martes, 16 de diciembre de 2014

Corriendo por el sur de Chile

Al final de La tortilla corredora podemos disfrutar de un recorrido visual e informativo por algunas especies de la pintoresca flora y fauna del sur de Chile. Diferentes árboles nativos están presentes a lo largo de toda la historia y dos pajaritos muy curiosos se asoman para presenciar la huida de la tortilla. Si no los viste en la primera lectura, puedes volver una y otra vez hasta encontrarlos. 




La palma chilena o Jubae chilensis es la palma más austral del mundo, produce la famosa Miel de palma y es resistente al frío. Su tronco es el más liso de todas las especies de palma y puede llegar a vivir mil años.


El pájaro carpintero o Compephilus magellanicus es un pájaro monógamo, mantiene una pareja a lo largo de toda su vida y se alimenta de frutos secos, larvas y semillas. En el mundo, existen aproximadamente doscientas especies diferentes de este hermoso pájaro negro.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La tortilla corredora y El hombrecillo de jengibre: dos historias, una tradición

A lo largo de la tradición oral anglosajona, uno de los temas más frecuentes en la literatura infantil ha sido la huida de los alimentos, o, como se le conoce en inglés, la tradición del runaway food. Por lo general, todos los personajes escapan del horno, la cocina o las brasas, para no ser devorados. La historia de The Gingerbread Man o El hombrecillo de jengibre, como se le conoce en español, ha sido, sin duda alguna, el centro de esta larga tradición que data del siglo XIX.



Apareció por primera vez en la revista St. Nicholas del año 1875. Esta revista, dedicada a la promoción de literatura infantil y juvenil, fue publicada por primera vez en 1873 por la editorial Scribner's, en ese entonces ubicada en la ciudad de Nueva York, y editada por Mary Elizabeth Mapes. El autor de la primera versión de El hombrecillo de jengibre nunca fue develado. Se dice que era una historia de la tradición popular, contada de generación en generación. En ella, el hombrecillo de jengibre huye de una familia de ancianos, unas trilladoras, unas segadoras, una vaca y un cochinito, hasta que es devorado por un zorro. En sus momentos finales, el hombrecillo exclama la famosa frase: "Oh dear! I'm quarter gone, Oh, I'm half gone, I'm three-quarters gone,  I'm all gone!" (¡Oh! Tan sólo queda un cuarto de mí, ¡Oh!, sólo queda la mitad de mí, ¡Oh! No queda nada de mí). No obstante, esta frase ha sido suprimida en muchas traducciones. 

La tortilla corredora, versión de Laura Herrera ilustrada por Scarlet Narciso, es la historia de una tortilla que huye de una madre, sus sietes hijos hambrientos, un gallo, una vaca, un perro y un cerdo (también conocido como chancho en Chile). A diferencia del hombre de jengibre, esta tortilla logra huir de todos y viajar por el mundo. La tortilla, pan de forma redonda y plana, hecha al rescoldo (entre cenizas y brasas), es uno de los alimentos más tradicionales de las zonas rurales de Chile. Por esta razón, La tortilla corredora es parte de la tradición chilena, contada y recontada para el deleite de los niños. 

The Old Woman Who Lost Her Dumpling, 1902
Ambas versiones poseen una sonoridad ideal para ser leídas en voz alta. La mayoría de los cuentos de esta tradición poseen un alimento típico de una ciudad, región, o país, perseguido por varios animales y personas, ansiosos por devorarlos. En Japón, por ejemplo, encontramos la historia de The Old Woman Who Lost Her Dumpling (La anciana que perdió su bola de arroz), uno de los cuentos tradicionales inspirados en las bolas de arroz, alimento tradicional de Japón, también conocido como Onigiri. En Hispanoamérica tenemos la historia de El hombrecito de mazapán, quien con poca fortuna es merendado por una zorrita muy traviesa al final de su aventura. Esta versión está asociada directamente con la historia de The Gingerbread Boy, versión juvenil y sofisticada de El hombrecillo de jengibre. En ambas versiones, estos pequeños personajes huyen de una pareja de ancianos. Pero, en El hombrecito de mazapán, es una zorrita muy coqueta y hambrienta quien se come al pequeño dulce, y no un zorro con traje de sastre.


The Gingerbread Boy, 1968 
El hombrecillo de mazapán, 2002

A diferencia de The Gingerbread ManEl hombrecito de mazapán y The Gingerbread Boy, la tortilla corredora logra escapar y sigue "corriendo por el mundo. Y dicen que todavía nadie se la ha podido comer".


La tortilla corredora, 2010







Fuentes: 

jueves, 30 de octubre de 2014

La tortilla corredora: Book trailer



Una tortilla muy traviesa logra escapar de una madre y sus sietes hijos hambrientos. La huida no será fácil, pero, con mucha astucia y humor, esta historia tradicional del sur de Chile tomará un giro inesperado. Para lograr las expresivas imágenes del libro, las ilustradora Scarlet Narciso mezcló técnicas analógicas (gouache, acrílico y lápiz) con técnicas digitales. Este libro pertenece a la colección Hojas sueltas y, como proviene de la tradición oral chilena, es ideal para leer en voz alta. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Creando un personaje: entrevista a Carmen Salvador

En esta oportunidad hablamos con Carmen Salvador, ilustradora de los libros: Estaba el señor Don Gato, El rey mocho, El libro de oro de los niños y La gran montaña.



Además de ilustradora, eres arquitecto. ¿Consideras que esta disciplina ha influido en tu trabajo de ilustración?

Muchísimo, porque la arquitectura tiene unas bases muy importantes para todas las expresiones artísticas, tanto para la pintura como para la ilustración.

¿Quién es el ilustrador que más te ha impresionado? 

Son muchos los ilustradores que han tenido influencia en mi trabajo. Sin embargo, el ilustrador de Babar (Jean de Brunhoff) ha sido uno de los más importantes. Ese libro (Babar, el elefante) lo leí muy pequeña, en casa de mis abuelos, y desde entonces tuvo un gran efecto en mi trabajo. Todavía me pasa, cuando veo esas ilustraciones, que las siento contemporáneas, aunque fueron hechas hace muchísimos años. Eso me hace pensar a veces en lo que dijo el historiador de arte más importante del mundo, Ernst Gombrich: en realidad, la Historia de Arte no existe, lo que existe son los artistas.
L'histoire de Babar, le petit éléphante

¿Las ilustraciones de libros para niños deben ir más allá del texto escrito?

La ilustración tiene el mismo peso que la palabra. Las ilustraciones deben aportar con su propio lenguaje, para complementar la historia. De esta forma, el lector puede producir también una tercera lectura... su lectura.

¿Qué es lo más difícil al momento de reflejar una personalidad narrativa en imágenes?

Lo primero, y lo más difícil, es lograr crear el personaje. El personaje debe tener alma. Es importante transmitir que tiene un corazón, al igual que una persona. Eso, para mí, es lo más difícil de lograr. Crear un personaje con alma.




¿Cómo fue la experiencia de ilustrar Estaba el señor Don Gato?



Este libro lo hice en creyón sobre papel. Lo primero fue crear el personaje de Don Gato. Este personaje tenía que tener un poco el estilo europeo, porque es una canción de la tradición española. El señor Don Gato y su pareja, la gata, están humanizados. Sobre todo, traté de hacer más énfasis en el humor negro, porque como Don Gato se muere y resucita, necesitaba un elemento humorístico, un poco negro, para recrear la historia.
      

Además de Estaba el señor Don Gato, también has ilustrado El rey mochoEl libro de oro de los niños y La gran montaña. ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar junto a Ediciones Ekaré?

El rey mocho tiene muchos años, fue mi primera experiencia en ilustración de libros para niños. Ediciones Ekaré era apenas una casita al lado del Banco del Libro, pero ya tenía una producción importante, de calidad, que a mí me encantaba. En esa época, yo estaba en un proyecto de pintura, investigando y exponiendo. Un día me acerqué a Ekaré con mi portafolio, me pidieron una prueba y comenzamos. Trabajé con Irene Savino, Verónica Uribe y con Carmen Diana Dearden. Ellas confiaron en mi propuesta y siempre fueron muy respetuosas con la parte creativa. El trabajo en Ekaré tiene la excelencia del resultado, porque se hace con cariño, sabiduría y en equipo.



Entrevista realizada por Careny Galarraga. Caracas, martes 7 de octubre de 2014.

lunes, 6 de octubre de 2014

La colección Clave de sol muestra sus páginas


Las ilustraciones que verás a continuación son una selección de las páginas internas de los libros. Ellas presentan cada una de las técnicas empleadas por sus ilustradores para crearlas. Disfruta la variación de métodos que ofrece el artista para contar historias que, desde 1993 hasta la actualidad, han formado parte de nuestros cantos.
 

La pulga y el piojo • Ilustraciones Víctor Pérez 1993
Estas fueron hechas en acuarela. Destaca la manera en que, usando un pincel muy fino, Victor Pérez llega a definir detalles y texturas. 


Estaba el señor Don Gato • Ilustraciones Carmen Salvador  1993
Carmen Salvador escogió trabajar las ilustraciones con lápices de colores, resaltando el contorno de las figuras y añadiendo texturas con grafito. Esta técnica cercana a los niños entra en sintonía con la caracterización de los personajes y las composiciones naif. 


Yo tenía diez perritos • Ilustraciones Laura Stagno  2002
La ilustradora Laura Stagno trabaja con el collage. Cuando ilustró el libro, se había mudado recientemente a Tokio y supo aprovechar los nuevos tipos de papeles que ahora tenía a su disposición. Los "perritos" y demás elementos están dibujados y recortados sobre diferentes papeles -lisos o texturados- y encolados sobres fondos de papel de color plano o estampado.


Mambrú se fue a la guerra • Ilustraciones Gloria Calderón • 1996
Es el primer libro que ilustró Gloria Calderón. Hasta ese momento había hecho trabajos artísticos en varias técnicas del grabado. Aprovechó su experiencia con el linóleo para las ilustraciones de esta canción. Los originales son impresiones en linóleo de una tinta, el negro, y coloreadas en acuarela.



 Chumba la cachumba • Ilustraciones Carlos Cotte • 1995

Es el primer libro de Ediciones Ekaré donde el ilustrador utiliza técnicas digitales como una posibilidad más de su paleta. Carlos Cotte realizó los originales en goache con toques en lápiz de color y, unas vez escaneados, los retocó digitalmente añadiendo sombras, brillos y otros detalles.


Juguemos en el bosque • Ilustraciones Mónica Bergna • 2003
Fue el primer trabajo de ilustración de Mónica Bergna. Realizó las imágenes con una mezcla de pastel y creyón, resaltando algunos detalles con pequeños elementos de collage. Como soporte utilizó cartulinas con variaciones de azul de manera que acentuaran el paso del tiempo, del día a la noche. 


miércoles, 1 de octubre de 2014

Book trailer: Chumba la Cachumba




¿Qué hacen los esqueletos cuando salen de sus tumbas? ¡Chumba la cachumba la cachumbambá!  Esta divertida canción para cantar y contar fue ilustrada por Carlos Cotte en 1995. Utilizó goache con toques en lápiz de color y añadió sombras y otros detalles digitalmente. Este libro pertenece a la colección Clave de Sol, con la cual se quiso rescatar algunas de las canciones tradicionales más emblemáticas de la cultura hispanoamericana.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El Dueño de la Luz: sombras del Delta

Para ilustrar El Dueño de la Luz (adaptación de Ivonne Rivas, ilustraciones de Irene Savino), Irene Savino se embarcó en un viaje al Delta del Orinoco. Esta es parte de su testimonio sobre la experiencia de ilustrar un mito warao:

“Hay casos donde el ilustrador tendrá que recrear una historia que tiene origen en tiempos inmemoriales, ocurrida en un lugar lejano, cuyos protagonistas le son desconocidos. Una historia antigua que, antes de ser texto escrito, ha sido contada por los padres a sus hijos durante muchas generaciones para explicar el origen del mundo. 

Hace un tiempo ilustré 'El Dueño de la Luz', un mito warao sobre el origen de ese fenómeno natural. Inicié mi trabajo buscando información en libros y fotografías del Delta del Orinoco, manipulando objetos waraos y conversando con especialistas que habían trabajado en la zona. Pronto me di cuenta de que los materiales de referencia que había acumulado no me bastaban para encontrar las claves del tono visual adecuado para el libro. Para mí fue imprescindible viajar al Delta. 

Comienza el viaje

Buscaba información sobre la apariencia de las cosas: cómo es la vegetación, cómo es un palafito o una curiara. Toda esa información visual me fue muy útil para realizar los dibujos finales. Pero solo la experiencia directa de estar en el lugar donde transcurría la historia me permitió encontrar el registro adecuado donde desarrollar mis imágenes. Sin navegar durante horas por los caños, no hubiese podido pintar el agua. Sentir su fluidez. Ver cómo se colorea con todo lo que refleja, donde plantas, islas y nubes tienen su imagen análoga invertida. El cielo estaba sobre mi cabeza y también abajo, en el agua que surca la embarcación. Y fue allí donde identifiqué el patrón visual de sus ondas que finalmente derivó en la forma gráfica característica del libro que ilustré.


Matices nocturnos

Empapándome con cada chaparrón construí mi versión de ese entorno acuático, que es el escenario de la cultura de los waraos. 'El Dueño de la Luz' se inicia en una noche eterna, en un tiempo donde no hay día ni noche. La oscura noche del Delta me permitió ver la gama de grises y sus contrastes definiendo el paisaje nocturno. Negro intenso en las siluetas de las islas, el gris oscuro en el agua y gris medio en el cielo. Esa gradación tonal, trasladada al color, pasó a mis ilustraciones. 


Un mundo tejido y suspendido

Al igual que en la historia que estaba ilustrando, en sus palafitos no existen objetos que para nosotros son tan comunes como las sillas, mesas o camas. No los necesitan ya que tienen en el chinchorro un único y polifacético mobiliario que les sirve para sentarse, cocinar, comer, dormir y que finalmente, los amortaja al morir. No hay armarios para guardar sus enseres. Tejen cestas iguales al mapire de la muchacha del mito de 'El Dueño de la Luz'. Tampoco tienen luz eléctrica para alumbrarse de noche.


Al hacerse de noche, desde mi chinchorro podía ver la imagen fantasmal de los hombres warao desplazándose por los palafitos con luces sobre las cabezas. Como mineros, llevaban cascos con linternas, adquiridos en algún mercado de Tucupita tras vender sus artesanías. En una radio a pilas del palafito vecino al mío sonaba una música. Eran Simon & Garfunkel con su canción Bridge Over Troubled Water que paradójicamente sentí familiar". 




Tomado del artículo: "Una extranjera entre islas y palabras". Irene Savino. Enlaces con la crítica, No. 11, enero-mayo, 2005. Banco del Libro.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El Cocuyo y la Mora: separación del color

El Cocuyo y la Mora se publica por primera vez en 1978. En esa época, no se contaba con las facilidades que brinda actualmente la digitalización en el manejo de las imágenes. Las ilustraciones originales de este libro eran en blanco y negro pero fueron coloreadas directamente por las máquinas de la imprenta. Para ello, la ilustradora Amelie Areco realizó un proceso manual de separación de colores en láminas de acetato. Este proceso consiste en: 

1. Realizar una plantilla de las figuras que van en un mismo color.
2. Ubicar cada color en plantillas separadas. En el caso de El Cocuyo y la Mora, los colores utilizados son tres: azul, amarillo y magenta
3. Una vez superpuestos los colores de las plantillas, se obtiene una ilustración colorida:



Ilustración original en blanco y negro de Amelie Areco 

Las áreas en negro indican la zona a colorear. Esta es la capa número uno para aplicar el color azul

Capa número dos para añadir el amarillo

Capa número tres para incluir los tonos magenta

Ilustración final

martes, 12 de agosto de 2014

El Conejo y el Mapurite: Uyaaliwa numa Atpanaa

En 1980 se imprimió El Conejo y el Mapurite, un cuento wayúu recopilado por Ramón Paz Ipuana. En paralelo a la edición a color en castellano se imprimió una más modesta en wayuunaiki para ser distribuida en La Guajira. 



miércoles, 30 de julio de 2014

El Tigre y el Cangrejo: Book trailer






En 1985 fue publicado El Tigre y el Cangrejo, un relato tomado de la tradición oral pemón.
La ilustradora, Laura Liberatore, escogió la acuarela para plasmar las riberas de un río en la Gran Sabana. En la ilustración se puede apreciar al llamado coloquialmente "tigre" en Venezuela, que se trata en realidad de un jaguar o tigre americano (Panthera onca).

lunes, 14 de julio de 2014

El Burrito y la Tuna: de la literatura oral a la palabra escrita

La literatura indígena en Venezuela, y en gran parte de Latinoamérica, ha sido de carácter oral, fijándose en la memoria de sus participantes y cultores en lugar de soportes escritos. La colección de Narraciones indígenas tomó historias que habían sido recogidas por investigadores como Fray Cesáreo de Armellada y Ramón Paz Ipuana, y las adaptó al formato del álbum ilustrado. Sin embargo, la tarea no era nada fácil: había que encontrar la manera de mantener el espíritu de las narraciones originales, creadas en función de la oralidad.

Como género, la tradición oral ha modelado la transmisión de saberes e historias de los pueblos al pasar de una generación a otra y es, a su manera, la bisabuela de todas las literaturas. Los mayores se las contaban a los más pequeños, y los viajeros las repetían adonde llegaran. La naturaleza del formato oral propone una adecuación constante a las circunstancias de transmisión. Apunta Ana Pelegrín:
"Denominamos literatura de tradición oral a la palabra como vehículo de emociones, motivos, temas, en estructuras y formas recibidas oralmente, por una cadena de transmisores, depositarios y a su vez re-elaboradores".
La fijación a la palabra escrita supuso entonces una gran exigencia. Una de las editoras de 'Narraciones Indígenas', Verónica Uribe, afirma:
“Nos hicimos muchas preguntas: ¿Podíamos traducir con fidelidad, no solo a otra lengua, sino a la palabra escrita, la sutil y evanescente literatura oral de pueblos con culturas tan diferentes a la nuestra? ¿Cuán fieles eran las versiones que habíamos tomado como fuente para nuestros libros? ¿Era completamente confiable el criterio de los antropólogos y folkloristas consultados? Muchos no estaban de acuerdo entre ellos y algunos descalificaban el trabajo de otros. ¿Cuán fidedignas eran las versiones recogidas de los informantes? Porque muchas veces, los indígenas, percatándose de la curiosidad de los investigadores, les tomaban el pelo. Por ejemplo,  a un antropólogo que quería saber dónde habitaba el ‘dios’ de los guajiro, el informante le contestó que en Caracas. Y a un fotógrafo belga que quería hacer un libro acerca de los yanomami, ‘los hijos de la luna’, le cobraban por pintarse para la guerra o por encaramarse a una palmera a recoger el fruto del moriche”.
A partir de las historias recopiladas por estos investigadores, se inició una adaptación en base al formato del libro álbum infantil. Podemos ver algunos registros de cómo se realizó este proceso en un folio original con la transcripción en wayuunaiki de El Burrito y la Tuna, y una posterior traducción, edición y corrección del mismo relato.



Para las adaptaciones se tomaron en cuenta no sólo las características de longitud y estructura de los libros álbum; las editoras se nutrieron de su propia experiencia recontando la historia en el programa de Bibliotecas del Banco del Libro y observando la respuesta de los niños. También, en el caso de las historias pemón, se tomaron las sugerencias de un habitante de Kamarata. Al final de cada libro, se añadió una nota etnográfica junto a un pequeño glosario, por sugerencia del antropólogo Luis Urbina. Como resultado, la colección logró conservar la esencia de la tradición oral, y aportó un nuevo ingrediente narrativo: la ilustración.

jueves, 3 de julio de 2014

El Rabipelado Burlado: un lector inesperado

Galpón de Ediciones Ekaré en Altamira Sur, Caracas en 1978

En 1978 se publicó el primer libro de Ediciones Ekaré: El Rabipelado Burlado. En aquella época la editorial funcionaba en un galpón del Banco del Libro, en Altamira Sur (Caracas, Venezuela), cuando aún no se habían construido las oficinas actuales. En este espacio de techos de zinc y piso de cemento, las editoras hicieron sus primeros libros.

Muchas veces encontraban, por las mañanas, pequeñísimas huellas sobre los escritorios, documentos e ilustraciones. Por fin, alguien reveló la identidad del visitante: se trataba de un rabipelado (zarigüeya o tlacuache) que acostumbraba colarse en el galpón por las noches. Meses después y por mera coincidencia, se publicó 'El Rabipelado Burlado'. Con el pasar de los años fue inevitable pensar en el rabipelado como la mascota de la editorial y desde entonces ha formado parte de su imagen institucional.

Todavía hoy aparecen rabipelados de vez en cuando en las oficinas de Altamira Sur, paseándose por el techo o trepando por las ventanas, vigilando de cerca la labor editorial. Hoy en día, la huella mínima de aquel primer visitante ha alcanzado otras latitudes: el barrio de Gràcia en Barcelona, España (sede de Ekaré Europa) y la librería de Ñuñoa, en Santiago de Chile (sede de Ekaré Sur).

También sucedió que la editora de 'El Rabipelado Burlado', Carmen Diana Dearden, tuvo a su hijo menor apenas unos días después del lanzamiento del libro. Inevitablemente todos comenzaron a llamarlo “El rabipelado” y así quedó por un tiempo, hasta que las confusiones entre bebé y rabipelado generaron tanta consternación, que le cambiaron el apodo por uno más acorde.

Sede actual de Ediciones Ekaré en Altamira Sur, Caracas en 2014



Sede de Ekaré Europa en Barcelona, España en 2014                          Sede de Ekaré Sur en Santiago de Chile en 2014


viernes, 20 de junio de 2014

Fray Cesáreo de Armellada y las Narraciones Indígenas

Fray Cesáreo de Armellada fue un misionero e investigador de la literatura oral pemón. Algunas de las historias que recopiló fueron llevadas al libro álbum por Ediciones Ekaré: El Rabipelado Burlado, El Tigre y el Cangrejo y El Tigre y el Rayo. En su correspondencia con las editoras, solía enviar largas misivas escritas con su bella caligrafía y acompañadas de estampitas de San Francisco de Asís.


A continuación se transcribe una carta enviada a Ediciones Ekaré en 1978 a propósito de la publicación de las Narraciones indígenas:
"[...] Mi mayor deseo es que tengan éxito en estas tareas de acomodación, ilustración y divulgación de las narraciones indígenas. Tales tareas redundan en bien de nuestros indios, cuya imagen se mejora en el público lector; y también redunda en honor de quienes hicimos el esfuerzo de estudiar sus lenguas y sus creaciones literarias. Ambas cosas se las agradezco en mi 'condición' de Padre Indio, con que soy conocido y que mucho me agrada".


Fray Cesáreo de Armellada


Nació el 1 de febrero de 1908 en Armellada, España. Su nombre de pila era Jesús María García Gómez. A los quince años se comenzó a preparar para sacerdote y a los veintitrés años se ordenó como padre capuchino.

En 1933, con veinticinco años, fue enviado como misionero a Upata, en Venezuela. Desde Upata, Fray Cesáreo se trasladó a la Gran Sabana para convivir con los indígenas locales y se estableció en Santa Elena de Uairén. El llamado “Padre Indio” permaneció en estas tierras hasta 1943, explorando la región y conociendo a sus habitantes. Durante todo este tiempo realizó sus recorridos a pie y llevando cargas en su espalda, o bien en precarias embarcaciones navegando los afluentes del río Orinoco, muchas veces aquejado por el paludismo. Entre las excursiones que realizó se cuentan las de Kamarata, Kavanayén y Tucupita, en Delta Amacuro. Da testimonio de estos viajes en el siguiente comentario:
"Viajábamos a un lugarcito de indios. De allí, íbamos a otro lugarcito de indios que estaban bastante separados, un día, dos días de viaje... Pero lo hacíamos a nuestro gusto, a nuestro placer y gozábamos mucho de esa región que tiene buen clima, muchísimos ríos, muchísimas cascadas, muchísimos cerros bellísimos".
Dedicó su vida al estudio sistemático de la lengua pemón y a la recopilación de su cultura y tradición oral. Además del pemón llegó a hablar otras cinco lenguas indígenas con fluidez. Su labor de investigación ha sido fundamental en el rescate de los mitos, costumbres y riqueza lingüística de los indígenas en Venezuela. Llegó a publicar al menos una docena de libros entre los que cabe destacar “Gramática y diccionario de la lengua pemón” y “Taurón Pantón I y II”.

Los indígenas le tenían en muy alta estima y le permitieron vivir entre ellos como uno más, dándole el nombre de “Padre Indio”. Él mismo se creó el pseudónimo “Emasensen Tuari”, con el que firmaba algunos escritos, y que significa “el pobre corresenderos”.

En 1943 se trasladó de vuelta a Caracas por orden de sus superiores. Entre sus labores posteriores, fue Director de la revista "Venezuela Misionera", Director del Archivo Arzobispal de Caracas, académico de la Academia Venezolana de la Lengua y Director del Centro de Lenguas Indígenas de la UCAB. En 1965 se tituló como Periodista por la Universidad Católica Andrés Bello, siendo el estudiante más longevo en graduarse para su momento. Mereció, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Cultura Popular Aquiles Nazoa en 1995. Falleció en Caracas en 1996 y sus restos fueron trasladados al Santuario de Kavanayén, una comunidad pemón.

lunes, 16 de junio de 2014

Narraciones indígenas: recontando la tradición oral


Hace 35 años, cuando Ediciones Ekaré fue fundada, una de sus principales intenciones era publicar libros que reflejaran paisajes, personajes y tradiciones con las que los niños venezolanos y latinoamericanos pudieran identificarse. Así surgió la colección Narraciones Indígenas: historias de la tradición oral indígena adaptadas al libro álbum. Tomados de las etnias venezolanas pemón, wayúu y warao, los relatos escogidos para esta colección tienen en común estructuras sencillas que suelen explicar el origen del mundo o elementos de la naturaleza: por qué los cocuyos o luciérnagas tienen luz en su cola, cómo el tigre consiguió sus ojos amarillos, por qué a los conejos les tiembla la nariz…

El texto fundacional de Ediciones Ekaré (Caracas, 1978) da testimonio de 'Narraciones indígenas' como la primera colección de la editorial y establece lineamientos gráficos y tirajes para la misma que aún hoy en día se mantienen.


Verónica Uribe y Carmen Diana Dearden, fundadoras de Ekaré, fueron las encargadas de seleccionar estas historias entre el acervo de más de 30 etnias venezolanas. Muchas ya habían sido recopiladas por investigadores como Fray Cesáreo de Armellada, en el caso pemón, y Ramón Paz Ipuana en el caso wayúu. En las palabras de Verónica Uribe:
“Aun siendo muy locales, las historias que escogimos lograban universalidad. Queríamos textos atractivos, novedosos, sin rastro de paternalismo o didactismo. La tradición oral fue entonces, y sigue siendo, una fuente importante y siempre gratificante en nuestro trabajo editorial”.
El verdadero reto consistía en transformar las historias originales en libros ilustrados de alta calidad. Hoy en día, los lectores han hecho suyas las Narraciones indígenas y su existencia como colección ha contribuido a un reconocimiento de las etnias y al rescate de su tradición oral.

viernes, 23 de mayo de 2014

Una ojeada digital: Concierto para escalera y orquesta

Una pareja intenta asistir al concierto de la Orquesta Sinfónica, pero hay un solo problema: las escaleras del edificio han desaparecido. Mientras buscan una solución, el concierto avanza cada vez más. Antonio Orlando Rodríguez nos envuelve en esta historia llena de humor y absurdo. Las ilustraciones de Carol Hénaff complementan el inusual formato del libro: muy largo y estrecho, justo como una escalera.


viernes, 16 de mayo de 2014

De la línea al color entre símbolos y metáforas

“Por lo general me gustan los colores vivos, inspirados en mis viajes por Brasil y África. Por eso uso acrílicos: tienen una gran variedad de colores, tienen un tacto suave y permiten pintar capas y capas. Una gran ventaja. Cuando los bocetos están aprobados, a veces hago unas pruebas de color en el ordenador. Pero no siempre, porque muchas veces me gusta dejarme llevar por la intuición y no tenerlo planificado a la hora de pintar”.

“Cuando leo un texto por primera vez, apunto las palabras que quiero destacar, luego hago varios bocetos a lápiz para cada ilustración; así puedo elegir las escenas que mejor se adaptan según el ritmo y la composición del libro.”

“La historia de 'Concierto para escalera y orquesta' es un no parar, llena de acontecimientos totalmente surrealistas. Empieza con un pez haciendo crucigramas, una escalera en la peluquería, un platillo volante lleno de mermelada de mango, dinosaurios, un cuerda con vértigo…”.


“Al tener tantas imágenes, me pregunté que podía aportar al texto sin caer en lo descriptivo, y hacerlo de manera que los dos se complementaran. Por eso traté cada imagen aparte como un pequeño cuadro que tiene su propio lenguaje, intentando sugerir más que ilustrar textualmente. Por ejemplo, para la escena donde la chica besa una flor para pintarse los labios, representé un pincel con pétalos de rosa que recuerdan la forma de unos labios".


“La imagen que más me costó -a pesar de ser la más sencilla- es la de la cuerda. Intenté imaginarme cómo sería una cuerda que se cae al vacío con vértigo… Por eso tiene estas curvas que suben y bajan, que no se sabe muy bien qué hace”.

“Para la fachada del edificio, que aparece en varias páginas, había pensado en un color luminoso tipo naranja/amarillo. Pero cuando llegué en la imagen de la cuerda, no me convenció nada el resultado. Entonces retoqué, cambié de gama... hasta llegar a la conclusion que el color mas adecuado para representar el vacío y el miedo es el negro.”


“Una duda que teníamos era si representar a la escalera en la peluquería o en el hospital, que es una imagen divertida, pero pensamos que lo mejor era guardar la escalera desaparecida para el final del libro y poner el acento sobre el vacío”.

“Y para la última página, en lugar del desplegable decidimos simplemente usar la doble página, dando así la sensación de estar dentro de la sala de concierto, dentro del libro.”
  

Notas a partir de las palabras de Carole Hénaff 
en la inauguración de la exposición de originales del libro en Abracadabra, Barcelona, 13 de marzo de 2014

viernes, 11 de abril de 2014

Escalera fugitiva y otros ejercicios surrealistas




Una verdadera fiesta visual o de cómo sortear obstáculos y barreras con humor

Concierto para escalera y orquesta fue un cuento que escribí en 1984 y que inicialmente apareció formando parte de mi primer libro dedicado a los lectores adultos: Striptease, publicado en La Habana, en 1985. Ese fue un libro bastante amargo y desesperanzado, así que quise que al final apareciera una pincelada lúdica y optimista, dedicada “al niño que somos”. Para mí ha sido una verdadera fiesta que tres décadas después Ediciones Ekaré haya rescatado Concierto para escalera y orquesta, acompañándolo con hermosas ilustraciones de la artista Carole Hénaff. Me gusta pensar que este no es solo un libro para niños, sino una obra “apta para todas las edades”.

El cuento lo veo como un ejercicio surrealista en clave de humor, en el que a partir de un conflicto inicial se desencadena una serie de situaciones inesperadas. Se trata de una suerte de parábola sobre la tenacidad y el ingenio para sortear obstáculos y barreras de diversa índole (algo que nos viene muy bien en estos tiempos de crisis).

La edición de Ekaré es de coleccionista, con ese formato alargado que remite a una escalera y con una encuadernación inusual. Pocas veces la edición de un libro mío me ha producido tanta alegría.

Texto: Antonio Orlando Rodríguez


viernes, 14 de marzo de 2014

Postales memorables

De la historia de Ekaré nos atrevimos a seleccionar 35 imágenes de su gente, espacios y encuentros: ¡recorramos juntos la memoria de la editorial!