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lunes, 6 de agosto de 2012

Un recuerdo en acuarela

Picuyo me hizo adentrarme en las costas caribeñas, junto a los pescadores. 
Pasear con Juan por el manglar, sentir la arena blanca bajo los pies.
Leticia Ruifernández

Para ilustrar Picuyo busqué algunas imágenes que me inspiraran y acudí a mis recuerdos de tiempos americanos. Trabajé con acuarela, por ser una técnica rápida que permite la fluidez del color y el juego con lo inesperado. Al principio, hice algunos dibujos y un pequeño story board para luego lanzarme directamente con la acuarela a ver a dónde me llevaba. Es una técnica muy fluida, que no admite retoques, donde no se puede borrar y que muestra la huella directa del trazo. A continuación algunas pruebas de imágenes que no funcionaban y repetí:

Los colores de la izquierda no eran los rosados del atardecer que el texto describe, así que lo volví a pintar para ajustarme más a la atmósfera (derecha)
La figura de la izquierda requería mostrar más desesperación: ¡es un momento dramático! La que finalmente se publicó (derecha) es más desgarrada...
Imagen no utilizada finalmente; representa el momento del reencuentro de Juan y Picuyo

En este libro hay un trabajo muy importante de diseño que hace la directora artística de Ekaré, Irene Savino. Un buen diseño hace que todos los elementos del libro se junten para que la historia pueda salir. A mí me gusta que las ilustraciones caminen también en esa dirección: la de crear, junto con el texto, buenas historias.
 Texto: Leticia Ruifernández

lunes, 23 de julio de 2012

Picuyo y la experiencia del color

Irene Savino, diseñadora y directora de arte de Ekaré y Picuyo, cuenta cómo coincidieron los elementos para la realización del libro:

Es usual que al leer una historia le demos forma en nuestra mente a los personajes y espacios del relato. Para un director de arte, esta acción casi inconsciente, puede ser el primer paso hacia la materialización de un futuro libro ilustrado. Cuando leí por primera vez el manuscrito de Picuyo, lo imaginé en acuarelas de colores impactantes. El mar, con intensos tonos de azul diluido y, cruzando el cielo como una llamarada, Picuyo, el pájaro del sol.

Años atras, en una Feria de Bologna, conocí el trabajo de Leticia Ruifernandez. Inolvidables sus cuadernos de viaje, donde registra con frescas pinceladas de acuarela los pasajes, pueblos y gentes que va encontrando en sus andanzas. Algunos de sus cuadernos los había realizado en los meses que pasó en Latinoamérica.

Al buscar ilustrador para Picuyo no pensé en nadie mas. Por una parte valoraba la destreza plástica de Leticia y por otra me parecía fundamental que hubiese estado en la costa caribeña, lugar donde trascurre este cuento.

En Ekaré pensamos que las mejores ilustraciones surgen cuando el ilustrador apela a experiencias propias y las mezcla con las exigencias de la historia que ilustra. El paso de Leticia por lugares similares a la ambientación de Picuyo iban a servir para brindar veracidad a sus ilustraciones.

Enviamos el manuscrito a Leticia y nos alegró mucho que le entusiasmara ilustrarlo. A diferencia de la mayoría de los ilustradores Leticia no hace bocetos. Generalmente, en esbozos muy sueltos, los ilustradores apuntan una primera puesta en escena que continuarán desarrollando hasta llegar a las ilustraciones finales. En Picuyo no pasó así. La primera imagen de Leticia para un libro es ya un original. No obstante, si el resultado no termina de convencer, está dispuesta a corregir o repetir lo que haga falta hasta un resultado totalmente satisfactorio. Es una ilustradora que trabaja rápido, cuando entra de lleno en el libro, no para hasta acabarlo.

A los pocos meses, Leticia nos sorprendió: enviaba las ilustraciones. Allí estaba el mar Caribe en intensos azules,



Juan y su abuela,


Y, como una llamarada, Picuyo, el pájaro del sol, dejando “en la arena una delicada trilla de diminutas huellas.”


martes, 17 de julio de 2012

Picuyo: una alegoría de esperanza y equilibrio


"El cuento comienza el día en que Juan cumple 10 años. En su familia de pescadores, cada vez que un varón llega a esa edad se le regala la tarraya (red de pesca) que perteneció al abuelo, al padre y a cada uno de los hermanos. Dicen que si ese día el joven logra buena pesca, será un buen pescador.

Con la ilusión que provoca el rito de iniciación, Juan pasa todo el día en la orilla del mar, intentando capturar algo. Cuando finalmente logra atrapar un parguito, un ave del color del sol baja del cielo, se lo arrebata y lo devuelve al agua. Entre la sorpresa, el orgullo tocado y la admiración, el niño persigue al pájaro que lo ha despojado de su primera presa y que, además, se burla de él con su canto: “Picu picuu”. Juan lo atrapa con la tarraya y, al desenredarlo, se da cuenta de que le ha roto un ala. Lo lleva a su casa para que su abuela le ayude a curarlo. Más tarde, cuando los hermanos se enteran de lo sucedido, dicen a Juan: “¿No sabes que es mala suerte tirarle una tarraya a un pájaro? […] ¡Sácalo de aquí!”.
Sin necesidad de esperar más pruebas, los hermanos de Juan le arrebatan al pájaro color incendio, lo meten en un saco y, al amanecer, mar adentro, dejan que se hunda, con la esperanza de sumergir la mala suerte. Al cuarto día, Juan decide internarse en el desierto marítimo para buscar al pájaro que le devolverá los colores al sol. Pasa al lado de barcos varados, camina kilómetros de arena y, al anochecer, cuando ya no se ve nada, tropieza con un saco… ¿Lo habrá conseguido?"

Paulina Ugarte en El Economista.
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"Picuyo habla de la fe, de la amistad, de la responsabilidad de cuidar al animal que te pertenece, que se convierte en compañero y amigo. De entender cuándo se debe actuar, aún en contra de lo que todos creen, por un bien común. Es una alegoría a la esperanza. 

Narrado con soltura, los personajes hacen gala de un lenguaje coloquial que resuena en el oído y deja la sabrosura llana del hombre de mar –incluyendo algunas palabras altisonantes que sustentan la veracidad de los personajes-, la del candor de los 10 años y de la complicidad de una abuela sabia y consentidora, que estimula la valentía de su pequeño nieto. Las acuarelas de las ilustraciones captan el dinamismo y la calidez de la historia; sugieren atmósferas melancólicas, dinámicas o alegres según el momento que acompañan, recreándolos con sutileza. Picuyo es una lectura para niños que ya pueden leer por su cuenta con fluidez o para adultos que quieren compartir una historia con sus niños. Un libro que sin duda abrirá espacios para conversar y propiciar acercamientos afectivos gracias a la lectura."

Linsabel Noguera en Qué Leer.

martes, 31 de enero de 2012

El ritmo de la palabra en diversos idiomas

Para transformar oraciones de una lengua a otra, no sólo basta reemplazar palabras, sino que hay que saber dar a la historia el significado del idioma original. Entrevistamos a Carmen Diana Dearden, fundadora de Ekaré y traductora de Doña Eremita sobre ruedas, para que ofreciera su opinión acerca del oficio de la traducción.

¿Cómo cambió el nombre de Mrs. Armitage a Doña Eremita?

Me puse a investigar de dónde venía la palabra "Armitage". Viene del inglés medieval "eremitage" y del francés antiguo "hermitage"; significa "morada del ermitaño". En mi búsqueda, encontré una palabra en español con el mismo significado: "Eremita". Ese nombre me pareció muy parecido fonéticamente. Después de muchas opiniones, se la mandé a la editorial inglesa que posee los derechos (Random House Children's Books) para que ellos se la enviaran a Quentin Blake. A Quentin Blake le gustó.


Mambrú, en la versión inglesa, se llama Breakspear, ¿por qué en español es Mambrú?

Después de darle vueltas y vueltas a ver cómo hacía en español un juego con "Shakespeare" y los frenos de la bicicleta, me di cuenta que no era posible. Era muy raro. Decidí ponerle Mambrú, porque el perro de Doña Eremita se parecía a un perro maravilloso que yo tenía en ese entonces. De igual modo, le preguntaron a Quentin Blake y le pareció buenísimo.


Habiendo lectores de habla hispana al nivel mundial, ¿cómo adapta los términos del libro para que sean comprensibles por todos?


Con un juego de envío y recepción de opiniones entre los equipos de Ekaré España, Venezuela y Chile. Entre los dos, vamos adaptando las palabras. El caso más difícil es el de los verbos, en España se conjuga de diferente manera. Siempre tratamos de darle la vuelta a eso.


¿Cuál es su mayor preocupación al traducir?

Que quede fiel al original en el sentido, en las palabras y en el ritmo. Mucha gente traduce literalmente, yo trato de mantener la manera original de escribir del autor. Hay unos libros que fluyen rapidísimo como éste y Zorro.


¿Cómo trabaja las onomatopeyas?

Yo ahí gozo muchísimo buscando palabras que se parezcan a los sonidos. Si puedo, las dejo igual que en inglés pero, cuando es necesario cambiarlas, acudo a Verónica Uribe (también fundadora de Ekaré y directora de Ekaré Sur), quien sabe muy bien cómo ponerlas en castellano.


¿Cómo definiría su experiencia traduciendo este libro?

La pasé buenísimo, fue divertido porque la historia no permite que te aburras. Además, las respuestas de la editorial inglesa y de Quentin Blake fueron inmediatas y siempre positivas.



¿Cuál es su frase favorita del libro?

"Lo que esta bicicleta necesita"




 

jueves, 11 de agosto de 2011

La calle es libre cumple 35 años

En 2011, cuando La calle es libre celebró su 30° aniversario, Carmen Diana Dearden, autora del libro, nos acercó al lugar de la historia. En 2016, celebramos los 35 años de este clásico libro, publicado por primera en 1981 por Ediciones Ekaré. 

1. Vista aérea del barrio San José de La Urbina, Caracas, Venezuela.
2. Biblioteca La Urbina.
3. Ilustración del barrio San José de La Urbina realizada por Mónika Doppert para La calle es libre.

"La calle es libre fue producto de las actividades de promoción de lectura que hacíamos en la Biblioteca San José de la Urbina, dentro del proyecto “conoce tu barrio”. Su título viene de lo que realmente gritaban los niños en la angosta calle frente a la biblioteca cuando los frecuentes carros que pasaban los apartaban de sus juegos. En la entrada del barrio San José había un terreno baldío, y la ilusión era que el Concejo Municipal lo convirtiera en un parque.

Todo lo que los niños dicen en el pliego que la periodista sostiene en el libro es tomado al pie de la letra de sus deseos reales. La periodista también fue un personaje real y Monika Doppert la dibujó tal cual. El concejal fue producto de la imaginación de Monika, pero como la vida frecuentemente imita al arte, resultó ser muy parecido... El bibliotecario, por supuesto, es el mismo padre Bruno Renaud, quien convirtió esa biblioteca en un lugar dinámico y acogedor para todas las edades, modelo de lo que una biblioteca comunitaria puede ser.

En una de las actividades le pedimos a los niños que modelaran en arcilla a los personajes del barrio, según su importancia. Los padres resultaron de buen tamaño, seguidos por los maestros, seguidos por los malandros… pero el personaje más grande e importante de todos fue… el bibliotecario.

El parque no tuvo el final feliz del libro: nunca se construyó. Pero esa biblioteca, bajo la dirección de Bruno, le cambió la vida a todo el que pasó tiempo en ella, grandes y chicos."

Carmen Diana Dearden (Kurusa), 
presidenta de Ekaré y autora de La calle es libre.

    


viernes, 29 de abril de 2011

Expresiones nacidas de un cuento

La calle es libre es un cuento que nació de una realidad. La maravillosa unión que hay entre texto e ilustración, terminan por hacer que el lector manifieste sus preocupaciones y visiones acerca de la obra. A continuación, tres muestras de la década de los 80 que vale la pena rescatar a partir de la publicación de La calle es libre.


Mural en la pared exterior de la Escuela Don Bosco y un detalle de los niños.
Extraído de: Al-Chalabi, M. (1987) Arte mural popular en Venezuela. Caracas: British Petroleum.
Carta enviada a la autora desde el
Malorees Junior School (Londres) en el año 1986.
Carta enviada a la autora desde el 
Colegio Americano (México) por un niño de 13 años.
            


jueves, 28 de abril de 2011

Adaptaciones de la ilustración en diferentes idiomas

Desde su publicación en 1981, La calle es libre no ha dejado de ser un libro de interés a nivel mundial. De allí, que se haya publicado por diferentes editoriales extranjeras. Traducir un libro incluye el reto de ajustar las ilustraciones que poseen texto al idioma deseado. La muestra que presentamos a continuación descubre ante el lector las posibilidades que tienen las imágenes realizadas por Monika Doppert de ser adaptadas a la historia de Kurusa en chino, inglés, francés, sueco y alemán.