es el principal reto.  

Usted comenzó a escribir durante la dictadura. ¿Qué significó la escritura en ese momento? ¿Fue una respuesta a esa realidad?

Fue una de las respuestas, pero no fue consciente. Yo creía más bien que estaba respondiendo a la dictadura por otros medios que no era la escritura y, al final, también era con ese. Me gustaba escribir. Era profesora de literatura en la universidad, era periodista, entonces hacía cosas con la escritura y la literatura vino naturalmente.

Autores como Francisco Hinojosa hablan de la necesidad de que la literatura infantil aborde las realidades a las que se enfrentan los niños de hoy: violencia familiar, guerras, conflictos, bullying, inmigración, alcohol, drogas. Desde su experiencia, ¿cree que esto sea así?

Es posible. En general, no pienso mucho en eso. Mi literatura no tiene muchas intenciones; mi vida tiene, pero no la literatura. Cuando empiezo a escribir quiero contar un cuento o desarrollar un personaje, una idea, un ambiente y no me veo con la idea de pensar en que “hay que hacer esto”. Pero a lo largo de lo que he hecho en más de cuarenta años abordé todo eso, porque eran cosas que a mí me preocupaban. Creo que, en general, cuando escribo, sea para niños o sea para adultos, siempre pienso en algo que está dentro de mí como preocupación. Pero no es intencional. Estoy de acuerdo con Francisco Hinojosa, la literatura se puede ocupar de todo, es verdad, pero cada uno, cada autor en cada momento de su vida, en cada libro se ocupa de una cosa distinta.

  ¿Cómo ve el panorama actual de la literatura infantil en Brasil? 

Es muy fuerte. Tiene un desarrollo de décadas. Nosotros tuvimos un pionero, Monteiro Lobato, que hizo entre los años veinte y treinta una obra muy respetada. Después hemos tenido sucesivamente muchos autores muy buenos. Son generaciones ya, con mucha calidad y cantidad. No hay muchos prejuicios contra la literatura infantil, o no tantos como existen en otras culturas. Sobre todo, no hay una coincidencia muy grande con la práctica pedagógica. Los autores entienden que los libros para niños son parte de la literatura y no de la pedagogía, entonces eso nos da mucha fuerza. Nosotros, la generación de los setenta, cuando empezamos teníamos textos muy fuertes, éramos autores muy buenos, pero al inicio las ilustraciones no eran tan buenas. Luego las ilustraciones se hicieron más fuertes, sobre todo después de las escuelas de diseño industrial y diseño gráfico. Hoy hay excelentes ilustradores. Y estamos en un tercer momento, que es el del desarrollo de una excelente calidad gráfica, que tampoco teníamos. Todo eso va confirmando una literatura que es sólida. Hubo un tiempo, por ejemplo, en el que nuestros libros no podían compararse con los de Venezuela en términos visuales, de la calidad de la ilustración que tienen los libros de Venezuela. Los nuestros eran más primitivos, teníamos pocos ilustradores de aquel nivel que hay en Venezuela. Hoy empezamos a tener la posibilidad de una comparación.  

Después de muchos años publicó su primer poemario. Háblenos un poco de su relación con la poesía. 

No llegué ahora a la poesía. Publiqué por primera vez en este momento porque me di cuenta que entre los poemas que tengo, que escribo y guardo hace más de medio siglo, había muchos sobre el mismo tema, que era el tema del mal. Entonces me dije: eso hace un libro. Y decidí publicarlos. No fue que empecé ahora, no fue una decisión. El poema ocurre, a veces viene, como si viniera desde afuera, o desde el fondo, tan hondo que no sé ni dónde es. Cuando viene escribo, después vuelvo a él, trabajo mucho y lo dejo ahí. No pienso en publicar. 

¿Es disciplinada con la escritura?  

Escribo todos los días. Mi marido es músico y hace más de treinta años que estamos juntos. Yo veo que si él no toca todos los días, cuando tiene que ir a la escena para hacer su show, no funciona. Para un atleta es lo mismo, si no entrena todos los días, cuando llega el momento de la competencia no va a funcionar. Creo que es lo mismo para un autor: escribo todos los días. Eso no significa que todo lo que escribo todos los días se aproveche. Pero escribo todos los días.

martes, 9 de abril de 2013

A prueba de cuentos

Las pruebas para concretar la idea final que se quiere plasmar en el libro están llenas de vida y, por ende, de constante cambio. Rosana Faría comparte su proceso de ilustración para Un diente se mueve. Acá sus pruebas de personajes, formas, colores, texturas y, por si fuera poco, sus storyboards.

Pruebas de autor

 


 

 

 

 



Storyboards

 



lunes, 1 de abril de 2013

La técnica es la diversidad

Rosana Faría, ilustradora de Pin Uno Pin Dos; Niña Bonita; Jararaca, Perereca y Tiririca y Un diente se mueve, narra su encuentro con las técnicas apropiadas para cada libro publicado con Ekaré.
  
 Pin Uno Pin Dos
Mi primer proyecto con Ediciones Ekaré fue este pequeño libro de la colección Rimas y Adivinanzas; al ser la puerta de entrada a esta editorial, significaba mucho para mí. Pin Uno Pin Dos fue ilustrado totalmente con un rapidograph marca Rotring, punta 0.2, con un dibujo figurativo limpio en el que utilicé un achurado sencillo para sombrear. Luego Irene Savino, la directora de arte, utilizó tramas de mediotono para hacerle fondos de color plano, que es un verde pantone 357 C, en vez de negro, lo que le da esa apariencia sutil.
   

 Niña Bonita
Este segundo proyecto fue una confirmación de la buena acogida de mi trabajo anterior y la oportunidad para desplegar y demostrar mi profundo amor por el oficio. Decidí utilizar el creyón de madera profesional Faber-Castell sobre papel Fabriano de algodón texturizado, en un formato de 40x32 cm, casi el doble del tamaño al que se reproducirían las ilustraciones. Con esto logré un efecto de delicada filigrana en la que los tonos pasteles del iluminado paisaje playero colorearon el entorno contrastante: el negro de la piel y cabellos de la niña, que Ana Maria Machado me había encargado como la más bella del mundo, resaltan dulcemente, logrando, como me diría Jorge Elías Luján, "iluminar con el negro".


Jararaca, Perereca y Tiririca
El collage fue la técnica escogida para ilustrar esta historia por una sugerencia de Monika Doppert: “Ilustra con materiales con los que se te dificulte expresarte”. Una historia que corría el riesgo de convertirse en panfletaria no podía ilustrarse con técnicas suaves y dulces. Había que usar una técnica transgresora, que convocara el humor. El collage, entonces recomendación de Irene Savino, representa en esta historia el avance de la tecnología por encima de la naturaleza, ilustrada en gouache. La permanencia de Tiririca en contra de toda adversidad está exaltada en la última escena.


Un diente se mueve
En este proyecto se me daba la oportunidad de volver a tener una protagonista humana y hermosa, por lo que le pedí a mi sobrina Eloísa Toro que fuese mi modelo. Yo quería retomar la acuarela aunque no estaba segura de querer utilizarla de la manera que lo había hecho en otros libros. Entonces Ana Carolina Palmero, la directora de arte con quien hice equipo en este proyecto, hizo una prueba digital que me fascinó y me impulsó a buscar el soporte que me permitiera lograr tanta libertad con la acuarela. En ese momento aparec Ricardo Benaim, quien me permit usar su taller y buscar entre su colección de papeles traídos de todo el mundo: allí conseguí un maravilloso papel de arroz sobre el cual pinté la historia.

martes, 12 de marzo de 2013

Un diente se movió

La primera edición de Un diente se mueve, ilustrado por Gian Calvi, es publicada por Ediciones Ekaré en 1981. En 2012, se realiza una nueva edición con ilustraciones a cargo de Rosana Faría. Disfruten dos maneras distintas de transfromar un texto en imágenes.




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miércoles, 5 de octubre de 2011

Los tres erizos: ilustración en dos actos

Los tres erizos de Javier Sáez Castán es un libro presentado a manera de pantomima (representación teatral hecha sólo con movimientos y gestos). Posee, por ende, elementos que lo acercan al teatro: presentación de los personajes y separación de la trama en actos. A continuación se muestran secretos que guardan las ilustraciones en cada uno de los actos.

Acto I: El robo

¿Qué ocurre en la historia?
Tres erizos roban unas manzanas de la huerta de una mujer. Los habitantes del lugar buscan a los implicados en el hurto pero, con la llegada del invierno, la tarea se dificulta.

¿Cómo lo representa la ilustración?
La ilustración sirve para presentar la historia de manera lineal. A medida que transcurre la obra, se visitan diferentes escenarios que, al final del libro, se pueden ubicar como partes de un todo. A manera de guía, el autor muestra en cada página pequeños sectores de un lugar mayor: el jardín de una finca. 



























Acto II: El juicio

¿Qué ocurre en la historia?
La llegada de la primavera reanima a los habitantes de la finca en la búsqueda de los erizos. Los encuentran y, van a dispararles, cuando se dan cuenta que las semillas de las manzanas robadas dieron vida a un manzano. Como fin de la historia, los erizos son condecorados por su buen proceder.

¿Cómo lo representa la ilustración?
Las flores fuera de la madriguera de los erizos se han cerrado, la taza de café se ha volcado para expresar visualmente el susto y la sorpresa de los erizos ante la aparición intimidante de los hombres con sus armas.

También hay inscripciones destinadas a aclarar aspectos de la imagen. Este recurso medieval es utilizado por el autor para emular voces. En este caso, SALVE se trata de la voz de la naturaleza saludando al despertar del letargo invernal.


miércoles, 27 de julio de 2011

Los colores aparecen bajo líneas de un autor

Peli, o Julio Zúñiga, es el ilustrador de El Perro del Cerro y la Rana de la Sabana. En un principio, creó sus ilustraciones con expresivos trazos de tinta negra. Tras procesos de edición, las imágenes terminaron por ser coloreadas; tarea que estuvo a cargo de Irene Savino.



Pruebas de las ilustraciones en su versión original y en la coloreada