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miércoles, 26 de mayo de 2021

«La gran montaña»: ilustrando una travesía, por Carmen Salvador

Carmen Salvador (Caracas, 1953) es una conocida ilustradora, artista plástico y arquitecta venezolana. Estudió en la Universidad Central de Venezuela, la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas y en el Instituto Federico Brandt de Caracas. Ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo de ilustración de libros para niños, como Los Mejores del Banco del Libro o la selección en la lista White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek. Con Ediciones Ekaré ha ilustrado los libros El rey mocho, El libro de oro de los niños, Estaba el señor Don Gato y La gran montaña.

En esta entrada, con motivo del décimo quinto aniversario de La gran montaña, Carmen Salvador comparte su experiencia durante el proceso de ilustración.

Cuando yo era niña, mi mamá —que era una gran lectora— nos contaba un cuento todas las noches antes de dormir. Leía usando solo una lámpara sobre el libro, para que la noche siguiera “puesta” en nuestra habitación. Aquellos libros tenían mucho texto y apenas una imagen cada tantas páginas, como solían ser las ediciones de cuentos de hadas de antaño.

Recuerdo hoy cómo, con cada vuelta de página, yo la interrumpía con mucha curiosidad diciéndole: “¡Déjame ver...!”. Y ella de vez en cuando me revelaba la imagen.

Muchos años después, al comenzar a ilustrar, reviví este fascinante juego de leer e imaginar, pero además ahora yo podía crear las imágenes y llevarlas al papel. Es un reto tratar de sacar las imágenes que tienes en tu memoria, o las que puedes crear a partir de una referencia, y reproducirlas en la forma en que tú quieres que se vean.

Cuando eres ilustrador y te entregan un manuscrito, quisieras complacer a todos logrando plasmar en el papel lo que se imaginan. Pero esto es imposible. Solo es posible cerrar los ojos, leer y leer muchas veces el texto, abrir los ojos, imaginar, pensar... y comienza un proceso como cuando cocinas y tienes todos los ingredientes en la mesa.

Creación de personajes

La gran montaña, escrito por José Antonio Delgado, narra la historia de cuatro amigos que sueñan con escalar una gran montaña. Estos cuatro amigos están inspirados en los integrantes del Proyecto Cumbre, que para entonces habían escalado grandes cumbres como el Everest. Teniendo esto en cuenta, me basé en relacionar a cada uno de los animales del cuento con algunos de ellos para la creación de los personajes.

A Yak lo crearía a partir de una foto que le pedimos a Frida —la esposa de José Antonio— de su pequeño hijo Tomás, porque era tan gracioso y tenía un pelo así como despelucado que nos recordaba a los yaks. Le pregunté a José Antonio con cuál se identificaba él y me dijo que con Elefante. Carlos Castillo con su característico pañuelo en la cabeza sería Canguro y finalmente Marcus Tobía, Camello.

Hice varias pruebas donde aparecían en bocetos los animales humanizados vestidos con ropa de escaladores, pero nos gusto más que se vieran como animales en sus cuatro patas. Lograr un lenguaje sencillo y con ternura era importante para resaltar los valores de amistad, solidaridad, perseverancia y trabajo en equipo.




Lo más importante para mí era resolver el recorrido que hacen los personajes desde que salen de su casa hasta que llegan a la cumbre de la gran montaña. Hice muchos bocetos y mapas hasta lograr armar una maqueta miniatura del libro completo. El storyboard creo que solo lo entiendo yo porque los hago muy pequeños, ya que así consigo ver rápidamente el conjunto y desarrollo de la historia para posteriormente definir las escenas.




Referencias y técnicas

Como referencias usé el libro “Camino a la cumbre: del Ávila al Everest” y otro libro muy completo que me prestó José Antonio sobre el Tíbet. Del último tomé imágenes de templos, personas, lugares, símbolos y los típicos banderines tibetanos.

Camino a la cumbre: del Ávila al Everets y referencias fotográficas

Para la técnica, use óleo sobre papel Fabriano de algodón. El óleo es un material difícil para ilustrar porque tarda en secar, pero el color es profundo y luminoso, y quería que así fuera porque el cuento era para niños pequeños. Todo el trabajo está realizado a mano suelta.

Boceto escena final

Ilustración terminada escena final

Tampoco utilicé líneas negras para los contornos, sino el mismo color de la forma en creyón para que el color fuera predominante. El diseño del libro marcaba que las ilustraciones serían sangradas, es decir, ocuparían todo el espacio de las páginas. Tuve cuidado de no intensificar mucho el color en la parte donde se agregarían los textos, para así facilitar su lectura.

Detalle escena final

El fondo de la portada y contraportada lo hice aparte en una doble página utilizando óleo, rasgando y superponiendo los blancos. Las guardas a línea negra, figuras sencillas, que luego se convertirían digitalmente a blanco con los motivos y símbolos tibetanos.

Guiños escondidos


Quise incluir un juego. Al inicio del cuento, donde Elefante está en su cuarto leyendo, piensa: “¿Podré tocar el sol y la luna?”. Allí coloqué en la ilustración al sol y a la luna en el mismo lugar que en la última página del cuento cuando (¡finalmente!) todo el grupo llega y dice: “Era casi como tocar el sol y la luna”. Lo quise ilustrar de esta forma para que, si el lector pinza las páginas intermedias y las mueve para ver la primera y última página, se pueda observar al sol y la luna superpuestas, casi tocándose.

Y finalmente, en el pequeño mapa, que aparece al final de la historia, se ve todo el recorrido de los cuatro amigos desde que salen de casa hasta llegar a la gran montaña. 

De colofón dibujé una foto, a manera de postal, en la que aparecen todos contentos posando con los abrigos que les tejió la Abuela Canguro.




viernes, 21 de mayo de 2021

Camino a la gran montaña: un testimonio de Frida Ayala

José Antonio Delgado “El Indio” (Caracas, 1965 - Nanga Parbat, 2006) fue un destacado montañista venezolano, ingeniero mecánico y autor del libro La gran montaña. Fundó el Proyecto Cumbre y junto a ellos realizó la primera expedición venezolana en alcanzar la cima del Everest. Su esposa, la también montañista y directora del Festival Ascenso, Frida Ayala, nos cuenta cómo hace quince años un hombre de montaña se sentó a escribir un libro ilustrado.

  

Un muchacho y el Everest

 

José Antonio tenía pasión por la montaña desde niño, pero cuando subió por primera vez el Pico Humboldt en Mérida se enamoró para siempre del montañismo. Eso fue en bachillerato. Luego continuó haciendo grandes montañas en Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, México. En 1994 alcanza la cumbre del Cho Oyu, una de las 14 montañas en el mundo con una altura de 8000 msnm, tras haber escalado la mítica montaña Ama Dablam.

 

El Everest fue un sueño durante casi quince años para él. Ningún equipo de venezolanos había alcanzado su cumbre. Hasta que finalmente en 1997 comenzó la "ruta" al Everest junto con el resto de los miembros del Proyecto Cumbre, Carlos Castillo, Marco Cayuso, Carlos Calderas, Martín Echevarría y Marcus Tobía. El 23 de mayo de 2001 la expedición llegó al punto más alto del Everest.



 

Escribir La gran montaña

 

Todas las noches les contábamos cuentos a nuestros hijos, Sofía y Tomás. Teníamos la colección completa de libros de Ekaré. Un día los niños pidieron un cuento inventado. Y se hizo costumbre. Cada noche, nos daban dos personajes. Yo inventaba un cuento donde tocaba ver qué hacer con una princesa, un unicornio, una pelota, un robot… Pero José empezó a contar su propio cuento y cada día lo fue perfeccionando.

 

El cuento era "La gran montaña": la travesía de un grupo de amigos por subir la montaña más alta del mundo. Después, con la ayuda de algunas técnicas que yo usaba en preescolar con mis alumnos, pasamos a escribirlo.

 

Los personajes de la historia salieron de los viajes de José Antonio. Cuando Proyecto Cumbre hizo el Everest hace ya 20 años, mi hija y yo viajamos a Nepal e hicimos un paseo a una granja de elefantes, y luego nos montamos en un elefante en Chitwan. Así nació el primer personaje del cuento.

 

Luego, el yak era un animal que a José le fascinaba. Toda la cultura sherpa se sustenta en este animal que, a pesar de convivir con el hombre, se mantiene mucho en su estado salvaje.



Es gracioso porque Carmen Diana (la editora), cuando hicimos el libro, me pidió una foto de Tomás, que era un bebé, para que Carmen Salvador ilustrara al yak inspirada en él.


El camello bactriano lo había conocido en los viajes a Muztagh Ata y Gasherbrum. Siempre hablábamos de ese camello y de recorrer la ruta de la seda, pero no se dio.

 

Para terminar, nos faltaba uno... y llegó canguro. Sin ninguna otra explicación más que nos trajo un atributo que necesitábamos para el cuento.



 

Me encanta como José incluyó detalles de nuestra vida. Por ejemplo, cuando dice "son distintos, pero se ríen igual que nosotros". Esa frase la dijo mi hija una vez que una familia china se mudó a nuestro edificio (algo nuevo para ella) y me pareció hermoso que lo incluyera en el libro.





15 años después, un legado

 

Convertí su historia en una conferencia que doy en colegios públicos y privados, en zonas populares como Caucagüita o en un centro comercial. Cada vez que cuento el libro y hago la presentación sobre la vida de José, es todo muy conmovedor. Llevo los equipos y les enseño sobre el significado de "La gran montaña" como un sueño; algo que quieres lograr.


 

Un día, luego de contar el cuento y realizar el taller de "Alcanzar tu sueño", uno de los muchachos se animó a hablarle a una niña de quien había estado enamorado por mucho tiempo. Sin duda, el cuento tiene una forma de acercarse no solo a los niños sino también a los adultos que de forma desprevenida sienten la metáfora profundamente, y una y otra vez me dicen lo inspirados que están para ir tras sus grandes montañas. Creo que allí reside parte de su emoción.

 

En Venezuela y Latinoamérica, José Antonio sigue siendo un ícono y referencia del montañismo. El Festival Ascenso que fundó continúa activo. Y recientemente, se realizó una obra de teatro en Italia llamada I guardiani del Nanga” donde toman como referencia los siete mejores y más destacados montañistas del Nanga Parbat que murieron en esta mítica montaña. José Antonio fue uno de ellos.

 

También continúa circulando el documental sobre su vida "Más allá de la cumbre" (2008), cuyo director Juan Carlos López decidió usar el cuento de "La gran montaña" como hilo narrador. Decisión que considero acertada porque da una profundidad de quién era José Antonio como persona y como montañista.

 

Para mí, su legado principal ha sido su vida, enseñanzas y pasión. Y por supuesto, nuestros dos hijos amados.

Recuerdo que uno o dos días antes de irse a Pakistán llegó muy contento. Me dijo que me tenía un regalo muy especial. Y me enseñó la maqueta del cuento. Originalmente yo había hecho unos dibujos que no fueron aceptados, pero cuando vi las ilustraciones de Carmen Salvador quedé fascinada. Todavía siento que "La gran montaña" es el regalo de José para mí.

jueves, 6 de febrero de 2020

Literatura infantil y desarrollo humano: aproximación a El rey mocho

María Carmen González Landa, profesora del Dpto. de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid; y Nerea Alzola Maiztegi, profesora y coordinadora de la especialidad de Educación Infantil de HUHEZI en la Universidad de Mondragón; analizan y comentan El rey mocho desde un enfoque multidisciplinar. En este fragmento de su trabajo, exponen la manera cómo la literatura infantil y su trabajo en las aulas puede contribuir a la integración de niños y niñas inmigrantes en las sociedades que los acogen.

En este artículo ofrecemos el comentario de un libro álbum latinoamericano para contribuir a facilitar la presencia de este tipo de creación literaria, multimodal y multicultural, en las aulas de educación infantil y primaria. Creemos que el trato con la buena literatura es un camino abierto para la educación en lo humano y en lo multicultural. 

En esta ocasión, primamos un acercamiento al texto como espejo o pozo desde donde atisbar, vislumbrar o perfilar trazos de la condición humana, en lo que tiene de pequeño y mezquino y de grande e infinito, de singular y de común.

La sociedad española está viviendo transformaciones notables; entre ellas, el cambio socio-cultural y las repercusiones, de diverso tipo, que la integración de emigrantes de distintos rincones del mundo provoca. Esta realidad exige adoptar una serie de medidas políticas, económicas, sociales, culturales y educativas para poder acoger a estos ciudadanos, nacidos en otro lugar, con todos sus derechos y deberes. Desde nuestro punto de vista, una de las acciones educativas de educación intercultural, sencilla y fácil de aplicar, es la consideración de la literatura infantil y juvenil de los países de origen de los niños y niñas escolarizados, siendo esta presencia un modo de reconocimiento y ayuda a los recién llegados y, asimismo, un enriquecimiento para el resto del alumnado.

De manera progresiva, principalmente por el hecho de la inmigración creciente, en nuestras escuelas y bibliotecas ha de crecer la presencia de libros de distintas culturas y, si tenemos en cuenta la emigración latina, los libros latinoamericanos habrían de tener un lugar importante.

Sin pretensión de exhaustividad, ofrecemos a continuación algunas propuestas educativas en torno a El rey mocho. Atendemos, en primer término, a “lo contado”, es decir, a la temática principal del cuento y, en segundo término, “al contar”, es decir, a los tipos de narrador y a las marcas textuales con las que se expresa el modo de establecer la comunicación con los destinatarios o lectores del cuento. 

Sobre “lo contado” - Trabajo sobre autoimagen, autoconcepto y autoestima

El problema específico que se plantea en el cuento es que el protagonista vive centrado en su “defecto”, gasta mucha energía en tratar de que pase desapercibido a los demás y, lo más condicionante, tiñe por completo la percepción de sí mismo; su autoimagen global está oscurecida por la consideración de la parte como todo.




Otro aspecto del problema puede designarse como egocentrismo, que consiste en creerse el centro de cuanto tiene importancia así como de la atención de todos. Efectivamente, el protagonista tiene una “deficiencia” física que le conduce a una relación problemática con su imagen corporal, ya que, en primera instancia, asocia o basa la visión general sobre sí mismo a su imagen física. En efecto, es frecuente establecer relación entre la satisfacción de las personas con su apariencia física y su autoconcepto en general. En este relato, el “autoconcepto” del protagonista, también sus relaciones sociales y su conducta, están demasiado afectados por su pequeña deficiencia física.

El “defecto” físico del protagonista le hace sentirse poco atractivo y se avergüenza de él; ello le causa, en primer término, un problema de imagen personal que redunda y afecta a otras dimensiones de su persona, a sus acciones y relaciones con los demás o a la carencia de éstas. Sabemos que muchos niños y niñas, especialmente cuando se acercan a la adolescencia, se sienten extraordinariamente sensibles respecto a sus características físicas, incluso las más insignificantes que perturban la percepción global y ponderada de su físico. En este ejemplo, la obsesiva y permanente consideración de la carencia de oreja, impide al protagonista de la historia valorar otras características faciales y de complexión física positivas, así como poder apreciar que, aunque tenga que enfrentarse a alguna deficiencia, como es el caso, puede, del mismo modo, sentirse satisfecho en otros aspectos de sí mismo. Es decir, nos interesa aprender y que los niños y niñas descubran la importancia de no desarrollar atribuciones globales sobre sí mismos basándose sólo en su apariencia o condición física, así como a no centrarse prioritariamente en sus carencias sino en reconocer y desarrollar sus potencialidades. 

El desarrollo social, el conocimiento y la imagen de nosotros mismos se van construyendo a lo largo de nuestra infancia y adolescencia a partir de tres fuentes principales, íntimamente entrelazadas: cómo la niña o el niño se ve a sí mismo, cómo percibe que le ven los demás y cómo se relaciona con los demás. Estas vivencias tendrán unos efectos, aunque no irreversibles, muy importantes en el conocimiento y la aceptación de sí mismo y, como consecuencia, en su dimensión social y afectiva y en su alegría de vivir.

La narración que tratamos se centra en cómo el rey se ve a sí mismo; es importante no sólo lo que le pasa sino, más aún, lo que siente y piensa de su deficiencia; en este caso, tiene una impresión distorsionada de sí mismo y se ve mucho más negativamente de lo que los demás le ven, aunque sólo sea por la superioridad de su posición real.



Por otra parte, apenas se dibuja cómo se relaciona con los demás ni tampoco se plantea cómo es percibido por los demás. Para que el protagonista encauzara y superara este problema u otro, sería importante ayudarle a ver cómo es percibido por los demás y a no anclarse en su parcial y egocéntrica visión; el rey mocho no dialoga ni siquiera con los que conocen su defecto, agravando sus consecuencias con esta incomunicación y desconfianza respecto de los otros. En síntesis, entre otras cuestiones, el cuento nos facilita poder pensar y dialogar sobre maneras, equilibradas o patológicas, de afrontar, construir o transformar nuestras diversas identidades. Asimismo en la importancia que le damos a un rol adquirido y en los lentos caminos educativos y de trabajo personal de liberación. 

Sobre “el contar” - Observación y utilización de dos tipos de narrador (en primera o tercera persona) y del diálogo directo

Además de otros muchos caminos, la comparación entre las dos secuencias del “secreto” a la que hemos aludido, puede abrir la puerta para que los niños y niñas puedan observar (y, en su momento utilizar) el contar en primera persona y el contar en tercera persona, así como constatar las consecuencias de elegir una u otra. Como es sabido, el uso de la tercera persona al contar produce mayor distanciamiento respecto de lo contado; por su parte, con el uso de la primera persona el narrador se muestra como responsable y garante de lo que cuenta (sea él protagonista o no). En El rey mocho, como hemos visto, la narración es en tercera persona sin destinatario explícito.

Podemos propiciar que los niños y niñas se animen a convertirse en narradores de algún reto, dificultad, problema o suceso, adoptando la primera o tercera persona, según deseen “implicarse” más o menos, o bien, que transformen, respecto de este elemento, algún acontecimiento que les afecte u otro cuento breve de su gusto, o algún suceso recogido en un periódico o escuchado en la radio o televisión y lo cuenten a sus compañeros como si ellos mismos hubieran sido testigos directos y/o protagonistas.

La práctica de estas propuestas, además de un aprendizaje técnico del procedimiento de contar, puede conducir a un aprendizaje actitudinal que capacita al alumnado para elegir, en su expresión y comunicación de asuntos personales, privados o públicos, un discurso “distanciado” o bien “comprometido”, es decir, en el que las miradas y opciones del “yo” narrador no se difuminan ni ocultan sino que se hacen explícitas.

De manera progresiva, principalmente por el hecho de la inmigración creciente, en nuestras escuelas y bibliotecas ha de crecer la presencia de libros de distintas culturas y, si tenemos en cuenta la emigración latina, los libros latinoamericanos habrían de tener un lugar importante. Por lo tanto, como anunciamos en la introducción a este artículo, en próximos trabajos, seguiremos ofreciendo nuevos acercamientos a otros libros de literatura infantil latinoamericana de calidad desde las perspectivas, estéticas, éticas y didácticas incipientemente esbozadas en este. Nos interesa dar a conocer buenos libros latinoamericanos y, al mismo tiempo, seguir profundizando en cuestiones candentes para el desarrollo educativo del alumnado, destinatario de dicha literatura, así como alimentar la necesaria formación permanente de los maestros y maestras responsables de las mediaciones entre los niños y los textos literarios que pueden trabajarse en las escuelas. 
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Tomado de “Literatura infantil y desarrollo humano: aproximación a una “historia” latinoamericana, El rey mocho”, en Didáctica. Lengua y Literatura 2008, vol. 20 135-147

lunes, 2 de diciembre de 2019

El Rey Mocho, proceso creativo


Compartimos el proceso de creación de la ilustradora Carmen Salvador, quien en esta oportunidad nos habla de la técnica empleada, sus referencias e inspiración para crear al Rey mocho. ¡Lean y disfruten!

CREACIÓN DEL PERSONAJE

Ilustrar “El Rey Mocho” hace veinticinco años, fue un proceso. Y este, genera una pregunta obligatoria: ¿Habrá coincidencia en el proceso creativo de los distintos ilustradores?

En mi caso, los primeros bocetos, después de leer el texto e imaginarlo, consistieron en poner en papel al personaje principal: El Rey Mocho, un rey que apareció primero un poco adulto y que cuando lo vi, me di cuenta de que lo quería más niño. Le puse una peluca, blue jeans, zapatos deportivos, una gran nariz y su corona. 

La oreja mocha no debía verse. Era su secreto. 





LAS REFERENCIAS UTILIZADAS

Como este Rey vivía en un Castillo, busque imágenes referenciales en mis libros de Arquitectura. Las hice mías, ubicándolo en una montaña alta desde donde se veían el mar y el pueblo. 

El Ávila, la plaza mayor antigua de Caracas y el mercado, me proporcionaron el ambiente que ya tenía en mi imaginación. 










LA TÉCNICA

Este rey vivía entonces en Caracas, en un tiempo como de todos los tiempos; y así, decidí usar para la línea expresiva, trazos a lápiz y tinta china; y para los colores, usar una mixta con agua y acuarela sobre el papel.

La acuarela me dio las intensidades y transparencias que necesitaba la atmósfera para hacerla mágica, como el trópico. Necesitaba verdes y rojos “estallados”. 



EL RESULTADO

Finalmente, el texto dialoga con las imágenes, permitiendo al lector complementar la historia con su propia lectura.






viernes, 17 de octubre de 2014

Creando un personaje: entrevista a Carmen Salvador

En esta oportunidad hablamos con Carmen Salvador, ilustradora de los libros: Estaba el señor Don Gato, El rey mocho, El libro de oro de los niños y La gran montaña.

Además de ilustradora, eres arquitecto. ¿Consideras que esta disciplina ha influido en tu trabajo de ilustración?

Muchísimo, porque la arquitectura tiene unas bases muy importantes para todas las expresiones artísticas, tanto para la pintura como para la ilustración.

¿Quién es el ilustrador que más te ha impresionado? 

Son muchos los ilustradores que han tenido influencia en mi trabajo. Sin embargo, el ilustrador de Babar (Jean de Brunhoff) ha sido uno de los más importantes. Ese libro (Babar, el elefante) lo leí muy pequeña, en casa de mis abuelos, y desde entonces tuvo un gran efecto en mi trabajo. Todavía me pasa, cuando veo esas ilustraciones, que las siento contemporáneas, aunque fueron hechas hace muchísimos años. Eso me hace pensar a veces en lo que dijo el historiador de arte más importante del mundo, Ernst Gombrich: en realidad, la Historia de Arte no existe, lo que existe son los artistas.
L'histoire de Babar, le petit éléphante

¿Las ilustraciones de libros para niños deben ir más allá del texto escrito?

La ilustración tiene el mismo peso que la palabra. Las ilustraciones deben aportar con su propio lenguaje, para complementar la historia. De esta forma, el lector puede producir también una tercera lectura... su lectura.

¿Qué es lo más difícil al momento de reflejar una personalidad narrativa en imágenes?

Lo primero, y lo más difícil, es lograr crear el personaje. El personaje debe tener alma. Es importante transmitir que tiene un corazón, al igual que una persona. Eso, para mí, es lo más difícil de lograr. Crear un personaje con alma.




¿Cómo fue la experiencia de ilustrar Estaba el señor Don Gato?


Este libro lo hice en creyón sobre papel. Lo primero fue crear el personaje de Don Gato. Este personaje tenía que tener un poco el estilo europeo, porque es una canción de la tradición española. El señor Don Gato y su pareja, la gata, están humanizados. Sobre todo, traté de hacer más énfasis en el humor negro, porque como Don Gato se muere y resucita, necesitaba un elemento humorístico, un poco negro, para recrear la historia.
      

Además de Estaba el señor Don Gato, también has ilustrado El rey mochoEl libro de oro de los niños y La gran montaña. ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar junto a Ediciones Ekaré?

El rey mocho tiene muchos años, fue mi primera experiencia en ilustración de libros para niños. Ediciones Ekaré era apenas una casita al lado del Banco del Libro, pero ya tenía una producción importante, de calidad, que a mí me encantaba. En esa época, yo estaba en un proyecto de pintura, investigando y exponiendo. Un día me acerqué a Ekaré con mi portafolio, me pidieron una prueba y comenzamos. Trabajé con Irene Savino, Verónica Uribe y con Carmen Diana Dearden. Ellas confiaron en mi propuesta y siempre fueron muy respetuosas con la parte creativa. El trabajo en Ekaré tiene la excelencia del resultado, porque se hace con cariño, sabiduría y en equipo.

Caracas, martes 7 de octubre de 2014.