jueves, 2 de mayo de 2019

Conejo y Conejo: espejos y alteridad


Lo que vemos en el reflejo del espejo, ¿parece ser o es? Martha Riva Palacio Obón, escritora, poeta y especialista mexicana cuya obra ha sido reconocida con el Premio Hispanoamericano de poesía para niños 2014 y el XVI Premio de Literatura Infantil 2011; comparte con nosotros su mirada analítica de la historia y los personajes de Conejo y Conejo.


"Conejo y Conejo son buenos amigos. 

Se conocieron por casualidad 

en un huerto cerca de un río."

En Conejo y Conejo, el texto de Isa Saturno y las ilustraciones de Stefano Di Cristofaro nos introducen en un salón de espejos donde es necesario reajustar constantemente la mirada. El yo se vuelve tú cada vez que cambiamos de página y al final, descubrimos que siempre somos otros. Es un libro que permite varias lecturas, donde la tensión entre lo simétrico y lo asimétrico desempeña un papel determinante.

Conejo y Conejo son exactamente lo que parecen ser y no. 

Ilustración de Mjallhvít (Blancanieves) de los Hermanos Grimm. Islandia, 1852.

En nuestra imaginación, los espejos funcionan como umbrales que nos conducen a la región de las sombras: revelan lo que somos pero de forma diferente. Revelación que, como nos muestran mitos y cuentos de hadas, puede ser tanto bendición como maleficio. En su ensayo sobre lo ominoso, Freud establece un juego de palabras entre lo conocido (heimlich) y lo desconocido (unheimlich); lo conocido de lo (des)conocido. Las similitudes entre Conejo y Conejo resultan ominosas, nos producen cierta sensación de déjà vu. Somos cómplices, gozamos con esos pequeños detalles que trastocan el curso del relato haciéndonos sospechar que están pasando más cosas de las que parece a simple vista. 

Fotograma de The Circus, de Charles Chaplin, 1928.

El otro es también un lienzo en el que proyectamos nuestros impulsos, temores y deseos inconscientes. Nos sentimos simultáneamente fascinados y amenazados por esa mirada ajena que rompe nuestra ilusión de omnipotencia y nos recuerda nuestra propia mortalidad. Por eso es que el poder no tolera discursos que se contraponen al suyo, son un recordatorio de que no se puede saberlo ni controlarlo todo. Conejo y Conejo discuten por las guayabas, juran por las montañas del este y del oeste no volverse a ver. Pero sustraerse de la mirada del otro implica perder el vínculo con el mundo y quedar atrapados en nuestro propio discurso; el hastío de esa historia única que se repite hasta la náusea: 

"Una noche oscura y sin estrellas, 
Conejo se sentó sobre una de las auyamas del huerto. 
Ya no esperaba nada. 

Una noche oscura y sin luna, 
Conejo se sentó sobre una de las auyamas del huerto. 
Tampoco esperaba nada." 

En Las historias de una idea, Marina Garcés nos recuerda que el conocimiento surge a partir del diálogo con lo desconocido: “Cada historia ilumina un sendero dentro de lo que no sabemos al tiempo que amplía los márgenes de lo que nos queda por saber. Cuantas más historias se saben, más historias quedan por escuchar y por contar. Cuantas más ideas se han pensado, más profundo es el no saber que las acoge…” Esas variables extrañas que nos humanizan y liberan. 


"Entonces, Conejo vio a Conejo sentado frente a él 

y abrió mucho los ojos. 


Entonces, Conejo vio a Conejo sentado frente a él 

y no pudo contener una sonrisa." 

Patas cortas, orejas largas, amar o no las cumbias, ser tímido, preocuparse por el imperio de las ratas… La mirada de Conejo es testigo de Conejo, lo complementa, lo trae de vuelta al mundo.

miércoles, 10 de abril de 2019

El arte de Socorro Salinas: paralelismo entre la obra y la vida

Linsabel Noguera, especialista en promoción de lectura, narradora oral, y fundadora de  La rana encantada, nos cuenta su experiencia con Veo veo. El arte de Socorro Salinas.

Socorro Salinas hizo una obra tan viva y simpática que se convirtió en una referencia para nuestros talleres en La rana encantada, por lo que nos entusiasmó la idea de replicar la experiencia en Tres paraguas, librería en Gavá.






El detalle de la vida cotidiana, con sus picardías y ternuras, está tan presente que podemos descubrir personajes muy similares a los que conocemos: la señora que va de compras y pide rebajas, el muchacho cansado de cargar peso que se sienta a descansar, los enamorados que se besan en la plaza, el niño que trata de evitar que su cometa se enrede en una rama y hasta un vecino fisgón que —con binoculares en mano— mira la vida de todos en su vecindario. 

Cada personaje vive en un escenario que guarda similitudes con cualquier barrio en otras ciudades. Así, los niños reconocen las dinámicas en la playa, en el mercado, en la avenida, como si fueran suyas. 


















Eso nos permite establecer relaciones de paralelismo entre la obra y la vida. Relaciones que favorecen el reconocimiento tanto de la propia localidad como del trabajo plástico de Socorro Salinas. Y lo mejor, al ser una artista ingenua su lenguaje está tan cercano al del niño que los estimula a dibujar con libertad y crear sus aproximaciones a la comunidad a la cual pertenecen para contarla desde sus dibujos. 

Disfrutamos juntos del juego que propone Veo veo, de la rima que entre texto e imágenes leemos antes de cada obra presentada y de compartir el hallazgo de detalles fuera de las pistas dadas.


Como mediadores en talleres de ciudadanía, aprovechamos esta empatía con el libro para generar dinámicas que nos ayudan a crear reconocimiento del entorno, sentido de pertenencia y a mirar cómo convivimos todos los que participamos. 

Veo veo. El arte de Socorro Salinas, nos encanta porque presenta la obra de esta extraordinaria artista de una manera lúdica, cálida y con él agradecemos tener un poquito de un museo en casa.