lunes, 16 de enero de 2023

El Bosco: ¿Hay un monstruo oculto en 'El jardín de las delicias'?

Hieronymus Bosch, mejor conocido como El Bosco (Ducado de Brabante, c. 1450) se considera como uno de los pintores más extraordinarios de todos los tiempos. Aunque su obra ha sido objeto de continuas exhibiciones, libros y documentales, mucho de su vida y motivos continúan siendo un misterio para los investigadores.

Hace algunos días se hizo viral en Twitter el hallazgo que plantea uno de estos especialistas: Miquel del Pozo Puig (Girona, 1981) es arquitecto especializado en historia del arte, colaborador del Museo del Prado y creador del proyecto #MA140 (Mirar al Arte en Twitter).

También tiene un hijo de 5 años, junto al cual estuvo leyendo El Bosco (Ekaré, 2016) un libro sin palabras de Thé Tjong-Khing, a la par que examinaba minuciosamente 'El jardín de las delicias'. Ambos, padre e hijo, son el detonante de esta lectura que ha traído aún otra capa de asombro sobre la obra de El Bosco a más de 500 años de su creación.

El autor ha tenido la gentileza de ceder su hilo para el blog de Ekaré.


martes, 20 de diciembre de 2022

Moctezuma ilustrado: apuntes de un berrinche

El berrinche de Moctezuma, con texto de Nuria Gómez Benet (Ciudad de México, 1959) e ilustraciones de Santiago Solís Montes de Oca (Ciudad de México, 1982) es una historia de humor contada en verso donde el históricamente terrible Moctezuma sufre una pataleta que solo una jícara con chocolate logra aplacar.

Este libro humorístico, en apariencia ligero, contiene varios guiños escondidos que refieren a episodios y objetos reales del imperio azteca. En esta entrada se narran algunas decisiones que los autores tomaron durante el proceso y curiosidades sobre el contexto de este álbum.

Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), noveno tlatoani de Tenochtitlán, fue uno de los últimos gobernantes del imperio azteca. Tenía grandes ambiciones y expandió su imperio en pueblos vecinos con particular crueldad; pero también fue innovador y promovió algunas estrategias de diplomacia. Con la llegada de los primeros españoles, quiso establecer una alianza con Hernán Cortés como una forma de defensa contra sus enemigos, pero Cortés traicionó su confianza. Con este amargo episodio se inicia la conquista de Tenochtitlán.

Curiosamente, la caída del imperio azteca fue “predecida” incluso antes de la llegada de los españoles. Una de las premoniciones llegó en forma de un ave con un espejo en la cabeza. El ave fue capturada por pescadores en el lago de Texcoco y llevada al emperador, quien al asomarse en el espejo vio la guerra aproximándose por el Este.

Santiago Solís decidió incluir esta ave con el espejo en la cabeza en la página de celebración final con Moctezuma y el tazón de chocolate. En la misma doble página —que menciona la conquista— el ilustrador no mostró a los conquistadores, sino un caballo (en oposición al ave) como una especie de símbolo del mundo nuevo y de todo lo que vendría. Al estar en la derecha se reserva el ámbito de la página siguiente, es decir, el futuro.



Otro ejemplo de detalle escondido es el conocido penacho de Moctezuma. Este tocado impresionante hecho con plumas de quetzal fue un obsequio de Moctezuma a Hernán Cortés. El tocado real descansa hoy en día en el Museo de Viena. En la misma página se puede apreciar el Totocalli, una parte del palacio de Moctezuma que funcionaba como zoológico y que estaba lleno de hermosas aves. Allí, Solís escogió representar la acción donde se despluman aves para complacer al veleidoso tlatoani.


En el episodio donde Moctezuma rechaza los trajes, se puede ver a sus pies un xoloitzcuintle, la raza de perro criado por las culturas maya y azteca. Igual que sucede en sus paralelos occidentales, el perro era visto simbólicamente como un guardián del inframundo. También a los pies de Moctezuma hay una escultura de Chac Mool, una figura que ha sido encontrada tanto en Tula como en Chichen Itzá y que ha servido para demostrar el intercambio e influencias entre culturas con grandes distancias geográficas y temporales entre sí.


Uno de los primeros guiños aparece en la portadilla: un Maquizcoatl (el original se encuentra en el Museo Británico), que es una hermosa serpiente con dos cabezas. Esta fue una de las figuras robadas por Cortés y llevada a Europa.




El tlatoani: una tradición trágica

Curiosamente, el nombre Moctezuma significa “hombre de mal temperamento y muy serio” así que la circunstancia de su berrinche retratada por Nuria Gómez Benet no es del todo ajena al personaje histórico, aunque puede que sí sea la primera autora en redimirlo y rodearlo de humor.

De hecho, existe toda una tradición de óperas y dramas musicales europeos que representaron a Moctezuma (o Montezuma, Motezuma, Montezume…) que comienza por la ópera Motezuma de Vivaldi en 1733 y se extiende hasta avanzado el siglo XX. El tlatoani fue visto en algunos de estos dramas como un fracaso, emperador de una cultura “salvaje”, y en otros como símbolo de resistencia y dignidad frente a la ocupación.



Antonio Vivaldi tenía un interés particular por la ciudad de Tenochtitlán por las similitudes que representaba con su natal Venecia (ambas ciudades de canales). El texto del libreto de su ópera, escrito por Alviso Giuste, representó a Moctezuma como un gobernante débil y a Cortés como héroe del mundo civilizado, listo para “liberar” Tenochtitlán.

En cambio en Montezuma (1755) de Karl Heinrich Graun, cuyo libreto fue escrito por el rey Federico II de Prusia, se hace una clara apología a la figura de Moctezuma como emperador y hombre. En esta versión, es transparente la intención de identificar a Moctezuma con los estandartes del imperio prusiano y a su antagonista Ferdinando Cortés, con los austríacos. Publicada en plena época de guerra entre ambas monarquías, Montezuma reflejaba la “dignidad” del Reinado de Prusia, tildaba de imperialistas los avances austríacos, sajones, rusos y franceses; y mostraba la benevolencia (y error) de Moctezuma como una suerte de historia ejemplar.



De changos y chocolate

En cuanto al chocolate, existen muchas versiones sobre su origen. La mayor parte concuerda en que los olmecas (3.000 a.C. - 300 a.C.) fue una de las primeras civilizaciones en prepararlo; después su uso pasó a los mayas y posteriormente a los aztecas. En ese entonces se trataba de una bebida agria, pero con propiedades energizantes.

La leyenda cuenta que al tlatoani Moctezuma le gustaba tanto esta bebida que ofrecía grandes tazones de chocolate en sus celebraciones. Los frutos del cacao eran muy apreciados y costosos; e incluso los mayas y aztecas llegaron a utilizar las semillas de cacao como moneda, que era muy práctico porque se podían subdividir en pequeñas monedas de menor valor.

Otra leyenda cuenta que fue Quetzalcoatl (la Serpiente Emplumada) quien llevó el chocolate a los hombres, una semilla hasta entonces solo disfrutada por los dioses.

Finalmente, los monos, en diferentes culturas mesoamericanas, han sido representados junto a semillas de cacao. En su hábitat, los monos juegan un papel esencial en el ecosistema del cacao: viven en climas húmedos y cálidos, entre árboles (igual que el árbol del cacao), donde comen sus frutos. Las semillas en su excremento ayudan a que nuevos árboles de cacao nazcan a lo largo de la selva. En el mundo simbólico son vistos como los “portadores” del cacao, incluso con un guiño a su glotonería y “mal” comportamiento.

La palabra "chocolate" probablemente viene del náhuatl xocoatl que significa "agua agria" y cuyo sonido se ha traducido en todas las lenguas. Originalmente se mezclaba con maíz. En cambio, cuando se tomaba puro se llamaba cacahuatl que significa "agua de cacao". Su grafía fue recogida de diferentes maneras y es por eso que en el libro se adopta el más cercano "xocolátl".






jueves, 30 de diciembre de 2021

«No hay nada más literario que una puerta cerrada». La visión de Nono Granero detrás del álbum Dentro de casa

Diana Cruz, diseñadora, investigadora de literatura infantil y autora del blog Abeja lectora, comparte con Ekaré una hermosa reseña del libro Dentro de casa, centrada en la materialidad del álbum y la interacción que establece con los lectores.

Bajo la dinámica de abrir una puerta, o lo que es lo mismo, invocando la antigua magia de «voltear la página», el libro álbum Dentro de casa hace partícipe al lector de los curiosos infortunios ocurridos a bordo de la caravana «La Golondrina».


Como en todo libro, dar vuelta a la cubierta es el primer paso para adentrarse a una historia. Dentro de casa nos propone abrir una puerta, echar un vistazo a lo que sucede en su interior y conducir su historia volteando sus puertas una tras otra. Conversando con Nono Granero sobre el proceso creativo detrás del álbum, una frase clave salió a colación: «No hay nada más literario que una puerta cerrada». Fue en una charla de Gustavo Martín donde el autor escuchó por primera vez dicha frase: una metáfora que plantea el libro como puerta hacia la aventura. Irene Savino, directora de arte del álbum, nos comenta que durante el desarrollo de Dentro de casa el concepto de la puerta como vía de acceso a la causalidad siempre se mantuvo. Cada una de las maquetas que dieron paso a la transformación del álbum, detallan cómo el texto y las imágenes cambiaron en el transcurso de dos años. El texto en prosa se convierte en un texto en verso, y así mismo, una casa estable se convierte en una caravana. Cada uno de estos cambios potenciaron el valor de una narrativa que en cada vuelta de página deja entrar invitados cada vez más grandes y cada vez más numerosos.



Dirección de arte y carpintería

Al ajustar la puerta a la totalidad del formato cubierta y seleccionando un soporte robusto en cartón, el equipo editorial de Ekaré ha observado una curiosa interacción resultante entre lector y álbum: «Toc, toc». Los lectores tocan la cubierta con los nudillos antes de abrir el libro, llaman a la puerta antes de abrirla. Esta interacción no era algo pensado, sin embargo sucedió. El álbum reconoce el rol del lector en primera instancia y por ello es que su soporte, imagen y texto se integran para dejar fluir la espontaneidad e imaginación. El mismo autor nos comparte su visión a la hora de plantear y desarrollar un álbum:

«Para mí el libro álbum se sostiene sobre cuatro patas: texto, imagen, soporte y lector/a. La importancia que damos a cada uno de esos aspectos varía en función del planteamiento de cada libro y de ahí la enorme riqueza que tiene este tipo de literatura, que permite combinaciones infinitas variando cada uno de esos parámetros. Lo ideal es que estén lo más estrechamente ligados posible y, en el caso de ‘Dentro de casa’, estaba claro desde el primer momento que el soporte jugaría un papel fundamental, porque marca una dinámica de lectura estrechamente relacionada con la historia que se cuenta y cómo avanza».

El aprovechamiento de lo que supone la materialidad o soporte del libro (entiéndase el formato, las cubiertas, el gramaje de las páginas, el tipo de impresión, etc.) fue una labor minuciosa que el autor y el equipo editorial de Ekaré realizaron en conjunto para impregnar el álbum de dinamismo lúdico. Replicar con precisión los acabados de la cubierta-puerta en cada una de las páginas-puerta dentro del libro es un claro ejemplo de ello. Esta decisión creativa permite que como lectores podamos asimilar ocho puertas como una sola. Cabe mencionar que esta misma experiencia material nos permite observar la curiosa dualidad entre lo denominado el interior y exterior en la historia: voltear la página es abrir la puerta de la misma habitación a un paisaje y un personaje diferente.


Ocurrió un buen día. Son cosas que pasan. 
Un feroz mosquito, travieso y zumbón,
se coló aquí dentro, conmigo, en mi casa.
Por si me picaba de mala manera
fui y le abrí la puerta para que saliera.

No lo conseguí, son cosas que pasan.

Pero dos arañas, grandes y peludas,
se colaron dentro, conmigo, en mi casa,
y con el mosquito travieso y zumbón.


Es con este tipo de propuestas literarias con las cuales podemos ejemplificar la versátil naturaleza que podemos encontrar en el medio del álbum. Dentro de casa, es en sí una historia en movimiento. Curiosamente si entrecerramos los ojos mientras sostenemos el álbum en nuestras manos, es posible imaginar que tenemos a la mismísima caravana del cuento, «La Golondrina», frente a nosotros. Por lo tanto, ahora nos preguntamos: ¿hacia qué nuevas aventuras conducirán los lectores a «La Golondrina» una vez estén a bordo del álbum Dentro de casa?


¡Cuéntanos en la sección de comentarios!

martes, 15 de junio de 2021

No riman, ¡pero cómo suenan! | Cajita de fósforos

Adolfo Córdova (Veracruz, 1983) es un periodista, escritor e investigador mexicano. Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil por la UAB, ha recibido reconocimientos como el Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2015, Los Mejores del Banco del Libro de Venezuela 2017 y lista White Ravens 2017 por su obra.

Su investigación sobre poesía no rimada lo llevó a curar la selección de poemas que conforman Cajita de fósforos bajo la edición de María Francisca Mayobre, dirección de arte de Ana Palmero Cáceres e ilustraciones de Juan Palomino. El libro resultó el ganador del 2021 BOLOGNA RAGAZZI AWARD: POETRY de la Feria del Libro Infantil de Bologna.

En este texto Córdova comparte algunas miradas sobre el género y narra el nacimiento de esta luminosa selección.



No riman, ¡pero cómo suenan!


Son 36, el más antiguo de 1920, de Juana de Ibarbourou; el más reciente, nacido con el libro, de María José Ferrada. Son 100 años de poesía infantil no rimada. Y entiendo como poesía infantil aquella que puede interesar a niñas y niños, haya sido escrita o no con esa intención. La mayoría aquí sí fue escrita para hablarles, y buscando otra música, la misma que ya exploraban desde principio del siglo pasado muchxs poetas: sin rima, mucha de ella libre de métrica. Pero también incluimos poemas no escritos pensando en un lector infantil, porque la historia de la lectura reclamada por niñas y niños se ha escrito así: con y sin el adjetivo.


No riman, pero ¡cómo suenan! Hay en estos poemas una búsqueda rítmica, experimentación sonora, voces (algunas consonantes o asonantes, sí) como notas que van colocándose en una partitura invisible, nacida en la mente del o la poeta, que se materializa en la mente que lee-escucha esa armonía.


Mi criterio para ordenar la selección no fue cronológico ni temático pero sí buscaba un movimiento particular: el de una cabeza de fósforo encendiendo otra, una suerte de efecto dominó de palabras. Esta intención se fue a la luna y se convirtió en narración con las ilustraciones de Juan Palomino. ¿Cómo le hizo Juan para convertir una antología de poemas en un libro álbum? No lo sé, pero él da algunas pistas en una entrada previa en este blog tan querido. Y en el siguiente texto, epílogo en Cajita de fósforos, les compartimos un poco más de mi proceso. 

 

Profundamente agradecido con todo el equipo de Ekaré y con los y las poetas que encendieron esta cajita con cada uno de sus luminosos poemas


Si has acercado alguna vez un caracol a tu oreja, sabrás que hay asombros que no se ven pero se escuchan. Escuchar para creer que hay un mar contenido allí dentro o un trueno cayendo entre los cerros o un aullido apuntando a la luna. Luego, quizá veas en tu mente las olas ir y venir, la tormenta desatarse, una jauría de lobos en cacería. Pero han sonado primero, el sonido te ha hecho abrir los ojos.

La poesía es así: suena, palpita, tamborea; ama ser leída en voz alta, entra por el oído y sale por la mirada. Empezó a sonar de boca en boca y a mover los cuerpos de quienes la pronunciaban hace miles de años. Y desde entonces ha cambiado y acompañado el paso de la humanidad.

Como coleccionista de poemas, quería hacer una selección para niños, niñas y jóvenes que armonizara distinto, sin rima. Durante un año me dediqué a buscar en papel y pantalla, de un lado y otro del océano Atlántico. En Alemania, conocí un castillo de libros, la Biblioteca Internacional de la Juventud, y allí pasé horas y días y páginas hasta que encontré, en una revista vieja, en una estantería baja, en el rincón de una sala de lectura, un inusual poema de Aquiles Nazoa, que cantaba como canario y calzaba como Cenicienta. Y sentí al leerlo ese asombro de oír por primera vez el oleaje dentro del caracol.


Seguí leyendo tras la música de poetas de Iberoamérica en otras bibliotecas, como la de CEPLI, en Cuenca, España, en una ciudad medieval incrustada en un arrecife prehistórico, y otra más, la de IBBY, en mi país, México, en una casona donde reina una araucaria de casi cien años. Mientras iba cambiando de paisajes, de un lugar a otro, variaban los acentos de la gente con la que conversaba y el ritmo de las palabras que leía, y las fui guardando como tesoros en una cajita, como dice María Elena Walsh en el poema que inspiró el título de este libro.

Me guié con varias preguntas: ¿quiénes fueron los primeros en atreverse a romper la forma tradicional de la poesía para niños y niñas quitándole la rima y la métrica? ¿Quiénes continuaron con ese atrevimiento e imaginaron infancias que sonaran distinto? ¿Quiénes siguen haciéndolo hoy, explorando nuevos timbres y temas?

Aunque algunos dicen que rimado es igual a infantil y no rimado equivale a juvenil, nosotros no somos buenos para las fórmulas matemáticas. Se puede disfrutar de cualquier tipo de poesía a cualquier edad. En este libro esperamos convocar a todos. Reunimos a 36 poetas iberoamericanos de 10 países con imaginarios diversos. Cada poema, en prosa o en verso libre (exceptuando los haikus), conduce a otro pues cuando los organicé tenía en mente un sonido y una imagen que me hipnotiza desde niño: la de una cabeza de fósforo encendiendo otra.

Entre una y otra llama, una y otra voz, quizá escuches la tuya o busques otras, y a otros y quieran guardarlas aquí. O empezar su propia cajita de asombros encendidos.

 





Compartimos también este video en el que Adolfo explica en qué consiste su trabajo como investigador y antologador y propone a niños y niñas que se vuelvan coleccionistas de versos y hagan su propia antología:





miércoles, 26 de mayo de 2021

«La gran montaña»: ilustrando una travesía, por Carmen Salvador

Carmen Salvador (Caracas, 1953) es una conocida ilustradora, artista plástico y arquitecta venezolana. Estudió en la Universidad Central de Venezuela, la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas y en el Instituto Federico Brandt de Caracas. Ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo de ilustración de libros para niños, como Los Mejores del Banco del Libro o la selección en la lista White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek. Con Ediciones Ekaré ha ilustrado los libros El rey mocho, El libro de oro de los niños, Estaba el señor Don Gato y La gran montaña.

En esta entrada, con motivo del décimo quinto aniversario de La gran montaña, Carmen Salvador comparte su experiencia durante el proceso de ilustración.

Cuando yo era niña, mi mamá —que era una gran lectora— nos contaba un cuento todas las noches antes de dormir. Leía usando solo una lámpara sobre el libro, para que la noche siguiera “puesta” en nuestra habitación. Aquellos libros tenían mucho texto y apenas una imagen cada tantas páginas, como solían ser las ediciones de cuentos de hadas de antaño.

Recuerdo hoy cómo, con cada vuelta de página, yo la interrumpía con mucha curiosidad diciéndole: “¡Déjame ver...!”. Y ella de vez en cuando me revelaba la imagen.

Muchos años después, al comenzar a ilustrar, reviví este fascinante juego de leer e imaginar, pero además ahora yo podía crear las imágenes y llevarlas al papel. Es un reto tratar de sacar las imágenes que tienes en tu memoria, o las que puedes crear a partir de una referencia, y reproducirlas en la forma en que tú quieres que se vean.

Cuando eres ilustrador y te entregan un manuscrito, quisieras complacer a todos logrando plasmar en el papel lo que se imaginan. Pero esto es imposible. Solo es posible cerrar los ojos, leer y leer muchas veces el texto, abrir los ojos, imaginar, pensar... y comienza un proceso como cuando cocinas y tienes todos los ingredientes en la mesa.

Creación de personajes

La gran montaña, escrito por José Antonio Delgado, narra la historia de cuatro amigos que sueñan con escalar una gran montaña. Estos cuatro amigos están inspirados en los integrantes del Proyecto Cumbre, que para entonces habían escalado grandes cumbres como el Everest. Teniendo esto en cuenta, me basé en relacionar a cada uno de los animales del cuento con algunos de ellos para la creación de los personajes.

A Yak lo crearía a partir de una foto que le pedimos a Frida —la esposa de José Antonio— de su pequeño hijo Tomás, porque era tan gracioso y tenía un pelo así como despelucado que nos recordaba a los yaks. Le pregunté a José Antonio con cuál se identificaba él y me dijo que con Elefante. Carlos Castillo con su característico pañuelo en la cabeza sería Canguro y finalmente Marcus Tobía, Camello.

Hice varias pruebas donde aparecían en bocetos los animales humanizados vestidos con ropa de escaladores, pero nos gusto más que se vieran como animales en sus cuatro patas. Lograr un lenguaje sencillo y con ternura era importante para resaltar los valores de amistad, solidaridad, perseverancia y trabajo en equipo.




Lo más importante para mí era resolver el recorrido que hacen los personajes desde que salen de su casa hasta que llegan a la cumbre de la gran montaña. Hice muchos bocetos y mapas hasta lograr armar una maqueta miniatura del libro completo. El storyboard creo que solo lo entiendo yo porque los hago muy pequeños, ya que así consigo ver rápidamente el conjunto y desarrollo de la historia para posteriormente definir las escenas.




Referencias y técnicas

Como referencias usé el libro “Camino a la cumbre: del Ávila al Everest” y otro libro muy completo que me prestó José Antonio sobre el Tíbet. Del último tomé imágenes de templos, personas, lugares, símbolos y los típicos banderines tibetanos.

Camino a la cumbre: del Ávila al Everets y referencias fotográficas

Para la técnica, use óleo sobre papel Fabriano de algodón. El óleo es un material difícil para ilustrar porque tarda en secar, pero el color es profundo y luminoso, y quería que así fuera porque el cuento era para niños pequeños. Todo el trabajo está realizado a mano suelta.

Boceto escena final

Ilustración terminada escena final

Tampoco utilicé líneas negras para los contornos, sino el mismo color de la forma en creyón para que el color fuera predominante. El diseño del libro marcaba que las ilustraciones serían sangradas, es decir, ocuparían todo el espacio de las páginas. Tuve cuidado de no intensificar mucho el color en la parte donde se agregarían los textos, para así facilitar su lectura.

Detalle escena final

El fondo de la portada y contraportada lo hice aparte en una doble página utilizando óleo, rasgando y superponiendo los blancos. Las guardas a línea negra, figuras sencillas, que luego se convertirían digitalmente a blanco con los motivos y símbolos tibetanos.

Guiños escondidos


Quise incluir un juego. Al inicio del cuento, donde Elefante está en su cuarto leyendo, piensa: “¿Podré tocar el sol y la luna?”. Allí coloqué en la ilustración al sol y a la luna en el mismo lugar que en la última página del cuento cuando (¡finalmente!) todo el grupo llega y dice: “Era casi como tocar el sol y la luna”. Lo quise ilustrar de esta forma para que, si el lector pinza las páginas intermedias y las mueve para ver la primera y última página, se pueda observar al sol y la luna superpuestas, casi tocándose.

Y finalmente, en el pequeño mapa, que aparece al final de la historia, se ve todo el recorrido de los cuatro amigos desde que salen de casa hasta llegar a la gran montaña. 

De colofón dibujé una foto, a manera de postal, en la que aparecen todos contentos posando con los abrigos que les tejió la Abuela Canguro.




viernes, 21 de mayo de 2021

Camino a la gran montaña: un testimonio de Frida Ayala

José Antonio Delgado “El Indio” (Caracas, 1965 - Nanga Parbat, 2006) fue un destacado montañista venezolano, ingeniero mecánico y autor del libro La gran montaña. Fundó el Proyecto Cumbre y junto a ellos realizó la primera expedición venezolana en alcanzar la cima del Everest. Su esposa, la también montañista y directora del Festival Ascenso, Frida Ayala, nos cuenta cómo hace quince años un hombre de montaña se sentó a escribir un libro ilustrado.

  

Un muchacho y el Everest

 

José Antonio tenía pasión por la montaña desde niño, pero cuando subió por primera vez el Pico Humboldt en Mérida se enamoró para siempre del montañismo. Eso fue en bachillerato. Luego continuó haciendo grandes montañas en Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, México. En 1994 alcanza la cumbre del Cho Oyu, una de las 14 montañas en el mundo con una altura de 8000 msnm, tras haber escalado la mítica montaña Ama Dablam.

 

El Everest fue un sueño durante casi quince años para él. Ningún equipo de venezolanos había alcanzado su cumbre. Hasta que finalmente en 1997 comenzó la "ruta" al Everest junto con el resto de los miembros del Proyecto Cumbre, Carlos Castillo, Marco Cayuso, Carlos Calderas, Martín Echevarría y Marcus Tobía. El 23 de mayo de 2001 la expedición llegó al punto más alto del Everest.



 

Escribir La gran montaña

 

Todas las noches les contábamos cuentos a nuestros hijos, Sofía y Tomás. Teníamos la colección completa de libros de Ekaré. Un día los niños pidieron un cuento inventado. Y se hizo costumbre. Cada noche, nos daban dos personajes. Yo inventaba un cuento donde tocaba ver qué hacer con una princesa, un unicornio, una pelota, un robot… Pero José empezó a contar su propio cuento y cada día lo fue perfeccionando.

 

El cuento era "La gran montaña": la travesía de un grupo de amigos por subir la montaña más alta del mundo. Después, con la ayuda de algunas técnicas que yo usaba en preescolar con mis alumnos, pasamos a escribirlo.

 

Los personajes de la historia salieron de los viajes de José Antonio. Cuando Proyecto Cumbre hizo el Everest hace ya 20 años, mi hija y yo viajamos a Nepal e hicimos un paseo a una granja de elefantes, y luego nos montamos en un elefante en Chitwan. Así nació el primer personaje del cuento.

 

Luego, el yak era un animal que a José le fascinaba. Toda la cultura sherpa se sustenta en este animal que, a pesar de convivir con el hombre, se mantiene mucho en su estado salvaje.



Es gracioso porque Carmen Diana (la editora), cuando hicimos el libro, me pidió una foto de Tomás, que era un bebé, para que Carmen Salvador ilustrara al yak inspirada en él.


El camello bactriano lo había conocido en los viajes a Muztagh Ata y Gasherbrum. Siempre hablábamos de ese camello y de recorrer la ruta de la seda, pero no se dio.

 

Para terminar, nos faltaba uno... y llegó canguro. Sin ninguna otra explicación más que nos trajo un atributo que necesitábamos para el cuento.



 

Me encanta como José incluyó detalles de nuestra vida. Por ejemplo, cuando dice "son distintos, pero se ríen igual que nosotros". Esa frase la dijo mi hija una vez que una familia china se mudó a nuestro edificio (algo nuevo para ella) y me pareció hermoso que lo incluyera en el libro.





15 años después, un legado

 

Convertí su historia en una conferencia que doy en colegios públicos y privados, en zonas populares como Caucagüita o en un centro comercial. Cada vez que cuento el libro y hago la presentación sobre la vida de José, es todo muy conmovedor. Llevo los equipos y les enseño sobre el significado de "La gran montaña" como un sueño; algo que quieres lograr.


 

Un día, luego de contar el cuento y realizar el taller de "Alcanzar tu sueño", uno de los muchachos se animó a hablarle a una niña de quien había estado enamorado por mucho tiempo. Sin duda, el cuento tiene una forma de acercarse no solo a los niños sino también a los adultos que de forma desprevenida sienten la metáfora profundamente, y una y otra vez me dicen lo inspirados que están para ir tras sus grandes montañas. Creo que allí reside parte de su emoción.

 

En Venezuela y Latinoamérica, José Antonio sigue siendo un ícono y referencia del montañismo. El Festival Ascenso que fundó continúa activo. Y recientemente, se realizó una obra de teatro en Italia llamada I guardiani del Nanga” donde toman como referencia los siete mejores y más destacados montañistas del Nanga Parbat que murieron en esta mítica montaña. José Antonio fue uno de ellos.

 

También continúa circulando el documental sobre su vida "Más allá de la cumbre" (2008), cuyo director Juan Carlos López decidió usar el cuento de "La gran montaña" como hilo narrador. Decisión que considero acertada porque da una profundidad de quién era José Antonio como persona y como montañista.

 

Para mí, su legado principal ha sido su vida, enseñanzas y pasión. Y por supuesto, nuestros dos hijos amados.

Recuerdo que uno o dos días antes de irse a Pakistán llegó muy contento. Me dijo que me tenía un regalo muy especial. Y me enseñó la maqueta del cuento. Originalmente yo había hecho unos dibujos que no fueron aceptados, pero cuando vi las ilustraciones de Carmen Salvador quedé fascinada. Todavía siento que "La gran montaña" es el regalo de José para mí.