jueves, 20 de junio de 2019

El rey mocho: una lectura desde la antropofagia cultural


¿Sabías que la historia que nos relata Carmen Berenguer nos remite directamente a la cultura grecolatina? ¿Conoces las referencias visuales que empleó Carmen Salvador para ilustrar este álbum? Ricardo Sarco Lira (Caracas, 1991), egresado y profesor de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela; comparte con nosotros un análisis de El rey mocho a la luz de los planteamientos estéticos y culturales de la antropofagia.

En 1928 se publica en Brasil el primer número de la Revista de Antropofagia que contiene la primera publicación del Manifiesto antropófago. Será el inicio del movimiento artístico antropofágico, una de las primeras vanguardias de Latinoamérica e hito cultural del Brasil. Tomando la imagen del caníbal de manera irónica y resignificándolo como un “tropos” o lugar desde donde plantarse, Oswald de Andrade, su autor, nos deja un texto de corte poético, compuesto por aforismos y cargado de una enorme cantidad de referentes culturales y literarios.

Antropofagia es una metáfora para hablar de los procesos de apropiación cultural activa en los que una cultura se adueña de rasgos, referentes o manifestaciones específicas de otra: “Solo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago".

Múltiples críticos y teóricos comprendieron que el triunfo de la antropofagia cultural planteada por el Modernismo brasilero reside en que, intentando dar nombre a uno de los procesos culturales del Brasil, este movimiento dio con un planteamiento estético afín a toda Latinoamérica y que puede verse tanto en su pasado como en su actualidad.

En la literatura infantil podemos encontrar múltiples ejemplos de antropofagia cultural. Comentaremos el caso de El rey mocho, que parte de un texto que quizás no es manejado por todos los lectores. Las referencias de la historia que nos relata Carmen Berenguer nos remiten directamente a la cultura grecolatina.

Cuenta un mito griego que en cierta ocasión el semidiós Pan desafió al dios Apolo a un duelo para ver cuál de los dos era mejor músico: Pan con la flauta o Apolo con la lira. De jueces fungieron el monte Tmolos y el rey de Frigia, Midas —recordado por nosotros por tornar en oro todo lo que tocaba—. La montaña declaró ganador al dios solar, pero Midas discrepó asegurando que el dios de los rebaños era mejor intérprete. Apolo, furioso como suelen ponerse los poderosos cuando se les contraria, le dio a Midas orejas de asno obligándolo a cubrir su cabeza con un gran turbante para ocultar su vergüenza.

Izq: Apolo vencedor de Pan. JORDAENS, JACOB. Óleo sobre lienzo 1636 - 1638
El único en conocer la condición del rey fue su barbero, a quien este le hizo jurar que guardaría silencio. Como no podría compartirlo con nadie, el barbero cavó un profundo hoyo en una colina y gritó en él el secreto del rey, tapándolo luego con tierra. El secreto había salido de su pecho, sin que él se lo contara a alma alguna… Pero como suele ocurrir en estos relatos, las cosas tienen su manera de salir a la luz y tiempo después, donde el barbero gritó el secreto de Midas, nacieron matas de caña, las cuales, al soplar el viento, se mecían y susurraban: “El Rey Midas tiene orejas de asno”.

Casi todo el relato sobrevive, con algunas modificaciones, en el cuento de Berenguer: un rey oculta una deformidad en sus orejas y tiene en su barbero al único guardián de su secreto. Este no soporta la carga y lo grita en un hueco en la tierra del que brotarán luego cañas que, más tarde, revelarán la verdad.

La apropiación intencionada del relato y el manejo astuto de las referencias, ahora veladas del texto original, hacen del trabajo de Berenguer un caso digno de estudio. La autora parte del relato del Rey Midas, pero omite todo los sucesos previos a su padecimiento: la trama inicia con un comentario sobre la situación del rey, sin darnos explicación alguna de cómo llegó a ser, pues en los cuentos de hadas hay ciertos datos que no se preguntan o se dan por sentados desde el inicio. Aparentemente olvidados quedan el duelo musical entre las deidades y la furia de Apolo. Igualmente la deformidad del monarca cambia: de maravillosa (unas orejas de asno) a verosímil (la falta de una parte del cuerpo). Así, el relato se torna en un hecho más fácilmente creíble.

La referencia mitológica queda astutamente velada en la parte del cuento en la que sucede lo maravilloso. Tras brotar las cañas en el terreno donde el barbero gritó el secreto del rey, ocurre la magia:



“Un muchacho que cuidaba cabras pasó por allí y cortó una caña para hacer una flauta. Cuando estuvo lista la sopló y la flauta cantó:
El rey es mocho no tiene oreja
por eso usa peluca vieja.”

Que el secreto lo descubra un joven pastor de cabras no es —me atrevo a decir— una casualidad. Pan, quien desafiara a Apolo a un duelo musical y que fuera favorecido por Midas, es la deidad griega de los rebaños y de los pastores; mitad hombre mitad cabra, Pan es lo que se conoce como un fauno. Vemos así que la presencia del pastor y sus cabras no es un detalle más en la trama. Que además el secreto se revele a través de una flauta de caña, instrumento musical escogido por el semidiós, termina por sellar y blindar la referencia. A esto podríamos agregar que Pan es otra de las divinidades griegas de la fertilidad, por lo que el rápido crecimiento de las cañas, que se produce mediante un acto casi de invocación, podría referir también a las cualidades de este ser.

El dios Pan tocando la flauta (fragmento). JORDAENS, JACOB. Óleo sobre lienzo 1639 - 1640








Ahora, si bien Berenguer, de nacionalidad chilena, traduce el mito en clave de relato fantástico, no lo hace en clave autóctono, no lo americaniza. Esto último se logra mediante el trabajo de la ilustradora venezolana Carmen Salvador, quien le proporciona a El rey mocho su aire de cuento de hadas clásico, y a su vez, lo acerca a nosotros visualmente.
La ilustración tiene el mismo peso que la palabra. Las ilustraciones deben aportar con su propio lenguaje, para complementar la historia. De esta forma, el lector puede producir también una tercera lectura... su lectura.
Tomado de Creando un personaje: entrevista a Carmen Salvador
La geografía, el ambiente natural en el que transcurre el cuento recuerda al valle de Caracas, con su centro poblado rodeado de verde espesor y enclavado entre laderas. Remite también a lo alto del cerro El Ávila, desde donde se ve la costa bajando por el poblado de Galipán.


La formación de Salvador como arquitecto le facilita un manejo cabal de las formas y las proporciones de las edificaciones, así como el dominio de una buena cantidad de referentes culturales vinculados a la historia venezolana; basta comparar sus ilustraciones para el cuento con material de archivo (planos, bocetos, cuadros y fotografías) para percibir directamente la relación entre ambos.

El castillo del rey con su torre, está basado en la Quinta Las Acacias (1913), mansión caraqueña que perteneció a la familia Boulton y que es hoy sede de la Comandancia de la Guardia Nacional; mientras que su emplazamiento, en una colina desde donde se divisa el centro de la ciudad, recuerda al “Cuartel de la Montaña”, antigua Academia Militar La Planicie (1930), posteriormente Museo de Arte Militar.

Fotografías de la Quinta Las Acacias en El Paraíso, Caracas, 1913


La plaza y el mercado donde el rey colocará su anuncio “El rey busca barbero joven, / hábil y discreto.” se basan en la Plaza Mayor de Caracas de la época colonial, con sus arcadas, quioscos, tenderetes y su suelo de baldosas, tal como puede verse en dibujos y pinturas de Camille Pissarro durante su viaje por Venezuela a mediados del siglo XIX; o en los levantamientos realizados por Rosario Salazar Bravo para su libro El comercio diario en la Caracas del siglo XVIII. Una aproximación a la historia urbana (Fundación para la Cultura Urbana, 2008). En la plaza del cuento puede también vislumbrarse, tras las arcadas, la ahora Casa Amarilla de fondo, aún sin remodelar. El cuento gana así una lectura visual con referentes propiamente venezolanos y caraqueños, hecho que es logro único del pincel de Salvador.

Fotografía de Federico Lessmann, La plaza mayor, Caracas,1866 


Este álbum es un claro ejemplo de cómo opera la antropofagia cultural en la literatura infantil, bien sea mediante la apropiación crítica de relatos y referentes de otras culturas, o a través de un corpus de ilustraciones que se encargan de releer críticamente el texto brindando una nueva interpretación de este en clave local.

viernes, 7 de junio de 2019

Cómo se ilustra un personaje, por Stefano Di Cristofaro


Stefano Di Cristofaro, ilustrador de La Sayona y otros cuentos de espantos y Guachipira va de viaje explica cómo fue su proceso de creación de los personajes en el libro Conejo y Conejo, escrito por Isa Saturno.


Ilustrar Conejo y Conejo fue todo un reto. Para empezar, los personajes se llamaban igual, pero el texto sugería que eran distintos.

… Pero distintos, ¿cómo?

Lo primero que hice fue imaginármelos como un espejo, igualitos, igualitos.



Lo siguiente era encontrar la forma de los personajes. Traté de hacer un dibujo que fuera capaz de tener muchas expresiones. 




De allí partí hacia la diferencia entre Conejo y Conejo. Diferencias “pequeñitas”.



Luego teníamos que encontrar la técnica para esta historia de buenos amigos que se pelean. Hice muchas pruebas.







Finalmente teníamos la línea y técnica para nuestro libro.

Lo único que faltaba ahora era una buena paleta de colores.



¡Y voilá! Aquí están Conejo y Conejo. Ahora sí, ¿puedes encontrar todas las diferencias? 



jueves, 2 de mayo de 2019

Conejo y Conejo: espejos y alteridad


Lo que vemos en el reflejo del espejo, ¿parece ser o es? Martha Riva Palacio Obón, escritora, poeta y especialista mexicana cuya obra ha sido reconocida con el Premio Hispanoamericano de poesía para niños 2014 y el XVI Premio de Literatura Infantil 2011; comparte con nosotros su mirada analítica de la historia y los personajes de Conejo y Conejo.


"Conejo y Conejo son buenos amigos. 

Se conocieron por casualidad 

en un huerto cerca de un río."

En Conejo y Conejo, el texto de Isa Saturno y las ilustraciones de Stefano Di Cristofaro nos introducen en un salón de espejos donde es necesario reajustar constantemente la mirada. El yo se vuelve tú cada vez que cambiamos de página y al final, descubrimos que siempre somos otros. Es un libro que permite varias lecturas, donde la tensión entre lo simétrico y lo asimétrico desempeña un papel determinante.

Conejo y Conejo son exactamente lo que parecen ser y no. 

Ilustración de Mjallhvít (Blancanieves) de los Hermanos Grimm. Islandia, 1852.

En nuestra imaginación, los espejos funcionan como umbrales que nos conducen a la región de las sombras: revelan lo que somos pero de forma diferente. Revelación que, como nos muestran mitos y cuentos de hadas, puede ser tanto bendición como maleficio. En su ensayo sobre lo ominoso, Freud establece un juego de palabras entre lo conocido (heimlich) y lo desconocido (unheimlich); lo conocido de lo (des)conocido. Las similitudes entre Conejo y Conejo resultan ominosas, nos producen cierta sensación de déjà vu. Somos cómplices, gozamos con esos pequeños detalles que trastocan el curso del relato haciéndonos sospechar que están pasando más cosas de las que parece a simple vista. 

Fotograma de The Circus, de Charles Chaplin, 1928.

El otro es también un lienzo en el que proyectamos nuestros impulsos, temores y deseos inconscientes. Nos sentimos simultáneamente fascinados y amenazados por esa mirada ajena que rompe nuestra ilusión de omnipotencia y nos recuerda nuestra propia mortalidad. Por eso es que el poder no tolera discursos que se contraponen al suyo, son un recordatorio de que no se puede saberlo ni controlarlo todo. Conejo y Conejo discuten por las guayabas, juran por las montañas del este y del oeste no volverse a ver. Pero sustraerse de la mirada del otro implica perder el vínculo con el mundo y quedar atrapados en nuestro propio discurso; el hastío de esa historia única que se repite hasta la náusea: 

"Una noche oscura y sin estrellas, 
Conejo se sentó sobre una de las auyamas del huerto. 
Ya no esperaba nada. 

Una noche oscura y sin luna, 
Conejo se sentó sobre una de las auyamas del huerto. 
Tampoco esperaba nada." 

En Las historias de una idea, Marina Garcés nos recuerda que el conocimiento surge a partir del diálogo con lo desconocido: “Cada historia ilumina un sendero dentro de lo que no sabemos al tiempo que amplía los márgenes de lo que nos queda por saber. Cuantas más historias se saben, más historias quedan por escuchar y por contar. Cuantas más ideas se han pensado, más profundo es el no saber que las acoge…” Esas variables extrañas que nos humanizan y liberan. 


"Entonces, Conejo vio a Conejo sentado frente a él 

y abrió mucho los ojos. 


Entonces, Conejo vio a Conejo sentado frente a él 

y no pudo contener una sonrisa." 

Patas cortas, orejas largas, amar o no las cumbias, ser tímido, preocuparse por el imperio de las ratas… La mirada de Conejo es testigo de Conejo, lo complementa, lo trae de vuelta al mundo.

miércoles, 10 de abril de 2019

El arte de Socorro Salinas: paralelismo entre la obra y la vida

Linsabel Noguera, especialista en promoción de lectura, narradora oral, y fundadora de  La rana encantada, nos cuenta su experiencia con Veo veo. El arte de Socorro Salinas.

Socorro Salinas hizo una obra tan viva y simpática que se convirtió en una referencia para nuestros talleres en La rana encantada, por lo que nos entusiasmó la idea de replicar la experiencia en Tres paraguas, librería en Gavá.






El detalle de la vida cotidiana, con sus picardías y ternuras, está tan presente que podemos descubrir personajes muy similares a los que conocemos: la señora que va de compras y pide rebajas, el muchacho cansado de cargar peso que se sienta a descansar, los enamorados que se besan en la plaza, el niño que trata de evitar que su cometa se enrede en una rama y hasta un vecino fisgón que —con binoculares en mano— mira la vida de todos en su vecindario. 

Cada personaje vive en un escenario que guarda similitudes con cualquier barrio en otras ciudades. Así, los niños reconocen las dinámicas en la playa, en el mercado, en la avenida, como si fueran suyas. 


















Eso nos permite establecer relaciones de paralelismo entre la obra y la vida. Relaciones que favorecen el reconocimiento tanto de la propia localidad como del trabajo plástico de Socorro Salinas. Y lo mejor, al ser una artista ingenua su lenguaje está tan cercano al del niño que los estimula a dibujar con libertad y crear sus aproximaciones a la comunidad a la cual pertenecen para contarla desde sus dibujos. 

Disfrutamos juntos del juego que propone Veo veo, de la rima que entre texto e imágenes leemos antes de cada obra presentada y de compartir el hallazgo de detalles fuera de las pistas dadas.


Como mediadores en talleres de ciudadanía, aprovechamos esta empatía con el libro para generar dinámicas que nos ayudan a crear reconocimiento del entorno, sentido de pertenencia y a mirar cómo convivimos todos los que participamos. 

Veo veo. El arte de Socorro Salinas, nos encanta porque presenta la obra de esta extraordinaria artista de una manera lúdica, cálida y con él agradecemos tener un poquito de un museo en casa.