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jueves, 25 de junio de 2015

Ecos de una toma

Gracias a su innovadora propuesta narrativa, Al sur de la Alameda, novela híbrida escrita por Lola Larra e ilustrada por Vicente Reinamontes, ha sido reconocida por lectores y especialistas LIJ como una novela relevante dentro del panorama de la literatura para jóvenes. A continuación, presentamos una entrevista a la autora, algunos fragmentos de lo que se ha dicho y un adelanto digital de la novela.

"Al sur de la Alameda ha sido, sobre todo, un proyecto comunitario. Y en ese sentido, como escribir suele ser un trabajo tan solitario, ha sido una experiencia muy reconfortante e interesantísima trabajar en grupo, con Vicente Reinamontes y con las dos editoras, con el director de arte, con la diseñadora y con el productor gráfico". 
Lola Larra en MiauBlog 


"Un libro emocionante y vital que toca un ámbito poco transitado de la literatura juvenil: el de las protestas estudiantiles, el de las reivindicaciones, el de las manifestaciones con policía que golpea fuerte; el de la implicación en la lucha por más y mejores derechos, por un mundo mejor".
Por Pep Bruno
Por los caminos de la tierra oral 

"Lola Larra ha cuidado cada detalle, cada diálogo, cada personaje en su complejidad, cada escenario, para aportar emoción y verdad a la voz narrativa (intimista por su forma de diario), y construir esta novela de lectura adictiva sobre las relaciones sociales, el amor, la amistad, la convivencia, y el compromiso social, que tanta falta hace siempre, y que nunca ha sido ajeno a los adolescentes". 
Cinco ovejas negras 

"Creo que ahí está el máximo acierto de este relato. En la elección de una voz narrativa tan parecida a la de muchos jóvenes que se mueven entre el móvil, el gimnasio o la peluquería, a los que posiblemente no les interesa «la realidad», porque no la han mirado".
Blog de Gemma Lluch


"Ahora, la novela llega a España también con el aval de los libreros especializados del Club Kiriko: «No hay muchos libros en castellano que, dirigidos a adolescentes, planteen el compromiso político como algo que les puede implicar»".
Babelia, diario El país


"Al sur de la Alameda es una novela ilustrada con una estética muy moderna, que nos enlaza con las revueltas estudiantiles de los ochenta contra Pinochet, con un lenguaje moderno, directo y muy fresco, que engancha. Una novela política donde no deja de reflejarse la realidad de la adolescencia, el amor, los celos, la sexualidad, los enfrentamientos y las envidias".  
    El Asombrario & CO 



jueves, 11 de junio de 2015

Un proceso creativo sin fórmulas

En esta oportunidad, Vicente Reinamontes comparte el proceso creativo detrás de las ilustraciones de Al sur de la Alameda, novela gráfica basada en las tomas estudiantiles ocurridas en Chile en 2006. 

Cuando me invitaron a ilustrar Al Sur de la Alameda, la verdad es que me emocioné un montón. No sólo era la primera vez que ilustraba un proyecto tan gordo, sino que, además, se trataba de una historia con la que pude  vincularme inmediatamente.

Por una parte, la historia ocurría en medio de un hito importantísimo para Chile, en donde miles de jóvenes se enfrentaron al gobierno y a las grandes instituciones para exigir un cambio profundo en el modelo educativo chileno. La relevancia de este hecho nos obligó, tanto a Lola Larra y a mí, a ser muy cuidadosos en la forma de desarrollar nuestra creatividad, ya que sucesos como estos integran tantas voces y experiencias, que es muy difícil decidir cuáles serán las protagónicas. Por otra parte, Ekaré Sur me abrió las puertas para plasmar e integrar muchas fijaciones personales que quería resolver con mi trabajo. Al fin y al cabo, formé parte de la generación de estudiantes movilizados y recuerdo muy bien como la “revolución” no sólo sucedía en las marchas o las asambleas, sino también en nuestros corazones (por muy cursi que suene), ya que muchos nos vimos enfrentados a nuevos cambios en la manera de pensar, sentir y vincularse con el otro.

En el trabajo creativo no existen fórmulas cien por ciento lineales o estructuradas, los componentes racionales y emocionales se van entretejiendo sin orden aparente. He hecho el esfuerzo de poder presentar, de la manera más coherente posible, algunas de las cosas que investigué, utilicé o me inspiré para poder ilustrar esta historia.


Como gran parte de la novela ocurre dentro de un colegio en toma, fue importante decidir qué tipo de guiños podían llevarnos directamente a este imaginario. La arquitectura de un colegio cercano al centro histórico de la ciudad, las texturas que encontramos en las paredes, las frases y consignas que los adolescentes escriben en muros y, el detalle más importante: las salas vacías con los pupitres apilados en la reja del colegio, que nos transportan inmediatamente a los acontecimientos sucedidos durante ese año. 


Los verdaderos protagonistas de la historia: estudiantes chilenos de secundaria. En ese año era muy común que los adolescentes formaran parte de tribus urbanas, por ello, me concentré en plasmar esos códigos de vestimenta sobre el uniforme escolar de los personajes (pantalones entubados hechos en casa, chapitas en las mochilas, pelos teñidos, piercings, accesorios por todos lados, flequillos emo, etc.). A pesar de estar en ánimos de protesta, los estudiantes seguían fieles a su uniforme escolar; por esto, el movimiento ocurrido ese año recibe el nombre de Revolución Pingüina, ya que con sus uniformes en blanco y negro, parecían pingüinos marchando por la Alameda.


Un elemento indispensable dentro de toda manifestación son los mensajes y consignas políticas pintadas sobre grandes lienzos o murallas de la ciudad. Revisé la mayor cantidad de archivo fotográfico y llegué a un gran número de consignas que quedaron en la memoria colectiva por la agudeza de la crítica, el humor y la creatividad que utilizaban para dar su mensaje. Ya sea en paredes, suelos, puertas, baños o carteles, hay muchos mensajes de este tipo que se pueden ir encontrando en las páginas de la novela.


Como los estudiantes pasaban mucho tiempo encerrados en los colegios, quise utilizar las mismas texturas que podemos encontrar en esos espacios como recurso gráfico en las ilustraciones. Las texturas nos llevan a materialidades, las materialidades a espacios, y los espacios a momentos con los que nos podemos vincular. Creo que la textura roñosa, avejentada y áspera que inunda Al Sur de la Alameda, nos transporta a un lugar que permanece en el pasado, a una situación que ha quedado abandonada o empobrecida.


Con respecto a las texturas y al pasado, fue importante repasar las distintas formas que han existido de ilustrar y graficar los movimientos políticos en la modernidad. Tanto en Chile como en el resto del mundo, existen diversos artistas gráficos vinculados al afiche y al cartelismo. Como antes los recursos eran más limitados, y hacer una representación realista resultaba muy engorroso o caro, esos artistas debían ingeniárselas para explotar las herramientas que tuviesen a mano y dar con una expresividad que comunicara un mensaje directo y claro. Siempre me han impresionado los afiches políticos del Chile de los años 60 y 70, por cómo resuelven su gráfica con muy pocos colores, y me encantan los errores de calce en las matrices de serigrafía que generan texturas y matices de colores que dan vida a las imágenes. No puedo dejar de lado el cartelismo polaco que, obsesionado con los horrores de la guerra, otorgaron al dibujo y a la figura humana una expresividad incomparable. Este tipo de referentes, me inspiraron tanto en la paleta cromática, como en la composición de alguna de las imágenes.


Una vez terminada la investigación, y teniendo claro cómo serían los colores, ambientaciones, texturas, personajes y perspectivas, fue necesario desarrollar un storyboard que permitiera revisar, a modo de boceto, cómo se vería todo el trabajo ilustrado dentro de la historia. De esta manera, resultaba más fácil comentar y corregir el trabajo por adelantado, sin temer a perder el tiempo a desarrollar una ilustración hasta el último detalle y luego terminar rechazada.


Como dibujar a tantos personajes, mirados en distintas perspectivas y con diferentes expresiones, puede resultar muy difícil, le pedí a varios amigos cercanos que compartieran los rasgos faciales que nos imaginábamos de los personajes. Ya que gran parte de las expresiones y puntos de vista desde donde se miran a los personajes estaban ya definidos en el storyboard, resultaba muy fácil fotografiarlos para luego basarme en ellos para dibujar. Obviamente, como mis amigos no compartían la edad de los personajes, era necesario ir haciendo pequeños arreglos para que se vieran más jóvenes. Incluso, como anécdota, utilicé mi propio rostro para basarme en uno de los personajes de la historia, que es bastante mayor y, además, mujer.

viernes, 5 de junio de 2015

Un viaje hacia dentro del libro

"Lo que se potencia aquí es el diseño gráfico del libro y no se cae ante la tentación de realizar una producción audiovisual autónoma. Se genera la ilusión de movimiento, pero con una conexión precisa con el mundo del protagonista, tal como se presenta en el primer capítulo de la novela".

 

Propuesta de un modelo de lectura multimodal
de imágenes animadas aplicado al book trailer
de Al Sur de la Alameda. Carmen Luz Maturana.
Chile, 2015
  

 
Un grupo de invitados muy especiales donó su trabajo generosamente para dar forma a este book trailer que viajó de un extremo a otro del mundo:
 
Desde Sao Paulo, el director del book trailer, Iván Larraguibel, y la productora María Lutterbach, de Mínimas, enviaron a Ekaré Sur, en Santiago de Chile, un guion que proponía un viaje hacia dentro del libro, y también a través de los misteriosos binoculares que aparecen en la novela, para desembocar finalmente en el colegio en toma. Más tarde, en un pequeño estudio de Ámsterdam, la venezolana Daniela Uribe y el español Fran Márquez, de Blend, tomaron las ilustraciones del chileno Vicente Reinamontes y animaron algunos pequeños detalles.
 
Desde Mínimas propusieron usar la canción El baile de los que sobran, de Los Prisioneros, emblemático grupo pop-rock chileno, porque destaca sutilmente la conexión que la novela establece con las protestas estudiantiles de los años ochenta en Chile. Finalmente, la mezcla de sonido fue realizada por el músico venezolano Argenis Brito desde su estudio en Berlín, y la locución (en inglés y en español) fue grabada en Santiago de Chile por el actor Cael Orrego.

jueves, 21 de mayo de 2015

Al sur de la Alameda: una hazaña editorial

Detrás de todo libro se esconde un proceso editorial lleno de vicisitudes y Al sur de la Alameda no se escapa de ello. Por el contrario, es un libro repleto de hazañas que no dejan de sorprendernos: el trabajo con el manuscrito, la elección del ilustrador, el papel, el formato y hasta el empaque. Conversamos con Sara Rodríguez, una de las editoras, para conocer un poco más acerca de la edición de esta extraordinaria propuesta.

Izquierda y derecha: Sara Rodríguez y Verónica Uribe,
 editoras de Al sur de la Alameda. Centro: Lola Larra, autora. Ekaré Sur.
La autora del libro, Lola Larra, agradece en la página de créditos a ustedes, las editoras, por “rescatar” el manuscrito de Al sur de la Alameda. ¿Cómo fue este proceso? ¿Por qué ella se refiere a la edición de este proyecto como un “rescate”?
La idea original de la novela surgió en el 2006 cuando Lola asistió a una de las tomas que tuvieron lugar durante la Revolución Pingüina en Santiago de Chile. Después de haber vivido esa experiencia, Lola escribió una carta a uno de sus amigos más cercanos en Madrid (y en el que se inspiró para crear uno de los personajes más nobles de la novela), contándole todo lo que había presenciado. Y en ese momento decidió comenzar a escribir la historia de Nicolás. El proceso continuó y tomó un nuevo vuelo cuando en el 2008 Lola postuló a un fondo para la creación del libro. En la formación de la historia se dio cuenta de que le faltaba algo. Sin haberla terminado nos la presentó en el 2010 y comenzó un nuevo proceso. Creo que ella hace mención al "rescate" porque quizás se aceleró el proceso que ella ya llevaba gestando e hilando maravillosamente desde tiempo atrás. Una historia que nos cautivó y que era a la vez tan contingente, que un año después los estudiantes universitarios en Chile volvieron a revolucionar el país pidiendo una educación de calidad. Algunos de sus dirigentes son al día de hoy los diputados más jóvenes del Congreso Nacional Chileno.

¿En qué momento deciden incorporar al ilustrador Vicente Reinamontes? ¿Hubo una búsqueda previa de posibles ilustradores o la decisión devino obvia?  

Después de haber leído con Lola el manuscrito y haber concordado en que le faltaba algo a la historia, Lola propuso escribir una segunda voz protagonista: un testigo misterioso en un edificio aledaño al colegio que tuviera una visión privilegiada de lo que ocurría dentro del recinto estudiantil. La idea era que esa segunda voz fuera narrada desde la visualidad con unas imágenes potentes. La búsqueda del ilustrador fue larga. No dábamos con alguien que nos convenciera, hasta que vi una imagen que acompañaba un artículo sobre Educación 2020, una fundación sin fines de lucro, originada por un movimiento ciudadano, que busca la calidad y la equidad en la educación chilena. La imagen del artículo era muy potente. Unos niños uniformados jugando al “Cachipún”, un juego tradicional que en otros lugares se conoce como “Piedra, papel o tijera” y con el cual Vicente quería aludir a la suerte de tener acceso a una educación de calidad siempre que hayas nacido en un estrato socioeconómico que se lo pueda permitir. Me encantó y busqué más trabajos suyos. Cuando vi lo que hacía, comprobé que no era un ilustrador al uso, sino un artista emergente sofisticado y con un discurso propio muy fuerte. Su vertiente activista y su habilidad como diseñador conformaban un pack muy completo. Cuando ya le conocimos e intuimos que por su edad había sido uno de los pingüinos, el éxtasis fue mayor. Eso y que con Lola tuvo una conexión inmediata.


El diseño, el formato, la maquetación y la diagramación del libro están compenetrados de una manera muy armónica. ¿Cómo se tomaron esas decisiones?

Iván Larraguibel, nuestro director de arte, fue quien consiguió que todos los detalles generaran un todo armonioso. Somos conscientes de que había muchos factores que hacían de este libro una propuesta diferente, pero Iván se arriesgó en sus propuestas, ofreciendo muchas novedades en lo que veníamos haciendo. La portada con la solapa al revés, los troquelados, la elección del color azul para el fondo del texto... etc. Él fue el mago que hizo que todo lo que pudiera parecer exagerado, adquiriera una armonía global.

¿Por qué escogieron esa paleta de colores? ¿Tiene algo que ver con la estética de los antiguos lentes para ver en 3D? En el libro se utilizan dos colores para diferenciar las voces, ¿cómo se les ocurrió hacer esto? 

La elección de los dos colores fue una decisión de Vicente. En las primeras pruebas de personajes, Vicente probó con otros colores como el rosa, naranja, verde y azul. Como el número de ilustraciones que tenía que hacer era más bien elevado, (contabilizamos de manera preliminar entre setenta y cien), Iván sugirió que lo más práctico era elaborar un storyboard para definir y aprobar las imágenes que luego Vicente debería trabajar hasta el arte final. En ese storyboard Vicente empezó a jugar con los rojos y azules, colores que fueron definiendo los ambientes diferenciados de la toma y el hogar del personaje misterioso de forma más acuciante, a medida que iba realizando más y más ilustraciones, a una velocidad de vértigo, por cierto. Una de las imágenes del libro, la de los siete husky siberianos, efectivamente tiene la estética puntual de las antiguas imágenes de 3D. Quizás en una reedición acompañemos el libro con unas gafitas que permitan nuevas lecturas secretas del libro.

Se ha dicho que Al sur de la Alameda es una novela “híbrida”. ¿Por qué el uso de este término, a qué se refiere? ¿Bajo qué género la catalogan sus editoras?

La verdad es que el tema de los términos es un poco confuso y además lía mucho a los lectores. Para simplificarlo, el nuevo concepto de novela híbrida se refiere a un tipo de novela que mediante la integración del componente visual en el texto, aunando diferentes códigos de la fotografía, el cine, diseño...etc, se propone formas de lectura diferentes a las convencionales. Algunos de los primeros ejemplos de novela que empezaron a ser denominadas como novelas híbridas son Extremely loud, incredibly close (Tan fuerte, tan cerca) de Jonathan Safran y La invención de Hugo Cabret de Brian Selznick, ambos referentes para el imaginario de Al Sur de la Alameda. Quizás otro rasgo que el término híbrido comparte con la novela gráfica, en cuanto al contenido, es que los protagonistas no son héroes tradicionales, como sí lo eran antiguamente los héroes típicos del cómic; estos pasan más desapercibidos al comienzo, tienen sus propias miserias. Además, la historia es autoconclusiva y hace algunos guiños a la metaliteratura y la intertextualidad. No sé si esto aclara o lía más. El caso es que ya sea que la definan los teóricos como novela gráfica o novela híbrida, todo aquel que la lea, le llegue y la disfrute.

Es inevitable, cuando tenemos el libro Al sur de la Alameda en las manos se nos viene una pregunta a la cabeza: ¿cómo esto se editó en Ekaré? Hay una ruptura en la línea editorial, cómo fue esta apuesta? ¿Esta novela abre un espectro de nuevas posibilidades para jóvenes dentro de la editorial?
Efectivamente es algo diferente a lo que se venía haciendo, pero principalmente porque incursionamos por primera vez en el mundo de la literatura juvenil. Ekaré tiene una larga tradición haciendo libros para niños desde los 0 a los 12 años y por primera vez en Ekaré Sur decidimos apuntar al público adolescente que suele ser el más descuidado en Chile. La apuesta estética de la novela también tuvo su riesgo. La línea de trabajo de Vicente, a quien considero un artista muy completo, va de la mano con algunas temáticas puntuales como la sexualidad y la política que, como él mismo dice, han calado hondo en su biografía y suelen estar de alguna manera u otra presente en sus obras. De la misma forma, Lola es una escritora muy versátil con trabajos que van desde la literatura juvenil, cuentos, novela iniciática hasta la novela erótica. Supongo que sus talentos se unieron de forma ideal para tratar temas que les preocupan a ellos y los condimentaron de forma vibrante para un lector de 14 años. Imagino que seguiremos viendo las posibilidades para los lectores de esta edad.

A pesar de que la novela está centrada en un episodio específico de la historia chilena, Al sur de la Alameda ha tenido un impacto internacional importante. ¿Sabían que esto ocurriría? De ser así, ¿qué creen que cala en otros lectores fuera de las fronteras de Ekaré Sur?
Al sur de la Alameda trata sobre el movimiento estudiantil acaecido en el 2006 en Chile, pero en uno de los capítulos del libro, uno de los personajes, el Gordo Mellado, realiza una clase magistral, entretenida y emotiva, repasando las principales revueltas estudiantiles de la historia: Mayo del 68, la Primavera de Praga, Tiananmen... Chile volvió a ser noticia en 2011 cuando los estudiantes universitarios volvieron a tomar las calles luchando por una educación de calidad. Desde entonces (y desde siempre) han ocurrido hechos similares como la pasada Marea Verde en España y algunos en extremo dramáticos como el asesinato de los estudiantes de Iguala en México o los de la Universidad de Garissa en Kenia. Supongo que es un tema contingente sin fronteras que llega a todos, especialmente a los jóvenes que luchan porque creen en un futuro mejor.
¿Alguna anécdota curiosa que contar sobre la edición de este libro?

Supongo que una de las cosas más divertidas fue descubrir el mundo de posibilidades que se nos abrían con las nuevas máquinas de impresión digital, barniz selectivo y troquelado... En una de las reuniones con los encargados de imprenta, nos llevaron varias opciones de cómo podría llegar a quedar la portada. No voy a decir nada. Solo incluyo una imagen: alguien se entusiasmó con la purpurina (escarcha).



Entrevista realizada por Isabella Saturno, especialista LIJ, miembro de Pez Linterna y del Comité de Evaluación del Banco del Libro.