viernes, 28 de diciembre de 2012

Creando panoramas mágicos

Peter Zemeckis y Tom Hanks, directores de la adaptación al cine del libro El expreso polar, comentan la experiencia de partir del texto de Van Allsburg para crear una película.
Zemeckis estaba cautivado por las ilustraciones ricas y expresivas del libro: hay calidez en las alegres caras de los niños dentro del Polar Express, mientras que afuera el paisaje es constantemente cambiante, a la vez misterioso e invitante, con bosques oscuros y montañas nevadas.  
“Las ilustraciones de Chris son al mismo tiempo honestas, familiares y trascendentales”, hace notar Zemeckis, quien trató de recrear en la pantalla la calidad de las imágenes del libro. Así, los espectadores tendrían la oportunidad de vivir el fantástico viaje nocturno al Polo Norte, en la manera misma en que lo vió el niño del cuento. “Es fácil verse a uno mismo, a sus hijos, o a los niños con los que uno creció, en las caras de los personajes de la película. El paisaje por donde pasa el tren parece un sueño, conviertiéndose en lugares mágicos en los que cualquier cosa podría suceder”.
“Hay algo que hace a sus dibujos inolvidables”, dice Hanks, “comunican la emoción que Chris quiere dar a través de ellos. Por ejemplo: cuando él habla del niño que está en la cama y espera en silencio, el dibujo expresa exactamente el momento. Cuando el tren para frente al jardín, uno casi puede escucharlo. La idea de la película era presentar el espíritu navideño de una manera renovada”. Zemeckis agrega: “Quisimos mostrar la belleza y riqueza de las ilustraciones de Chris, como si fueran un cuadro con movimiento, y trasmitir la calidez, la proximidad y la delicadeza de la actuación humana”. Pero, ¿cómo lograrlo?
Hacer una película de acción en lugares tan inhóspitos, hubiera sido poco práctico o directamente imposible. Nunca se lograría la textura que los cineastas querían recrear. La segunda opción era utilizar animación, pero ésta tiene sus limitaciones. “El problema de la animación tradicional en un proyecto como este”, dice Zemeckis, “es que se queda corta para describir auténticos personajes humanos. Para fantasías como Blancanieves y los siete enanitos, las imágenes exageradas funcionan muy bien. Pero yo quería utilizar una técnica que diera la sensación de que los personajes estaban vivos”.
Zemekis presentó este desafío, al “mago” en efectos visuales Ken Ralston, ganador varias veces del Premio de la Academia. Para El expreso polar, Ralston propuso utilizar la captura de la actuación, método que permite registrar digitalmente los movimientos de los actores, incluyendo sus expresiones, gestos y pestañeos. Sobre esta base, se crearon personajes virtuales susceptibles a ser animados que permitieron mostrar el mundo según Van Allsburg y a la vez darle acentuado realismo a las actuaciones. "Es como poner el alma de un ser vivo en un personaje virtual”, explica Ralston.
Zemeckis cree que lo más importante es contar la historia de la mejor manera posible, con o sin grandes tecnologías. “El espectáculo entero en la película es la ilusión. Inclusive las técnicas más básicas lo son: un corte, un primer plano, todo es fingido, todo es mágico, nada de eso existe en la vida real. Cuando uno puede verlo de esa manera, todas las películas son una ilusión, y muchas de las cosas que yo hago son una extensión de ello. Eso es lo divertido de ser director de cine”.
Texto extraído de las notas de producción de la película en la página oficial

sábado, 22 de diciembre de 2012

Imágenes que complementan

Peter F. Newmeyer explica cómo se comunica el significado en el libro-álbum El expreso polar, de Chris Van Allsburg.


The Polar Express es un libro en el que cada detalle habla de la planificación, la premeditación y la excelencia en la ejecución de los mejores libros-álbum contemporáneos. La portada muestra al Polar Express, con su penetrante faro, señalando el énfasis de las luces misteriosas que aparecen a lo largo del libro. Además, hay una distorsión en las ilustraciones inusualmente anchas que dan la impresión de un gran angular, casi de un lente ojo de pez, sugiriendo de nuevo la distorisión de las cosas que experimentamos en los sueños. Las ilustraciones están cuidadosamente diseñadas de manera que ningún elemento crucial caiga dentro del canal cosido entra las páginas. 


Más asombrosa aún es la amplitud del "gran angular" que puede ser la percibida en la ilustración en la que hay tres lobos ubicados en una parte central. Estos lobos están muy separados, haciendo que las páginas cercanas se vean aún más anchas de lo que son. También las páginas se ven aún más anchas por la longitud del tren que se extiende por todas ellas, lo cual es señalado claramente al ojo del observador por las luces que iluminan los compartimentos de los vagones que brillan como una elipsis alargada a través de las páginas confrontadas. En contraste con esta anchura aparecen los árboles verticales del bosque nórdico por el que pasa el tren, y a través del que merodean los lobos. Los, presumiblemente, altos árboles son verticales, pero son cortados abruptamente por el formato de la página, subrayando la amplitud de la visión. Tal amplitud acentúa, "narra", el gran espacio por donde viaja el tren.


Nuevamente, marcando la continuidad con libros anteriores (y mezclando el "significado" de éste con el "significado" de los demás), está el Boston Bull, no un perro real, sino una marioneta de mano colgada de la cabecera de la cama del niño narrador. De nuevo, el perro es imaginario en un lugar real, y esto coincide con el tópico tratado por el libro, la relación de la imaginación con la "realidad", siendo el verdadero mensaje del libro que la imaginación también es realidad. 


Otra información importante es hecha por el retrato propio de San Nicolás. El San Nicolás de Van Allsburg no muestra rastros de lo tierno y empalagoso del San Nicolás de las tarjetas navideñas convencionales. Más bien, él y sus renos, aparecen en una de las páginas centrales del libro con monumentalidad, grandeza y mucha seriedad. San Nicolás y sus renos parecen mirar a través de ojos tallados casi como los de una estatua griega, y los brazos y el cuerpo de San Nicolás, así como el cuello de los renos, tienen un volumen y una redondez de columna, muy irreal. En su movilidad estatuesca, parecen haber sido removidos de la vida y hacer entrado así en el dominio de lo simbólico.

Asociado a esta magnificación simbólica, hay un silencio velado que le otorga altura y dignidad a la historia. La quietud, que también es parte de la realidad, es alcanzada a través de los colores tenues, la prosa velada, la calidad estática del cuadro que rodea a las ilustraciones y el texto, así como por la falta de movimiento representada tanto por los renos como por la historia misma.


El punto más significativo acerca de la extraña naturaleza de la realidad enfatiza de nuevo (y se re-enfatiza con frecuencia) en ilustraciones tales como la del primer atisbo que tenemos del Polo Norte. Nuestra primera visión del Polo Norte es una imagen de niebla, nieves, y de las muchas luces misteriosas que brillan a lo largo del libro, así como del reflejo de éstas. No sabemos con precisión dónde está el reflejo. No se menciona ningún lago en el texto, pero parece que podría o debería haber algún cuerpo de agua en el que el niño/narrador abserva su visión del Polo Norte dos veces —en la trémula confusión del sueño y en el reflejo de éste—. Ahora sólo queda preguntarse: ¿cuál es el real?  

NEWMEYER, P. (2005) ‘Cómo se comunica el significado en los libro-álbum: El caso de Chris Van Allsburg’. En Parapara-clave 1. Libro álbum: invención y evolución de un género para niños, p. 177. Caracas: Banco del Libro.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Una medalla polar

Discurso de aceptación de Chris Van Allsburg al recibir el premio Caldecott Medal en 1986

 

Cuando empecé a pensar sobre El expreso polar, tenía una sola cosa en mente: es de noche y un niño ve un tren mientras permanece de pie frente a su casa. El niño y yo hicimos diversos viajes en ese tren pero, en un sentido figurado, no fuimos a ninguna parte. Luego me fui yo solo al norte y sentí que esta vez sí había tomado la dirección correcta pues el tren tenía como última parada el Polo Norte. A ese punto, la historia parecía sostenerse, a nivel literario, por sí sola. ¿Quién vive en el Polo Norte? Santa. ¿Cuándo sería el momento indicado para visitarlo? Nochebuena. ¿Qué pasa en Nochebuena en el Polo Norte? Sin duda, una ceremonia de algún tipo, alguna que requiriera a un niño transportado por un tren llamado el Expreso Polar.

Afortunadamente, o quizás debería decir necesariamente, esa idea era consistente con mis propios sentimientos, especialmente porque indicaba aceptar una fantasía como la existencia de Santa Claus. Santa es la única figura mítica en la que gran parte de nuestra población aún cree. Es un hecho que la gran mayoría de los creyentes tienen menos de ocho años, y es una pena. La racionalidad que todos asumimos por ser adultos, hace difícil (cuando no imposible) la creencia de lo fantástico. Afortunados los niños que saben que existe un hombre gordo y risueño en un traje rojo que maneja un trineo volador. Deberíamos envidiarlos. Y deberíamos envidiar a las personas que guardan una cámara Polaroid en sus puertas para cuando aterricen los marcianos en el jardín. La inclinación a creer en lo fantástico, podría parecerle a algunos como una falla de la lógica, pero realmente es un regalo. Un mundo que crea en Pie Grande y el Monstruo del Lago Ness, es claramente superior a aquel que definitivamente niega de ellos.

No quiero dar la impresión de que mi propia creencia de lo que es posible no esté determinada por la razón o el pensamiento analítico. Por mucho que me encantaría conocer al Hada de los Dientes en un paseo matutino, realmente no creo que pueda suceder.

Cuando tenía siete u ocho años, en la noche anterior a Pascuas, mi mamá dejó caer accidentalmente una bolsa de caramelos justo al lado de mi cuarto. Reconocí el sonido y comprendí lo que significaba. Escuché a mi mamá susurrando para alejar a los gatos de los dulces regados a lo largo del piso de madera. Había llegado el momento en que el Conejo de Pascuas se volvió algo incierto para mí. En cualquier caso, este era el momento que la parte escéptica de mí estaba esperando; había ganado la verdad pero había pagado un precio muy grande por ella: el Conejo de Pascuas murió esa noche.

La aplicación del pensamiento analítico puede ser el enemigo de la creencia en lo fantástico, pero no lo es, al menos para mí, el de la ilustración. Cuando concebí el Polo Norte para El expreso polar, fue la lógica la que insistió en que fuese una vasta colección de fábricas. No veo esto como un capricho ni como un acto de imaginación. ¿Cómo pudo haberse visto de otra manera si se toma en cuenta el volumen de juguetes que tienen que producir anualmente?

 No creo que al ilustrar se descubran tantas cosas como al escribirla. Cuando considero una historia, la veo claramente. Ilustrar, por su parte, es simplemente un asunto de dibujar algo que haya experimentado con anterioridad con los ojos de mi mente. Ya que veo la historia desplegada como si fuese una película, el reto es decidir qué momento debería ser ilustrado y desde qué punto de vista. Hay desventajas en ver las imágenes de una manera tan clara: la ejecución de las imágenes puede parecer redundante. El trabajo final resulta, pues, decepcionante porque mi imaginación excede los límites de mis habilidades para plasmarla.

Tengo la fantasía de ser tentado por el diablo con una máquina milagrosa; una máquina que pueda conectarse a mi cerebro e, instantáneamente, producir el arte final de las imágenes en mi cabeza. Estoy seguro que es el diablo quien tendría un aparato tal, pues devastaría el alma del arte. O la mitad de ella, en cualquier caso. Concebir algo es sólo parte del proceso creativo, darle vida es la otra mitad. La lucha para encontrar un medio, sean palabras, notas, pintura o mármol, es la parte heroica de hacer arte. Aún así, si alguno de ustedes se encuentra con el diablo y tiene esta máquina, denle mi nombre. Me gustaría recibir una demostración al menos. 

Un premio no cambia la calidad de un libro. Estoy extremadamente consciente de las deficiencias de todo mi trabajo. Algunas veces pienso que me gustaría rehacer todo lo que he hecho y acomodarlo. Pero sé que unos cuantos años después querría rehacerlo todo por tercera vez.

Este premio lleva consigo una suerte de sabiduría para mí. Me sugiere que el éxito del arte no depende de su cercanía a la perfección sino de su poder para comunicar. Las cosas pueden estar correctas sin ser perfectas. A pesar de que es la segunda Caldecott Medal que recibo, créanme, no es menos significativa que la primera. Recibir una Caldecott Medal es una experiencia que no cansa. Estoy seguro de esto y, además, estoy preparado para combatir cualquier esfuerzo a contrariarme.

¡Gracias y buenas noches!

Discurso original en inglés tomado de la página web del autor · Traducido por Laura Sánchez

lunes, 3 de diciembre de 2012

Una ojeada digital

Pedro es un niño de tercer grado apasionado por el fútbol. Todas las noches, su familia se sienta cerca del radio a oír noticias sobre el país, que vive bajo una dictadura. Un día, Pedro ve cómo al padre de su amigo Daniel se lo llevan en un jeep de militares. Otra mañana, un señor uniformado entra al salón de clases a pedirles a los niños que escriban una composición titulada: “Lo que hace mi familia por las noches...”. Así, Pedro debe responder por sí mismo la pregunta que alguna vez le hizo a su padre: ¿Los niños pueden estar en contra de la dictadura?


lunes, 26 de noviembre de 2012

La celebración del español

El Instituto Cervantes conmemoró el 23 de junio, día del español, compartiendo la palabra preferida de diversos personajes de nuestra cultura. Skármeta, además de confesar la suya, ofreció su visión encantada del idioma.




martes, 20 de noviembre de 2012

De "La composición" de Antonio Skármeta a "Pequeña revancha" de Olegario Barrera


Según el propio Skármeta (2003) fue a finales de los setenta cuando elaboró el primer borrador de su cuento [La composición], llamado entonces Tema de clase. Se publicó por primera vez en francés en una “edición dominical de Le monde y en la traducción castellana pasó a llamarse La composición”. Las fechas de su publicación en castellano son imprecisas aunque contamos con algunos datos. De los pocos críticos que tientan una fecha de la publicación en castellano Donald Shaw se pregunta sobre el año 1978. Asimismo, el cuento circuló por algunos medios impresos; al menos así llegó a manos del director [de cine] Barrera quien, después de leerlo en la sección de “El cuento del lunes” de El Diario de Caracas, decidió realizar el filme Pequeña revancha, estrenado en 1984. 

Antes de 1984, el cuento había adquirido notoriedad. Skármeta ya había recibido ofertas para llevarlo al cine, cuando Barrera le propuso realizar una adaptación televisiva:

En la primera carta Skármeta me contestó que ya antes había recibido solicitudes similares respecto al mismo cuento, pero él no había cedido los derechos porque planeaba hacer una película, puesto que él también es cineasta. A pesar de eso, me pedía que le enviara una descripción de cómo veía yo La Composición en el cine, así que, a vuelta del correo, yo le envié un primer guión que a él le gusto y así me dio los derechos (Graziano, 1986: 15-17).

Posteriormente, se publicó en la selección de cuentos La Cenicienta en San Francisco y otros cuentos (Santiago de Chile: Andrés Bello, 1990). Finalmente, ha llegado hasta hoy como libro para niños, gracias a la edición realizada por Ediciones Ekaré (Caracas, 2000) en la que se incorporaron las ilustraciones de Alfonso Ruano. Con una adaptación para la radio alemana, traducido a varios idiomas, ha recibido premios tan importantes como el otorgado por la UNESCO al mejor libro para niños en “Literatura infantil y juvenil en pro de la tolerancia” (2003).

Pequeña revancha fue algo más que la ópera prima de Barrera que, hasta entonces, se había desempeñado como montajista en los ’70. Significó un antes y un después, especialmente porque en ese filme se concentrarían las opciones estéticas y los valores en torno a la construcción de lo real, marcados por la indagación en la cotidianidad de personajes sencillos con gran capacidad de acción. Cotidianidad elaborada sin falsos heroísmos y con una mirada esperanzadora.

A menudo los escritores se encuentran frente a una terrible pregunta: ¿sucedió así de verdad? Los lectores buscan la verdad detrás de las obras de fantasía. Saben que la literatura es un modo peculiar de dialogar con el mundo y esperan encontrar señales sobre la experiencia compartida de vivir en este mundo, para entenderlo mejor (Skármeta, 2003: 1).

Justamente, la elección por contar las historias íntimas, centradas en personajes inscritos en su cotidianidad, generalmente, opresiva; de valorar la construcción de un lenguaje coloquial entreverado con su capacidad de resurgir imaginarios del fútbol, el cine o la música o de elegir una alta referencialidad con visos poéticos, le han otorgado a Skármeta un lugar privilegiado dentro de la narrativa chilena y latinoamericana y, además, son los códigos narrativos e ideológicos que lo enlazan con el filme de Olegario Barrera.



Estudio publicado en 2006 por Diana Medina Meléndez como tesis doctoral para la Universidad Autónoma de Barcelona

martes, 13 de noviembre de 2012

El sentido de lo humano


Verónica Uribe: ¿Cuándo escribió La composición?
Antonio Skármeta: Estando en Berlín Occidental a finales de la década de los 70.

VU: ¿En qué hechos reales se inspiró esta historia?
AS: Por esos años se discutía mucho en Europa la relación entre literatura y realidad. Toda literatura que tuviera un tinte crítico acerca de la política contingente era juzgada como una suerte de literatura menor, transitoria o datée, como decían los franceses. Pero a mí lo que pasaba en Chile me interesaba fuertemente. En Alemania recibíamos muchos materiales de lo que sucedía en Chile bajo la dictadura y acerca de los mecanismos que hacían funcionar la represión. Un día llegaron a mis manos unos informes del Ministerio de Educación y de los organismos de censura del gobierno con instrucciones para proceder en los colegios y en general, en el campo de la cultura. Como se sabe, había en cada colegio un delegado militar a cargo del establecimiento y se daban recomendaciones a los maestros, a los rectores, alentando al soplonaje. Y esto a mí me impresionó muchísimo. 

En el cuento, Pedro Malbrán, el niño, pregunta:
"-¿Y yo también estoy en contra de la dictadura?"
Y la madre le contesta:
"-No, los niños no están en contra de nada. Los niños son simplemente niños. Tienen que ir a la escuela, querer mucho a sus padres, estudiar, jugar, etc..."

Esta instrucción del régimen militar que colocaba a los niños en un entorno de soplonaje y traición, el hecho de poner estas sugerencias siniestras en un documento, me llenó de indignación. Este era un conflicto entre otras gentes. Era una masacre de los demócratas por parte del gobierno represor. Pero meter a los niños en esto...

Entonces me dije, tengo que confiar en el ingenio, en la salud mental de los niños, en la fuerza, en el instinto que les da la naturaleza para vencer esta trampa, superar esta trampa que se les está tendiendo. Entonces concebí, basado en mi conocimiento del pueblo chileno, de su ingenio, de su solidaridad y fraternidad, el personaje de Pedro.

VU: El nombre de Pedro Malbrán, ¿de dónde surge? ¿Existió Pedro Malbrán?
AS: No, Pedro Malbrán no. Pero sí existía la escuela Siria, cerca de la Plaza Ñuñoa. El mayor de mis hijos asistió a esa escuela. Y Malbrán es un apellido muy caro para mí. Recuerda a Ernesto Malbrán, un actor chileno muy expansivo, muy explosivo, muy del gusto de los niños.

VU: ¿Fue pensado este libro como un homenaje a alguien? ¿Está dedicado a alguien?
AS: Está dedicado a los niños chilenos. Y, también a los niños alemanes. Unos y otros soportaron, en diferentes épocas, circunstancias similares. Recuerdo una historia terrible de Brecht en la que un niño vive una situación dramática que lo obliga a tomar una decisión y delata a sus padres. Entonces, era un doble dolor. Yo vivía en Alemania, un país que había recuperado la democracia, que estaba empeñada en revisar el pasado, en no olvidar. Una Alemania con una juventud maravillosa que era impecable frente a lo que habían hecho sus abuelos y padres. Era un doble dolor y una doble motivación.

VU: ¿Cómo cree que se inserta La composición en el mundo de hoy?
AS: Se inserta en ese intento de ternura, con delicadeza y destacando esos valores que son eternos en la gente y no tienen que ver con una contingencia política específica sino con todas aquellas instancias en donde la opresión restringe las ansias de libertad.

lunes, 29 de octubre de 2012

¿Cómo dibujar... un cocodrilo?

The Guardian publicó, en su sección Children's Books, el proceso para dibujar un cocodrilo de la mano de Alexis Deacon. Los invitamos a disfrutarlo.

 
1) Dibujar cocodrilos es fácil. Primero, dibuja una rendija para el ojo 2) Luego, dibuja una cabeza y una gran nariz 3) ...y una boca ondulada
 

 
4) Ahora añade un cuerpo robusto con patas y garras. Sólo falta la cola para terminar...


 
5) ¡Ahí está! ¡Terminaste tu cocodrilo! No, esto está mal.


 
6) Los cocodrilos no tienen plumas. Quítale las plumas. 7) Los cocodrilos tienen dientes. Dale muchísimos dientes. 8) Los cocodrilos tienen brazos y piernas con manos y pies. Vamos bien.


 
9) Pero los dedos y los pies deberían ser puntiagudos. También digo que le demos una gran nariz 10) Y, de nuevo, necesita una cola. Se le había caído junto a las plumas.


 
11) Ahora estamos listos para añadir las escamas. Los cocodrilos están cubiertos por escamas nudosas a lo largo del cuerpo. 12) Cuando digo que dibujes una rendija para el ojo, me refiero a que dibujes una rendija vertical como las pupilas de los gatos.


 
13) Hazlo pararse en cuatro patas y... ¡Allí está! ¡Terminaste tu cocodrilo! Oh, no.


 
14) Ok. Pon su cola en el piso y haz la nariz parecida a una trompeta. 15) No, perdón, como un cochino tal vez. Como una larga nariz de cochino. 16) Flexiona esas rodillas. 17) Las fosas nasales deben apuntar hacia arriba. Cambia las escamas, se ven extrañas. Hazlas ver escamosas. 18) Estoy seguro que dije eso antes. 19) No, hazlas rectangulares y más pequeñas y coloca sus ojos más arriba y flexiona los codos y... ¿De dónde salió esa oreja?
 

 
20) ¡Allí está! ¡Terminaste tu cocodrilo! Fácil. Hmmm. Algo sigue sin estar bien...


 
Deshazte de la oreja y pon bolitas en vez de los rectángulos, pero sólo los que están cerca del tope superior, y no en toda la cara, y no en sus piernas, y no en sus brazos, y... Oh.

Publicado por The Guardian en 2012 en la página web del diario

jueves, 18 de octubre de 2012

Pasando las páginas de Coco y Pío

Dos pequeños huevos se resquebrajan uno junto al otro y de ellos nacen un cocodrilo y un pájaro. “Hola, hermano”, se saludan. En adelante Coco y Pío aprenden a hacer todo juntos: cómo comer, cómo volar, cómo flotar como troncos en el agua, cómo cantarle al sol naciente y cómo cuidar el uno del otro... Hasta que un día la corriente del río los lleva muy lejos, a un lago lleno de cocodrilos y a un bosque lleno de pájaros. Una conmovedora historia de amor fraternal y lazos familiares ilustrada con humor y poesía.

lunes, 15 de octubre de 2012

lunes, 1 de octubre de 2012

Alexis Deacon, un autor familiar

Alexis Deacon, autor e ilustrador de Coco y Pío (Croc and Bird en inglés), hace un acercamiento a su trabajo a través de este libro.

Little Big Magazine: Hemos estado leyendo Croc and Bird y nos encantan tu trabajo. Es increíble cómo logras tan bien los personajes con tan pocas palabras e imágenes. ¿Siempre quisiste escribir e ilustrar libros para niños?
Alexis Deacon: Desde muy pequeño supe que haría historias para vivir aunque, como todos los niños, mis aspiraciones cambiaban de acuerdo a mi obsesión del momento. Un día quería ser un millonario de Playboy y, al siguiente, un viajante del tiempo o un jedi. Cuando me di cuenta que estas ambiciones estaban lejos de ser cumplidas, me propuse escribir y dibujar las historias que me imaginaba.

LBM: Croc and Bird es sobre personajes que buscan su lugar de origen, ¿qué te inspiró a inscribir sobre este tema en particular?
 AD: Creo que me identifico con el tema. Nunca he tenido los mismos intereses que las personas que me rodean pero tampoco me he querido cambiar para encajar en ese entorno; sin embargo, siempre es bueno saber que encajas, ¿no? Muchas de mis historias tratan sobre la posibilidad de tener ambas cosas: no dejar de ser uno mismo y sentirse parte de algo más grande.

LBM: El tema de la familia también es muy importante en tus libros, ¿nos cuentas un poco cómo influyó tu familia en lo que escribes?
 AD: Creo que esta pregunta se relaciona con la anterior. Cuando estaba pequeño tenía un gran sentido de la pertenencia. Mis padres eran artistas, lo que me hacía estar rodeado de cosas para dibujar y materiales para construir. Siempre me consideré muy afortunado porque mi imaginación estaba siendo alimentada constantemente. Había esculturas y fotografías en todas partes de la casa y siempre me llevaron (aunque no siempre con mi consentimiento) a innumerables museos y galerías. También viajábamos mucho... Fue una infancia divertida.
Aunque mi familia era pequeña (mi papá, mi mamá, la abuela, mi hermana y yo), me identificaba con ellos. Cuando mis padres se divorciaron luego de mi partida de casa, sentí que aquello que me definía había desaparecido. Como se han dado cuenta, ¡este tema es recurrente en mis libros!

LBM: Imaginamos que escribir e ilustrar se parece un poco a la composición musical al tener que unir la melodía con la letra, ¿qué  se te ocurre primero: la historia o la ilustración?
AD: Constantemente, es algo que veo o escucho en mi contexto lo que origina mis historias. Luego trato de escribir e ilustrar simultáneamente. Por lo general, se me vienen frases directo a la cabeza y las anoto. También hago bocetos de cómo se verán los personajes principales. Sin embargo, no tengo un sistema definido.

Entrevista en inglés realizada en 2012 por Jo Middleton para Little Big Magazine

viernes, 28 de septiembre de 2012

La voz del conde Olinos

Haz click en la imagen para ver páginas internas de El conde Olinos mientras María Elena Walsh interpreta el romance: ¡te sentirás junto a un juglar en nuestra era!

lunes, 24 de septiembre de 2012

El conde Olinos: una tradición al descubierto

Los romances, una de las formas más hermosas de la poesía tradicional castellana, pasaron de generación en generación durante muchos siglos a través de la memoria de las personas que los recitaban y cantaban. Para entender lo que hay detrás de una herencia como esta, lean lo siguiente:

Sobre el origen de alguna de estas canciones: el Romancero y la infancia

De sobra es sabido que algunos géneros literarios de transmisión oral murieron una vez finalizadas las circunstancias históricas que habían provocado su aparición: un buen ejemplo son los cantares de gesta que dejaron de componerse y de demandarse conforme fue finalizada la Reconquista, su principal argumento.

Sin embargo, todavía hoy, en muchos lugares de la geografía española, se siguen interpretando romances en ocasiones particulares como la vendimia, la siega, la recogida de la aceituna o la llegada del mes de mayo. Los niños no quedan al margen de esas actuaciones. Ya Menéndez Pidal se refiere a antiguos romances que siguieron vivos en juegos escenificados: "Donde ya todo el romancero está olvidado, quedan aún los niños cantando su pequeño repertorio. La última transformación de un romance y su último éxito es llegar a convertirse en un juego de niños". El conde Olinos, La doncella guerrera, Mambrú y Don gato, serían algunos casos.

Oralidad y escritura. Hacia un nuevo aprendizaje de la canción escenificada

Por una parte, la oralidad propicia la aparición de nuevas versiones del texto que terminan por renovar constantemente lo contado. Por otra, poner por escrito una anécdota que antes era oral, tiene sus beneficios: se desentraña la historia para hacerla comprensible al lector.

Con respecto a esto, Ana Pelegrín cuenta una anécdota muy significativa: la de una niña de Zamora a la que su profesora había exigido memorizar el romance del Conde Olinos que, en versión de Menéndez Pidal, venía en su libro de texto. Cuando se le requirió recitar al pie de la letra, la niña comenzó: "Madrugaba el conde Olinos / mañanita de San Juan...", pero de pronto y entre vacilaciones, se apartó de la versión incluida en su libro y, con mayor seguridad y aplomo, continuó diciendo otra versión que ella había escuchado con anterioridad de la boca de su abuela. Efectivamente, a la niña le "sonaba" ese romance y en seguida lo asoció al que su abuela le había enseñado, que era el mismo, pero con algunas diferencias. El romance volvía así a su origen, al caudal oral de la lírica popular: la niña había descubierto para todos el proceso de la tradicionalidad.

Estudio publicado, con mayor extensión, en 2011 por Pedro Cerrillo en el portal Cervantes Virtual.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

El significado de la rima

El conde Olinos es un romance español que cuenta la historia de amor entre un conde y una princesa. Al pertenecer a este género literario, puede ser analizado por sus referencias, recursos poéticos y símbolos. Los invitamos a acercarse al poema a través de un análisis que toma en cuenta estos aspectos.






Estudio publicado, con mayor extensión, en 2010 por Deborah Rostán en el blog Literatura española IPA

martes, 21 de agosto de 2012

Cien años de Gego


Vídeo producido por Fundación Gego y BetaStudio en el marco de la conmemoración del centenario del nacimiento de la artista.

domingo, 19 de agosto de 2012

Gego: una vida reticular

miércoles, 15 de agosto de 2012

La línea en Gego


El título de Ediciones Ekaré de la mano de la colección Mercantil celebra el centenario de Gego, la gran artista germano-venezolana que ha dejado una impronta fundamental en las artes plásticas del país.
Sabemos por experiencia que la iniciación en el arte no deja de ser tortuosa para los más jóvenes, quienes necesitan de guiños lúdicos para metabolizar conceptos y propuestas. Allí entra en juego la imaginación que es la forma de articulación con la realidad y a su vez con la abstracción.
No es fácil escribir para niños y jóvenes, pero es aún más difícil escribir para todas las edades y este, definitivamente, es un libro para todas las edades. Un libro-juego materializado que nos propone una ruta lectora para estos nuevos tiempos de la palabra, la imagen suspendida, proyectada o en movimiento.
El texto es una especie de hilo de Ariadna que nos ayuda a recorrer el laberinto artístico de una manera distinta. Un hilo impregnado de un humor particular que convierte la línea en un personaje que facilita la lectura. A través de la animación de la línea, presentada en el libro como personaje de ficción breve, se va dando forma a la obra de Gego.
Junto a este personaje en movimiento, el libro nos invita a introducirnos en el laberinto placentero del arte para disfrutar de esa “maestría del espacio” a la que alguna vez aludió la artista. Aceptemos la invitación a participar, con los ojos y la emoción, en el juego que propone este texto en torno a la obra de Gego. Aceptemos, en fin, la invitación a jugar con la línea y punto.
 Texto de María Beatriz Medina

lunes, 6 de agosto de 2012

Un recuerdo en acuarela

Picuyo me hizo adentrarme en las costas caribeñas, junto a los pescadores. 
Pasear con Juan por el manglar, sentir la arena blanca bajo los pies.
Leticia Ruifernández

Para ilustrar Picuyo busqué algunas imágenes que me inspiraran y acudí a mis recuerdos de tiempos americanos. Trabajé con acuarela, por ser una técnica rápida que permite la fluidez del color y el juego con lo inesperado. Al principio, hice algunos dibujos y un pequeño story board para luego lanzarme directamente con la acuarela a ver a dónde me llevaba. Es una técnica muy fluida, que no admite retoques, donde no se puede borrar y que muestra la huella directa del trazo. A continuación algunas pruebas de imágenes que no funcionaban y repetí:

Los colores de la izquierda no eran los rosados del atardecer que el texto describe, así que lo volví a pintar para ajustarme más a la atmósfera (derecha)
La figura de la izquierda requería mostrar más desesperación: ¡es un momento dramático! La que finalmente se publicó (derecha) es más desgarrada...
Imagen no utilizada finalmente; representa el momento del reencuentro de Juan y Picuyo

En este libro hay un trabajo muy importante de diseño que hace la directora artística de Ekaré, Irene Savino. Un buen diseño hace que todos los elementos del libro se junten para que la historia pueda salir. A mí me gusta que las ilustraciones caminen también en esa dirección: la de crear, junto con el texto, buenas historias.
 Texto: Leticia Ruifernández

lunes, 23 de julio de 2012

Picuyo y la experiencia del color

Irene Savino, diseñadora y directora de arte de Ekaré y Picuyo, cuenta cómo coincidieron los elementos para la realización del libro:

Es usual que al leer una historia le demos forma en nuestra mente a los personajes y espacios del relato. Para un director de arte, esta acción casi inconsciente, puede ser el primer paso hacia la materialización de un futuro libro ilustrado. Cuando leí por primera vez el manuscrito de Picuyo, lo imaginé en acuarelas de colores impactantes. El mar, con intensos tonos de azul diluido y, cruzando el cielo como una llamarada, Picuyo, el pájaro del sol.

Años atras, en una Feria de Bologna, conocí el trabajo de Leticia Ruifernandez. Inolvidables sus cuadernos de viaje, donde registra con frescas pinceladas de acuarela los pasajes, pueblos y gentes que va encontrando en sus andanzas. Algunos de sus cuadernos los había realizado en los meses que pasó en Latinoamérica.

Al buscar ilustrador para Picuyo no pensé en nadie mas. Por una parte valoraba la destreza plástica de Leticia y por otra me parecía fundamental que hubiese estado en la costa caribeña, lugar donde trascurre este cuento.

En Ekaré pensamos que las mejores ilustraciones surgen cuando el ilustrador apela a experiencias propias y las mezcla con las exigencias de la historia que ilustra. El paso de Leticia por lugares similares a la ambientación de Picuyo iban a servir para brindar veracidad a sus ilustraciones.

Enviamos el manuscrito a Leticia y nos alegró mucho que le entusiasmara ilustrarlo. A diferencia de la mayoría de los ilustradores Leticia no hace bocetos. Generalmente, en esbozos muy sueltos, los ilustradores apuntan una primera puesta en escena que continuarán desarrollando hasta llegar a las ilustraciones finales. En Picuyo no pasó así. La primera imagen de Leticia para un libro es ya un original. No obstante, si el resultado no termina de convencer, está dispuesta a corregir o repetir lo que haga falta hasta un resultado totalmente satisfactorio. Es una ilustradora que trabaja rápido, cuando entra de lleno en el libro, no para hasta acabarlo.

A los pocos meses, Leticia nos sorprendió: enviaba las ilustraciones. Allí estaba el mar Caribe en intensos azules,



Juan y su abuela,


Y, como una llamarada, Picuyo, el pájaro del sol, dejando “en la arena una delicada trilla de diminutas huellas.”


martes, 17 de julio de 2012

Picuyo: una alegoría de esperanza y equilibrio


"El cuento comienza el día en que Juan cumple 10 años. En su familia de pescadores, cada vez que un varón llega a esa edad se le regala la tarraya (red de pesca) que perteneció al abuelo, al padre y a cada uno de los hermanos. Dicen que si ese día el joven logra buena pesca, será un buen pescador.

Con la ilusión que provoca el rito de iniciación, Juan pasa todo el día en la orilla del mar, intentando capturar algo. Cuando finalmente logra atrapar un parguito, un ave del color del sol baja del cielo, se lo arrebata y lo devuelve al agua. Entre la sorpresa, el orgullo tocado y la admiración, el niño persigue al pájaro que lo ha despojado de su primera presa y que, además, se burla de él con su canto: “Picu picuu”. Juan lo atrapa con la tarraya y, al desenredarlo, se da cuenta de que le ha roto un ala. Lo lleva a su casa para que su abuela le ayude a curarlo. Más tarde, cuando los hermanos se enteran de lo sucedido, dicen a Juan: “¿No sabes que es mala suerte tirarle una tarraya a un pájaro? […] ¡Sácalo de aquí!”.
Sin necesidad de esperar más pruebas, los hermanos de Juan le arrebatan al pájaro color incendio, lo meten en un saco y, al amanecer, mar adentro, dejan que se hunda, con la esperanza de sumergir la mala suerte. Al cuarto día, Juan decide internarse en el desierto marítimo para buscar al pájaro que le devolverá los colores al sol. Pasa al lado de barcos varados, camina kilómetros de arena y, al anochecer, cuando ya no se ve nada, tropieza con un saco… ¿Lo habrá conseguido?"

Paulina Ugarte en El Economista.
_________________

"Picuyo habla de la fe, de la amistad, de la responsabilidad de cuidar al animal que te pertenece, que se convierte en compañero y amigo. De entender cuándo se debe actuar, aún en contra de lo que todos creen, por un bien común. Es una alegoría a la esperanza. 

Narrado con soltura, los personajes hacen gala de un lenguaje coloquial que resuena en el oído y deja la sabrosura llana del hombre de mar –incluyendo algunas palabras altisonantes que sustentan la veracidad de los personajes-, la del candor de los 10 años y de la complicidad de una abuela sabia y consentidora, que estimula la valentía de su pequeño nieto. Las acuarelas de las ilustraciones captan el dinamismo y la calidez de la historia; sugieren atmósferas melancólicas, dinámicas o alegres según el momento que acompañan, recreándolos con sutileza. Picuyo es una lectura para niños que ya pueden leer por su cuenta con fluidez o para adultos que quieren compartir una historia con sus niños. Un libro que sin duda abrirá espacios para conversar y propiciar acercamientos afectivos gracias a la lectura."

Linsabel Noguera en Qué Leer.