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martes, 15 de junio de 2021

No riman, ¡pero cómo suenan! | Cajita de fósforos

Adolfo Córdova (Veracruz, 1983) es un periodista, escritor e investigador mexicano. Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil por la UAB, ha recibido reconocimientos como el Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2015, Los Mejores del Banco del Libro de Venezuela 2017 y lista White Ravens 2017 por su obra.

Su investigación sobre poesía no rimada lo llevó a curar la selección de poemas que conforman Cajita de fósforos bajo la edición de María Francisca Mayobre, dirección de arte de Ana Palmero Cáceres e ilustraciones de Juan Palomino. El libro resultó el ganador del 2021 BOLOGNA RAGAZZI AWARD: POETRY de la Feria del Libro Infantil de Bologna.

En este texto Córdova comparte algunas miradas sobre el género y narra el nacimiento de esta luminosa selección.



No riman, ¡pero cómo suenan!


Son 36, el más antiguo de 1920, de Juana de Ibarbourou; el más reciente, nacido con el libro, de María José Ferrada. Son 100 años de poesía infantil no rimada. Y entiendo como poesía infantil aquella que puede interesar a niñas y niños, haya sido escrita o no con esa intención. La mayoría aquí sí fue escrita para hablarles, y buscando otra música, la misma que ya exploraban desde principio del siglo pasado muchxs poetas: sin rima, mucha de ella libre de métrica. Pero también incluimos poemas no escritos pensando en un lector infantil, porque la historia de la lectura reclamada por niñas y niños se ha escrito así: con y sin el adjetivo.


No riman, pero ¡cómo suenan! Hay en estos poemas una búsqueda rítmica, experimentación sonora, voces (algunas consonantes o asonantes, sí) como notas que van colocándose en una partitura invisible, nacida en la mente del o la poeta, que se materializa en la mente que lee-escucha esa armonía.


Mi criterio para ordenar la selección no fue cronológico ni temático pero sí buscaba un movimiento particular: el de una cabeza de fósforo encendiendo otra, una suerte de efecto dominó de palabras. Esta intención se fue a la luna y se convirtió en narración con las ilustraciones de Juan Palomino. ¿Cómo le hizo Juan para convertir una antología de poemas en un libro álbum? No lo sé, pero él da algunas pistas en una entrada previa en este blog tan querido. Y en el siguiente texto, epílogo en Cajita de fósforos, les compartimos un poco más de mi proceso. 

 

Profundamente agradecido con todo el equipo de Ekaré y con los y las poetas que encendieron esta cajita con cada uno de sus luminosos poemas


Si has acercado alguna vez un caracol a tu oreja, sabrás que hay asombros que no se ven pero se escuchan. Escuchar para creer que hay un mar contenido allí dentro o un trueno cayendo entre los cerros o un aullido apuntando a la luna. Luego, quizá veas en tu mente las olas ir y venir, la tormenta desatarse, una jauría de lobos en cacería. Pero han sonado primero, el sonido te ha hecho abrir los ojos.

La poesía es así: suena, palpita, tamborea; ama ser leída en voz alta, entra por el oído y sale por la mirada. Empezó a sonar de boca en boca y a mover los cuerpos de quienes la pronunciaban hace miles de años. Y desde entonces ha cambiado y acompañado el paso de la humanidad.

Como coleccionista de poemas, quería hacer una selección para niños, niñas y jóvenes que armonizara distinto, sin rima. Durante un año me dediqué a buscar en papel y pantalla, de un lado y otro del océano Atlántico. En Alemania, conocí un castillo de libros, la Biblioteca Internacional de la Juventud, y allí pasé horas y días y páginas hasta que encontré, en una revista vieja, en una estantería baja, en el rincón de una sala de lectura, un inusual poema de Aquiles Nazoa, que cantaba como canario y calzaba como Cenicienta. Y sentí al leerlo ese asombro de oír por primera vez el oleaje dentro del caracol.


Seguí leyendo tras la música de poetas de Iberoamérica en otras bibliotecas, como la de CEPLI, en Cuenca, España, en una ciudad medieval incrustada en un arrecife prehistórico, y otra más, la de IBBY, en mi país, México, en una casona donde reina una araucaria de casi cien años. Mientras iba cambiando de paisajes, de un lugar a otro, variaban los acentos de la gente con la que conversaba y el ritmo de las palabras que leía, y las fui guardando como tesoros en una cajita, como dice María Elena Walsh en el poema que inspiró el título de este libro.

Me guié con varias preguntas: ¿quiénes fueron los primeros en atreverse a romper la forma tradicional de la poesía para niños y niñas quitándole la rima y la métrica? ¿Quiénes continuaron con ese atrevimiento e imaginaron infancias que sonaran distinto? ¿Quiénes siguen haciéndolo hoy, explorando nuevos timbres y temas?

Aunque algunos dicen que rimado es igual a infantil y no rimado equivale a juvenil, nosotros no somos buenos para las fórmulas matemáticas. Se puede disfrutar de cualquier tipo de poesía a cualquier edad. En este libro esperamos convocar a todos. Reunimos a 36 poetas iberoamericanos de 10 países con imaginarios diversos. Cada poema, en prosa o en verso libre (exceptuando los haikus), conduce a otro pues cuando los organicé tenía en mente un sonido y una imagen que me hipnotiza desde niño: la de una cabeza de fósforo encendiendo otra.

Entre una y otra llama, una y otra voz, quizá escuches la tuya o busques otras, y a otros y quieran guardarlas aquí. O empezar su propia cajita de asombros encendidos.

 





Compartimos también este video en el que Adolfo explica en qué consiste su trabajo como investigador y antologador y propone a niños y niñas que se vuelvan coleccionistas de versos y hagan su propia antología:





miércoles, 26 de mayo de 2021

«La gran montaña»: ilustrando una travesía, por Carmen Salvador

Carmen Salvador (Caracas, 1953) es una conocida ilustradora, artista plástico y arquitecta venezolana. Estudió en la Universidad Central de Venezuela, la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas y en el Instituto Federico Brandt de Caracas. Ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo de ilustración de libros para niños, como Los Mejores del Banco del Libro o la selección en la lista White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek. Con Ediciones Ekaré ha ilustrado los libros El rey mocho, El libro de oro de los niños, Estaba el señor Don Gato y La gran montaña.

En esta entrada, con motivo del décimo quinto aniversario de La gran montaña, Carmen Salvador comparte su experiencia durante el proceso de ilustración.

Cuando yo era niña, mi mamá —que era una gran lectora— nos contaba un cuento todas las noches antes de dormir. Leía usando solo una lámpara sobre el libro, para que la noche siguiera “puesta” en nuestra habitación. Aquellos libros tenían mucho texto y apenas una imagen cada tantas páginas, como solían ser las ediciones de cuentos de hadas de antaño.

Recuerdo hoy cómo, con cada vuelta de página, yo la interrumpía con mucha curiosidad diciéndole: “¡Déjame ver...!”. Y ella de vez en cuando me revelaba la imagen.

Muchos años después, al comenzar a ilustrar, reviví este fascinante juego de leer e imaginar, pero además ahora yo podía crear las imágenes y llevarlas al papel. Es un reto tratar de sacar las imágenes que tienes en tu memoria, o las que puedes crear a partir de una referencia, y reproducirlas en la forma en que tú quieres que se vean.

Cuando eres ilustrador y te entregan un manuscrito, quisieras complacer a todos logrando plasmar en el papel lo que se imaginan. Pero esto es imposible. Solo es posible cerrar los ojos, leer y leer muchas veces el texto, abrir los ojos, imaginar, pensar... y comienza un proceso como cuando cocinas y tienes todos los ingredientes en la mesa.

Creación de personajes

La gran montaña, escrito por José Antonio Delgado, narra la historia de cuatro amigos que sueñan con escalar una gran montaña. Estos cuatro amigos están inspirados en los integrantes del Proyecto Cumbre, que para entonces habían escalado grandes cumbres como el Everest. Teniendo esto en cuenta, me basé en relacionar a cada uno de los animales del cuento con algunos de ellos para la creación de los personajes.

A Yak lo crearía a partir de una foto que le pedimos a Frida —la esposa de José Antonio— de su pequeño hijo Tomás, porque era tan gracioso y tenía un pelo así como despelucado que nos recordaba a los yaks. Le pregunté a José Antonio con cuál se identificaba él y me dijo que con Elefante. Carlos Castillo con su característico pañuelo en la cabeza sería Canguro y finalmente Marcus Tobía, Camello.

Hice varias pruebas donde aparecían en bocetos los animales humanizados vestidos con ropa de escaladores, pero nos gusto más que se vieran como animales en sus cuatro patas. Lograr un lenguaje sencillo y con ternura era importante para resaltar los valores de amistad, solidaridad, perseverancia y trabajo en equipo.




Lo más importante para mí era resolver el recorrido que hacen los personajes desde que salen de su casa hasta que llegan a la cumbre de la gran montaña. Hice muchos bocetos y mapas hasta lograr armar una maqueta miniatura del libro completo. El storyboard creo que solo lo entiendo yo porque los hago muy pequeños, ya que así consigo ver rápidamente el conjunto y desarrollo de la historia para posteriormente definir las escenas.




Referencias y técnicas

Como referencias usé el libro “Camino a la cumbre: del Ávila al Everest” y otro libro muy completo que me prestó José Antonio sobre el Tíbet. Del último tomé imágenes de templos, personas, lugares, símbolos y los típicos banderines tibetanos.

Camino a la cumbre: del Ávila al Everets y referencias fotográficas

Para la técnica, use óleo sobre papel Fabriano de algodón. El óleo es un material difícil para ilustrar porque tarda en secar, pero el color es profundo y luminoso, y quería que así fuera porque el cuento era para niños pequeños. Todo el trabajo está realizado a mano suelta.

Boceto escena final

Ilustración terminada escena final

Tampoco utilicé líneas negras para los contornos, sino el mismo color de la forma en creyón para que el color fuera predominante. El diseño del libro marcaba que las ilustraciones serían sangradas, es decir, ocuparían todo el espacio de las páginas. Tuve cuidado de no intensificar mucho el color en la parte donde se agregarían los textos, para así facilitar su lectura.

Detalle escena final

El fondo de la portada y contraportada lo hice aparte en una doble página utilizando óleo, rasgando y superponiendo los blancos. Las guardas a línea negra, figuras sencillas, que luego se convertirían digitalmente a blanco con los motivos y símbolos tibetanos.

Guiños escondidos


Quise incluir un juego. Al inicio del cuento, donde Elefante está en su cuarto leyendo, piensa: “¿Podré tocar el sol y la luna?”. Allí coloqué en la ilustración al sol y a la luna en el mismo lugar que en la última página del cuento cuando (¡finalmente!) todo el grupo llega y dice: “Era casi como tocar el sol y la luna”. Lo quise ilustrar de esta forma para que, si el lector pinza las páginas intermedias y las mueve para ver la primera y última página, se pueda observar al sol y la luna superpuestas, casi tocándose.

Y finalmente, en el pequeño mapa, que aparece al final de la historia, se ve todo el recorrido de los cuatro amigos desde que salen de casa hasta llegar a la gran montaña. 

De colofón dibujé una foto, a manera de postal, en la que aparecen todos contentos posando con los abrigos que les tejió la Abuela Canguro.




martes, 10 de noviembre de 2020

Poesía y ciencia ficción: un viaje espacial en verso

Mercedes Palomar, editora de En peligro de extinción, recorre las diferentes formas poéticas utilizadas en esta obra de humor, ciencia ficción y poesía, para entender cómo también se puede echar mano del arte de los grandes, como Dante o Quevedo, para narrar una aventura espacial para niños.

Nono Granero nació en Úbeda, Jaén, en 1968. Es escritor, ilustrador y narrador oral. Es también músico y titiritero. Colabora en el festival “En Úbeda se Cuenta”, punto de encuentro de narradores de todo el mundo. En 2017 fue finalista del concurso de poesía para niños y niñas “Ciudad de Orihuela”. Ha escrito e ilustrado más de una veintena de libros para niños, jóvenes y adultos.

En los textos de Nono Granero, la poesía y la tradición son una constante. Tal vez por eso no resulte extraño que a la hora de escribir En peligro de extinción, se lanzara a contar la historia como ¡un poema épico! Pero la cosa no quedó ahí: usaría formas métricas muy variadas, estilos y estructuras cambiantes en función de cada momento. Al leer recitando estos poemas nos sentimos participantes de un viaje lleno de referentes a la Literatura. 



La historia comienza con versos de arte menor, unas quintillas que presentan al protagonista del cuento, el lince Facundo. Este tipo de verso, tan musical y rítmico, resulta familiar al oído de cualquier niño, de forma consciente o inconsciente, ligado al mundo de las nanas, canciones populares, juegos infantiles; los primeros poemas oídos en la infancia: 

Siempre fue un lince mimado:
desde que nació, atendido,
vacunado, bien comido,
limpio, medido y pesado,
con un biólogo al lado.
[...]





En el segundo poema comienza la aventura. «Una noche sin luna, con extremo sigilo...» El momento es emocionante, la noche está oscura, el tiempo se ralentiza. Si fuera una película, habría música de intriga. Este ambiente misterioso se traduce en el empleo de una octava real, con versos alejandrinos, más largos y misteriosos, dejando además truncado el final para reforzar el suspense. Versos de arte mayor que nos recuerdan a antiguos poetas medievales, Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita:

Una noche sin luna, con extremo sigilo,
Facundo usó sus garras para abrir el candado.
Y aunque no veía nada, caminó con estilo
sin quejarse al chocar, por no ser escuchado.
[...]



Cuando Facundo y Adalberto se encuentran junto al río, aparece el primer diálogo del texto. Aquí la estrofa cambia: tercetos encadenados de endecasílabos, serie que se cierra añadiendo un verso al final, a la manera de la Divina Comedia; en este caso, acompañando la sorpresa final, pues Adalberto, un águila, parece sentirse algo indefensa en el aire: 

[...]
–Tengo vértigo –le confesó Adalberto–. 
Prefiero acompañarte caminando....



A lo largo de la historia, el salto de un estilo poético a otro es continuo. El encuentro con la tortuga Marina, por ejemplo, se cuenta en forma de lira: combinación de versos heptasílabos y endecasílabos, con una pauta métrica y de rima muy definida, que en efecto recuerda el sonido ondulante de una lira, con referentes literarios infinitos, desde Garcilaso de la Vega a Fray Luis de León o San Juan de la Cruz:  

[...]
–Montaos sobre mí;
busquemos un sitio en que el ser humano
no se comporte así.
Algo, aunque sea lejano,
hallaremos a salvo de sus manos.



Un último ejemplo. Casi al final de la historia hay un poema muy sencillo, pero a la vez intenso, escrito con coplas de pie quebrado, a la manera del lamento de Jorge Manrique ante el destino. Allí Nono Granero tiene la gracia de unir la decepción del fracaso con ese sentido del humor tan propio suyo: 

La atmósfera atravesamos
mientras pensamos lo mismo:
—¡Qué guarrada!
¿Tanto que nos esforzamos,
tanto hacer astroturismo,
para nada?


En peligro de extinción mezcla formas poéticas de la tradición culta y popular. Todas ellas, como el color, el trazo o la línea en una pintura, contribuyen a dar cuerpo a la historia que se está contando, apoyar un ritmo, una sensación, un ambiente. 

No vamos a destripar aquí el libro completo, donde además de las formas citadas hay sonetos, romances y no solo eso: también naves espaciales, animales en peligro, planetas desconocidos, agujeros negros, dinosaurios, gafas de sol ¡de las de espejo!, aventura, acción y emoción a raudales. En definitiva, una historia para niños escrita en verso, un género que ha sido usado para contar cuentos desde tiempos inmemoriales. 

Alguno se preguntará ¿y qué le importa a un niño que un verso tenga ocho sílabas o catorce, que un romance no sea igual que un soneto, o una rima funcione así o asá? No cabe duda de que el niño capta en el ritmo, la musicalidad, el lenguaje de la poesía, un lugar en el cual se siente a gusto, como en casa. Los niños y las niñas, sencillamente, comprenden. Por eso vale la pena poner la poesía a su alcance, a cualquier edad. 

En peligro de extinción es una historia de ciencia ficción, escrita e ilustrada por Nono Granero, con múltiples capas de lectura de texto e imagen (para niños y adultos), y una variada paleta de versos que aporta riqueza y musicalidad, ampliando horizontes y sensaciones mientras enriquece la experiencia estética que propone el álbum a quienes se aventuren a viajar en él.



domingo, 31 de mayo de 2020

Madre Medusa: un mito sobre el aprendizaje de una madre

Clara Berenguer es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia con una tesis doctoral sobre la ilustración infantil valenciana. Desde 2014 es profesora del Diplomado de Cultura, Lectura y Literatura para Niños y Jóvenes de la Universidad de Valencia y en septiembre de 2016 obtuvo el XV Premio Aurora Díaz-Plaja de crítica y estudio de la literatura infantil catalana. En su reseña nos habla de los aprendizajes de Medusa, la enigmática protagonista del ábum de Kitty Crowther.

La reseña original en catalán pueden leerla en el blog de Llibreria Il·lustrada, aquí



De pequeña, cuando imaginaba cómo sería mi vida de mayor, me gustaba pensar que a los treinta, una edad que entonces consideraba ya como suficientemente adulta, sería madre de al menos una o dos criaturas. Pero, pasada la treintena, y por diferentes circunstancias que ahora no vienen al caso, aquella inocente proyección infantil parece estar todavía bastante alejada de materializarse y, de momento, por tanto, me he de conformar con pasar todo el tiempo que puedo con los hijos de mis amigas. Que algunas tienen hasta por partida doble. Esta experiencia con la maternidad vivida en segunda persona me permite observar, desde la distancia, los distintos comportamientos maternales y las infinitas posibilidades de crianza que hay, por lo que puedo comprobar, y que en algún momento espero poner en práctica. 

Parece que estas cavilaciones alrededor de la crianza y la educación de los niños son cuestiones que también se plantea la escritora e ilustradora Kitty Crowther, quien reflexiona sobre la maternidad y las actitudes tan diferentes y personales de enfrentar la difícil tarea de ser madre en Madre Medusa, entre otros asuntos. 
Así, para que sea como es debido, esta historia comienza con un parto, el de Anacarada (Irisada en Mare Medusa, la versión en catalán) que asoma la cabeza entre las piernas de su madre gracias a la colaboración de dos comadronas peculiares que ayudan al nacimiento de la hija de Medusa, un ser extraño y enigmático que se oculta detrás de unos cabellos larguísimos que incluso se mueven como una extremidad más. Medusa es, por tanto, una madre especial y Crowther no lo disimula sino que lo evidencia exageradamente.

De hecho, esta madre Medusa parece descender directamente de la mitología griega y de las teorías del botánico sueco Linneo quien denominó a estos animales marinos con este nombre porque sus tentáculos hacían pensar, efectivamente, en aquellas tres gorgonas que los mitos antiguos describen como monstruos femeninos de cabellos formados por serpientes venenosas que petrificaban a quienes las mirasen. Precisamente, Medusa es de una belleza que cautiva, como también lo son las medusas, pero es, a la vez, un personaje que espanta, una mujer estrambótica que vive encerrada en su propio cabello, tan largo que parece tener vida propia y que se mantiene alejada y distante del resto del mundo. Solamente Anacarada puede acercársele y es solo con ella que se muestra como de verdad es, afectuosa y dulce, pero, sobre todo, temerosa, porque no quiere que le pase nada malo; es por esto que la envuelve, la mima de manera tierna y constante con sus cabellos sin apenas separarse de ella y sin ninguna pretensión de compartirla con nadie. Y esta no es la opción más acertada.

Para ilustrar este relato metafórico sobre el amor maternal y el instinto absoluto de protección, Kitty Crowther es fiel a los lápices de colores, a su peculiar personalidad estética y a la presencia de imágenes atrevidas, descaradas y subversivas para reforzar visualmente el texto. Este libro es también una especie de homenaje a los considerados diferentes del resto, raros o extraños y quién mejor que Crowther, una autora que despierta cierta controversia, para ejemplificarlo en forma de libro álbum. De esta manera, toda una serie de crustáceos, cangrejos, anémonas de mar, conchas, esponjas, flores y cualquier tipo de pájaros y otros animales aparecen junto a las dos protagonistas como una alegre decoración en imágenes de playas y otros paisajes naturales donde la fantasía y la imaginación enaltecen la delicadeza de los detalles y el onírico universo gráfico con reminiscencias de la pintura expresionista refuerza el tono mágico de la narración. 


En resumidas cuentas, el ansia protectora de Medusa se convierte en una barrera que aísla a Anacarada del mundo exterior, tan lleno de cosas maravillosas que descubrir y, a pesar de que puede hacer cualquier cosa con los cabellos, como protegerla, levantarla, transportarla, alimentarla, guiarla y hasta enseñarle a leer y escribir, no puede ofrecer a su hija la libertad de relacionarse con otros niños. 

Finalmente, Medusa claudica y lleva a Anacarada a la escuela para sacarla del aislamiento social al que la había condenado y hasta se corta el cabello, consciente de la rareza que espanta a los compañeros de la niña cuando la va recoger a la salida. Pero este gesto no se debe entender como una renuncia ya que el cabello con el tiempo volverá a crecer. Y, ahora que lo pienso, conozco muchas madres que se han tenido que cortar el cabello para dejárselo crecer una vez que han aprendido a ser la madre que realmente tenían que ser. 









miércoles, 13 de mayo de 2020

Lectura en casa: hablan los especialistas

¿Cómo iniciamos la lectura en casa con niños? Cuatro especialistas de Chile, México, España y Venezuela nos responden algunas de las preguntas más frecuentes relacionadas con el hábito lector.

—1—
 ¿Cómo abordar la lectura si en casa no tenemos el hábito? ¿Por dónde se empieza?



VERÓNICA URIBE:
Bueno, si ya estás leyendo este blog, es que ya empezaste, porque lo principal es interesarse por la lectura. Hay muchos adultos que no eran lectores habituales y comenzaron a hacerse lectores junto a sus hijos, leyendo libros para niños junto a ellos. El mundo de los libros para niños es muy atractivo y se encuentran verdaderas joyas que cuentan historias con palabras e imágenes. Estas "joyas" no solo nos permiten adentrarnos en la literatura, el arte de la palabra, sino también en las infinitas posibilidades de las artes plásticas. 
Si estuviéramos en tiempos normales diría que escoger junto a los niños un libro en una biblioteca o en una librería es una buena manera de dar los primeros pasos. Como eso es más difícil ahora –esperemos que pronto cambie– buscar junto a los niños algunas lecturas recomendadas en blogs especializados (como Linternas y bosques, Cuando te presento el mundo, Donde viven los monstruos, La coleccionista, Fundación Cuatrogatos, entre otros) es una alternativa, si se pueden adquirir en alguna librería que envíe a domicilio o que permita recoger en su sede. 
Lo importante es que los niños se sientan comprometidos en la elección del libro: las portadas y los títulos son indicios para tener un atisbo sobre lo que nos espera con la lectura.

RUTH GALICIA:
Una gran entrada a la lectura es el reconocimiento de que todos ya leen (leemos) y que desde nuestras distintas necesidades y deseos practicamos distintas lecturas. ¿Por dónde se empieza? Para la lectura literaria se puede partir de la lírica tradicional, que es un bien cultural presente y vivo en las familias, un legado simbólico. Los portadores de texto son las madres, padres, familias que desde su oralidad pueden tender puentes hacia los textos en soporte libro. Este tránsito de la oralidad a lo escrito lo legitima. Se trata de generar sencillos encuentros centrados en el compartir; no leer para, sino leer con. Es decir, implica disponibilidad y complicidad entre quienes leen, escuchan, platican sus desconciertos y todo aquello que les llame la atención y les genere ecos de emociones, imágenes e incluso otras historias.

También es muy importante considerar que "el hábito" no es estático, ni una cuestión fija, es una cuestión de apetencia y necesidad.

PEP BRUNO:
Creo que debemos empezar por nosotros mismos: los adultos como modelo lector. Es importante que nos vean leer, que nos oigan hablar de nuestras lecturas, que compartamos pasajes que hemos disfrutado, que les leamos en voz alta... y sobre todo que logremos establecer una rutina lectora en casa que implique un tiempo (de silencio, sin otras distracciones) y un lugar donde leer cada día. Y, claro, también es buena idea contar con un lugar para los libros en casa.

LINSABEL NOGUERA:
Por el juego y lo lúdico. En mi experiencia, cuando convertimos la lectura en parte de un momento de juego todos lo disfrutamos: adultos y niños. Si no tenemos el hábito de leer ayuda muchísimo. El juego puede partir del libro o llevar a él desde sus personajes, la anécdota, las ilustraciones. Por ejemplo, un juego que funciona de ida y vuelta —es decir, podemos partir del libro o llegar a él— es organizar una búsqueda del tesoro reuniendo pistas que establezcan una relación con elementos de la historia y al conseguirlas todas ir a las páginas del libro donde encontramos esos elementos y ver qué pasa con la conversación espontánea que surge allí. La curiosidad generalmente nos lleva a querer saber qué pasa, qué cuenta el libro, a querer leer o que nos lean, que es más rico para los más pequeños. 
Y en el caso de los preadolescentes y jóvenes, lo lúdico, más allá del juego, puede ser ese momento de disfrute cuando comentamos lo leído, intercambiamos ideas, las articulamos con la experiencia de cada quien y convertimos la lectura en espacio de vínculo afectivo.
Así que esto nos lleva a otro elemento indispensable: un adulto proactivo que quiera generar estos espacios de disfrute compartido. Y no tiene que ser un lector habitual, basta con que propicie el momento un poquito cada día. 10 o 15 minutos, que pueden ir ampliándose. 
Me gusta decir que la lectura efectiva es la lectura afectiva. Y lo lúdico, lo placentero, lo que nos hace sentir bien y cómodos, es una manifestación de afecto. Entonces uno busca transferir esa sensación al espacio de encuentro con la lectura, en cualquiera de sus formatos.



—2—
¿Cómo puedo mantener la atención de los niños una vez iniciada la lectura?



RUTH GALICIA:
Partiría de un paso previo, seleccionar un libro que en la particularidad de los niños con quien se compartirán las lecturas nos permita puntos de encuentro. Pienso en los libros que tienen diversas puestas literarias de entrada, que sostienen la atención cuando el mediador hace un análisis de la estructura narrativa, el aporte y tensiones de las imágenes. Y comparte (no "enseña") que un buen libro no se agota en solo una lectura. Ir celebrando cada hallazgo que las niñas y los niños van encontrando puede generar entusiasmo y atención. La atención es una construcción que parte de la honestidad, que confiere la importancia a cada momento en que se desarrolla la lectura.

PEP BRUNO:
La capacidad de atención es algo que se puede ir cultivando con el tiempo: no atiende el mismo tiempo y de la misma manera un niño de 3 años que un niño de 10. Pero sí es importante: primero, contar con buenas lecturas (que les interesen, emocionen, provoquen, les hagan identificarse...) y, segundo, que se queden mejor con ganas de más, que con ganas de acabar. También es importante controlar el uso y evitar el abuso de pantallas, especialmente con los más pequeños.

LINSABEL NOGUERA:
Antes de la lectura: ofreciendo libros que respondan a sus gustos e intereses, a su momento de referencias cognitivas de acuerdo a su edad y madurez emocional. 
Estimulando que sean los niños quienes eligen el libro que quieren que se lea. Y aquí es importante tener entonces una biblioteca de donde escoger. No tiene que ser muy grande, cinco libros ya es el inicio de una.
Creando espacios apropiados para leer y escuchar. Un nido de lectura, parafraseando a Yolanda Reyes. Un lugar que invite a la acción de leer, libre de otros estímulos como pantallas (incluyendo el teléfono móvil del adulto), organizarse para que no haya nada más que reclame la atención en ese rato, que sea acogedor, cómodo, iluminado y genere un ambiente de cercanía emocional. Podemos acondicionar un lugar pequeño en la habitación de los niños y convertir la cama en ese nido durante ese momento de leer.
Durante la lectura: haciendo una lectura viva, jugar con las voces, las pausas, el volumen, los cambios de velocidad. 
Manteniendo un ritmo que le permita al que escucha o lee con nosotros seguir la trama, las acciones y disfrutar de las ilustraciones. 
Destacando lo que no es obvio sin revelarlo totalmente, para que sea el niño quien lo descubra y despierte en él el gozo de leer entre líneas, de leer imágenes, de confirmar sus hallazgos y convertirse en un lector activo. 
Combinando lectores, intercambiando momentos para leer por turnos, cuando ya los niños saben leer. 
Estimulando la lectura de imágenes, dejándolos encontrar en las ilustraciones lo que dice el texto y que lo complementa, lo que desde ellas da marco de referencia y amplía el sentido de lo que se cuenta.

VERÓNICA URIBE:
Es muy importante elegir bien el momento de leer. Es habitual leerle a los niños, al final del día, prontos a dormir. Pero también se puede buscar alguna pausa entre juegos, en esos espacios de tranquilidad que a veces se dan durante el día, para seleccionar juntos el libro que se va a leer o dejar que el niño escoja solo.
Leer en voz alta siempre requiere algo de práctica. Pero en la medida en que se haga habitual, será más fácil encontrar el tono, seguir el ritmo de las palabras, apurar o ralentizar la lectura a medida que se desarrolla la historia.
Ahora, si los niños no mantienen la atención, tal vez haya que cambiar de libro, con la misma libertad con que los adultos dejamos aparte un libro que no ha logrado interesarnos y, quizá, retomarlo más adelante.



—3—
 ¿Las interrupciones en la forma de preguntas o comentarios son aconsejables o no debo permitirlas? Cuando los más pequeños quieren pasar la página o cambiar de libro, ¿debo parar? ¿cómo puedo retomar la lectura después?



PEP BRUNO:
Me gusta pensar en la lectura en voz alta más como un diálogo que como un monólogo. Por eso, cuando hay interrupciones que tienen que ver con esa lectura forman parte, naturalmente, de ese diálogo en el que lector, escuchador e historia andan enredados. Las interrupciones que tienen que ver con la lectura (dudas, preguntas, comentarios sobre lo que se está leyendo) nos dan pistas del interés que está despertando en nuestro pequeño auditorio y pueden ser magníficos disparadores para otras lecturas, búsquedas, conversaciones, etc.

VERÓNICA URIBE:
Si primero pensamos en que destinaremos un tiempo del día, más que a la lectura, al encuentro con los libros, todo puede resultar más fácil. Podemos sentarnos junto a los niños con varios libros por delante y dejarlos ver, tocar, hojear; podemos hablar sobre las portadas, sobre las imágenes; podemos leer alguna página suelta. Es probable que deseen saber más, que quieran y nos pidan que leamos ese libro del que han escuchado un trozo. Y también podrán interrumpir y preguntar, a medida que se avanza en la lectura, pero si la historia es verdaderamente interesante y la leemos bien, es probable que las interrupciones sean breves y las preguntas acotadas, como nuestras respuestas. Y la lectura fluirá.

RUTH GALICIA:
La lectura es un proceso orgánico, las interrupciones son más bien intervenciones de los lectores que escuchan una lectura. Durante la lectura, quienes escuchan ponen a prueba la congruencia de quien les lee, cuando alguien hace notar un detalle de la imagen, una palabra, está aportando hebras para tejer una conversación, e incluso abre la posibilidad para leer en más de una ocasión el libro. Este hecho va descubriendo varias capas del libro. 
Hay ciertas rituales al leer que los niños y las niñas van reconociendo, por ejemplo mientras se lee podemos mirar a quien "interrumpió" sin ampliar sus comentarios, pero sí registrándolo para que al término de la lectura forme parte de la conversación que detonamos. 
Sobre pasar la página o querer cambiar de lectura: los más pequeños están descubriendo cómo funcionan los artefactos llamados "libros". Nosotros como mediadores requerimos conocer y reconocer el fin que perseguimos: ¿que se familiaricen con los libros? ¿Que reconozcan que aquella canción o cuento que vive en la oralidad de sus familias ahora la ven en un libro? ¿Que descubran la rima que detona el juego del lenguaje? ¿Qué descubran cómo la imagen les ofrece una historia alternativa al texto escrito? 
Más bien podemos hacer una breve pausa, muy corta, que de paso a la continuidad, e invariablemente tener presente qué aportaron. 
Retomar la lectura puede ser hacer una segunda lectura, donde ya se trata de un texto enriquecido por las "interrupciones" que en la primera lectura pudieron surgir.

LINSABEL NOGUERA:
Las preguntas relacionadas a la lectura son siempre bienvenidas. Eso indica que tenemos la atención del niño. A mí me funciona hacer un gesto breve para que el niño sienta que su necesidad de respuesta será atendida apenas pueda, cierro la idea que tengo en ese momento de la lectura, hago una breve pausa para responder y enlazo con la historia otra vez vinculando la respuesta con lo que sé que viene a continuación.
Si la respuesta a la pregunta se responde al avanzar en la lectura, simplemente digo algo como "¡Ah!, ¿ves? Esa es una buena pregunta y seguro más adelante encontraremos la respuesta. ¿Seguimos?".

Esto plantea un reto sencillo para el adulto que lee: hay que haber leído antes la historia para anticiparnos a las preguntas y tener respuestas breves y pertinentes. 
Otra reacción frecuente de los más pequeños es querer cambiar de libro o pasar la página. En ese caso los dejo explorar los libros, satisfacer su necesidad de tocarlos y recorrerlos. Luego propongo escoger cuáles quieren que leamos y a esa selección le damos un orden: 1°, 2°, 3°. Me quedo solo con el primero y dejo en reserva los demás, explicando que los vamos a ver todos, pero que para disfrutarlos tenemos que leer uno por uno. La idea es reducir la cantidad de estímulos alrededor de la lectura principal.



—4—

¿Cómo leer con niños de distintas edades
a la vez?



RUTH GALICIA:
Partimos de que leer con niños de un mismo rango de edad o de distintas edades, implica generar comunidades lectoras. Generar un ambiente en un clima de afecto y respeto que legitime desde la distribución de la mirada, la cercanía corporal, la recuperación de lo dicho indistintamente de la edad, desde la inclusión, puede crear una red de sentidos en que todos aportan.

LINSABEL NOGUERA:
Eso depende de las edades de los niños. 
Si es un bebé y un niño más grande, tener al bebé en el regazo y al otro niño al lado puede ayudar.

En general, lo primero es encontrar lecturas que aborden temas de interés común, con una extensión intermedia entre el promedio de las edades de los niños y lograr la manera de incorporar activamente a los más grandes a la dinámica de la lectura.

PEP BRUNO:
Hay libros que contienen centros de interés comunes para distintas edades. También está la opción de hacer distintas lecturas: lectura para el más pequeño y lectura para el más mayor. Nosotros en casa leíamos o contábamos un cuento cada noche a cada uno de nuestros hijos. Seguimos leyendo todas las noches en voz alta hasta que el pequeño cumplió los catorce años. De hecho hoy en día de vez en cuando seguimos leyendo en voz alta cuando estamos todos juntos.

VERÓNICA URIBE:
No es fácil, pero si se logra que haya una hora de la lectura en casa, como costumbre, se pueden turnar día a día los libros que interesan más a los grandes, con los que son más apropiados para los pequeños. Los unos y los otros muy probablemente encontrarán cosas de interés en el libro para "más grandes" o en el para "más pequeños".


—5—
¿Cómo puedo propiciar la conversación y el diálogo sobre lo que leímos?



VERÓNICA URIBE:
Lo más interesante de la lectura es que los libros se transformen en motivo de conversación familiar y debemos ir más allá de preguntar simplemente : "¿Te gustó?". Podemos hacer preguntas algo más interesantes como sugiere el especialista Aidan Chambers. Por ejemplo: "¿Qué es lo que más te gustó de este cuento? ¿Y lo que menos te gustó? ¿Hay algo que te pareció extraño? ¿Te fijaste en donde ocurre la historia? ¿Te gustaría vivir allí? ¿Hay algo que cambiarías del cuento?". 
Es un experiencia muy buena repasar las ilustraciones, encontrar cosas escondidas, fijarse en detalles. Los niños son excelentes lectores de imágenes y nos sorprenderá todo lo que pueden ver, generalmente más que los adultos acostumbrados a encontrar significados principalmente en las palabras. 
Muchos cuentos para niños tienen frases rimadas, aliteraciones, versos, canciones o palabras especiales que pueden comenzar a ser parte del vocabulario familiar. Del mismo modo, podemos recordar pasajes o personajes de un cuento leído cuando estamos haciendo otras cosas y así los libros comenzarán a ser parte de nuestra vida cotidiana.

RUTH GALICIA:
Partamos por considerar que los libros (en sus distintos soportes) son un texto, que detona textos en los escuchas o lectores. Es la curiosidad honesta de qué hilos toco en ellos, lo que puede generar que sus voces sean necesarias para compartir al libro enriquecido. Abrirse a los hallazgos que ellos van enunciando, regresando a mirar la imagen, o a releer la palabra, el párrafo que les inquietó, gustó o desconcertó, identificando aquello que les hizo eco con otras historias u otros libros, validando las conexiones de las versiones o historias contadas en sus familias.

LINSABEL NOGUERA:
Haciendo preguntas abiertas que propicien el intercambio de ideas.

Validando las apreciaciones del niño, lo que lo estimula a seguir compartiendo. Si estamos de acuerdo, celebrar la coincidencia. Si no estamos de acuerdo, reconocer y respetar su apreciación, argumentando con propiedad y brevemente la nuestra, cerrando con otra pregunta que estimule la conversación. 
Y propiciando que esta misma dinámica suceda entre ellos. 
Aidan Chambers tiene un libro donde aborda este tema con calidez, honestidad y sugerencias sencillas: Dime, editado por el Fondo de Cultura Económica.

PEP BRUNO:
Más que preguntar (que parecería casi como un test o un examen posterior a la lectura) puedes comentar las cosas que más te han gustado, sorprendido, interesado... y esperar que los niños también comenten, aporten su punto de vista, etc. La conversación y el diálogo en casa (a partir de libros o no) es algo que también puede y debe cultivarse, dejando tiempo y espacio para ello.

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VERÓNICA URIBE (Chile), reconocida editora de libros para niños y fundadora de Ediciones Ekaré y Ediciones Ekaré Sur. Ha publicado numerosas adaptaciones de cuentos y versos de la tradición criolla, indígena y europea, algunas de las cuales han sido traducidas a otros idiomas. Autora de varios libros, entre ellos: El mosquito zumbador, Cuentos de Diego y Daniela, Aquí veo, El libro de oro de los niños.

RUTH GALICIA (México), es Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es especialista en Lectura y Primera Infancia, diplomada por la Biblioteca Vasconcelos y la UNAM. También es diplomada en Literatura Infantil y Juvenil por la UNAM y la Universidad Iberoamericana (IBERO).

PEP BRUNO (España), es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid. Es narrador oral, editor, escritor y lector crítico. Ha publicado numerosos cuentos para niños, entre ellos, Escarabajo en compañía, libro en homenaje al autor estadounidense Arnold Lobel, y Escarabajo de vacaciones.

LINSABEL NOGUERA (Venezuela), es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Especialista en Literatura Infantil y Juvenil, cuenta con un máster en Libros para Niños y Jóvenes por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Además, es fundadora y coordinadora de La rana encantada, proyecto dedicado a la promoción de lectura desde 2008 en Caracas. Su más reciente proyecto es la librería, ludoteca y galería Tres Paraguas, en Gavá, Cataluña.