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jueves, 1 de octubre de 2020

En peligro de extinción: una epopeya editorial

Cuando Nono Granero nos propuso hacer una epopeya en verso protagonizada por animales que están hartos de la Tierra, el proyecto nos pareció, por decir poco, inusual. Sin embargo, la decisión de publicarlo fue inmediata; después de leerlo en voz alta a la hora del café en la editorial, quedamos fascinados. Tenía un humor deslumbrante, ritmo, gracia y sobre todo, originalidad: una obra de ciencia ficción contada en formas poéticas clásicas.

Trabajar el proceso fue un gusto. Nono hizo una importante investigación científica y sus ilustraciones esconden guiños a obras como 2001: Odisea en el Espacio o The Shawshank Redemption. A continuación, compartimos algunos momentos del proceso de edición.

Este es uno de los storyboard que realizó Nono cuando aún se debatían posibles finales.




Primera "foto de grupo" de los protagonistas, incluyendo a Ángel y su ingeniosa escafandra. En este vídeo, Nono comparte detalles y bocetos de su búsqueda de personaje.   

























































Dos ejemplos de proceso con maqueta, boceto y doble página final.

Bocetos de posibles portadas y versión final para imprenta. Nono quiso hacer algo cinematográfico, un poco como las películas de héroes del espacio y de ciencia ficción. 



"Disculpad que me meta en la conversación.
Soy un tiburón: Ángel. Os oí sin querer.
También estoy a punto de desaparecer
y creo que podría tener la solución.

Hace unos días, nadando entre un mar de basura,
me sorprendió una voz que hablaba muy despacio.
Una radio informaba de viajes al espacio...
¿Y si probamos suerte corriendo esta aventura?".


jueves, 9 de julio de 2020

El contador de cuentos: Realidades que se cruzan

A diez años de la publicación de El contador de cuentos, compartimos reflexiones y decisiones de Alba Marina Rivera durante el proceso de ilustración tal como fueron recogidas por Irene Savino (directora de arte de Ediciones Ekaré) para la revista especializada L'album factice. revue europeenne d'illustration.

El contador de cuentos es una historia que transcurre en el compartimiento de un vagón de tren. Es una tarde calurosa. Un hombre lee la prensa y una señora con sus tres sobrinos de corta edad comparten el espacio, pero son los niños quienes lo ocupan "con rotundidad". Para apaciguarlos, la señora decide contarles un cuento.

El cuento, lleno de lugares comunes, recurre de nuevo al tópico de una niña muy buena a la que todos querían y ayudaban gracias a su bondad y virtud. Debido al poco éxito del intento –los niños rápidamente dejan de prestar atención y vuelven a molestar al hombre con sus comentarios e intranquilidad– el viajero decide contarles otro cuento diferente: "Érase una vez" empezó el hombre, "una niñita llamada Bertha, que era extraordinariamente buena". Los niños, rápidos en su decepción, pronto cambian de idea cuando el narrador hace un ajuste: "... horriblemente buena". Este calificativo, muy diferente a lo que oían de boca de su tía, cautiva la atención infantil.

Bertha, debido a su extrema bondad, es premiada con una visita al parque del príncipe al que muy pocos podían acceder. Mientras pasea, la niña se da cuenta de que en el jardín hay una presencia extraña: un lobo del que logra escapar al esconderse entre los perfumados arrayanes. Oculta, la niña tiembla de miedo y con ella tiemblan las tres medallas que luce como galardones –una a la obediencia, otra a la puntualidad y la tercera al buen comportamiento–. El lobo escucha el tintineo, salta sobre la niña y la devora hasta el último bocado. 

Este "inapropiado" final es celebrado por los niños: "Es el cuento más bonito que he oído en mi vida". Y todo esto sucede ante el horror de la tía que le reclama al viajero: "Acaba de echar a perder usted años de esmerada educación".   

Alba Marina Rivera asume a conciencia el riesgo de recrear esta historia. 
"Me sentí muy atraída por el cuento y el escritor desde buen comienzo, admirando no solo su increíble eficacia y economía de medios, sino sobre todo su afilado sentido del humor e ironía [...] un delicado equilibrio entre lo cruel y lo sarcástico. Enfrentar la creación de imágenes que de alguna manera reflejaran estas características era un reto interesante. El mismo hecho de escoger el formato álbum ilustrado, típicamente dedicado a los niños, para una historia que en principio no está escrita para niños y que tiene un tono nada didáctico y algo políticamente incorrecto, me parece un gesto irónico en sí mismo".   
El libro se presenta en un estuche troquelado, con un formato exageradamente apaisado que recuerda un vagón: un inusual aspecto exterior que al abrir genera el efecto cinético de un tren en movimiento. 



Las decisiones estilísticas que tomó Alba Marina Rivera para abordar las imágenes están estrechamente ligadas a la estructura de esta obra de Saki, compuesta por un cuento dentro del cuento. Una historia de naturaleza más realista incluye a otra que se mueve en lo fantástico. Resaltando esa doble naturaleza, la ilustradora situó la primera historia en un marco estético que refleja la época en que vivió Saki, acercándose a un registro de lo real por medio del dibujo detallado. Dado lo fantasioso de la segunda parte de El contador de cuentos, la historia contada por el contador es recreada con mayor libertad,  mediante composiciones más planas sobre texturas decorativas. Alba Marina Rivera explica esta decisión de la siguiente manera: 

“Para resolver esta encrucijada, decidí ubicar la historia I en un ambiente realista, tridimensional, de la Inglaterra del 1900, con leyes espaciales como la perspectiva cónica y la aérea. Busqué información sobre los trenes, vestuario, objetos y paisajes de la época. La historia II (la de Bertha) decidí contarla usando como base los motivos decorativos de las tapicerías y tejidos del espacio I, casi como si ocurrieran dentro de estos motivos, utilizándolos a veces como fondo, a veces como forma, para crear un mundo fantástico que espacialmente se ubica dentro del mundo 'real', como es la propia estructura del cuento dentro de otro cuento". 
ESCENA HISTORIA I
ESCENA HISTORIA II






El trabajo de los personajes también estuvo cuidadosamente estudiado. Alba Marina se basó en imágenes de Saki para la caracterización del protagonista, por encontrar resonancias entre éste y su personaje de ficción hasta en la circunstancia de su soltería, poco usual para su época y condición social. La tía, de rasgos angulosos y afilados, contrasta con la redondez de los tres sobrinos. Lo recto y rígido, sinónimo de aburrido, en contraposición a lo ondulado y flexible, sinónimo de lúdico. En cambio, existe una relación directa entre el tratamiento de la tía y la niña "horriblemente buena", ambas construidas con la misma rigidez. Un lazo de color magenta que la tía lleva en el sombrero y la niña en la cabeza evidencia la afinidad de estos dos personajes, indicando que comparten una manera similar de entender el mundo.

Las ilustraciones están dibujadas con lápiz de grafito y algunos toques en lápices de colores sobre las texturas de William Morris transferidas al papel (se transfiere la tinta de una fotocopia a otra superficie usando disolvente). 
"Haciendo transfers de los motivos de los tejidos conseguí generar un ambiente más irreal para el mundo fantástico de la historia II. Técnicamente decidí diferenciar ambos espacios. En el mundo de la historia I dibujaba primero los elementos como quería y después transfería los motivos de los tejidos en zonas muy controladas. En el mundo de la historia II, lo hice al revés: primero realizaba el transfer y después creaba los elementos de la escena".

ESCENA HISTORIA I






ESCENA HISTORIA II

Este atrevimiento llegó a buen puerto y fue destacado por las palabras del jurado en el enunciado del Premio New Horizons 2009:

“La ilustradora se muestra libre de inhibiciones, incertidumbres, miedos o dudas. Al contrario, prefiere retratar con maestría las múltiples emociones de la historia: la ironía, el aburrimiento, la perplejidad, el disgusto y la expectativa, capturando así, y con gran claridad visual, la atmósfera que reina dentro del vagón del tren. Pues esta escena representa un choque entre dos paradigmas educativos, dos opiniones y, quizás, dos formas de concebir el mundo. Un estuche innovador y elegante completa esta presentación visual que nos deleita”.


domingo, 31 de mayo de 2020

Madre Medusa: un mito sobre el aprendizaje de una madre

Clara Berenguer es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia con una tesis doctoral sobre la ilustración infantil valenciana. Desde 2014 es profesora del Diplomado de Cultura, Lectura y Literatura para Niños y Jóvenes de la Universidad de Valencia y en septiembre de 2016 obtuvo el XV Premio Aurora Díaz-Plaja de crítica y estudio de la literatura infantil catalana. En su reseña nos habla de los aprendizajes de Medusa, la enigmática protagonista del ábum de Kitty Crowther.

La reseña original en catalán pueden leerla en el blog de Llibreria Il·lustrada, aquí



De pequeña, cuando imaginaba cómo sería mi vida de mayor, me gustaba pensar que a los treinta, una edad que entonces consideraba ya como suficientemente adulta, sería madre de al menos una o dos criaturas. Pero, pasada la treintena, y por diferentes circunstancias que ahora no vienen al caso, aquella inocente proyección infantil parece estar todavía bastante alejada de materializarse y, de momento, por tanto, me he de conformar con pasar todo el tiempo que puedo con los hijos de mis amigas. Que algunas tienen hasta por partida doble. Esta experiencia con la maternidad vivida en segunda persona me permite observar, desde la distancia, los distintos comportamientos maternales y las infinitas posibilidades de crianza que hay, por lo que puedo comprobar, y que en algún momento espero poner en práctica. 

Parece que estas cavilaciones alrededor de la crianza y la educación de los niños son cuestiones que también se plantea la escritora e ilustradora Kitty Crowther, quien reflexiona sobre la maternidad y las actitudes tan diferentes y personales de enfrentar la difícil tarea de ser madre en Madre Medusa, entre otros asuntos. 
Así, para que sea como es debido, esta historia comienza con un parto, el de Anacarada (Irisada en Mare Medusa, la versión en catalán) que asoma la cabeza entre las piernas de su madre gracias a la colaboración de dos comadronas peculiares que ayudan al nacimiento de la hija de Medusa, un ser extraño y enigmático que se oculta detrás de unos cabellos larguísimos que incluso se mueven como una extremidad más. Medusa es, por tanto, una madre especial y Crowther no lo disimula sino que lo evidencia exageradamente.

De hecho, esta madre Medusa parece descender directamente de la mitología griega y de las teorías del botánico sueco Linneo quien denominó a estos animales marinos con este nombre porque sus tentáculos hacían pensar, efectivamente, en aquellas tres gorgonas que los mitos antiguos describen como monstruos femeninos de cabellos formados por serpientes venenosas que petrificaban a quienes las mirasen. Precisamente, Medusa es de una belleza que cautiva, como también lo son las medusas, pero es, a la vez, un personaje que espanta, una mujer estrambótica que vive encerrada en su propio cabello, tan largo que parece tener vida propia y que se mantiene alejada y distante del resto del mundo. Solamente Anacarada puede acercársele y es solo con ella que se muestra como de verdad es, afectuosa y dulce, pero, sobre todo, temerosa, porque no quiere que le pase nada malo; es por esto que la envuelve, la mima de manera tierna y constante con sus cabellos sin apenas separarse de ella y sin ninguna pretensión de compartirla con nadie. Y esta no es la opción más acertada.

Para ilustrar este relato metafórico sobre el amor maternal y el instinto absoluto de protección, Kitty Crowther es fiel a los lápices de colores, a su peculiar personalidad estética y a la presencia de imágenes atrevidas, descaradas y subversivas para reforzar visualmente el texto. Este libro es también una especie de homenaje a los considerados diferentes del resto, raros o extraños y quién mejor que Crowther, una autora que despierta cierta controversia, para ejemplificarlo en forma de libro álbum. De esta manera, toda una serie de crustáceos, cangrejos, anémonas de mar, conchas, esponjas, flores y cualquier tipo de pájaros y otros animales aparecen junto a las dos protagonistas como una alegre decoración en imágenes de playas y otros paisajes naturales donde la fantasía y la imaginación enaltecen la delicadeza de los detalles y el onírico universo gráfico con reminiscencias de la pintura expresionista refuerza el tono mágico de la narración. 


En resumidas cuentas, el ansia protectora de Medusa se convierte en una barrera que aísla a Anacarada del mundo exterior, tan lleno de cosas maravillosas que descubrir y, a pesar de que puede hacer cualquier cosa con los cabellos, como protegerla, levantarla, transportarla, alimentarla, guiarla y hasta enseñarle a leer y escribir, no puede ofrecer a su hija la libertad de relacionarse con otros niños. 

Finalmente, Medusa claudica y lleva a Anacarada a la escuela para sacarla del aislamiento social al que la había condenado y hasta se corta el cabello, consciente de la rareza que espanta a los compañeros de la niña cuando la va recoger a la salida. Pero este gesto no se debe entender como una renuncia ya que el cabello con el tiempo volverá a crecer. Y, ahora que lo pienso, conozco muchas madres que se han tenido que cortar el cabello para dejárselo crecer una vez que han aprendido a ser la madre que realmente tenían que ser. 









domingo, 24 de mayo de 2020

Entrevista ilustrada: Ina Hristova

Ina Hristova Nació en Bulgaria en 1988. Se licenció en Historia del Arte y Pedagogía Artística de la Academia de Bellas Artes de Sofía. Posteriormente estudió Ilustración en la Escola Massana de Barcelona. Lleva Espai Brut, un estudio donde coordina talleres de ilustración y grabado. Su trabajo ha recibido el Premio Junceda Futurs Creadors y el Premio FLIC Festival de Literaturas y Arte Juvenil.



¿Qué sueñas?



¿A qué le tienes miedo?



¿Qué te hace llorar?



¿Qué cosa no te comerías nunca?



¿Cómo es el futuro?



¿A dónde vamos cuando morimos?



Si fueras un personaje de ficción,
¿cuál serías?



¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?



¿Qué ocurre cuando entras a un armario chino?



¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?


viernes, 22 de mayo de 2020

Entrevista ilustrada: Nono Granero

Nono Granero nació en Úbeda, Jaén, en 1968. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Granada y desarrolló diversas líneas de trabajo, vinculando la narrativa y la plástica en torno al mundo de los cuentos. Hoy es escritor, ilustrador y narrador oral y ha publicado obras en España, Francia y Dinamarca. En 2017 fue finalista del concurso de poesía para niños y niñas «Ciudad de Orihuela». Algunos de sus libros han sido incluidos en listas como los White Ravens de Múnich, o la Fundación Cuatrogatos de Miami.





















jueves, 28 de marzo de 2019

Tan lejos, tan cerca: sobre cómo nació Veo, veo. ¿Qué ves?

La colección de libros de arte Veo, veo. ¿Qué ves? invita a explorar imaginarios que muchas veces se dan por sentado porque están en nuestro día a día, presentes y a la vista, pero no siempre se registran en libros de arte ni en los libros para niños y jóvenes. María Francisca Mayobre, editora y directora de Ekaré durante diecinueve años, nos cuenta el desarrollo de esta colección.

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en "El peligro de la historia única" (Random, 2018) nos cuenta acerca de su proceso creativo y de cómo descubrió su voz autoral:
“Cuando hacia los siete años empecé a escribir cuentos, que ilustraba con lápices de cera, escribía exactamente el mismo tipo de historias que leía: todos mis personajes eran blancos de ojos azules, jugaban en la nieve, comían manzanas, hablaban mucho del tiempo y de lo delicioso que era que saliera el sol. Ahora bien, eso sucedía a pesar de vivir en Nigeria y nunca había salido de allí. Nosotros no teníamos nieve, comíamos mangos y nunca hablábamos del tiempo porque no hacía falta. Lo que esto demuestra, creo yo, es lo impresionables y vulnerables que somos ante una historia, sobre todo de niños. Como solo había leído libros con personajes extranjeros para mí, me había convencido de que los libros, por naturaleza, debían estar protagonizados por niños extranjeros y tratar de cosas con las que no podía identificarme. Todo cambió cuando descubrí los libros africanos.”
Es curioso, o quizás no tanto, que estas palabras de la autora nigeriana me puedan sonar tan familiares, a mí que soy venezolana. Tan lejos, tan cerca: África-Nigeria y América Latina-Venezuela y Colombia. Las similitudes y diferencias entre estos países y continentes son a veces obvias, y a veces no tanto, pero no es el momento de ahondar en eso.

Chimamanda Ngozi Adichie justo comenzaba a leer y a escribir precozmente en los años 80 al mismo tiempo que Ediciones Ekaré se constituía como editorial y comenzaba a publicar sus primeros libros. En la pujante Venezuela petrolera de las décadas de los 70 y 80 las mismas inquietudes que plantea la autora nigeriana en su conferencia fueron un motor para muchos proyectos culturales, entre ellos la línea editorial de Ediciones Ekaré. Mi hermana y yo tuvimos la suerte de crecer con libros de Ekaré y, por ende, desde niñas nuestras referencias textuales y visuales fueron, en cierta medida, venezolanas y latinoamericanas. Margarita, el rey y hasta Jesucristo eran imágenes cercanas y afines en medio de los versos modernistas de Rubén Darío, que desde Nicaragua proyectaba su voz a París.

Los libros de la colección Narraciones Indígenas, con sus leyendas, zamuros, tepuyes, pemones y jaguares se inmortalizaron en los libros de Ekaré, se distribuyeron a nivel masivo primero en Venezuela y después en el resto de América y así pasaron a formar parte de nuestro imaginario. No hay discusión: estos libros, sus historias y sus imágenes han sido transmitidas de generación en generación y, hoy en día, forman parte de nuestro inconsciente colectivo como nación y como región. Se ha logrado una sólida transmisión cultural a partir de ellos y, sin duda, nos han permitido reconocernos en nuestras historias, contarlas y contar a partir de ellas una parte de lo que somos.

Ya de "grande", trabajando como editora de Ediciones Ekaré, me tocó enfrentarme a una extraordinaria crisis en Venezuela, una situación que poco a poco fue mellando todas las áreas. La educación y la cultura no han estado exentas. La creciente conflictividad política y la avasalladora problemática socioeconómica fue corroyendo todo. El equipo de Ekaré del siglo XXI tuvo que hacerse cargo de la resistencia y convertirse en cancerbero de un legado cultural. La economía y la emigración masiva fueron los peores enemigos. Ekaré tuvo el don de la transformación para lograr convertir esas vicisitudes y contradicciones en fortalezas encarnadas en equipos editoriales en España y Chile, así como otros aliados incondicionales en otras ciudades del mundo. La solidez de un catálogo consistente, de gran calidad y con una voz auténtica, así como un equipo temerario y comprometido, lograron consolidar (y, por qué no, salvar) a Ekaré fuera de Venezuela.

Mientras, desde Caracas, partía una nueva diáspora. Muchos de los escritores e ilustradores optaban por irse del país, otros quedaban sujetos a una precaria supervivencia económica que dificultaba e impedía el desarrollo de su trabajo y, más aún, la formación. Ekaré siguió realizando proyectos con aquellos que iban quedando y a la vez buscando nuevas ideas. Entonces, cerca de 2010, volcamos nuestra mirada hacia las artes plásticas.

Primero fueron los libros de la colección Imágenes de mi ciudad, que nos abrieron todo un mundo de posibilidades e imaginarios a partir de las artes plásticas: los grabados de los cronistas, los pintores viajeros, los pintores del Círculo de Bellas Artes, los caricaturistas, los fotógrafos, los artistas renombrados de finales del siglo XX y los pintores naíf o primitivistas desconocidos. Luego, al editar el libro de Gego, Ana Palmero y yo constatamos que a partir de las imágenes de los artistas venezolanos había muchas historias que contar y mirar. Se nos había abierto un camino en torno a un imaginario muy diferente al del arte occidental que estamos tan acostumbrados a encontrar en los libros y las aulas como referencia.

Más por probabilidad que por azar, nos topamos con Socorro Salinas. El trabajo de esta artista autodidacta nos cautivó de inmediato. Cuando la descubrimos ya había fallecido. Solo nos quedaba su obra para elaborar un proyecto.


Queríamos publicar un libro para el catálogo de Ekaré, pero no sabíamos qué vuelta darle. Nos tomó mucho tiempo encontrar un camino. Sabíamos que trabajar con obras de arte supone un esfuerzo titánico: permisos, derechos, herederos, fotografías de alta calidad, acervos, altos costos y limitaciones inherentes a las características y uso de las obras. Felizmente, la obra de Socorro había sido debidamente cuidada, conservada y fotografiada por la directora del Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas, Carmen Sofía Leoni, y por la Fundación Bigott, instituciones pilares de la conservación y desarrollo del arte popular en Venezuela. Ambos nos dieron todo su apoyo. Entusiasmados con el proyecto, nos ayudaron con mucho más de lo que hubiésemos soñado.

Luego de muchas vueltas e intentos de consolidar un proyecto editorial, siempre obsesionadas con la mirada y la apreciación de las obras de forma profunda y lúdica, optamos por el juego del veo, veo. Esta aproximación nos facilitaba la excusa para exponer las obras en un libro. Veo, veo era el artificio que nos permitía desarrollar una curaduría coherente en torno a las obras y convertir el libro en un museo ambulante y accesible para muchos. También daba la oportunidad de que el lector-espectador pudiese asomarse a la obra desde su totalidad (tan lejos) hasta atisbar el más mínimo detalle (tan cerca).



Los cuadros de Socorro se exhiben en el libro, desplegados a doble página, antecedidos por unos sencillos versos y pictogramas que nos anticipan lo que vamos a encontrar (o buscar) en las obras. En cada una de esas imágenes también nos encontramos con nosotros mismos, con lo que somos y lo que nos rodea; o en su defecto, reconocemos al otro, viajamos por un país llamado Venezuela descubriendo nuevos imaginarios donde habitan el mesonero guapachoso, los enamorados, la guapetona, la sifrina, el chamito y el cara e’ tabla.

Veo, Veo. El arte de Socorro Salinas tuvo una gran acogida en Venezuela, y sorpresivamente para la editorial, también en España. De lo global a lo local, una vez más nos asombraba. Cuando presentamos el libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara la reacción de muchos fue inesperada y sobrecogedora. Todos aquellos que se fascinaban por el libro tenían su propio referente. Todos querían tener su propio Veo, Veo local con su artista entrañable y preferido, y de referentes propios. Han sido muchos los artistas de diversos países que se nos han descubierto a partir de Socorro Salinas. Las dificultades de poder acceder, reunir y reproducir las obras son inmensas. En América Latina muchos de los acervos de artistas plásticos, más aún de pintores populares, todavía deben ser conservados, ordenados y clasificados debidamente. Es una suerte poder reproducir la obra de alguno de estos artistas.

El azar nos llevó a que Catalina Holguín nos contara acerca de varios pintores primitivistas de Colombia. Noe León fue uno de ellos. Investigamos acerca de él y nos dejó absolutamente fascinadas.


La suerte estuvo nuevamente de nuestro lado y nos abrió el camino a su obra. El Banco de la República de Colombia acababa de hacer una imprevista adquisición de la obra de este pintor, así como un importantísimo trabajo de conservaduría, catalogación y registro. Angela María Pérez, Sigrid Castañeda y el equipo del Banco nos facilitaron el camino al libro, y fueron mucho más allá de lo que nos imaginamos. Su ayuda fue inconmensurable. Las obras del pintor Noe León estuvieron listas para una curaduría en papel en torno a un viaje por Barranquilla y Colombia. Un nuevo Veo, Veo para descubrir de lejos y a cabalidad paisajes insondables, los hombres y mujeres que somos retratados con cariño y asertividad y de cerca miles de detalles casi imperceptibles como las cucharas de palo, los mangos, las piñas y las iguanas que conforman nuestra región e identidad.



miércoles, 21 de marzo de 2018

Dibujar un viaje: proceso de ilustración del recorrido de Guachipira

Stefano Di Cristofaro, ilustrador venezolano, fue el encargado de dibujar a Guachipira en su viaje junto con todos los escenarios que visitó. Acá nos cuenta cómo fue ilustrar imágenes de la naturaleza que le proporcionó Arianna Arteaga Quintero, así como la transformación ocurrida con la colibrí protagonista de este recorrido por Venezuela.

"Stefano Di Cristofaro ilustra el texto de Arianna Arteaga de una manera atmosférica. (...) En general, las ilustraciones impresionan por su gama de colores en distintos tonos. Transmiten lo especial de la naturaleza y la atmósfera de las diversas biosferas de ese vasto país." Selección The White Ravens 2017

"Para poder ilustrar los paisajes que Guachipira visita, investigué cómo funcionan los biomas. Pasé bastante tiempo dibujando plantas, flores, montañas; guiándome principalmente por el maravilloso registro fotográfico de Arianna y con ayuda de internet. No todo el material que se generó fue utilizado. Luego de dibujar mucho, escogí con cuidado lo necesario para dar luz al paisaje y lograr situar al lector en el ambiente, sin caer en una ilustración científica".
Primeros estudios de plantas basados en el bioma de selva nublada


Plantas de selva nublada en la ilustración final
"Diría que la intención fue capturar la sensación que despiertan estos encantadores paisajes. Para eso también hubo un importante trabajo de color para generar distinción en las paletas según el clima del lugar, tal y como ocurre en las fotografías de Arianna".

Ilustración inspirada en el Parque Nacional Henri Pittier: pruebas de color y doble página final

Ilustración inspirada en la Península de Paria: boceto a línea, prueba de color y doble página final.

Ilustración inspirada en el Parque nacional Los Medanos de Coro: pruebas de color y doble página final


"Hay algo que me gustó mucho de Guachipira como personaje y es la transformación que tuvo. Para empezar, no era un colibrí, y por ser la protagonista, comencé con dibujos mucho más complejos. Sin embargo, la técnica que se gestó con las necesidades del libro hizo que cambiara radicalmente. A medida que fui depurando las ilustraciones, me atrajo la idea de que Guachipira fuese un personaje sencillo, simple y tan pequeño que casi se pierde en los paisajes".

Primera prueba de Guachipira


Pruebas de simplificación del personaje


Guachipira: personaje final