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miércoles, 9 de marzo de 2016

¡Plochi, plochi!: Vamos a cazar un oso

Michael Rosen, autor del libro de Ediciones Ekaré: Vamos a cazar un oso (1993), interpreta la versión original de este clásico cuento ilustrado por Helen Oxenbury. Además, revela uno de los momentos más memorables desde su publicación en 1989. 


Es increíble que este libro haya durado tanto tiempo. Me parece increíble que cualquier libro para niños dure más de diez años. El mundo editorial es muy efímero. Sabemos que los libros salen y pueden durar un año o dos. Vamos a cazar un oso ha sobrevivido todo este maravilloso tiempo. Eso significa que hay una generación de padres que leyeron este cuento cuando eran niños y que ahora se lo leen a sus hijos. El libro trasmite esperanza, deseos y miedos. Un libro que puede hacer eso, dura para siempre. La Odisea todavía se publica. No estoy diciendo que Vamos a cazar un oso es La Odisea. Bueno, ambas son una odisea, pero eso es otro tema.

Uno de los momentos más memorables del libro pasó inmediatamente después de su publicación. Yo tenía que ir a las escuelas e interpretar la canción. Lo que pasa es que cuando actúas delante de niños de tres, cuatro años, y no eres cuidadoso, todos comienzan a levantarse y a moverse. Así que puedes tener cien niños atravesando el lodo, entrando en la cueva, y todos los profesores entrando en pánico. Por eso tuve que aprender a minimizar los grandes gestos, para mantener a cien niños sentados en sus partes inferiores, como dirían los maestros. 



Michael Rosen (2014), autor de Vamos a cazar un oso. Texto tomado de http://www.jointhebearhunt.com. Traducción de Careny Galarraga. 

jueves, 21 de enero de 2016

¿Cómo hicimos "Vamos a cazar un oso"?

Helen Oxenbury y Michael Rosen, autores del libro Vamos a cazar un oso, contaron al periódico inglés The Guardian cómo fue el proceso creativo detrás de esta clásica historia. Ediciones Ekaré publicó la primera versión en español en 2003 con traducción de Verónica Uribe

Michael Rosen y Helen Oxenbury 

Helen Oxenbury, ilustradora. 

Escuché la historia por primera vez cuando Alison McMorland grabó una versión de la canción tradicional y me pidió que diseñara la portada del disco. De casualidad, Michael Rosen y su editor, David Lloyd, conocían la canción y pensaron que sería maravilloso hacer un libro para niños. Sin saber que yo había diseñado la portada del disco, me pidieron que ilustrara la historia.

Lo que más me gusta de Vamos a cazar un oso es que está escrito de tal manera que no restringe la imaginación del lector. En principio, Michael había pensado en un rey, una reina y un bufón para los personajes principales, pero inmediatamente lo vio como un grupo de niños. Todo el mundo piensa que el personaje mayor es el padre, pero de hecho es el hermano mayor. Me inspiré en mis propios hijos. No quería que hubiese adultos alrededor, porque suelen limitar la imaginación. El perro del libro era mi propio perro. 


Michael y yo no nos conocimos sino hasta el final del proyecto. Me dio toda la libertad posible. Usualmente debo hacer algunos bosquejos para mostrar, pero en este libro lo hice todo de una vez. Me involucré tanto con el libro que no quería mostrar nada antes de terminarlo.

La estructura de la historia fue un reto. Finalmente se me ocurrió utilizar el blanco y el negro cuando los niños contemplaban una escena y utilizar el color cuando llevaban a cabo una acción. Para las escenas cenagosas, me inspiré en las planicies lodosas de Suffolk, al este de Inglaterra, en donde tengo un cobertizo. Para hacer la playa rocosa en donde se encuentra la cueva del oso, tome como referencia una playa en Pembrokeshire, Reino Unido. 


Playa en Pembrokeshire, Reino Unido. Foto tomada de Internet. 

Soy terrible observando a las personas. Sin embargo, voy a una cafetería todos los días y me siento a ver a los transeúntes. Suelo dibujar recordando esta galería de posturas y expresiones. El mayor reto de la ilustración es transmitir las emociones sin exagerar.

Mientras ilustraba el libro, se me ocurrió que el oso estaba solo en la cueva y que, tal vez, quería compañía y no comerse a los niños. Para ilustrar la postura del oso al final del cuento, me inspiré en un amigo que sufría de depresión, cada vez que caminaba, sus hombros caían. De hecho, mi amigo ahora se reconoce a sí mismo y tiene el dibujo original colgado en la pared. 


Michael Rosen, autor. 

Al parecer, la historia tiene raíces en una canción popular que circulaba en los campos de Norteamérica. A veces, en vez de un oso, era un león. La escuché por primera vez a finales de los años setenta y comencé a utilizarla en mis recitales de poesía. El editor de Walker Books, David Lloyd, vio uno de esos recitales y me dijo que podría ser un gran libro. Le dije que él debería escribirlo. Él dijo que yo debería escribirlo. Y lo hice.

Sin embargo, la manera en la que yo interpretaba la historia no servía para un libro, era demasiado corta. Entonces se me ocurrió inventar sonidos para cruzar la hierba (suish, suash) y el lodo (plochi, plochi). Luego agregué un bosque y la tormenta. 



Dieciocho meses después, los editores me llevaron a un cuarto oscuro con una mesa que tenía una pila de papeles separados por papelitos de colores. Los editores abrieron la pila de papeles y yo estaba sorprendido. Primero, era una serie de imágenes hermosas. Segundo, no sabía de qué modo estaban relacionadas con una cacería de oso. Parecía una familia de vacaciones en Cornwall. Yo me había imaginado un carnaval con un oso en traje. Las ilustraciones de Helen eran totalmente diferentes. 

Los editores dijeron que era un libro asombroso. Y lo confieso, yo no entendía. Yo pensé que eran ilustraciones increíbles, pero no podía ver cómo funcionaban. Pero yo confío en los ilustradores y editores para hacer los libros. Ese no es mi trabajo.


Michael Rosen, David Lloyd, Helen Oxenbury. Foto de Justine Stoddart. 

El libro finalmente salió y fue todo un revuelo. Tuve que escuchar a todo el mundo decir porque era maravilloso. Helen y los editores lograron esa cosa especial que los álbumes pueden hacer, que es narrar diferentes historias a través de las imágenes. La saga familiar no está en las palabras. Las palabras fueron diseñadas para una canción, un juego que surge mientras cantas. El libro es una mirada al drama que padece un grupo vulnerable: cinco niños, un bebé y un perro. ¿Las páginas en blanco y negro representan la “realidad”, y las de color lo que está en su imaginación? El final muestra a un oso humanizado. Ella/él no se ve muy feliz. ¿Será por qué quería jugar? Cuándo la familia corre y se amontona en la cama, ¿realmente están arrepentidos? ¿O fue todo un juego familiar? Todo esto viene de la imaginación de Helen: no tiene nada que ver conmigo. Yo disfruto y admiro el libro como cualquier otro lector. 


Publicado por The Guardian en 2012. Traducción realizada por Careny Galarraga 

viernes, 25 de octubre de 2013

Una ojeada digital: Flix y El ogro de Zeralda

Flix

Teo y Flora Garra, una feliz pareja de gatos, quedan estupefactos al descubrir que su hijo recién nacido es un perro pug. Los señores Garra crían a Flix enseñándole a trepar árboles como los gatos y a comer ratones fritos. Por otro lado, su padrino, un perro sabueso, enseña a Flix a llevar con orgullo su herencia canina. Una curiosa vida entre dos mundos hace que Flix rompa las barreras de discriminación entre perros y gatos. Una historia sobre la diversidad escrita con el particular sentido del humor de Tomi Ungerer.


  El ogro de Zeralda  

Un ogro aterroriza una villa todas las mañanas para devorar niños pequeños. Con el tiempo, todos los padres esconden a sus hijos y no queda ni un solo niño a la vista. Sin embargo, lejos de la villa, en medio del bosque, hay una niña que nunca ha escuchado hablar del terrible ogro: Zeralda. Un día los caminos de Zeralda y el ogro se cruzan de una forma muy inesperada y apetitosa. Una escalofriante y divertida historia para los paladares más finos. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

La diversidad de un autor

Queridos lectores, conozcan a Tomi Ungerer:


Ahora les presentamos sus trazos, tal como los dejó cuando dijo "voilá" y los publicó bajo el nombre de Flix:





 



 

Por último, dejamos un boceto y cómo lucen los textos cuando serán traducidos a otros idiomas. Al ser parte de la ilustración, hay que dibujarlos también:
                        
 


Imágenes obtenidas de la web del museo Tomi Ungerer

lunes, 30 de septiembre de 2013

Ungerer desde su propia voz

Terry Gross entrevista para NPR a Tomi Ungerer. El audio está en inglés, nosotros rescatamos algunos de los temas tratados y los tradujimos: escuchen la picardía del autor desde su propia voz, sigan la conversación y disfruten sus variaciones.

 

Dibujar en tiempo nazi

Los nazis me lavaron el cerebro. Cuando ves cualquier dibujo que hice de niño, encontrarás dos categorías: los que hacía en la escuela y los que hacía en casa. Cabe aclarar que mi destino era ser alemán en la escuela, francés en casa y alsaciano en la calle cuando jugaba con mis amigos. Debo decir, también, que los dibujos que consideraba como míos eran los franceses ya que en la escuela debía dibujar imágenes de propaganda. Ahí fue que aprendí que no se puede vencer a un sistema. De verdad. Cuando estás siendo obligado, si te dicen que hagas algo para el Führer, dibujas para Führer. Así, mis primeros dibujos fueron de Adolf Hitler y sus propagandas. Sin embargo, debo admitir que filtraba elementos graciosos dentro de mis dibujos. Recuerdo una vez que tuve que hacer un retrato del Führer dando un discurso y puse una jarra de cerveza (de la que el Führer no tomaba). Por fortuna, nadie tuvo objeciones. La cosa es que, sin importar el origen de la tiranía, siempre se puede salir uno con la suya, no por medio del asesinato, sino con este otro tipo de cosas. La mente siempre es libre. Nadie puede quitártela.  

Nos obligaron a alistarnos como soldados. La idea era que nosotros no pensáramos por nosotros mismos: el Führer pensaba por nosotros. Para entonces todo se volvió más tranquilizante porque no era un buen alumno. Hasta los profesores me decían que no me preocupara porque el Führer también necesitaba artistas. Es decir, la cosa estaba diseñada para ganarle a los padres; para ganarle los hijos a los padres. Incluso nos ofrecían dinero para dejar a nuestras familias e ingresar a las escuelas Nazis.

Estados Unidos censura el tema del miedo


Sendak y yo tuvimos suerte de encontrar a Ursula Nordstrom, nuestra editora. Ante el tema de la censura, ella fue temeraria. Simplemente no le importó lo que dijera la gente. Debo decir que la mayoría de mis cuentos para niños tienen elementos de miedo. Y, para equilibrar este dato, debo decir también que los niños en mis libros nunca tienen miedo. Esto es un poco autobiográfico. Crecí en la guerra, en la última cabecera de puente que tenían los alemanes sobre el Rin, en Alsacia. Debo decir que vi la guerra como cualquier otro soldado de infantería por tres meses. Pero no recuerdo a mi madre padeciendo de miedo. Creo que el miedo es un elemento inculcado por los adultos la mayoría del tiempo. Y recuerdo que, incluso, bromeábamos durante los bombardeos. Así que siempre he intentado incluir este elemento en mis libros para niños.

La complicidad de los 60 dólares


Oh, hice muchas muchas cosas al llegar a EEUU. Es una tierra de oportunidades. Fue increíble cómo todo el mundo me trató bien. Es esos días, podías llamar a cualquier director de arte o editor, la secretaria te daría una cita y podías ir a enseñar tu obra. Recuerdo haber llegado con 60 dólares en mi bolsillo; no tenía portafolio, por lo que cargaba mis dibujos debajo del brazo. Hasta que un día comenzó a llover y entré a una farmacia que quedaba entre la calle 43 y Broadway, donde creo que aún permanece. Allí, pedí una caja, sabes, para mis dibujos. Entonces me dieron una caja que generó muchas emociones encontradas, porque era una caja de condones Trojan.

Variedad de vocaciones


Para muchas personas, el hecho de que experimentara con diversos géneros y formas de ilustración, fue difícil. Creo que la gente quiere estereotipar a los artistas bajo un mismo estilo a lo largo de toda su vida, para mí esto sería absolutamente aburrido. No podría hacer eso, con el mayor de los respetos. Para mí, cada libro es un reto y cada libro tiene que ser hecho de una manera novedosa. Tengo que intentar hacer algo distinto, y tengo que seguir adelante. Soy inquieto y muy curioso.

¿Por qué ilustrar erotismo?


Porque creo que es, realmente, una forma de libertad. Creo que las personas pueden hacer lo que quieran mientras no hagan daño a nadie, y mientras haya un mutuo consentimiento y todo eso. Y, realmente, el aspecto erótico de mi vida se desarrolló en una época tardía. Además, he sido muy curioso. Sabes, viví en Hamburgo, en un burdel, donde escribí un libro acerca de lo que allí ocurría: el trabajo de mujeres maravillosas que hacen lo que ningún psicoanalista haría. Y como siempre me ha fascinado encontrar el elemento humano detrás de todo...

El lector va primero


Siempre rompí todo tabú posible, tal como lo hizo Maurice Sendak. No con la intención de hacerlo sino porque soy un agente provocador por profesión. Está bien. Pero no siempre intento escandalizar; está dentro de mí. Y pienso, tú sabes, que a los niños les gustan los chistes. Los niños no son idiotas. Ellos saben de dónde vienen los bebés. Lo que desconocen es de dónde vienen los adultos. No respetamos la mente de los niños suficientemente aunque ellos puedan entender todos los chistes dentro de mis libros mejor que nadie.

Entrevista tomada de la web de NPR · Traducción realizada por Laura Sánchez

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Tomi Ungerer, el inclasificable

Una vez más, Ana Garralón invita a la lectura de un gran artista: Tomi Ungerer. En esta ocasión tendrán la oportunidad de conocer al autor e ilustrador de Flix quien, lejos de ser común, derrocha autenticidad en forma de libros.

Tomi Ungerer cumplirá próximamente 81 años y nos gustaría celebrarlo por adelantado. Somos muchos los que desde hace años disfrutamos de su trabajo y lo recomendamos. En el año 1993 publiqué un retrato en la revista CLIJ que me gustaría rescatar -con algunas actualizaciones-. Ungerer ha sido uno de los más singulares creadores. En lengua española apenas conocemos sus libros infantiles y no se sabe nada de su faceta como cartelista, activista político, erotómano y caricaturista. Todo esto está en sus libros y me gustaría volver a recordarle.

El único libro de los publicados en España que llegó precedido por el escándalo fue Ningún beso para mamá, uno de los últimos que escribió para niños y que le valió, en Estados Unidos, no sólo las airadas protestas de las feministas y los educadores, sino también el Premio al Peor Libro publicado para niños de ese año. Junto al premio vino también la prohibición de publicar su obra, prohibición que estuvo vigente desde 1970 hasta bien entrada nuestra década. Sobre el contenido del libro, el propio Ungerer escribió: “Era un escándalo mostrar a un niño sentado en la taza del WC. Así que puedo decir que fui el primero en EE.UU. que hizo saltar los tabúes mostrando gente que bebe alcohol, que fuma cigarrillos o que apesta a todo el mundo con sus puros”.


Cuando Ungerer publicó este libro, llevaba ya trece años viviendo en el país que le dio fama y dinero, pero que le provocó un gran desencanto con respecto al sistema. Pero vayamos por partes, pues una biografía tan digna de ser novelada como la suya no merece ser escatimada.

Infancia singular

Tomi Ungerer nace el 28 de noviembre de 1931 en Estrasburgo. Su apellido es ya conocido en toda Europa, pues su padre, Theodore Ungerer, es un reputado fabricante de relojes astronómicos entre los que se encontraba el de la Catedral de Messine en Sicilia, el más grande del mundo. La personalidad del progenitor era extravagante; escritor, ilustrador, bibliófilo, inventor, maniático del francés, alemán y alsaciano y profundamente apasionado por la vida, compaginaba sus trabajos como director de la fábrica familiar, con el estudio de la astronomía y la creación de cuadrantes solares. Cuando Tomi apenas tiene 4 años, el padre muere. A pesar de la corta edad, le transmite el respeto y amor por los libros: "Uno de los recuerdos más precisos que tengo de él es estar en sus brazos mientras me mostraba los libros de su biblioteca".

La pasión que el padre siente por casi todo, la contagia al primogénito, que afirma haber abierto los ojos al mundo a partir de ese momento. Un mundo que le deparará muchas sorpresas. La muerte del padre obliga a esta próspera familia a mudarse a Logelbach, una pequeña población cercana a Colmar. Allí Tomi y sus tres hermanos, dos chicas y un chico, descubren la naturaleza de la mano de la madre –escritora, amante de la música y de los secretos de las plantas medicinales, y contadora de historias, que les lleva a dar largos paseos por los bosques. “De esas caminatas volvíamos con los macutos repletos de castañas, champiñones y plantas medicinales que eran secadas en el granero”.

En 1939, Alsacia cae bajo el dominio alemán. El francés y el alsaciano quedan prohibidos, su casa es requisada, primero por los franceses y luego por los alemanes, que alojan a los Ungerer en una fábrica cercana transformada en campo de prisioneros. De esta manera el pequeño Tomi descubre pronto los cambios que la vida ofrece y la relatividad de determinados valores. Relata cómo el primer oficial con cargo que se instaló allí fue a presentarle sus saludos a la madre y, después de explicar las glorias del Reich le dijo, señalando un castaño propiedad de la familia: "Ah, Frau Ungerer, ya verá usted, dentro de poco tendremos judíos colgados en cada una de esas bonitas ramas".

La nueva escuela, Oberschule Mattías Grünewald, se rige por los principios del nacional-socialismo y, a pesar de que Tomi tiene buenos recuerdos de aquella época, la confrontación de la guerra, el profundo cambio social y la distorsión de valores que vive, marcan profundamente su personalidad. Todos los recuerdos de esta época son contados por Ungerer años más tarde, en el hermoso libro Die Gedanken sind Frei (Los pensamientos son libres), donde muestra sus trabajos escolares infantiles, las aventuras con personajes locales del pueblo y el inmenso cariño y amor que su madre les transmitió.

La juventud

En 1945, la enseñanza del francés es rehabilitada en las escuelas pero, después de cuatro años de dominación alemana, de guerra y de desorden, es muy difícil para los jovenes alsacianos readaptarse, y Tomi, educado siempre en el antiautoritarismo relata cómo su madre, sorprendida por los alemanes hablando francés durante su prohibición, les contestó, con mucha locuacidad: “Señor Obergruppenfüher, yo continuaré hablando francés. Y, ¿sabe por qué? Porque, si después de la guerra ya nadie habla francés, ¿quién va a gobernar Francia?” El oficial se levantó y respondió: "¡Por fin una auténtica hija del Führer! Querida señora  Ungerer, continúe tranquilamente hablando francés. Eso no molesta más que a los plebeyos imbéciles".

Tomi se resiste a esos cambios y, mientras lee a Regnier, Maret, Renard, Verlaine, Prevert, Céline y Chamfort, en el boletín de notas se le califica de perverso y subversivo. Decide entonces dejarlo todo y tomar su macuto para pasar unas largas vacaciones. En autostop recorre numerosos países durante dos años. En 1952 viaja por Europa, Laponia y parte de la denominada Rusia; a su regreso, sin profesión y sin demasiadas oportunidades, se alista en la Armada y elige como destino Argelia, pero no estará allí por mucho tiempo pues cae gravemente enfermo y, al no soportar la disciplina militar, es desmovilizado. Vuelve a Estrasburgo, donde ocupa la antigua casa familiar y se inscribe en la Escuela de Artes Decorativas. Al cabo de un año es expulsado por indisciplinado. Empieza entonces a ganarse la vida como escaparatista y dibujante publicitario.

La aventura americana

Al mismo tiempo descubre a Steinberg, Thurber y el mundo de las revistas americanas, y frecuenta el Centro Cultural Norteamericano. Se inicia así una nueva etapa en su vida personal y profesional. Su espíritu inquieto no se hace esperar y, al cabo de dos escasos años, emprende la aventura americana. Sesenta dólares en el bolsillo y una carpeta repleta de dibujos son su único equipaje.

La editorial Harper le publica su primer libro infantil: Los Melops se lanzan a volar, primero de una larga serie que, pasado el tiempo, prefiere no recordar, pero que, en su momento, recibió muchos premios y también críticas. Alterna entonces su trabajo en el ámbito de la literatura infantil, con colaboraciones en revistas como Esquire, Life, Holliday, Harpers, The New York Times y en el mundo de la publicidad y la televisión, creándose un buen prestigio por la calidad de sus dibujos, su ironía y atrevimiento.

Ungerer se da cuenta entonces de la gran diferencia que existe entre un cartel de publicidad y un libro. Ilustrar un libro significaba –y aún hoy es así, por fortunacrear algo sólido y perdurable, mientras que una revista tiene una vida corta. Así que, fiel al principio de que el artista crea para no ser olvidado, encamina sus esfuerzos al campo de la edición y tiene la suerte de conocer, en 1957, al entonces joven editor alemán Daniel Keel que, con sus escasas economías, iniciaba su andadura como empresario y que, según Ungerer, "es el editor más sorprendente que he conocido en mi carrera: original, ecléctico, eléctrico, imposiblemente posible, de una originalidad sin compromiso. Mi libertad de expresión no hubiera sido posible más que gracias a la libertad de expresión de mi editor de Zurich".

En América vive, durante casi trece años, su período más fértil, no sólo con los libros infantiles que aún hoy son conocidos y cuya difusión le sorprende (“Cuando pienso que cada año hay cerca de dos mil libros nuevos de imágenes y que los libros que hice hace treinta años, que me parecen horriblemente ingenuos, se venden todavía…”), sino con la publicidad que le valió numerosos premios y una gran exposición en Berlín bajo el auspicio de Willy Brand. 

Afán provocador

Pero no es una época llena de momentos felices. Ungerer tiene numerosos enfrentamientos con grupos que no admiten sus posturas tan provocadoras, sus libros llenos de imágenes perturbadoras en los que la moral se presenta como algo relativo. Su producción varía tanto de contenido y de ideas que no siempre encuentra editor: "Hay que comprender dice excusando a los editores- que no es fácil publicarme. Cada libro es diferente: libro infantil, de sátira social, de erotismo, de reportaje. Hay que tener mucho valor para publicar a un errático. Los lectores compran un Simenon sabiendo que leerán Simenon, un álbum de Sempé porque adoran Sempé. Mis libros son sin marca establecida y sin garantía”. Sus libros, al igual que sus inquietudes y proyectos, están repartidos entre los países cuyas lenguas domina: Francia, Alemania y Estados Unidos.

En 1970 conoce en el metro a quien un año más tarde sería su mujer, Yvonne. Con ella emprende una nueva etapa en su vida y se marcha a Canadá a vivir en una granja de manera autónoma. Las experiencias de los años que viven allí están contadas en el sugestivo libro: Nos années de boucherie: "Yvonne y yo dejamos Nueva York en 1971 relata al principio de este librorepugnados por la ciudad donde nuestras existencias, lanzadas a una velocidad de autopista, habían sufrido una avería de esencia y salíamos pitando por el primer atajo sin prever, incluso, lo inesperado”. El retorno a la vida en pleno contacto con la naturaleza y los animales, que les permiten ser autosuficientes, y junto a los peculiares habitantes de un pueblecito cercano, miembros de una secta protestante, con costumbres bastante antiguas y, con frecuencia, agresivos, sorprende a esta pareja recién llegada de Nueva York. Una pareja especial, cierto, que en poco tiempo organiza la vieja casa y se adapta, no sin humor, a ese ambiente donde, según recuerda en ese libro, vivieron siete años con los fusiles cargados y siempre a mano, “como en las mejores aventuras del Oeste”.

El libro es una crónica llena de lo que a Ungerer le gusta: lo absurdo, su inevitable propensión a lo mórbido, y alergia a todo lo que es normal. Cuando tiene que instalarse en Canadá como emigrante, lo primero que ha de hacer es inscribirse en las autoridades locales y consignar su profesión, pero ni autor, ni ilustrador ni artista gráfico, figuraban en aquel entonces en el registro que consignaba las nomenclaturas de las profesiones. “Fui, pues, inscrito como empresario”, y añade con esa ironía que le caracteriza: “empresario de pompas fúnebres habría sido más de mi gusto”.

Creador inclasificable

Durante esa época, su editor, Daniel Keel, mantiene un estrecho contacto con él y organiza numerosas exposiciones. Ungerer, con el aislamiento y tranquilidad que le permite su nueva situación, está concentrado en hacer un libro que recopile todas las canciones de su niñez: Das Groβe Liederbuch, que publica en 1975 con gran éxito. Ese mismo año el museo de Estrasburgo consagra a su obra una gran exposición con la que Ungerer recupera sus lazos con Alsacia. También los franceses se reconcilian con este extraño y peculiar artista al que le gusta desconcertar y cuya obra reconoce que es “demasiado diversificada para los franceses". Este creador que huye de las clasificaciones y que sólo trabaja por afinidad personal no tiene ningún reparo en dejar plantado a un periodista "que no entiende nada", a un equipo de televisión porque hay alguien demasiado autoritario, o en rechazar una interesante campaña de publicidad por no tener afinidad con la persona que se lo propone. Su obra para adultos está llena de referencias eróticas, con las que se libera de su estricta educación protestante, y de crítica a la actual sociedad de consumo y de doble moral. Esta época industrializada donde los hombres de letras parecen haber desaparecido y en la que la gente "puede compararse de alguna manera a un bote de conservas. Y eso equivale, en definitiva, a la sociedad comunista donde cada individuo no es más que un número".

Después de estos siete años en Canadá, elige una nueva residencia junto a su mujer y sus tres hijos en Irlanda, donde permanece hasta la fecha. Ya no escribe libros infantiles y muy pocos para adultos, dona muchísimo material gráfico a Estrasburgo donde hay un museo dedicado a su obra, y su editor, de vez en cuando, ordena sus papeles y se anima a clasificar algunos de ellos para hacer algo especial, como cuando le pidió a Janosch textos para uno de ellos. La principal labor de Ungerer se centra en colaborar con grupos de ex drogadictos y niños enfermos, para los que recauda dinero sin abandonar un ápice su ironía y buen humor. Así, afirmando que el arte no es más que el fruto de la casualidad, cuenta en una entrevista televisiva cómo, aprovechándose de su popularidad, se burló de los críticos de arte, de su consumo y, sobre todo, de las galerías, a las que considera unas timadoras, haciendo una exposición con objetos rotos sin ninguna intención artística, que se vendieron rápidamente y cuyos beneficios fueron para uno de estos colectivos.

Libros sin edad

Su afición a crear objetos con restos la traslada al papel para crear libros sin edad como Clic-clac, un curioso entretenimiento que transforma recortes de prensa con imágenes de objetos en nuevos elementos con cualidades que antes no poseían: el cabello de una mujer es una ola, la máquina de escribir, de dentadura de un rinoceronte; o unos anteojos, los pantalones cortos de un entusiasta explorador.

Aunque tuvo hijos, enseguida dejó de escribir para ese público. Tal vez por eso considera que su obra se dirige tanto a pequeños como a grandes, defendiendo de paso la lectura compartida y en voz alta como el antídoto perfecto de la televisión. "Diría que hay dos cosas importantes a desarrollar en un niño: la fantasía y el sentido práctico. Sin embargo, la televisión no hace ni lo uno ni lo otro. La televisión y el cómic dan la fantasía terminada y hecha. La sucesión de las imágenes es tan corta que no desarrolla ninguna fantasía más en el espíritu del niño, mientras que un libro, entre página y página, se puede imaginar ya todo un mundo".

Actualmente, lo que más le gusta es escribir, aunque lamenta no ser más publicado. Los dibujos sobre todo los que él hace le producen alergia: nunca acaban de corregirse y declara que no es un buen artista. Pero los que hemos tenido la oportunidad de conocer su trabajo, sabemos que no sólo es un artista sino que, tanto su arte como su vida, destilan la mayor de sus aficiones: provocar. Cualquier cadena de televisión o revista que le proponga una entrevista ya puede estar preparada para todo, en caso de que acepte. Como cuando la televisión alemana, después de haber editado el cuento de Heidi, le preguntó cuál había sido el mayor problema con el que se había encontrado y respondió: "Saber si ella llevaba braguitas debajo de su vestidito de nada"El año pasado, con motivo de su 80 aniversario, se realizó un documental sobre su vida y obra que queremos recomendar: Far our isn't far enough.

Irónico y mordaz, lo que más le gusta a Ungerer es sentirse inclasificable. Él mismo dice: "Soy una maleta sin viajero". Ah, cómo nos gustaría tener ahora más ilustradores como Ungerer, de verdad.

Texto escrito por Ana Garralón para su blog anatarambana

martes, 5 de marzo de 2013

Una ojeada digital: El Bunyip, Nana Vieja, Zorro

Ron Brooks (1948-), ilustrador de El Bunyip, Nana Vieja y Zorro, ha realizado un gran aporte al desarrollo del libro-álbum contemporáneo. Brooks estudió ilustración en el Swimburne y en el Royal Melbourne Institute of Technology. Formalmente es un diseñador gráfico, redactor de textos, profesor y director del Instituto de Diseño Gráfico de la Universidad de Tasmania, aunque ahora se dedica devotamente a su propio trabajo. Hay afinidades considerables entre los diseños de los libros ilustrados de Brooks y los campos cinematográficos y teatrales. Se preocupa por cada paso del proceso, lo que ha resultado en la realización de las propias tipografías de los textos; logrando un tono visual que hace juego con el registro verbal. Brooks tiene una gama inigualable de estilos pictóricos y gran dominio de las influencias históricas; partiendo de esto, ilustra exitosamente con la técnica que mejor enfatice y amplíe la visión del texto. Pareciera como si no retuviese nada cuando está haciendo su trabajo, sólo muestra la objetividad requerida a la hora de componer y diseñar la disposición de las ilustraciones. Brooks es extraordinariamente talentoso dotando de expresiones humanas a un rostro animal, tal como lo hacían los maestros de la caricatura y del impulso antropomórfico: Thomas Rowlandson, J.J. Granville y John Tenniel. 

Biografía publicada, en inglés y con mayor extensión en la Oxford Encyclopedia Children's Literature · Traducido por Laura Sánchez

miércoles, 27 de febrero de 2013

Vicisitudes tipográficas

El libro Zorro, publicado en 2005 por Ediciones Ekaré, ha sido objeto de transformaciones tipográficas. Alrededor del mundo, cada traducción ha encontrado un diseño distinto para presentar la historia en su idioma. Compartimos sus diferentes versiones junto a la correspondencia que mantuvo Ron Brooks, el ilustrador del libro, con Carmen Diana Dearden, presidenta de la editorial, para llegar al resultado final de la publicación.



Realmente, Carmen, lo dejo en tus manos [la elección de la tipografía]. Los japoneses y el resto de los editores optaron por la tipografía hecha a mano/garabateada. Estoy seguro que verás lo horrible del tratamiento inglés del texto. Por otra parte, la tipografía francesa tampoco es muy buena; al menos le añadieron un poco de coraje al asunto. De todos modos, como te indiqué en la Feria de Boloña, la tipografía que más me interesa es la de la versión china: es muy calmada y tan distinta a la que hice para la versión australiana o a las versiones inglesa y francesa. Pero, de nuevo, los japoneses tenían fe en el rumbo que tomaban. Lo que más me gusta de esta versión es que el tratamiento del texto logra que las palabras, de algún modo, susurren. Siendo de este modo, parecen ganar más fuerza... De hecho, como he mencionado anteriormente, cuando hago/leo/performatizo el texto, lo hago susurrando.

El otro asunto de la versión china, para mí, es que las imágenes se ven más fuertes. Esto me hace preguntarme si, en efecto, me excedí un poco con la tipografía de la versión australiana; si, de pronto, existe mucha competencia entre la tipografía garabateada a mano y las imágenes... No estoy tan seguro.
 
Mis mejores deseos,
Ron



Hola, Carmen,

Desafortunadamente sólo he recibido una doble-página (donde Perro le da la bienvenida a Zorro) con cada fuente tipográfica: Toothbrush y Gill Sans... No estoy muy seguro de cuál es mi preferida y, siendo más pequeñas por su tamaño en la pantalla del monitor, se me hace más difícil decidir. Sin embargo, basándome en esas pequeñas muestras de cada una, prefiero Gill Sans, pero:
 
1) Sugiero que sea de mayor tamaño y que se le dé mayor ruptura a la línea (de hecho, prefiero las rupturas de línea de la Toothbush). Ambos cambios le darían al texto en Gill más cuerpo, fuerza y presencia en la página.
 
2) Definitivamente prefiero Gill antes que Toothbrush (la cual, personalmente, encuentro un poco ordinaria) pero me pregunto si se podría separar más el espacio entre cada letra. De nuevo, esto le daría más presencia en la página y más aire entre cada letra y cada línea... Como si algunas palabras estuviesen a punto de desintegrarse o de    c  a  e  r  s  e  .  .  .    d  e    f  l  o  t  a  r. Me encanta la claridad y limpieza de Gill para este texto como contraposición a lo desordenado de las ilustraciones, pero también pienso que necesita ese peso del aumento del punto en la fuente...
 
3) He pensado en usar Gill para todo el texto pero en MAYÚSCULAS, poniendo las iniciales de los nombres en negrita: PERRO, ZORRO... Pero probablemente no quieran saber de esto, abrir esta caja de lombrices (el tiempo toma un cigarrillo y, probablemente tenemos los cigarros pero no el tiempo). Además, conozco todos los temas relacionados con la legalidad, etc... Sería interesante, al menos, ver cómo queda pero creo que es suficiente con lo que sugerí anteriormente.
 
Por favor, siéntete libre de ignorar todo esto, Carmen...


Hey-ho!... And hellooo, Carmen!
 
Esta es, creo habértelo dicho, la primera vez en los treinta años que llevo haciendo libros que soy invitado por una editorial extranjera a contribuir con mis sugerencias... Y qué placentero debe ser (para mí y para ustedes) haber puesto todo este tiempo y trabajo para, finalmente, poder decir: “¡Hey, hey! Creo que lo tenemos... ¡Lo hemos terminado! ¡Whooope!”. Un buen sentimiento, ¿no es así?
 
Qué complacido estoy de recibir esta última carta. Estuvimos agitados por un tiempo y yo disfrutaba cada segundo... Luego, de repente, hicieron silencio por lo que parecía, desde mi cueva, un largo tiempo... Y pensé “Oh, Dios, eché a perder todo; los abrumé; los aburrí hasta la muerte con tantas sugerencias (o lo que sea que hice, ¡no puedo recordarlo ahora!). Pensé que me había excedido de nuevo, lo cual es, supongo, más o menos lo que hice y (como los autralianos diríamos: “Good on you!”) siempre sentí que, en algún punto, era exactamente lo que debía hacer... Y ¡qué buen show!
 
Y, lo más importante de todo, es que creo que hicieron los sonidos fantásticamente. No, mejor que eso... El texto suena por sí solo... ¡Fantástico! No puedo esperar verlo... EXCELENTE. Muchas gracias, queridos, todo el poder para ustedes. Y sí, abso-bloody-lutely hagámoslo de nuevo... ¡Me encantaría!
 
Ok, de vuelta al trabajo:
 
Primero quiero decir cuánto aprecio el trabajo que realizan... Cuánto cuidado, tiempo y atención han puesto en Zorro. Y luego, haber compartido todo eso conmigo invitándome a comentar. Esta ha sido, absolutamente, la mejor experiencia de trabajo que he tenido con una editorial extranjera... Por eso: gracias, gracias a todos.
 
En segundo lugar, AMO lo que hicieron en la última prueba. Creo que es absolutamente HERMOSO. De verdad, de verdad, de verdad... Excepto que... Todavía me hace dudar una pequeña cosa: en la última página, donde dice “brinca brincando”, las dos líneas tienen la misma longitud, una debajo de la otra, así:

                    L  e  n  t  a  m  e  n  t  e ,   b r i n c a   b r i n c a n d o ,
                    c o m i e n z a  s u  l a r g o  v i a j e  d e  r e t o r n o 

¿Hay aún posibilidades de distribuirlo así?:

L  e  n  t  a  m  e  n  t  e ,   b r i n c a   b r i n c a n d o ,
                    c o m i e n z a   s u   l a r g o   v i a j e   d e   r e t o r n o .


Y, en vez de estar debajo de Urraca, ¿podrían estar un poco más a su izquierda? ¿O que el centro de gravedad de esas dos líneas esté en el centro de gravedad de Urraca? Para que el lector pueda sentir que Urraca comienza a irse, a la derecha y adelante. ¿Entiendes lo que digo? ¿Tiene sentido? (Para este momento, he dormido muy poco).

Realmente, eso es lo único que cambiaría... Si es muy tarde, si ya lo han enviado, no se preocupen, de verdad. De verdad, de verdad, de verdad... ¡Sólo una cosa en todo el libro! ¡Eso es muchísimo mejor de lo que yo mismo he conseguido! (No le digan a nadie que dije esto)... ¡Muchísimo mejor!

De nuevo, gracias enormemente,

Ron

Textos traducidos por Laura Sánchez

martes, 19 de febrero de 2013

Entrevista a Ron Brooks

From your experience, which is the best way of illustrating a story that someone else wrote?
First: Don't even say you'll do it unless you really love the writing. And then, get into what it is you do love about it, and try and paint that.

How did you know you wanted to be an illustrator?
I didn't. I just always loved drawing and painting. But then, after I finished at art school and I'd shown my folio around, publishers started sending me texts. The first books I illustrated were non-fiction, for the educational market mostly, and then novels. But it was when I was offered the text for The Bunyip of Berkeley's Creek, the very first picture book I ever did, that I became really interested. I loved every minute of the making of that book, and just knew I wanted to do more. I completely love it when a story stops me in my tracks, when the language and tone of voice somehow turns my heart around, or stills it... Trying to find a way to best respond to that voice –the right images for the words, the right style, the best design for the whole book– is excruciatingly difficult at times, but tantalising, too.

How is your process when you're going to illustrate a book? Do you have rituals?
If I've said yes to a story, I read, read, and re-read the text zillions of times, very carefully. I let it simmer, let the flavours go right through. Think about it. It can take quite a while... And meanwhile, waiting for it to be ready, I listen to lots of music, go out and work in the garden, read a lot, and keep my eyes and ears open –for signs, for other possible ingredients...

Have other arts influenced your work? Which and how?
Yep. All of them, really.
1. Literature: Good writing. I read a lot –contemporary literature, history, biography, essays.
2. Music: All sorts –classic (Bach, Schubert, Mozart, Puccini, Beethoven... Could go on and on...), so-called 'world', rock, lots of singer/songwriters. Couldn't live without Bob Dylan, particularly.
3. All of the visual arts –painting, drawing, sculpure: So many great artists and painters (too many to name) throughout all of history, to now –absolutely couldn't live without them.
4. Architecture: I have a bit of a passion for architecture (if I had my time over)...
5. Theatre, film...
Yep –all and any of them– again, too much and too many to name. All those people and work that inspire us to look at (and think about) the world in new ways, that point out new possibilities.

What would you have said to the Bunyip if you had come across him?
"Hey! Fancy meeting you here... Fantastic!"

If you were a fox and lived alone in the bush, what would you do?
Well, I might live alone, but I can't imagine ever feeling alone in the bush –there are so many other creatures, so many places and things, so many very foxey things to do out there.  

Answer shortly the next questions:
· Favorite color: Green. There are so many of them, all so different! Mind you, that's precisely why it's also the most difficult colour.
· Favorite character you've drawn: Maybe Motor Bill, from Motor Bill and the Lovely Caroline, by Jenny Wagner. Such a gentle and sweet heart.
· Weirdest place you've ever drawn at: Inside my own head.
· Hardest book to draw: Fox. Far and away. Three years of agony.
· Favorite part of a book: When I've finally finished it!
· Favorite technique: Anything and everything –whatever works best for the words, that best answers the tone of voice in the language –whatever gets to the heart of the matter.

— ❦ —

Desde tu experiencia, ¿cuál es la mejor manera de ilustrar una historia escrita por otra persona?
Primero: Ni se te ocurra decir que lo vas a hacer si no te gusta realmente cómo está escrito. Luego, descubre qué es lo que te gusta de la historia y trata de pintarlo.

¿Cómo supiste que querías ser un ilustrador?
No lo supe. Simplemente me ha encantado siempre dibujar y pintar. Pero sí ocurrió que luego de haber terminado mis estudios de arte y haber mostrado mi portafolio, los editores comenzaron a escribirme. Los primeros libros que ilustré eran de no-ficción, para el mercado educativo principalmente; luego novelas. Pero fue cuando me ofrecieron el texto de El Bunyip, el primer libro-álbum que realicé, cuando me interesé por este tipo de literatura. Me fascinó cada minuto de la realización del libro... Supe que quería hacer más. Me encanta cuando un libro me detiene abruptamente, cuando el lenguaje y tono de la voz me vuelca el corazón de algún modo, o lo tranquiliza... Tratar de encontrar la mejor manera de responder a esa voz –las imágenes precisas para las palabras, el estilo indicado, el mejor diseño para el libro es terriblemente difícil en algunas ocasiones, pero tentador también.

¿Cómo es tu proceso cuando vas a ilustrar un libro? ¿Tienes rituales?
Si he dicho que sí a una historia, leo, leo y releo el texto tropecientos de veces con mucho cuidado. Lo dejo cocinando a fuego lento para que los sabores salgan a relucir. Pienso en él. Puede tomar un rato. Mientras espero a que esté listo, escucho mucha música, salgo a trabajar en el jardín, leo mucho, y mantengo mis ojos y oídos abiertos a señales u otros posibles ingredientes.

¿Otras artes han influido en tu trabajo?
Sip. Todas, en realidad:
1. Literatura: Buena escritura. Leo mucho –literatura contemporánea, historia, biografías, ensayos.
2. Música: Todo tipo –clásica (Bach, Schubert, Mozart, Puccini, Beethoven... Podría seguir y seguir), la llamada world, rock... Muchos cantantes y compositores. No podría vivir sin Bob Dylan, particularmente.
3. Todas las artes visuales –pintura, dibujo, escultura: muchos (tantos) artistas y pintores geniales a lo largo de la historia hasta el día de hoy –no podría vivir sin ellos, absolutamente.
4. Arquitectura: Siento pasión por la arquitectura (si tuviese tiempo libre...)
5. Teatro, cine... de nuevo, son muchas para ser nombradas. 
Toda esa gente y trabajos que nos inspiran a ver (y pensar) el mundo en diferentes maneras y que nos muestran nuevas posibilidades.

¿Qué le habrías dicho al Bunyip de habértelo encontrado? 
“¡Oye! Extraordinario encontrarte por acá... ¡Fantástico!”

Si fueses un zorro y vivieses solo en el bosque, ¿qué harías?
Bueno, yo podría vivir solo, pero no puedo imaginarme el sentimiento de estar solo en el bosque –hay tantas criaturas, tantos lugares y cosas, tantísimas astucias qué hacer allá afuera.

Responde brevemente a las siguientes preguntas:
· Color favorito: Verde. Hay tantas tonalidades, ¡todas diferentes! Eso sí, esa es precisamente la razón por la cual es el color más difícil.
· Personaje favorito que hayas dibujado: Tal vez Motor Bill, de Motor Bill and the Lovely Caroline, de Jenny Wagner. Tiene un corazón tan dulce y gentil...
· Lugar más extraño en el que has dibujado: Mi propia cabeza.
· Libro más difícil de ilustrar: Zorro. Por mucho. Tres años de agonía.
· Parte favorita de un libro: ¡Cuando finalmente lo termino!
· Técnica favorita: Nada y todo –lo que funcione mejor para las palabras, lo que mejor responda al tono de voz del lenguaje –cualquiera que llegue el corazón del asunto.

Entrevista realizada y traducida por Laura Sánchez