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jueves, 1 de octubre de 2020

En peligro de extinción: una epopeya editorial

Cuando Nono Granero nos propuso hacer una epopeya en verso protagonizada por animales que están hartos de la Tierra, el proyecto nos pareció, por decir poco, inusual. Sin embargo, la decisión de publicarlo fue inmediata; después de leerlo en voz alta a la hora del café en la editorial, quedamos fascinados. Tenía un humor deslumbrante, ritmo, gracia y sobre todo, originalidad: una obra de ciencia ficción contada en formas poéticas clásicas.

Trabajar el proceso fue un gusto. Nono hizo una importante investigación científica y sus ilustraciones esconden guiños a obras como 2001: Odisea en el Espacio o The Shawshank Redemption. A continuación, compartimos algunos momentos del proceso de edición.

Este es uno de los storyboard que realizó Nono cuando aún se debatían posibles finales.




Primera "foto de grupo" de los protagonistas, incluyendo a Ángel y su ingeniosa escafandra. En este vídeo, Nono comparte detalles y bocetos de su búsqueda de personaje.   

























































Dos ejemplos de proceso con maqueta, boceto y doble página final.

Bocetos de posibles portadas y versión final para imprenta. Nono quiso hacer algo cinematográfico, un poco como las películas de héroes del espacio y de ciencia ficción. 



"Disculpad que me meta en la conversación.
Soy un tiburón: Ángel. Os oí sin querer.
También estoy a punto de desaparecer
y creo que podría tener la solución.

Hace unos días, nadando entre un mar de basura,
me sorprendió una voz que hablaba muy despacio.
Una radio informaba de viajes al espacio...
¿Y si probamos suerte corriendo esta aventura?".


domingo, 31 de mayo de 2020

Madre Medusa: un mito sobre el aprendizaje de una madre

Clara Berenguer es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia con una tesis doctoral sobre la ilustración infantil valenciana. Desde 2014 es profesora del Diplomado de Cultura, Lectura y Literatura para Niños y Jóvenes de la Universidad de Valencia y en septiembre de 2016 obtuvo el XV Premio Aurora Díaz-Plaja de crítica y estudio de la literatura infantil catalana. En su reseña nos habla de los aprendizajes de Medusa, la enigmática protagonista del ábum de Kitty Crowther.

La reseña original en catalán pueden leerla en el blog de Llibreria Il·lustrada, aquí



De pequeña, cuando imaginaba cómo sería mi vida de mayor, me gustaba pensar que a los treinta, una edad que entonces consideraba ya como suficientemente adulta, sería madre de al menos una o dos criaturas. Pero, pasada la treintena, y por diferentes circunstancias que ahora no vienen al caso, aquella inocente proyección infantil parece estar todavía bastante alejada de materializarse y, de momento, por tanto, me he de conformar con pasar todo el tiempo que puedo con los hijos de mis amigas. Que algunas tienen hasta por partida doble. Esta experiencia con la maternidad vivida en segunda persona me permite observar, desde la distancia, los distintos comportamientos maternales y las infinitas posibilidades de crianza que hay, por lo que puedo comprobar, y que en algún momento espero poner en práctica. 

Parece que estas cavilaciones alrededor de la crianza y la educación de los niños son cuestiones que también se plantea la escritora e ilustradora Kitty Crowther, quien reflexiona sobre la maternidad y las actitudes tan diferentes y personales de enfrentar la difícil tarea de ser madre en Madre Medusa, entre otros asuntos. 
Así, para que sea como es debido, esta historia comienza con un parto, el de Anacarada (Irisada en Mare Medusa, la versión en catalán) que asoma la cabeza entre las piernas de su madre gracias a la colaboración de dos comadronas peculiares que ayudan al nacimiento de la hija de Medusa, un ser extraño y enigmático que se oculta detrás de unos cabellos larguísimos que incluso se mueven como una extremidad más. Medusa es, por tanto, una madre especial y Crowther no lo disimula sino que lo evidencia exageradamente.

De hecho, esta madre Medusa parece descender directamente de la mitología griega y de las teorías del botánico sueco Linneo quien denominó a estos animales marinos con este nombre porque sus tentáculos hacían pensar, efectivamente, en aquellas tres gorgonas que los mitos antiguos describen como monstruos femeninos de cabellos formados por serpientes venenosas que petrificaban a quienes las mirasen. Precisamente, Medusa es de una belleza que cautiva, como también lo son las medusas, pero es, a la vez, un personaje que espanta, una mujer estrambótica que vive encerrada en su propio cabello, tan largo que parece tener vida propia y que se mantiene alejada y distante del resto del mundo. Solamente Anacarada puede acercársele y es solo con ella que se muestra como de verdad es, afectuosa y dulce, pero, sobre todo, temerosa, porque no quiere que le pase nada malo; es por esto que la envuelve, la mima de manera tierna y constante con sus cabellos sin apenas separarse de ella y sin ninguna pretensión de compartirla con nadie. Y esta no es la opción más acertada.

Para ilustrar este relato metafórico sobre el amor maternal y el instinto absoluto de protección, Kitty Crowther es fiel a los lápices de colores, a su peculiar personalidad estética y a la presencia de imágenes atrevidas, descaradas y subversivas para reforzar visualmente el texto. Este libro es también una especie de homenaje a los considerados diferentes del resto, raros o extraños y quién mejor que Crowther, una autora que despierta cierta controversia, para ejemplificarlo en forma de libro álbum. De esta manera, toda una serie de crustáceos, cangrejos, anémonas de mar, conchas, esponjas, flores y cualquier tipo de pájaros y otros animales aparecen junto a las dos protagonistas como una alegre decoración en imágenes de playas y otros paisajes naturales donde la fantasía y la imaginación enaltecen la delicadeza de los detalles y el onírico universo gráfico con reminiscencias de la pintura expresionista refuerza el tono mágico de la narración. 


En resumidas cuentas, el ansia protectora de Medusa se convierte en una barrera que aísla a Anacarada del mundo exterior, tan lleno de cosas maravillosas que descubrir y, a pesar de que puede hacer cualquier cosa con los cabellos, como protegerla, levantarla, transportarla, alimentarla, guiarla y hasta enseñarle a leer y escribir, no puede ofrecer a su hija la libertad de relacionarse con otros niños. 

Finalmente, Medusa claudica y lleva a Anacarada a la escuela para sacarla del aislamiento social al que la había condenado y hasta se corta el cabello, consciente de la rareza que espanta a los compañeros de la niña cuando la va recoger a la salida. Pero este gesto no se debe entender como una renuncia ya que el cabello con el tiempo volverá a crecer. Y, ahora que lo pienso, conozco muchas madres que se han tenido que cortar el cabello para dejárselo crecer una vez que han aprendido a ser la madre que realmente tenían que ser. 









viernes, 22 de mayo de 2020

Entrevista ilustrada: Nono Granero

Nono Granero nació en Úbeda, Jaén, en 1968. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Granada y desarrolló diversas líneas de trabajo, vinculando la narrativa y la plástica en torno al mundo de los cuentos. Hoy es escritor, ilustrador y narrador oral y ha publicado obras en España, Francia y Dinamarca. En 2017 fue finalista del concurso de poesía para niños y niñas «Ciudad de Orihuela». Algunos de sus libros han sido incluidos en listas como los White Ravens de Múnich, o la Fundación Cuatrogatos de Miami.





















martes, 17 de julio de 2018

¿Quién es el mejor animal del mundo?

El camino del héroe, la curiosidad y la amistad son algunos de los temas que Abril Castillo -editora, escritora e ilustradora mexicana- desarrolla en su reseña sobre La Apuesta, la historia de Laia Jufresa que fue ilustrada por Cristina Sitja Rubio

Dicen que el viaje de un héroe suele tener una forma circular. El héroe sale de un lugar en busca de algo, pasa por diversas aventuras, consigue lo que buscaba y regresa. Y aunque regresa al mismo lugar del que partió, ya no es el mismo. El viaje lo ha cambiado.

En La Apuesta, Laia Jufresa retoma esta estructura clásica, reconocible en libros de caballerías y cuentos de hadas, para mezclarlo con elementos de la fábula, como son los protagonistas animales que reflexionan, experimentan y dan pruebas de valores y actitudes que son meramente humanas.
En esta historia un guepardo y un conejo son amigos. Tienen un pacto en el que Guepardo no se comerá a Conejo. Un día hacen una apuesta: ¿quién es el peor animal del mundo? Guepardo asegura que un elefante, porque puede aplastarte. Conejo, afirma que es el humano. En esta búsqueda de respuestas, emprenden un viaje para comprobar cada uno su hipótesis.



El trayecto es guiado por Guepardo, quien tiene la voz de narrador y da cuenta de sus ideas, emociones y percepciones de este viaje de iniciación al mundo humano. Como si de un descenso al infierno se tratara.

Los paisajes cálidos, llenos de tonos naranjas y amarillos cambian conforme se acercan a la aldea. De este modo, Cristina Sitja complejiza la paleta para dar vida al mundo civilizado.



No sorprende que el hombre haya querido controlar al fuego. Así, la noche no llega nunca en ese lugar habitado por humanos. La noche animal puede ser negra, gris o azul. La de los humanos palpita de vida y lucidez e inestabilidad. Una mezcla total de tonos y formas; así danzan ellos y todo lo que a través de ese pulso vemos tan pronto como cae la noche.



Cuando Guepardo pierde de vista a Conejo, decide adentrarse en una de las viviendas, mientras todos bailan afuera enmascarados. Nos encontramos frente a un escenario que resuena con ecos de Barba Azul de Charles Perrault: una curiosidad detonada en alguien a quien desde el principio se le advierte de un peligro, pero que hasta probar él mismo no dará marcha atrás. Es necesario ver y sentir con su propio cuerpo y mente para creer. Para aprender y conocer. La llave la ha robado él mismo con su curiosidad. Con no detenerse hasta llegar a ese otro lado. Con ese afán de tener la razón, de ganar la apuesta.

Así, ese encuentro que no debía haber ocurrido, tras las sermones de Conejo, empieza con un equívoco donde Guepardo cree ver a su familia, pero en su lugar se encuentra con pieles vacías, cuerpos inertes. Un espejo de sí mismo, una visión de su propio futuro, si no sale pronto de ahí.



Los humanos se percatan de la presencia del felino por el llanto de un niño. Guepardo, en un intento de escapar del ahora inminente peligro, se prende la cola con una llama cercana. En medio de la huida, con la cola de antorcha, arroja fuego a la inflamable aldea y quema todo a su paso.



Guepardo ha perdido la apuesta.

Vuelve a casa y se sorprende al encontrar a Conejo esperándolo al final de ese círculo perfecto que se traza en la trayectoria del relato y que los devuelve sanos a casa. Aunque ya no sean los mismos. ¿O será que en el mundo animal es posible no cambiar?

Conejo es pequeño pero encarna la agudeza mental. Guepardo es grande y fuerte, pero dulce y tierno. Conejo enseña a cada paso lo que es el mundo a su amigo Guepardo. Así empieza y termina la historia. Y aunque al regreso y fin de la apuesta Guepardo pierda y amenace a Conejo con comérselo (no le gusta perder), después de todo no lo hará. Es sólo que está hecho del color del fuego. Es también un ser inestable y libre. Por suerte, se le pasará.


lunes, 11 de junio de 2018

Lo que cuentan las estatuas del mundo, un libro de La Plaga

Lo que comenzó como un juego, imaginando qué historias podrían contar unas gárgolas medievales de Barcelona, fraguó en una serie de relatos donde las estatuas toman la palabra. Montse Ganges e Imapla (La plaga) nos cuentan aquí algunos secretos del proceso de elaboración de este libro fascinante: Lo que cuentan las estatuas del mundo. Un libro que entremezcla el plano de la ficción con el divulgativo y, como lectura escolar, ofrece infinitas posibilidades a la hora de plantear estrategias activas de aprendizaje.


La Plaga somos Imapla (ilustradora) y Montse Ganges (escritora). Trabajar en compañía es de lo más gratificante. Y divertido.

Creamos La Plaga para contar el mundo. Ni más ni menos. Escogemos del arte, la historia, la ciencia, la literatura contenidos que nos conmueven, que creemos que son imprescindibles, que nos hacen mejores, y buscamos el mejor formato para divulgarlos, combinando sin manías géneros y recursos. Nos gusta mezclar.

El origen del libro Lo que cuentan las estatuas del mundo fue un juego. Empezamos haciendo hablar a las estatuas de nuestro barrio: Ciutat Vella, (Barcelona). 

Y de nuestro barrio al mundo. 

Seleccionamos siete estatuas de los cinco continentes. Cada estatua representa una época y una civilización, y a cada una atribuimos un género literario diferente. 

Decidimos dar a cada capítulo un doble tratamiento:

· Ficción histórica: un cuento ilustrado. Cada estatua narra un recuerdo, algo que presenció y que también es un buen reflejo de la civilización que la erigió.

· Apéndice informativo: una ficha explicativa, con información clara y directa sobre cada estatua y su contexto.











Trabajar a dúo implica compartir una serie de referentes que utilizamos para explicarnos la una a la otra, para avanzar en la misma dirección. Puede ser cualquier cosa: un recuerdo, un sabor, un edificio, una novela… Estos referentes acaban colándose de alguna manera en el resultado final, son los secretos, la trastienda de cada libro.

En el caso de Lo que cuentan las estatuas del mundo, esto es lo que ha quedado de nuestras conversaciones durante el proceso creativo: canciones, películas, algún personaje histórico y fútbol.

En El misterio de los elefantes de marfil, Molly Danaher debe su nombre a Molly Malone, la chica más popular de Dublín, con estatua y canción propias.


In Dublin's fair city
Where the girls are so pretty
I first set my eyes on sweet Molly Malone
As she wheeled her wheelbarrow
Through the streets broad and narrow
Crying "cockles and mussels, alive, alive, oh"
Alive, alive, oh



Su apellido lo tomamos de Mary Kate Danaher, la protagonista de la  película El hombre tranquilo (John Ford,1952). Y su aspecto se inspira en la amiga de Charlot en la película El Emigrante, (Charles Chaplin, 1917).



Danny Giggs, el amigo de Molly Danaher, debe su nombre a otra gran canción irlandesa: Danny Boy. 

Oh Danny boy the pipes the pipes are calling
From glen to glen and down the mountain side
The summer's gone and all the flowers dying
'Tis you 'tis you must go and I must bide
But come ye back when summer's in the meadow
Or when the valley's hushed and white with snow
'Tis I'll be here in sunshine or in shadow




Su apellido, por otra parte, lo tomamos del futbolista del Manchester United, Ryan Giggs.
A Danny siempre lo vimos igual que Vito Corleone cuando llega a América en El Padrino II (Francis Ford Coppola, 1974). 




Prudence Night, la enfermera ladrona, es la versión siniestra de Florence Nightingale (1820-1910, creadora la enfermería como profesión), con el aspecto de Mary Poppins.



En la historia de En un latido, Chac Mool comparte imagen y discurso final con el Replicante de Blade Runner (Ridley Scott, 1982).

Ko*T_Ri_Q, el robot piloto de El cazador de mundos, sería sin duda un buen amigo de HAL 9000, el ordenador de 2001: Odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).




En Cuando la luz se convirtió en fuego, la ira de Nebet es parecida a la de Carrie (Brian de Palma, 1976).






¡Feliz lectura! Que disfrutéis del libro y del mundo

martes, 17 de abril de 2018

Opciones editoriales: Célebres casos del detective John Chatterton

La serie del famoso detective-gato creada por el autor e ilustrador Yvan Pommaux, fue recientemente reeditada en un único libro que reúne las tres historias llenas de misterio y humor previamente publicadas en títulos separados.

Detective John Chatterton, Lilia y El sueño interminable son las tres historias que Yvan Pommaux desarrolló dentro del género policíaco y el lenguaje del cómic, con un investigador gatuno especialista en resolver enigmas relacionados con los clásicos de la literatura. Para estos casos en particular, el autor e ilustrador francés se basa en tres cuentos populares (Caperucita roja, Blancanieves y La bella durmiente) para crear el universo de personajes antropomorfos y zoomorfos de Chatterton.


Las primeras ediciones publicadas por Ekaré eran de tapa dura, medían 21x27cm y se imprimieron en papel recubierto. 

Con la edición de 2017, se propone una nueva lectura en serie de los tres casos del felino detective. Esta cuenta con un total de 117 páginas en rústica y se imprimió en papel offset. Además, se redujo a un tamaño de 24x17,4cm, más amigable entre las manos.
 

Primeros títulos publicados entre los años 1999 y 2002.


Libro que reúne las tres historias, publicado en 2017.

martes, 3 de abril de 2018

Tradición y constancia en "Guachipira va de viaje"

Norma González Viloria, especialista en educación, folklore y literatura oral, reseña el valiente recorrido de la pequeña Guachipira por los paisajes venezolanos. Un recorrido que, además de ser un viaje por lugares emblemáticos de Venezuela, nos propone un relato lleno de tradición y perseverancia.

Ella es pequeña e inexperta. Aparentemente no está preparada para asumir ciertas tareas, muy delicadas y de gran trascendencia. Pero Guachipira ha recibido un legado, las historias de su abuela la han ido preparando como relevo. Con genuino interés indagaba: “¿cuál es el remedio para el hipo chino? ¿en dónde queda el fin del mundo? ¿las flores de manzanilla saben a manzana?”. De igual manera, en silencio, escuchaba las historias al final del día. 

Y el momento llegó. “Guachipira notó cosas muy extrañas en su casa … algo andaba muy mal”. Fue entonces cuando la abuela dijo: “Hay que buscar flores nuevas para arreglar este desastre, pero yo ya estoy muy vieja”. Allí “supo lo que tenía que hacer … Estaba sola y tenía miedo, pero batió fuerte sus alas y tomó impulso …” 

Se inicia el viaje, Guachipira recorre Venezuela en busca de flores nuevas, desde el Parque Henri Pittier hasta las costas de oriente, de allí baja por el Delta hasta Canaima, llega a los Llanos, pasa a la Sierra Nevada, continúa por los Médanos de Coro y regresa por el Waraira Repano, ese cerro que algunos llaman El Ávila, hasta llegar “agotada a casa, con un bolso lleno de flores y con tantas historias que contar que se le atragantaban en la garganta”. Pero calla y entrega las flores que recogió con ayuda de muchos, que la alentaron y guiaron en su búsqueda. 

Inolvidable la figura del anciano árbol, llamado Niño, que le entrega la flor de una bromelia. Hermosas las anémonas que Guachipira guarda en agua de mar. Y el ramo de cayenas, “tan grande y tupido que hasta podía usarlo de cama”. Las flores moradas con rayitas azules y amarillas y la otra chiquita que halló en un tepuy y su encuentro con el araguaney, lleno de flores amarillas y con la laguna verde que le ordena que se arrope entre las hojas del frailejón “porque viene la noche y te vas a congelar”. Y la iguana que le dice, en medio de la arena caliente, “no te rindas Guachipira” y entonces sigue, sigue buscando y encontrando, hasta que está lista para volver. 

Ahora, cuando la poción ha sido preparada, y mientras la saborean, después de la cena, estando todos reunidos, es el turno de Guachipira. Su voz se alza con la fuerza de su viaje, de su experiencia. Cuenta su viaje. Confirma que esas eran las flores, y habla de algunas nuevas que encontró. Es la historia de su comunidad que repite para reafirmarse y reafirmarlos. Y yo la veo. Habla con la fuerza de sus logros, relata cuán lejos ha ido y oigo cuán cerca está de su abuela y de su tradición. 

Aguardo, impaciente por escucharla de nuevo.


Norma González Viloria


Arianna Arteaga, autora de "Guachipira va de viaje", narra el cuento en compañía de la agrupación "Casa de Árbol" en los jardines de la librería Sopa de Letras en Caracas. Video de Gabo Cárdenas @gabo_cardenas


miércoles, 21 de marzo de 2018

Dibujar un viaje: proceso de ilustración del recorrido de Guachipira

Stefano Di Cristofaro, ilustrador venezolano, fue el encargado de dibujar a Guachipira en su viaje junto con todos los escenarios que visitó. Acá nos cuenta cómo fue ilustrar imágenes de la naturaleza que le proporcionó Arianna Arteaga Quintero, así como la transformación ocurrida con la colibrí protagonista de este recorrido por Venezuela.

"Stefano Di Cristofaro ilustra el texto de Arianna Arteaga de una manera atmosférica. (...) En general, las ilustraciones impresionan por su gama de colores en distintos tonos. Transmiten lo especial de la naturaleza y la atmósfera de las diversas biosferas de ese vasto país." Selección The White Ravens 2017

"Para poder ilustrar los paisajes que Guachipira visita, investigué cómo funcionan los biomas. Pasé bastante tiempo dibujando plantas, flores, montañas; guiándome principalmente por el maravilloso registro fotográfico de Arianna y con ayuda de internet. No todo el material que se generó fue utilizado. Luego de dibujar mucho, escogí con cuidado lo necesario para dar luz al paisaje y lograr situar al lector en el ambiente, sin caer en una ilustración científica".
Primeros estudios de plantas basados en el bioma de selva nublada


Plantas de selva nublada en la ilustración final
"Diría que la intención fue capturar la sensación que despiertan estos encantadores paisajes. Para eso también hubo un importante trabajo de color para generar distinción en las paletas según el clima del lugar, tal y como ocurre en las fotografías de Arianna".

Ilustración inspirada en el Parque Nacional Henri Pittier: pruebas de color y doble página final

Ilustración inspirada en la Península de Paria: boceto a línea, prueba de color y doble página final.

Ilustración inspirada en el Parque nacional Los Medanos de Coro: pruebas de color y doble página final


"Hay algo que me gustó mucho de Guachipira como personaje y es la transformación que tuvo. Para empezar, no era un colibrí, y por ser la protagonista, comencé con dibujos mucho más complejos. Sin embargo, la técnica que se gestó con las necesidades del libro hizo que cambiara radicalmente. A medida que fui depurando las ilustraciones, me atrajo la idea de que Guachipira fuese un personaje sencillo, simple y tan pequeño que casi se pierde en los paisajes".

Primera prueba de Guachipira


Pruebas de simplificación del personaje


Guachipira: personaje final