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miércoles, 13 de marzo de 2019

El arte cuenta: un viaje con Noé León


Carolina Lesa Brown, especialista en LIJ, se desempeña en diversas áreas de la comunicación, la creación de contenidos y la edición para el sector editorial e instituciones vinculadas a la infancia. También, es docente y ha colaborado en diversas terapias que incorporan la literatura a tratamientos de niños con necesidades educativas especiales. Es autora del blog Cuando te presento el mundo, donde relata algunas de esas experiencias. En esta ocasión, comparte con nosotros su reseña sobre Un viaje con Noé León.

Pensemos, por un momento, en ese libro capaz de suprimir el tiempo, en esa película con el poder de moldear el corazón, o en esa pintura que obliga a las lágrimas a migrar desde el fondo de nosotros mismos hasta la orilla de los ojos. ¿Podemos decir que hemos estado ahí, dentro de la escena? ¿Cuánto de realidad hay en ese espacio imaginado abierto por la obra? ¿Conmoverse es sinónimo de desplazamiento o tal vez una paradoja de estar sin estar?


Leer Veo Veo. Un viaje con Noé León es cuestionarse la delicada línea entre lo real y la ficción. Las imágenes absorben al lector hasta hacerlo caminar por una maravillosa versión de las costas colombianas. La fuerza de la vida se dibuja en selvas tupidas, pueblos luminosos, colores intensos y una atmósfera inocente donde convive la gente de pueblo con la fauna más autóctona. Cada página, un cuadro; y en cada cuadro, los rasgos más pronunciados de la cultura colombiana se unen a un paisaje único, para crear caminos donde se topan la alegría y la esperanza.

Un viaje con Noé León se sitúa del lado de la infancia. Desde ahí, propone una lectura donde cabe el juego, el arte, el aprendizaje y la diversión. Un pequeño texto recrea la sonoridad de la escena, luego surge la pregunta: Veo veo. ¿Qué ves? Y aparece una cantidad de elementos para buscar y encontrar:

1 capitán de traje blanco
2 pájaros de alas negras
20 flores moradas… 


De lo particular a lo general, del detalle al conjunto; el libro invita a recorrer por diferentes caminos la obra de uno de los artistas naíf más importantes de Latinoamérica. Las preguntas siguen: ¿qué estrecho vínculo existe entre los colores y los números? ¿Qué historias se cuentan en la imagen? ¿Cuántas cosas quedan por descubrir?



En este álbum leer es compartir: con los demás, pues reúne todas las condiciones para una sorprendente lectura en grupo; y con uno mismo, porque sus imágenes permiten perderse para escuchar la propia voz.



Noé León nació en 1907 en Ocaña. Heredero de Henri Rousseau, es el precursor del primitivismo colombiano y uno de los mayores representantes del arte naíf. Este nuevo libro de la colección Veo Veo propone acercar su obra a los niños y niñas, pero va más allá: cada página es un portal hacia una hermosa visión del mundo. Solo falta tomar el libro entre las manos y saltar hacia ella.



miércoles, 11 de abril de 2018

Oír con la mirada: sesión de cuentos inclusiva

La Biblioteca Central de Rivas-Vaciamadrid fue el lugar de encuentro de dos lenguajes ancestrales: la oralidad y los gestos. Tato Ruiz y Trinidad Moreno ofrecieron un cuentacuentos muy especial, con narración oral, música y lengua de signos. Carolina Lesa Brown, especialista en literatura infantil y colaboradora en diversas terapias que incorporan la literatura a tratamientos de niños con necesidades educativas especiales, comparte con nosotros lo que vivió esa tarde de oír y ver cuentos.  
«Antes de los libros, hubo voces. La memoria era un canto» escribe la narradora Janet Pankowsky. A pesar del tiempo, a pesar de la distancia, si algo ha unido a las diferentes culturas del mundo eso ha sido la necesidad de la música y la palabra. Oír cuentos conecta con ese rincón ancestral, latente, casi de fuego, que pide comunicar y compartir. 
El 16 de febrero de 2018, en la biblioteca central de Rivas Vaciamadrid, la sesión con Tato no solo nos trasladó hacia ese placer prehistórico, sino que amplió sus fronteras hacia otro lugar donde aprendimos a mirar al otro. Aquella tarde, al son del cuatro, los cuentos se oyeron, pero también se vieron, se palparon, se transformaron en imágenes, para que las personas sordas o con diversidad funcional pudieran iniciar el mismo viaje. Para ir juntos, dejamos que los niños que lo necesitaban entraran antes para conocer el espacio y hablar con el narrador. También, preparamos una anticipación en pictogramas sobre quién era Tato, qué haría y qué se esperaba del público. La pared también participó: se estrenó como contenedor de paneles en el que Tato indicaba, a través de pictos, qué venía después. Pero él no estuvo solo en el escenario: a su lado, Trinidad traducía en lengua de signos los maravillosos cuentos y canciones que salían de su voz. Incluso, nos enseñó que sus alegres movimientos respondían al carácter del narrador. 
Dice Temple Grandin, adulta con autismo y profesora universitaria: «tenemos que trabajar para mantener involucrados a los niños en el mundo». El acceso a nuestros bienes culturales más preciados, como la literatura y la música, es una necesaria forma de hacerlo. Tender la mano desde la imaginación, abrazar desde la tradición, acompañar desde el propio universo simbólico es, a mi entender, una de las formas más bellas de inclusión. «La narración oral sucede en la mirada de quien escucha», recuerda Janet Pankowsky. Y en ese diálogo, el 16 de febrero, todos nos encontramos.