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jueves, 22 de noviembre de 2018

Entrevista ilustrada: Ramón París

Ramón París nació en Venezuela y vive actualmente en Barcelona. Estudió comunicación social pero se dedica plenamente a la ilustración y animación. Su estilo, más gráfico que narrativo, ofrece resultados sorprendentes; sus imágenes tienen humor y originalidad. Ha ilustrado Un abuelo, sí, Un perro en casa, Estaba la rana y Duermevela. En esta ocasión, compartimos con ustedes una entrevista ilustrada a Ramón. ¡Vean y disfruten!





¿Qué sueñas?

¿Qué profesión admiras?



¿A qué le tienes miedo?



¿Qué te hace reír?



¿Qué te hace llorar?


¿Qué cosa no te comerías nunca?



¿Cómo es el futuro?



¿A dónde vamos cuando morimos?




¿De dónde venimos?




¿Las vacaciones ideales dónde son?




¿Qué te inspira?



 ¿Quién es tu mejor amigo?



Si fueras un personaje de ficción, ¿cuál serías?



¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?




¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? 






martes, 27 de febrero de 2018

El bosque del sueño: origen y edición de Duermevela

Una historia pensada para ser narrada con texto e imagen suele pasar por varias transformaciones: Juan Muñoz-Tébar, autor de Duermevela, nos cuenta el proceso que convirtió el bosque que imaginó en la selva tropical que ahora acoge a Elisa y Estebaldo.

El origen de Duermevela no es otro sino la necesidad de que mi hijo Gaston se durmiera. En aquel momento Gaston sentía miedo de que algún monstruo pudiera atacarlo mientras dormía, así que se quedaba alerta y no pegaba el ojo. Una noche inventé una historia donde íbamos a la casa de Frankenstein y lo encontrábamos durmiendo con un pijama de calaveras. Luego, fuimos a sumergimos en las profundidades del mar y le dimos las buenas noches al Kraken, y después entramos en una cueva llena de tigres que nos recibieron bostezando del sueño...

Aquella historia la seguí contando durante muchas noches, cambiándole los personajes y los lugares pero siempre llegando al mismo final: Gaston se quedaba dormido. Que la historia aprobara el test del sueño de mi hijo me animó a escribirla, y lo que me salió fue el relato de una niña valiente que siempre atraviesa un bosque oscuro para poder dormirse. La niña era un zorro y se llamó Elisa. A su amigo, un jabalí, le puse Estebaldo. Y por más que me rompí la cabeza no encontré un buen nombre para ese lugar donde entramos para quedarnos dormidos (“vigilia” nunca fue una opción), así que lo llamé “El Bosque del Sueño”.






“El Bosque del Sueño”. Así se llamaba el texto que leyó Irene Savino, amiga y editora de Ekaré en Barcelona. Un sábado los dos nos encontramos por casualidad en medio de una exposición, y yo le hablé del cuento y se lo envié al día siguiente. La primera versión del relato era bastante recargada, pero Irene vio que había una buena historia y tuvo la magnífica idea de pasársela al ilustrador Ramón París. Además, Irene metió en el proyecto a la editora Brenda Bellorín, una gran amiga con quien trabajé en el Banco del Libro hace algunos años. Así que, de pronto, comprendí emocionado que iba a hacer un libro con gente que quiero y admiro.

Contando con cuatro venezolanos en el proyecto (Brenda en Caracas, e Irene, Ramón y yo en Barcelona), lo natural era que el relato se tropicalizara. Ramón propuso la selva y de su espesura salió una Elisa convertida en niña de verdad. Su amigo Estebaldo primero se transformó en un zorro, y luego, gracias a las ideas y el trazo de Ramón, Estebaldo se convirtió en un fantástico oso hormiguero. Cariñoso, cercano y expresivo. El perfecto compañero para salir a buscar el sueño.

Fue entonces cuando Brenda Bellorín y yo hicimos la primera edición del texto. Básicamente, lo limpiamos de repeticiones cansinas y frases evidentes.


Por ejemplo, en el original:
Dos escenas de Elisa y Estebaldo. Escena 1: iluminando a unas ardillas que están durmiendo dentro del agujero de un árbol. Escena 2: iluminan a unos venados que bostezan echados en el suelo tras un arbusto.
Elisa y Estebaldo miran en los agujeros de los árboles, descubren lo que hay detrás de los arbustos.
Y después de la primera edición...
Elisa y Estebaldo iluminan a un grupo de ardillas en el agujero de un árbol (algunas bostezan, otras duermen).
A Elisa y Estebaldo les gusta asomarse a los agujeros de los árboles.
Al finalizar aquella edición, me tocó esperar un año para poder ver alguna imagen del cuento. El modo de trabajar de Ekaré establece que el escritor no tenga contacto con el ilustrador, y por tanto, yo nunca supe lo que estaba haciendo Ramón. Cada vez que les preguntaba por el libro, Irene y Brenda sólo me respondían: “está quedando buenísimo”. Al principio creí que me iba a desesperar por no poder ver las ilustraciones, pero no fue así. Simplemente, confié. Tuve confianza porque Ramón es un excelente ilustrador y porque Brenda e Irene jamás editarían un libro feo o malo. Así que, confianzudo, esperé. Esperé hasta que un día no aguanté más y contacté a Ramón para que me mostrará algo en secreto. Y claro, ahí me quedé maravillado.




Ramón París le dio la vuelta a este cuento con una lectura inteligente y muy personal. El sueño de cualquier guionista es que llegue un director y saque lo mejor del texto que has escrito, y Ramón, con el apoyo de Irene Savino, hizo un trabajo irrepetible como ilustrador/director de esta historia. Además, el descubrimiento de sus ilustraciones coincidió con la búsqueda final de un nombre para el cuento, es decir, un nombre para esa selva que había creado Ramón. Hicimos un par de listas pero nada nos convencía, hasta que un domingo Brenda se apareció en Skype con la palabra Duermevela. Después de darnos una vuelta por el DRAE (“Sueño ligero en que se halla el que está dormitando”), y luego de repetir la palabra una cuantas veces para comprobar su sonoridad, Duermevela nos gustó tanto que ya no buscamos más.

Brenda y yo hicimos la edición final del texto en tres sesiones (en la segunda nos ayudó nuestra querida Maité Dautant). Aquello fue un buen desafío. Las ilustraciones de Ramón eran tan potentes que el texto tenía que convertirse en un tobogán que te llevara hacia ellas. Machete en mano, empezamos a cortar el texto y a reescribirlo rodeados de la paz de esta selva nocturna y colorida que ahora es Duermevela.

Y si decía:
Allí, el viento sopla dormido
y las hojas apenas se mueven. 
Terminó quedando:
Allí, cuando el viento bosteza,
las hojas apenas se mueven.
Creo que no cambiaría nada del proceso que nos condujo hasta Duermevela, porque mi hijo Gaston, Irene, Brenda, Ramón y yo hemos terminado imaginando la misma historia: un relato selvático y venezolano, una aventura tranquila donde la curiosidad es quien nos lleva al sueño.

martes, 20 de febrero de 2018

Proceso de ilustración de Duermevela: un camino lleno de hallazgos

Para Ramón París, el reto de ilustrar un libro no consiste traducir un texto a imágenes, sino en transfigurarlo, captar la intención de su autor, crear una narración visual que dialogue con él y a la vez lo complemente.



Duermevela es un buen ejemplo de ello, especialmente en la representación de los personajes y, sobre todo, de la escenografía. En el texto original, de hecho, la niña protagonista no existía, era un zorro; la historia trataba sobre animales, zorros, jabalíes, ardillas... y de un paseo por un bosque, que Ramón imaginaba como los de los cuentos de tradicionales, como un bosque europeo. Sin embargo, a medida que avanzaban los bocetos —que el ilustrador compaginaba con otro proyecto personal—, surgió la idea de ambientar Duermevela en el trópico. Como él mismo dice: «la selva se apoderó de la historia». Aparecen ahí la niña protagonista, su amigo el oso hormiguero, armadillos, peces de colores y toda la exuberancia de un paisaje tropical.







Tras estos primeros bocetos, se fueron perfilando imágenes que, cuanto menos a nivel compositivo, sufrirían pocos cambios a lo largo del proceso. A partir de ahí, el ilustrador realizó a base de tinta china y pincel todos los elementos que conforman las dobles páginas.

«Me gusta trabajar con pincel y tinta porque siempre me genera un poco de incertidumbre; a dónde me llevará la línea, cómo reaccionará el papel. A veces es un trabajo invisible, las líneas se funden con la oscuridad de las escenas y pasan desapercibidas». 

Las imágenes del libro en esta fase, donde todo se expresa a través de la línea, en blanco y negro, son tan bonitas que de por sí podrían haber dado por terminado el trabajo. Pero en la atmósfera de Duermevela, el color tenía también un papel esencial.





El color se aplicó de forma digital. De cara a potenciar los claros y oscuros de la historia, el ilustrador creó distintas brochas de color con una textura similar a la de los pinceles que había empleado, con los que “dibujaría”, línea a línea, los tonos medios de sombras y luces. Con todo ello, el color en Duermevela consigue fundirse con el dibujo a tinta y la textura, rasgos característicos, inconfundibles, en el trabajo de Ramón París.



«Por más que en algún momento puede llegar a desesperarme, buscarle la voz particular a cada cuento me apasiona. Cada historia me habla desde una voz distinta y particular y cada libro me ha hecho explorar maneras diferentes de encontrar soluciones».

miércoles, 31 de enero de 2018

Duermevela: «un punto de salida de un mundo para llegar a otro»

Desde el blog Llibres al Replà, Àngel Burgas reseña Duermevela (en català, Entreson); una mirada que invita a adentrarse en ese bosque frondoso, a través de interesantes referentes plásticos y literarios que asoman en el trabajo de Juan Muñoz-Tébar y Ramón París.

Melancolía

Tanto el Diccionari de la Llengua Catalana como el María Moliner, definen «entreson» (la versión original en castellano de Venezuela es Duermevela) como «medio sueño o sueño ligero». El título de este álbum que publica Ekaré, sin embargo, hace referencia a un estado, no solo a la calidad del dormir. Duermevela sería el tiempo (y el espacio) en el que uno tiene un pie en la realidad y otro en el sueño. Sería, pues, un concepto que transmitiría melancolía («tristeza vaga, sombría y duradera»). Frágil, irreal, alucinatorio, duermevela es el punto de salida de un mundo para entrar en otro, y así lo han representado los autores, ambos de Venezuela aunque residen en Barcelona.


El texto es breve y explica como Elisa, una niña que no consigue conciliar el sueño, se escapa a un mundo nocturno repleto de vegetación (¿una selva?) y habitado por animales salvajes (distinguimos un tigre, una serpiente, un cocodrilo , un armadillo ...) que, al parecer, no le da miedo. La acompaña un animal extraño, un oso hormiguero llamado Estebaldo, y ambos, exploradores intrépidos armados de precarias linternas (un farolillo Elisa, un frasco de vidrio lleno de luciérnagas Estebaldo), inspeccionan, descubren y analizan (pero no temen) el espacio de tierra, agua y cielo que rodea aquella selva oscura. Poco a poco, les llega el sueño, y entonces la niña regresa a la habitación y se queda dormida en su cama.


Los miedos nocturnos son un tema recurrente en los álbumes ilustrados. El mismo Muñoz-Tébar explica en una entrevista que la idea del libro surgió de constatar la dificultad de su hijo para conciliar el sueño. La novedad que, para quien esto reseña, aporta Duermevela es la actitud serena que transmiten tanto el texto como las ilustraciones. De entrada, comentar que todas las páginas del libro son negras. La noche, la oscuridad, no se escapa ni se contrarresta en ningún momento de la historia. La niña teme la oscuridad, pero se sumerge en ella valiente. El mundo en el que penetra a la manera de la Alicia de Carroll, no es una alternativa a la oscuridad sino que, al contrario, resulta ser un compendio de las cosas que provocan el miedo: la negra noche, los huecos de los árboles, los animales feroces. Elisa, sin embargo, no muestra angustia; más bien acepta que la noche (las pesadillas) contiene todo aquello que descubre.

Teatro Negro de Praga
De una forma deliciosa, Ramón París hace aparecer del negro del papel las formas de las cosas. Y nosotros pensamos en el Teatro Negro de Praga, donde los puntos de luz y de color estallan desde una nada angustiante. Elisa, como hemos dicho, va descubriendo los misterios que la negra noche esconde. No le importa meter la cabeza dentro de un agujero, o dentro del lago, y en las figuras que dibujan las estrellas reconoce formas animales que la ayudan a serenarse. Es la melancolía a la que nos hemos referido antes y que Lars Von Trier, el director sueco, retrató en un film titulado así.


Fotograma de Melancholia, de Lars Von Trier
Fotograma de Melancholia, de Lars Von Trier

Tenniel. Alice In Wonderland
Esta sensación de duermevela, de la tristeza vaga, de las cosas sin remedio ni explicación o cura, nos llevan de nuevo al mundo de Alicia. Curiosamente, el ámbito escogido por el ilustrador del álbum se parece al mundo de las maravillas de Caroll. La vegetación exuberante, los animales extraños, la niña que se conforma y acepta, y que gracias a ello aprende y, en cierto modo, se resigna. Otro posible referente del autor puede ser la imaginería prerrafaelita, el movimiento pictórico anglosajón de finales del XIX que mostraba personajes melancólicos en parajes de naturaleza exuberante y salvaje.


E.R Hughes (1901)

Alice in Wonderland, Tim Burton. Movie image 




Pintura de Rothko

La verticalidad de algunas de las composiciones tiene una lectura de arriba a abajo (o de abajo a arriba), como la tienen muchas obras de la pintura japonesa o las composiciones de Rothko: no las leemos de izquierda a derecha, sino de la parte superior a la inferior o viceversa. Este tipo de lectura conecta con la espiritualidad (nuevamente la melancolía). No todas las composiciones siguen esta ley en Duermevela, e incluso hay una, justo en el momento en que la niña y Estebaldo bostezan muertos de sueño, que es circular o elíptica, una especie de fuerza centrífuga que representa la somnolencia.
Al final, la niña vuelve a su cama y duerme (Alicia también se había dormido en el prado). Tal vez los motivos florales de la colcha y los árboles que se ven a través de la ventana la han llevado a imaginar una selva. Tal vez el gatito que duerme a su lado sea un alter ego de Estebaldo. Tal vez los puntitos del cielo en una noche de luna llena formasen animales si pudiéramos unirlos con un lápiz.



Tal vez, sí, estos miedos nocturnos que sufren muchos niños y niñas dejen de serlo cuando, atentos y melancólicos, acepten explorarlos. Seguramente no sabríamos definir el concepto de luz si no existiera el de oscuridad.

Reseña original en catalán: http://llibresalrepla.cat/?p=3285
Traducción al castellano: Merce Palomar

jueves, 23 de marzo de 2017

Tardes de Altamira: experiencia como jurado en la Feria de Bologna

El miércoles 22 de febrero se iniciaron las Tardes de Altamira en Ediciones Ekaré, un ciclo de encuentros para conversar sobre libros ilustrados, ilustración, lectura, creación… en definitiva, dijo Irene Savino en su presentación, las “cosas que nos gustan”. Estas tardes, programadas para los últimos miércoles de cada mes, se transmitirán por Facebook Live para todos aquellos que deseen seguirlas en directo, desde cualquier lugar.

En la primera Tarde de Altamira, Anna Castagnoli (ilustradora y crítica especializada en literatura infantil, autora del blog Le figure dei libri) y Arianna Squilloni (escritora y fundadora de A Buen Paso) conversaron sobre su experiencia como miembros del jurado en la Muestra de Ilustradores de la Feria del Libro de Bologna.



En la edición 2014 de la muestra, en la que Anna Castagnoli participa como jurado junto a Kitty Crowther (ilustradora), Errol van der Veldt (director del Museo Textil de Holanda) e Isabel Minhós (editora de Planeta Tangerina), la organización de la feria les da una única pauta: elegir "cosas nuevas", que hablen de como podría ser la ilustración en los próximos cinco años.

«La muestra de ilustradores se ha vuelto la vitrina más interesante del panorama de la ilustración, 
porque siempre propone nuevos lenguajes».

En un plazo de cuatro días, el jurado debe escoger entre más de 3000 ilustradores de todo el mundo, los 60 o 70 más destacados. Cada ilustrador participa con cinco imágenes del mismo tema, relacionadas entres sí. A partir de la primera selección del jurado, quedaron 260 ilustradores con un nivel mínimo de calidad sobre el cual todos estaban de acuerdo.

«Casi no he dormido pensando qué tengo que hacer aquí, tengo que elegir ilustraciones, pero, ¿por qué? Entonces volví a pensar lo que era la ilustración para mí cuando era niña, y era algo como un mundo que tenía el mismo valor de realidad que el mundo real, pero en el cual podían pasar cosas magníficas e increíbles. Quiero elegir en estos días algo que tenga ese sentimiento de mundo maravilloso».

Los cuatro miembros del jurado tuvieron una reflexión parecida después de la selección preliminar, cada uno había establecido criterios importantes para elegir las ilustraciones: mundos increíbles y maravillosos, capacidad de dar vida a personajes que transmitieran emociones y sentimientos, la posibilidad de ver el mundo de otro punto de vista, mundos creíbles y vivos.


1. «Este gesto tiene una suspensión casi del tiempo, esa sensación de ser un mundo en el cual creo». (Ilustración: Kazuhisa Uragami)
2«En cuanto a la gráfica nos gustaba mucho a los cuatro, nos parecía muy interesante». (Ilustración: Anastasia Stročkova)
3. «La intensidad, la velocidad del gesto». (Ilustración: Arianna Vairo)
Los miembros del jurado tenían clara la idea de valorar una ilustración con sentimiento aunque la técnica no fuera perfecta. Muchas veces lo que podía contar la secuencia narrativa de cinco imágenes jugaba un papel muy importante para la selección. 

«La palabra que encontramos para definir nuestro criterio era honestidad».




4. «Un oso panda no ha vivido nunca al mismo tiempo que un dinosaurio, pero en la primera imagen el oso duerme, en la última hay un lenguaje casi de video juego y eso nos hizo pensar que quizás la realidad que percibimos no era cierta». (Ilustración: Marco Bassi)
5. «Parecía demasiado académica, pero al ponerlas en orden no solo cambiaba la posición de la cámara, también cambiaba la posición de la sombra, era un día que pasaba. Una mezcla de un lenguaje cinematográfico con algo que sólo puede pasar en el mundo del dibujo». (Ilustración: Leila Chaix)

Si alguno de los miembros del jurado no estaba de acuerdo, los otros tenían que convencerlo. Cuando alguien argumentaba bien podía cambiar la idea que los otros tenían de la ilustración, por eso, a pesar de que todos los miembros del jurado no hubieran estado siempre de acuerdo, las ilustraciones seleccionadas tienen el consentimiento de todos.

«En mi idea de ilustración para niños el único criterio que tiene que haber es esta capacidad de transmitir algo, como en el teatro o el cine, una emoción humana, y no sencillamente estética».

En la muestra 2014, uno de los rasgos comunes entre lo que seleccionaron como "novedoso" era la ausencia de color, en cambio, tres años más tarde, cuando Arianna Squilloni participó como jurado en la muestra 2017, al ver la selección «había que ponerse las gafas de sol».

«La diferencia entre lo que es infantil y adulto en mi caso fluctúa bastante».

En 2017 participaron también como jurados: Steven Guarnaccia (ilustrador y diseñador estadounidense) Jean-François Martin (ilustrador francés), Harriet Birkinshaw (editora de Flying Eye Books) y Daniela Stamatiadi (ilustradora griega).

Cuando se trataba de ilustraciones digitales, la calidad de la reproducción impresa era fundamental, la consideración del color, el tipo de papel y el acabado final,  eran muy importantes para poder apreciar la ilustración.


Cada miembro del jurado tenía puntos de vista completamente distintos, sin embargo, en la selección inicial coincidieron al escoger cinco conjuntos de ilustraciones con una tendencia de color muy parecida, aun cuando dentro de la secuencia de imágenes hubiera conceptos muy diferentes.


«En medio de todas las diferencias, había cosas que nos habían gustado a todos en la misma línea».

«Cuando pusimos en una mesa todas las imágenes que tenían cuatro o cinco preferencias, esto fue lo que pasó. ¡Había que ponerse las gafas de sol!».  


6. Ilustración: Cristina Spanò  |  7. Ilustración: Ximo Abadia  |  8. Ilustración: Ana Bustelo

La intención del jurado era hacer una selección donde se mostrara un poco el panorama general, propuestas actuales y ecos de lo que está pasando en el mundo de la ilustración. «Estaba todo lleno de zorros, nos preguntamos si está volviendo el personaje listo de los cuentos». Los temas recurrentes eran: zorros y ballenas, arquitectura geométrica, selvas y bosques exuberantes.


9. «Lo que fascinó al jurado fue la atmósfera de la noche, lo tranquila que se siente esta niña. Es esa sensación de habitar el mundo». (Ilustración: Ramón París)
10. «Tiene una síntesis narrativa y plástica dentro de la misma imagen que es fascinante, están pasando cosas increíbles allí dentro, esta vivo». (Ilustración: Manuel Marsól) 
11. «La sensación de la inmensidad que nos envuelve me pareció maravillosa». (Ilustración: Miren Asiain Lora)

El conjunto final de la muestra incluye a ilustradores de todo el mundo con estilos muy diversos, como resultado de una dinámica de debate constante entre los miembros del jurado, vital a la hora de escoger, convencer al otro, plantear dudas, defender posturas y en definitiva, ponerse de acuerdo para alcanzar un criterio de unanimidad.



lunes, 15 de julio de 2013

Un perro en casa por Ana Garralón



Un perro en casa, un singular álbum con textos de Daniel Nesquens e ilustraciones de Ramón París, se ocupa de un tema muy querido por los niños como es el de tener un perro. En especial, esa adorable fantasía de recoger un perro abandonado. Cuántas veces habremos visto a un niño acariciar a un perro en la calle sin correa y decir a sus mayores: "¿Me lo puedo llevar? No tiene dueño...". Y cuántas aparece el dueño saliendo de la tienda y mirando con cara de perro al niño.

En esta historia es el padre quien ordena a un perro abandonado que le siga. Llegan a la casa. La familia comprueba que "tenía todo: cuatro patas, dos orejas, un rabo... Era un perro". Sin nombre, ni importar su procedencia, parece ser admitido de inmediato, eso sí, a condición de que pase al baño como ordena la mamá. La verdad es que el perro desprende, en cada ilustración, unos sospechosos puntos que parecen piojos saltando alrededor. Es el niño quien se ocupa del baño, sin darse cuenta de la materia de que está hecho el animal, lo que produce una transformación sorprendente.

Estamos ante un ejemplo de lo que se considera un excelente libro álbum: el texto dice algo y las ilustraciones no sólo amplifican su significado, sino que parecen superarlo. El trabajo del joven ilustrador Ramón París es excelente: ha encontrado un recurso gráfico que le permite jugar con los significados. Cuando el texto termina, la ilustración sigue su camino hacia lo inesperado con un final que deja al lector con la boca abierta.

Obviamente no vamos a desvelar este final: los lectores avezados ya verán señales desde las guardas, y se divertirán con la metamorfosis de un perro que, al contrario que sus dueños adoptivos, se rige por coordenadas independientes a la normalidad.

Un apunte más sobre el trabajo de Ramón París: el punto de vista que presenta a sus lectores durante la historia está en la perspectiva del perro, lo que le permite presentar de forma anónima a muchos adultos que se salen del campo visual. El lánguido perro ocupa la mayor parte de las imágenes y la tinta usada para retratarlo cada vez se apropia de más espacio hasta llegar al negro total que hace virar la historia en otra dirección.

Lo inesperado y lo sorprendente tienen mucha importancia en lo literario pues ayuda a los lectores a llegar al asombro que es algo que, justamente, suelen dejar de tener rapidito en su vida cotidiana. Como los adultos protagonistas de este libro, que parecen moverse en coordenadas normales mientras el niño es el partícipe de la transformación. 

Un libro muy recomendable por su inteligencia y creatividad, por el sabio manejo de la fantasía y por una estética delicada e imaginativa.

Texto escrito por Ana Garralón para su blog anatarambana literatura infantil