jueves, 15 de octubre de 2020

Los distintos: un viaje literario de ida y vuelta

Mónica Montañés nos cuenta en estas líneas, cuajadas de anécdotas y sentimiento, cómo surgió la idea de escribir “Los distintos”, un relato basado en la infancia de su padre y su tía, y dedicado a todas aquellas personas que se han visto obligadas a meter su vida en una maleta y empezar de nuevo en otro lugar.

Mi historia con este libro está llena de magia. 

Podríamos decir que todo comenzó en el 2016, en una ciudad venezolana llamada Valencia. Yo entonces vivía en Caracas, pero fui a Valencia a acompañar a mi tía Amparo a la Feria del libro donde iba a ser homenajeada por su larga trayectoria como bibliotecóloga. Como sobrina, escritora y lectora, tuve el honor de formar parte de ese homenaje pues me encargaron hablar de mi tía como mujer, como persona, contar quién era ella fuera del universo de las bibliotecas. El encargo me resultó delicioso no solo porque es una mujer a la que quiero y admiro muchísimo, sino porque daba la casualidad de que yo estaba en ese momento escribiendo un libro íntimo sobre mis abuelos, mi papá y mi tía. Tenía mucho que contar sobre ella. 


En esa feria coincidí con Pancha Mayobre, quien me escuchó hablar sobre todo lo que le había tocado vivir a mi tía siendo niña: la guerra y la postguerra en su país natal, tener que ir a un colegio de monjas, en la España franquista, siendo la hija de un “rojo”, dejarlo todo y tener que emigrar junto a su familia a vivir a un país ajeno. Pancha me propuso que escribiera un cuento sobre eso. Presentía que las historias de la pequeña Amparito podían resultar muy atractivas y actuales para otros niños y niñas que hoy en día estaban teniendo que atravesar por circunstancias parecidas. 



El proyecto me pareció maravilloso. Yo siempre había querido escribir algo para Ekaré pues casi todos los libros favoritos de mis hijos, esos que les leía antes de dormir, eran de esta editorial. Pero, además, ya mis niños y los de Pancha se habían tenido que despedir de tantos amigos que se iban de Venezuela con sus familias a vivir a otros países. Me parecía fantástico, importante, poder contarles sobre una niña de su misma edad que había tenido que emprender el mismo viaje, pero a la inversa. Hablarles de otra época en la que miles de familias como las suyas se habían ido de Europa para Venezuela donde encontraron las condiciones idóneas para establecerse y empezar de nuevo. Que el cuento de la pequeña Amparito pudiera servir para entender que no hay países mejores que otros, solo circunstancias, que la vida te puede cambiar de pronto y se sobrevive.  


Entusiasmada, no más regresar de la feria, me senté a escribir. Y así, escribiendo, empecé a escuchar no solo la voz de mi tía sino también la de mi papá. Eran hermanos, se llevaban apenas dos años, les tocó vivir lo mismo. Sin embargo, cuando yo les había pedido que me contaran sus infancias, sus cuentos eran muy distintos. Recordaban cosas diferentes. Vivían juntos, pero las cosas que le habían llamado la atención a uno al otro no le importaban o ni se había fijado en eso. 


Esta diversidad de opiniones, recuerdos y anécdotas sobre un mismo hecho me resultaba fantástica como escritora. Me brindaba la posibilidad de escribir su cuento desde distintos ángulos, enriqueciéndolo. Fue así como surgió la idea de escribir “Los distintos” con dos protagonistas: Paquito y Socorritos, y que cada capítulo estuviera narrado en primera persona por uno de ellos. La idea me gustó porque significaba un reto para mí. Hice una suerte de bosquejo de estructura para no perderme en el camino de estas dos voces y comencé a escribir este libro. 




Podríamos decir que esto ocurrió así. Pero también podríamos decir que este libro comenzó a escribirse hace poco menos de un siglo en otra ciudad llamada Valencia, pero que no queda en Venezuela sino en España. Allí vivían dos niños: Pepito y Amparito, cuando estalló la Guerra Civil y la vida les cambió por completo. Dos niños que crecieron y fueron al colegio durante la guerra y la postguerra, que eran muy distintos entre sí y también a sus compañeros de escuela porque sus padres pertenecían al bando que perdió, que un buen día tuvieron que emigrar junto a su madre y su abuela a un país del que nunca habían oído hablar y donde muchos años más tarde se convirtieron en mi papá y mi tía. Si todo esto no hubiera ocurrido, así como ocurrió, este libro no existiría. O si no me lo hubieran contado. O si Pancha y yo no hubiéramos coincidido ese mismo día en la otra Valencia… 


Me resultan mágicas las coincidencias en los nombres de las ciudades donde todo esto comenzó, así como tantas otras cosas que siguieron ocurriendo ligadas a este libro. Porque yo lo escribí y se lo entregué a Pancha en Caracas, y lo leyeron mis hijos y los suyos, que fueron algo así como el primer comité de lectores que lo aprobó, y arrancó el proceso lógico de aprobación en Ekaré. Y todo esto pasó cuando ni a Pancha ni a mí se nos había cruzado por la cabeza la idea que tendríamos que vivir junto con nuestros hijos algo parecido a lo que cuenta el libro. Pero así fue. Mientras la vida del libro seguía su curso en la editorial, las dos tuvimos que emigrar de Venezuela. Primero me vine yo a España, con mis dos hijos y mi madre, así como hace más de 70 años se fue a Venezuela mi abuela con sus dos hijos y su madre. Luego emigró Pancha con su familia a Nueva York.


Yo llegué a Madrid en diciembre del 2017, con lo que me cupo en la única maleta que me permitió la aerolínea, dejando atrás mi casa, mi ciudad, mi país, mi vida y mis certezas. El miedo que me había hecho irme de allá se vino conmigo y se transformó en pregunta: ¿y ahora qué? No tenía respuestas. Para no caer en la tentación de sentarme en una acera a llorar me aferré a la idea de que si mi abuela había pasado por lo mismo y había logrado sobrevivir yo también lo lograría. Y la otra rama de la que me agarré para no derrumbarme fue la ilusión de que en algún momento cercano se editaría mi libro “Los distintos”. Eso me permitía pensar que, aunque yo estuviera ganándome la vida haciendo cualquier otra cosa, seguía siendo lo que más me gusta ser: escritora. Una escritora con un libro en camino. Fue mágico porque cada vez que estaba a punto de desmoronarme, Pancha o Irene me comunicaban alguna novedad fantástica sobre “Los distintos”. Como si me intuyeran. A ellas se sumaron tres magas más: Merce, editora, Alejandra, directora de arte, y Eva, ilustradora y coautora de esta aventura. Cinco mujeres increíbles, dueñas de un talento extraordinario, que encima riegan con una capacidad de trabajo, una pasión por lo que hacen y un cariño hacia mí que espero que algún día la vida me permita retribuirles de alguna manera. No sé si ellas saben, si he logrado transmitirles cuánto me fascinan y me conmueven cada una de las ilustraciones del libro, lo mucho que me maravilla el trabajo, el cuidado, el esmero que han puesto en hacer que “Los distintos” haya quedado como quedó. Lo que todo esto significa para mí. Lo feliz que estoy. 



Y, como si le faltara magia a mi historia mágica con “Los distintos”, resulta que el libro se edita en el mismo país en el que nacieron mis personajes, del que se tuvieron que ir y al que yo he tenido que venirme a vivir poco menos de un siglo después. 





jueves, 1 de octubre de 2020

En peligro de extinción: una epopeya editorial

Cuando Nono Granero nos propuso hacer una epopeya en verso protagonizada por animales que están hartos de la Tierra, el proyecto nos pareció, por decir poco, inusual. Sin embargo, la decisión de publicarlo fue inmediata; después de leerlo en voz alta a la hora del café en la editorial, quedamos fascinados. Tenía un humor deslumbrante, ritmo, gracia y sobre todo, originalidad: una obra de ciencia ficción contada en formas poéticas clásicas.

Trabajar el proceso fue un gusto. Nono hizo una importante investigación científica y sus ilustraciones esconden guiños a obras como 2001: Odisea en el Espacio o The Shawshank Redemption. A continuación, compartimos algunos momentos del proceso de edición.

Este es uno de los storyboard que realizó Nono cuando aún se debatían posibles finales.




Primera "foto de grupo" de los protagonistas, incluyendo a Ángel y su ingeniosa escafandra. En este vídeo, Nono comparte detalles y bocetos de su búsqueda de personaje.   

























































Dos ejemplos de proceso con maqueta, boceto y doble página final.

Bocetos de posibles portadas y versión final para imprenta. Nono quiso hacer algo cinematográfico, un poco como las películas de héroes del espacio y de ciencia ficción. 



"Disculpad que me meta en la conversación.
Soy un tiburón: Ángel. Os oí sin querer.
También estoy a punto de desaparecer
y creo que podría tener la solución.

Hace unos días, nadando entre un mar de basura,
me sorprendió una voz que hablaba muy despacio.
Una radio informaba de viajes al espacio...
¿Y si probamos suerte corriendo esta aventura?".


jueves, 9 de julio de 2020

El contador de cuentos: Realidades que se cruzan

A diez años de la publicación de El contador de cuentos, compartimos reflexiones y decisiones de Alba Marina Rivera durante el proceso de ilustración tal como fueron recogidos por Irene Savino (directora de arte de Ediciones Ekaré) para la revista especializada L'album factice. revue europeenne d'illustration.

El contador de cuentos es una historia que transcurre en el compartimiento de un vagón de tren. Es una tarde calurosa. Un hombre lee la prensa y una señora con sus tres sobrinos de corta edad comparten el espacio, pero son los niños quienes lo ocupan "con rotundidad". Para apaciguarlos, la señora decide contarles un cuento.

El cuento, lleno de lugares comunes, recurre de nuevo al tópico de una niña muy buena a la que todos querían y ayudaban gracias a su bondad y virtud. Debido al poco éxito del intento –los niños rápidamente dejan de prestar atención y vuelven a molestar al hombre con sus comentarios e intranquilidad– el viajero decide contarles otro cuento diferente: "Érase una vez" empezó el hombre, "una niñita llamada Bertha, que era extraordinariamente buena". Los niños, rápidos en su decepción, pronto cambian de idea cuando el narrador hace un ajuste: "... horriblemente buena". Este calificativo, muy diferente a lo que oían de boca de su tía, cautiva la atención infantil.

Bertha, debido a su extrema bondad, es premiada con una visita al parque del príncipe al que muy pocos podían acceder. Mientras pasea, la niña se da cuenta de que en el jardín hay una presencia extraña: un lobo del que logra escapar al esconderse entre los perfumados arrayanes. Oculta, la niña tiembla de miedo y con ella tiemblan las tres medallas que luce como galardones –una a la obediencia, otra a la puntualidad y la tercera al buen comportamiento–. El lobo escucha el tintineo, salta sobre la niña y la devora hasta el último bocado. 

Este "inapropiado" final es celebrado por los niños: "Es el cuento más bonito que he oído en mi vida". Y todo esto sucede ante el horror de la tía que le reclama al viajero: "Acaba de echar a perder usted años de esmerada educación".   

Alba Marina Rivera asume a conciencia el riesgo de recrear esta historia. 
"Me sentí muy atraída por el cuento y el escritor desde buen comienzo, admirando no solo su increíble eficacia y economía de medios, sino sobre todo su afilado sentido del humor e ironía [...] un delicado equilibrio entre lo cruel y lo sarcástico. Enfrentar la creación de imágenes que de alguna manera reflejaran estas características era un reto interesante. El mismo hecho de escoger el formato álbum ilustrado, típicamente dedicado a los niños, para una historia que en principio no está escrita para niños y que tiene un tono nada didáctico y algo políticamente incorrecto, me parece un gesto irónico en sí mismo".   
El libro se presenta en un estuche troquelado, con un formato exageradamente apaisado que recuerda un vagón: un inusual aspecto exterior que al abrir genera el efecto cinético de un tren en movimiento. 



Las decisiones estilísticas que tomó Alba Marina Rivera para abordar las imágenes están estrechamente ligadas a la estructura de esta obra de Saki, compuesta por un cuento dentro del cuento. Una historia de naturaleza más realista incluye a otra que se mueve en lo fantástico. Resaltando esa doble naturaleza, la ilustradora situó la primera historia en un marco estético que refleja la época en que vivió Saki, acercándose a un registro de lo real por medio del dibujo detallado. Dado lo fantasioso de la segunda parte de El contador de cuentos, la historia contada por el contador es recreada con mayor libertad,  mediante composiciones más planas sobre texturas decorativas. Alba Marina Rivera explica esta decisión de la siguiente manera: 

“Para resolver esta encrucijada, decidí ubicar la historia I en un ambiente realista, tridimensional, de la Inglaterra del 1900, con leyes espaciales como la perspectiva cónica y la aérea. Busqué información sobre los trenes, vestuario, objetos y paisajes de la época. La historia II (la de Bertha) decidí contarla usando como base los motivos decorativos de las tapicerías y tejidos del espacio I, casi como si ocurrieran dentro de estos motivos, utilizándolos a veces como fondo, a veces como forma, para crear un mundo fantástico que espacialmente se ubica dentro del mundo 'real', como es la propia estructura del cuento dentro de otro cuento". 
ESCENA HISTORIA I
ESCENA HISTORIA II






El trabajo de los personajes también estuvo cuidadosamente estudiado. Alba Marina se basó en imágenes de Saki para la caracterización del protagonista, por encontrar resonancias entre éste y su personaje de ficción hasta en la circunstancia de su soltería, poco usual para su época y condición social. La tía, de rasgos angulosos y afilados, contrasta con la redondez de los tres sobrinos. Lo recto y rígido, sinónimo de aburrido, en contraposición a lo ondulado y flexible, sinónimo de lúdico. En cambio, existe una relación directa entre el tratamiento de la tía y la niña "horriblemente buena", ambas construidas con la misma rigidez. Un lazo de color magenta que la tía lleva en el sombrero y la niña en la cabeza evidencia la afinidad de estos dos personajes, indicando que comparten una manera similar de entender el mundo.

Las ilustraciones están dibujadas con lápiz de grafito y algunos toques en lápices de colores sobre las texturas de William Morris transferidas al papel (se transfiere la tinta de una fotocopia a otra superficie usando disolvente). 
"Haciendo transfers de los motivos de los tejidos conseguí generar un ambiente más irreal para el mundo fantástico de la historia II. Técnicamente decidí diferenciar ambos espacios. En el mundo de la historia I dibujaba primero los elementos como quería y después transfería los motivos de los tejidos en zonas muy controladas. En el mundo de la historia II, lo hice al revés: primero realizaba el transfer y después creaba los elementos de la escena".

ESCENA HISTORIA I






ESCENA HISTORIA II

Este atrevimiento llegó a buen puerto y fue destacado por las palabras del jurado en el enunciado del Premio New Horizons 2009:

“La ilustradora se muestra libre de inhibiciones, incertidumbres, miedos o dudas. Al contrario, prefiere retratar con maestría las múltiples emociones de la historia: la ironía, el aburrimiento, la perplejidad, el disgusto y la expectativa, capturando así, y con gran claridad visual, la atmósfera que reina dentro del vagón del tren. Pues esta escena representa un choque entre dos paradigmas educativos, dos opiniones y, quizás, dos formas de concebir el mundo. Un estuche innovador y elegante completa esta presentación visual que nos deleita”.


domingo, 31 de mayo de 2020

Madre Medusa: un mito sobre el aprendizaje de una madre

Clara Berenguer es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia con una tesis doctoral sobre la ilustración infantil valenciana. Desde 2014 es profesora del Diplomado de Cultura, Lectura y Literatura para Niños y Jóvenes de la Universidad de Valencia y en septiembre de 2016 obtuvo el XV Premio Aurora Díaz-Plaja de crítica y estudio de la literatura infantil catalana. En su reseña nos habla de los aprendizajes de Medusa, la enigmática protagonista del ábum de Kitty Crowther.

La reseña original en catalán pueden leerla en el blog de Llibreria Il·lustrada, aquí



De pequeña, cuando imaginaba cómo sería mi vida de mayor, me gustaba pensar que a los treinta, una edad que entonces consideraba ya como suficientemente adulta, sería madre de al menos una o dos criaturas. Pero, pasada la treintena, y por diferentes circunstancias que ahora no vienen al caso, aquella inocente proyección infantil parece estar todavía bastante alejada de materializarse y, de momento, por tanto, me he de conformar con pasar todo el tiempo que puedo con los hijos de mis amigas. Que algunas tienen hasta por partida doble. Esta experiencia con la maternidad vivida en segunda persona me permite observar, desde la distancia, los distintos comportamientos maternales y las infinitas posibilidades de crianza que hay, por lo que puedo comprobar, y que en algún momento espero poner en práctica. 

Parece que estas cavilaciones alrededor de la crianza y la educación de los niños son cuestiones que también se plantea la escritora e ilustradora Kitty Crowther, quien reflexiona sobre la maternidad y las actitudes tan diferentes y personales de enfrentar la difícil tarea de ser madre en Madre Medusa, entre otros asuntos. 
Así, para que sea como es debido, esta historia comienza con un parto, el de Anacarada (Irisada en Mare Medusa, la versión en catalán) que asoma la cabeza entre las piernas de su madre gracias a la colaboración de dos comadronas peculiares que ayudan al nacimiento de la hija de Medusa, un ser extraño y enigmático que se oculta detrás de unos cabellos larguísimos que incluso se mueven como una extremidad más. Medusa es, por tanto, una madre especial y Crowther no lo disimula sino que lo evidencia exageradamente.

De hecho, esta madre Medusa parece descender directamente de la mitología griega y de las teorías del botánico sueco Linneo quien denominó a estos animales marinos con este nombre porque sus tentáculos hacían pensar, efectivamente, en aquellas tres gorgonas que los mitos antiguos describen como monstruos femeninos de cabellos formados por serpientes venenosas que petrificaban a quienes las mirasen. Precisamente, Medusa es de una belleza que cautiva, como también lo son las medusas, pero es, a la vez, un personaje que espanta, una mujer estrambótica que vive encerrada en su propio cabello, tan largo que parece tener vida propia y que se mantiene alejada y distante del resto del mundo. Solamente Anacarada puede acercársele y es solo con ella que se muestra como de verdad es, afectuosa y dulce, pero, sobre todo, temerosa, porque no quiere que le pase nada malo; es por esto que la envuelve, la mima de manera tierna y constante con sus cabellos sin apenas separarse de ella y sin ninguna pretensión de compartirla con nadie. Y esta no es la opción más acertada.

Para ilustrar este relato metafórico sobre el amor maternal y el instinto absoluto de protección, Kitty Crowther es fiel a los lápices de colores, a su peculiar personalidad estética y a la presencia de imágenes atrevidas, descaradas y subversivas para reforzar visualmente el texto. Este libro es también una especie de homenaje a los considerados diferentes del resto, raros o extraños y quién mejor que Crowther, una autora que despierta cierta controversia, para ejemplificarlo en forma de libro álbum. De esta manera, toda una serie de crustáceos, cangrejos, anémonas de mar, conchas, esponjas, flores y cualquier tipo de pájaros y otros animales aparecen junto a las dos protagonistas como una alegre decoración en imágenes de playas y otros paisajes naturales donde la fantasía y la imaginación enaltecen la delicadeza de los detalles y el onírico universo gráfico con reminiscencias de la pintura expresionista refuerza el tono mágico de la narración. 


En resumidas cuentas, el ansia protectora de Medusa se convierte en una barrera que aísla a Anacarada del mundo exterior, tan lleno de cosas maravillosas que descubrir y, a pesar de que puede hacer cualquier cosa con los cabellos, como protegerla, levantarla, transportarla, alimentarla, guiarla y hasta enseñarle a leer y escribir, no puede ofrecer a su hija la libertad de relacionarse con otros niños. 

Finalmente, Medusa claudica y lleva a Anacarada a la escuela para sacarla del aislamiento social al que la había condenado y hasta se corta el cabello, consciente de la rareza que espanta a los compañeros de la niña cuando la va recoger a la salida. Pero este gesto no se debe entender como una renuncia ya que el cabello con el tiempo volverá a crecer. Y, ahora que lo pienso, conozco muchas madres que se han tenido que cortar el cabello para dejárselo crecer una vez que han aprendido a ser la madre que realmente tenían que ser. 









domingo, 24 de mayo de 2020

Entrevista ilustrada: Ina Hristova

Ina Hristova Nació en Bulgaria en 1988. Se licenció en Historia del Arte y Pedagogía Artística de la Academia de Bellas Artes de Sofía. Posteriormente estudió Ilustración en la Escola Massana de Barcelona. Lleva Espai Brut, un estudio donde coordina talleres de ilustración y grabado. Su trabajo ha recibido el Premio Junceda Futurs Creadors y el Premio FLIC Festival de Literaturas y Arte Juvenil.



¿Qué sueñas?



¿A qué le tienes miedo?



¿Qué te hace llorar?



¿Qué cosa no te comerías nunca?



¿Cómo es el futuro?



¿A dónde vamos cuando morimos?



Si fueras un personaje de ficción,
¿cuál serías?



¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?



¿Qué ocurre cuando entras a un armario chino?



¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?


viernes, 22 de mayo de 2020

Entrevista ilustrada: Nono Granero

Nono Granero nació en Úbeda, Jaén, en 1968. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Granada y desarrolló diversas líneas de trabajo, vinculando la narrativa y la plástica en torno al mundo de los cuentos. Hoy es escritor, ilustrador y narrador oral y ha publicado obras en España, Francia y Dinamarca. En 2017 fue finalista del concurso de poesía para niños y niñas «Ciudad de Orihuela». Algunos de sus libros han sido incluidos en listas como los White Ravens de Múnich, o la Fundación Cuatrogatos de Miami.





















miércoles, 13 de mayo de 2020

Lectura en casa: hablan los especialistas

¿Cómo iniciamos la lectura en casa con niños? Cuatro especialistas de Chile, México, España y Venezuela nos responden algunas de las preguntas más frecuentes relacionadas con el hábito lector.

—1—
 ¿Cómo abordar la lectura si en casa no tenemos el hábito? ¿Por dónde se empieza?



VERÓNICA URIBE:
Bueno, si ya estás leyendo este blog, es que ya empezaste, porque lo principal es interesarse por la lectura. Hay muchos adultos que no eran lectores habituales y comenzaron a hacerse lectores junto a sus hijos, leyendo libros para niños junto a ellos. El mundo de los libros para niños es muy atractivo y se encuentran verdaderas joyas que cuentan historias con palabras e imágenes. Estas "joyas" no solo nos permiten adentrarnos en la literatura, el arte de la palabra, sino también en las infinitas posibilidades de las artes plásticas. 
Si estuviéramos en tiempos normales diría que escoger junto a los niños un libro en una biblioteca o en una librería es una buena manera de dar los primeros pasos. Como eso es más difícil ahora –esperemos que pronto cambie– buscar junto a los niños algunas lecturas recomendadas en blogs especializados (como Linternas y bosques, Cuando te presento el mundo, Donde viven los monstruos, La coleccionista, Fundación Cuatrogatos, entre otros) es una alternativa, si se pueden adquirir en alguna librería que envíe a domicilio o que permita recoger en su sede. 
Lo importante es que los niños se sientan comprometidos en la elección del libro: las portadas y los títulos son indicios para tener un atisbo sobre lo que nos espera con la lectura.

RUTH GALICIA:
Una gran entrada a la lectura es el reconocimiento de que todos ya leen (leemos) y que desde nuestras distintas necesidades y deseos practicamos distintas lecturas. ¿Por dónde se empieza? Para la lectura literaria se puede partir de la lírica tradicional, que es un bien cultural presente y vivo en las familias, un legado simbólico. Los portadores de texto son las madres, padres, familias que desde su oralidad pueden tender puentes hacia los textos en soporte libro. Este tránsito de la oralidad a lo escrito lo legitima. Se trata de generar sencillos encuentros centrados en el compartir; no leer para, sino leer con. Es decir, implica disponibilidad y complicidad entre quienes leen, escuchan, platican sus desconciertos y todo aquello que les llame la atención y les genere ecos de emociones, imágenes e incluso otras historias.

También es muy importante considerar que "el hábito" no es estático, ni una cuestión fija, es una cuestión de apetencia y necesidad.

PEP BRUNO:
Creo que debemos empezar por nosotros mismos: los adultos como modelo lector. Es importante que nos vean leer, que nos oigan hablar de nuestras lecturas, que compartamos pasajes que hemos disfrutado, que les leamos en voz alta... y sobre todo que logremos establecer una rutina lectora en casa que implique un tiempo (de silencio, sin otras distracciones) y un lugar donde leer cada día. Y, claro, también es buena idea contar con un lugar para los libros en casa.

LINSABEL NOGUERA:
Por el juego y lo lúdico. En mi experiencia, cuando convertimos la lectura en parte de un momento de juego todos lo disfrutamos: adultos y niños. Si no tenemos el hábito de leer ayuda muchísimo. El juego puede partir del libro o llevar a él desde sus personajes, la anécdota, las ilustraciones. Por ejemplo, un juego que funciona de ida y vuelta —es decir, podemos partir del libro o llegar a él— es organizar una búsqueda del tesoro reuniendo pistas que establezcan una relación con elementos de la historia y al conseguirlas todas ir a las páginas del libro donde encontramos esos elementos y ver qué pasa con la conversación espontánea que surge allí. La curiosidad generalmente nos lleva a querer saber qué pasa, qué cuenta el libro, a querer leer o que nos lean, que es más rico para los más pequeños. 
Y en el caso de los preadolescentes y jóvenes, lo lúdico, más allá del juego, puede ser ese momento de disfrute cuando comentamos lo leído, intercambiamos ideas, las articulamos con la experiencia de cada quien y convertimos la lectura en espacio de vínculo afectivo.
Así que esto nos lleva a otro elemento indispensable: un adulto proactivo que quiera generar estos espacios de disfrute compartido. Y no tiene que ser un lector habitual, basta con que propicie el momento un poquito cada día. 10 o 15 minutos, que pueden ir ampliándose. 
Me gusta decir que la lectura efectiva es la lectura afectiva. Y lo lúdico, lo placentero, lo que nos hace sentir bien y cómodos, es una manifestación de afecto. Entonces uno busca transferir esa sensación al espacio de encuentro con la lectura, en cualquiera de sus formatos.



—2—
¿Cómo puedo mantener la atención de los niños una vez iniciada la lectura?



RUTH GALICIA:
Partiría de un paso previo, seleccionar un libro que en la particularidad de los niños con quien se compartirán las lecturas nos permita puntos de encuentro. Pienso en los libros que tienen diversas puestas literarias de entrada, que sostienen la atención cuando el mediador hace un análisis de la estructura narrativa, el aporte y tensiones de las imágenes. Y comparte (no "enseña") que un buen libro no se agota en solo una lectura. Ir celebrando cada hallazgo que las niñas y los niños van encontrando puede generar entusiasmo y atención. La atención es una construcción que parte de la honestidad, que confiere la importancia a cada momento en que se desarrolla la lectura.

PEP BRUNO:
La capacidad de atención es algo que se puede ir cultivando con el tiempo: no atiende el mismo tiempo y de la misma manera un niño de 3 años que un niño de 10. Pero sí es importante: primero, contar con buenas lecturas (que les interesen, emocionen, provoquen, les hagan identificarse...) y, segundo, que se queden mejor con ganas de más, que con ganas de acabar. También es importante controlar el uso y evitar el abuso de pantallas, especialmente con los más pequeños.

LINSABEL NOGUERA:
Antes de la lectura: ofreciendo libros que respondan a sus gustos e intereses, a su momento de referencias cognitivas de acuerdo a su edad y madurez emocional. 
Estimulando que sean los niños quienes eligen el libro que quieren que se lea. Y aquí es importante tener entonces una biblioteca de donde escoger. No tiene que ser muy grande, cinco libros ya es el inicio de una.
Creando espacios apropiados para leer y escuchar. Un nido de lectura, parafraseando a Yolanda Reyes. Un lugar que invite a la acción de leer, libre de otros estímulos como pantallas (incluyendo el teléfono móvil del adulto), organizarse para que no haya nada más que reclame la atención en ese rato, que sea acogedor, cómodo, iluminado y genere un ambiente de cercanía emocional. Podemos acondicionar un lugar pequeño en la habitación de los niños y convertir la cama en ese nido durante ese momento de leer.
Durante la lectura: haciendo una lectura viva, jugar con las voces, las pausas, el volumen, los cambios de velocidad. 
Manteniendo un ritmo que le permita al que escucha o lee con nosotros seguir la trama, las acciones y disfrutar de las ilustraciones. 
Destacando lo que no es obvio sin revelarlo totalmente, para que sea el niño quien lo descubra y despierte en él el gozo de leer entre líneas, de leer imágenes, de confirmar sus hallazgos y convertirse en un lector activo. 
Combinando lectores, intercambiando momentos para leer por turnos, cuando ya los niños saben leer. 
Estimulando la lectura de imágenes, dejándolos encontrar en las ilustraciones lo que dice el texto y que lo complementa, lo que desde ellas da marco de referencia y amplía el sentido de lo que se cuenta.

VERÓNICA URIBE:
Es muy importante elegir bien el momento de leer. Es habitual leerle a los niños, al final del día, prontos a dormir. Pero también se puede buscar alguna pausa entre juegos, en esos espacios de tranquilidad que a veces se dan durante el día, para seleccionar juntos el libro que se va a leer o dejar que el niño escoja solo.
Leer en voz alta siempre requiere algo de práctica. Pero en la medida en que se haga habitual, será más fácil encontrar el tono, seguir el ritmo de las palabras, apurar o ralentizar la lectura a medida que se desarrolla la historia.
Ahora, si los niños no mantienen la atención, tal vez haya que cambiar de libro, con la misma libertad con que los adultos dejamos aparte un libro que no ha logrado interesarnos y, quizá, retomarlo más adelante.



—3—
 ¿Las interrupciones en la forma de preguntas o comentarios son aconsejables o no debo permitirlas? Cuando los más pequeños quieren pasar la página o cambiar de libro, ¿debo parar? ¿cómo puedo retomar la lectura después?



PEP BRUNO:
Me gusta pensar en la lectura en voz alta más como un diálogo que como un monólogo. Por eso, cuando hay interrupciones que tienen que ver con esa lectura forman parte, naturalmente, de ese diálogo en el que lector, escuchador e historia andan enredados. Las interrupciones que tienen que ver con la lectura (dudas, preguntas, comentarios sobre lo que se está leyendo) nos dan pistas del interés que está despertando en nuestro pequeño auditorio y pueden ser magníficos disparadores para otras lecturas, búsquedas, conversaciones, etc.

VERÓNICA URIBE:
Si primero pensamos en que destinaremos un tiempo del día, más que a la lectura, al encuentro con los libros, todo puede resultar más fácil. Podemos sentarnos junto a los niños con varios libros por delante y dejarlos ver, tocar, hojear; podemos hablar sobre las portadas, sobre las imágenes; podemos leer alguna página suelta. Es probable que deseen saber más, que quieran y nos pidan que leamos ese libro del que han escuchado un trozo. Y también podrán interrumpir y preguntar, a medida que se avanza en la lectura, pero si la historia es verdaderamente interesante y la leemos bien, es probable que las interrupciones sean breves y las preguntas acotadas, como nuestras respuestas. Y la lectura fluirá.

RUTH GALICIA:
La lectura es un proceso orgánico, las interrupciones son más bien intervenciones de los lectores que escuchan una lectura. Durante la lectura, quienes escuchan ponen a prueba la congruencia de quien les lee, cuando alguien hace notar un detalle de la imagen, una palabra, está aportando hebras para tejer una conversación, e incluso abre la posibilidad para leer en más de una ocasión el libro. Este hecho va descubriendo varias capas del libro. 
Hay ciertas rituales al leer que los niños y las niñas van reconociendo, por ejemplo mientras se lee podemos mirar a quien "interrumpió" sin ampliar sus comentarios, pero sí registrándolo para que al término de la lectura forme parte de la conversación que detonamos. 
Sobre pasar la página o querer cambiar de lectura: los más pequeños están descubriendo cómo funcionan los artefactos llamados "libros". Nosotros como mediadores requerimos conocer y reconocer el fin que perseguimos: ¿que se familiaricen con los libros? ¿Que reconozcan que aquella canción o cuento que vive en la oralidad de sus familias ahora la ven en un libro? ¿Que descubran la rima que detona el juego del lenguaje? ¿Qué descubran cómo la imagen les ofrece una historia alternativa al texto escrito? 
Más bien podemos hacer una breve pausa, muy corta, que de paso a la continuidad, e invariablemente tener presente qué aportaron. 
Retomar la lectura puede ser hacer una segunda lectura, donde ya se trata de un texto enriquecido por las "interrupciones" que en la primera lectura pudieron surgir.

LINSABEL NOGUERA:
Las preguntas relacionadas a la lectura son siempre bienvenidas. Eso indica que tenemos la atención del niño. A mí me funciona hacer un gesto breve para que el niño sienta que su necesidad de respuesta será atendida apenas pueda, cierro la idea que tengo en ese momento de la lectura, hago una breve pausa para responder y enlazo con la historia otra vez vinculando la respuesta con lo que sé que viene a continuación.
Si la respuesta a la pregunta se responde al avanzar en la lectura, simplemente digo algo como "¡Ah!, ¿ves? Esa es una buena pregunta y seguro más adelante encontraremos la respuesta. ¿Seguimos?".

Esto plantea un reto sencillo para el adulto que lee: hay que haber leído antes la historia para anticiparnos a las preguntas y tener respuestas breves y pertinentes. 
Otra reacción frecuente de los más pequeños es querer cambiar de libro o pasar la página. En ese caso los dejo explorar los libros, satisfacer su necesidad de tocarlos y recorrerlos. Luego propongo escoger cuáles quieren que leamos y a esa selección le damos un orden: 1°, 2°, 3°. Me quedo solo con el primero y dejo en reserva los demás, explicando que los vamos a ver todos, pero que para disfrutarlos tenemos que leer uno por uno. La idea es reducir la cantidad de estímulos alrededor de la lectura principal.



—4—

¿Cómo leer con niños de distintas edades
a la vez?



RUTH GALICIA:
Partimos de que leer con niños de un mismo rango de edad o de distintas edades, implica generar comunidades lectoras. Generar un ambiente en un clima de afecto y respeto que legitime desde la distribución de la mirada, la cercanía corporal, la recuperación de lo dicho indistintamente de la edad, desde la inclusión, puede crear una red de sentidos en que todos aportan.

LINSABEL NOGUERA:
Eso depende de las edades de los niños. 
Si es un bebé y un niño más grande, tener al bebé en el regazo y al otro niño al lado puede ayudar.

En general, lo primero es encontrar lecturas que aborden temas de interés común, con una extensión intermedia entre el promedio de las edades de los niños y lograr la manera de incorporar activamente a los más grandes a la dinámica de la lectura.

PEP BRUNO:
Hay libros que contienen centros de interés comunes para distintas edades. También está la opción de hacer distintas lecturas: lectura para el más pequeño y lectura para el más mayor. Nosotros en casa leíamos o contábamos un cuento cada noche a cada uno de nuestros hijos. Seguimos leyendo todas las noches en voz alta hasta que el pequeño cumplió los catorce años. De hecho hoy en día de vez en cuando seguimos leyendo en voz alta cuando estamos todos juntos.

VERÓNICA URIBE:
No es fácil, pero si se logra que haya una hora de la lectura en casa, como costumbre, se pueden turnar día a día los libros que interesan más a los grandes, con los que son más apropiados para los pequeños. Los unos y los otros muy probablemente encontrarán cosas de interés en el libro para "más grandes" o en el para "más pequeños".


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¿Cómo puedo propiciar la conversación y el diálogo sobre lo que leímos?



VERÓNICA URIBE:
Lo más interesante de la lectura es que los libros se transformen en motivo de conversación familiar y debemos ir más allá de preguntar simplemente : "¿Te gustó?". Podemos hacer preguntas algo más interesantes como sugiere el especialista Aidan Chambers. Por ejemplo: "¿Qué es lo que más te gustó de este cuento? ¿Y lo que menos te gustó? ¿Hay algo que te pareció extraño? ¿Te fijaste en donde ocurre la historia? ¿Te gustaría vivir allí? ¿Hay algo que cambiarías del cuento?". 
Es un experiencia muy buena repasar las ilustraciones, encontrar cosas escondidas, fijarse en detalles. Los niños son excelentes lectores de imágenes y nos sorprenderá todo lo que pueden ver, generalmente más que los adultos acostumbrados a encontrar significados principalmente en las palabras. 
Muchos cuentos para niños tienen frases rimadas, aliteraciones, versos, canciones o palabras especiales que pueden comenzar a ser parte del vocabulario familiar. Del mismo modo, podemos recordar pasajes o personajes de un cuento leído cuando estamos haciendo otras cosas y así los libros comenzarán a ser parte de nuestra vida cotidiana.

RUTH GALICIA:
Partamos por considerar que los libros (en sus distintos soportes) son un texto, que detona textos en los escuchas o lectores. Es la curiosidad honesta de qué hilos toco en ellos, lo que puede generar que sus voces sean necesarias para compartir al libro enriquecido. Abrirse a los hallazgos que ellos van enunciando, regresando a mirar la imagen, o a releer la palabra, el párrafo que les inquietó, gustó o desconcertó, identificando aquello que les hizo eco con otras historias u otros libros, validando las conexiones de las versiones o historias contadas en sus familias.

LINSABEL NOGUERA:
Haciendo preguntas abiertas que propicien el intercambio de ideas.

Validando las apreciaciones del niño, lo que lo estimula a seguir compartiendo. Si estamos de acuerdo, celebrar la coincidencia. Si no estamos de acuerdo, reconocer y respetar su apreciación, argumentando con propiedad y brevemente la nuestra, cerrando con otra pregunta que estimule la conversación. 
Y propiciando que esta misma dinámica suceda entre ellos. 
Aidan Chambers tiene un libro donde aborda este tema con calidez, honestidad y sugerencias sencillas: Dime, editado por el Fondo de Cultura Económica.

PEP BRUNO:
Más que preguntar (que parecería casi como un test o un examen posterior a la lectura) puedes comentar las cosas que más te han gustado, sorprendido, interesado... y esperar que los niños también comenten, aporten su punto de vista, etc. La conversación y el diálogo en casa (a partir de libros o no) es algo que también puede y debe cultivarse, dejando tiempo y espacio para ello.

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VERÓNICA URIBE (Chile), reconocida editora de libros para niños y fundadora de Ediciones Ekaré y Ediciones Ekaré Sur. Ha publicado numerosas adaptaciones de cuentos y versos de la tradición criolla, indígena y europea, algunas de las cuales han sido traducidas a otros idiomas. Autora de varios libros, entre ellos: El mosquito zumbador, Cuentos de Diego y Daniela, Aquí veo, El libro de oro de los niños.

RUTH GALICIA (México), es Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es especialista en Lectura y Primera Infancia, diplomada por la Biblioteca Vasconcelos y la UNAM. También es diplomada en Literatura Infantil y Juvenil por la UNAM y la Universidad Iberoamericana (IBERO).

PEP BRUNO (España), es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid. Es narrador oral, editor, escritor y lector crítico. Ha publicado numerosos cuentos para niños, entre ellos, Escarabajo en compañía, libro en homenaje al autor estadounidense Arnold Lobel, y Escarabajo de vacaciones.

LINSABEL NOGUERA (Venezuela), es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Especialista en Literatura Infantil y Juvenil, cuenta con un máster en Libros para Niños y Jóvenes por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Además, es fundadora y coordinadora de La rana encantada, proyecto dedicado a la promoción de lectura desde 2008 en Caracas. Su más reciente proyecto es la librería, ludoteca y galería Tres Paraguas, en Gavá, Cataluña.