jueves, 6 de febrero de 2020

Literatura infantil y desarrollo humano: aproximación a El rey mocho

María Carmen González Landa, profesora del Dpto. de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid; y Nerea Alzola Maiztegi, profesora y coordinadora de la especialidad de Educación Infantil de HUHEZI en la Universidad de Mondragón; analizan y comentan El rey mocho desde un enfoque multidisciplinar. En este fragmento de su trabajo, exponen la manera cómo la literatura infantil y su trabajo en las aulas puede contribuir a la integración de niños y niñas inmigrantes en las sociedades que los acogen.

En este artículo ofrecemos el comentario de un libro álbum latinoamericano para contribuir a facilitar la presencia de este tipo de creación literaria, multimodal y multicultural, en las aulas de educación infantil y primaria. Creemos que el trato con la buena literatura es un camino abierto para la educación en lo humano y en lo multicultural. 

En esta ocasión, primamos un acercamiento al texto como espejo o pozo desde donde atisbar, vislumbrar o perfilar trazos de la condición humana, en lo que tiene de pequeño y mezquino y de grande e infinito, de singular y de común.

La sociedad española está viviendo transformaciones notables; entre ellas, el cambio socio-cultural y las repercusiones, de diverso tipo, que la integración de emigrantes de distintos rincones del mundo provoca. Esta realidad exige adoptar una serie de medidas políticas, económicas, sociales, culturales y educativas para poder acoger a estos ciudadanos, nacidos en otro lugar, con todos sus derechos y deberes. Desde nuestro punto de vista, una de las acciones educativas de educación intercultural, sencilla y fácil de aplicar, es la consideración de la literatura infantil y juvenil de los países de origen de los niños y niñas escolarizados, siendo esta presencia un modo de reconocimiento y ayuda a los recién llegados y, asimismo, un enriquecimiento para el resto del alumnado.

De manera progresiva, principalmente por el hecho de la inmigración creciente, en nuestras escuelas y bibliotecas ha de crecer la presencia de libros de distintas culturas y, si tenemos en cuenta la emigración latina, los libros latinoamericanos habrían de tener un lugar importante.

Sin pretensión de exhaustividad, ofrecemos a continuación algunas propuestas educativas en torno a El rey mocho. Atendemos, en primer término, a “lo contado”, es decir, a la temática principal del cuento y, en segundo término, “al contar”, es decir, a los tipos de narrador y a las marcas textuales con las que se expresa el modo de establecer la comunicación con los destinatarios o lectores del cuento. 

Sobre “lo contado” - Trabajo sobre autoimagen, autoconcepto y autoestima

El problema específico que se plantea en el cuento es que el protagonista vive centrado en su “defecto”, gasta mucha energía en tratar de que pase desapercibido a los demás y, lo más condicionante, tiñe por completo la percepción de sí mismo; su autoimagen global está oscurecida por la consideración de la parte como todo.




Otro aspecto del problema puede designarse como egocentrismo, que consiste en creerse el centro de cuanto tiene importancia así como de la atención de todos. Efectivamente, el protagonista tiene una “deficiencia” física que le conduce a una relación problemática con su imagen corporal, ya que, en primera instancia, asocia o basa la visión general sobre sí mismo a su imagen física. En efecto, es frecuente establecer relación entre la satisfacción de las personas con su apariencia física y su autoconcepto en general. En este relato, el “autoconcepto” del protagonista, también sus relaciones sociales y su conducta, están demasiado afectados por su pequeña deficiencia física.

El “defecto” físico del protagonista le hace sentirse poco atractivo y se avergüenza de él; ello le causa, en primer término, un problema de imagen personal que redunda y afecta a otras dimensiones de su persona, a sus acciones y relaciones con los demás o a la carencia de éstas. Sabemos que muchos niños y niñas, especialmente cuando se acercan a la adolescencia, se sienten extraordinariamente sensibles respecto a sus características físicas, incluso las más insignificantes que perturban la percepción global y ponderada de su físico. En este ejemplo, la obsesiva y permanente consideración de la carencia de oreja, impide al protagonista de la historia valorar otras características faciales y de complexión física positivas, así como poder apreciar que, aunque tenga que enfrentarse a alguna deficiencia, como es el caso, puede, del mismo modo, sentirse satisfecho en otros aspectos de sí mismo. Es decir, nos interesa aprender y que los niños y niñas descubran la importancia de no desarrollar atribuciones globales sobre sí mismos basándose sólo en su apariencia o condición física, así como a no centrarse prioritariamente en sus carencias sino en reconocer y desarrollar sus potencialidades. 

El desarrollo social, el conocimiento y la imagen de nosotros mismos se van construyendo a lo largo de nuestra infancia y adolescencia a partir de tres fuentes principales, íntimamente entrelazadas: cómo la niña o el niño se ve a sí mismo, cómo percibe que le ven los demás y cómo se relaciona con los demás. Estas vivencias tendrán unos efectos, aunque no irreversibles, muy importantes en el conocimiento y la aceptación de sí mismo y, como consecuencia, en su dimensión social y afectiva y en su alegría de vivir.

La narración que tratamos se centra en cómo el rey se ve a sí mismo; es importante no sólo lo que le pasa sino, más aún, lo que siente y piensa de su deficiencia; en este caso, tiene una impresión distorsionada de sí mismo y se ve mucho más negativamente de lo que los demás le ven, aunque sólo sea por la superioridad de su posición real.



Por otra parte, apenas se dibuja cómo se relaciona con los demás ni tampoco se plantea cómo es percibido por los demás. Para que el protagonista encauzara y superara este problema u otro, sería importante ayudarle a ver cómo es percibido por los demás y a no anclarse en su parcial y egocéntrica visión; el rey mocho no dialoga ni siquiera con los que conocen su defecto, agravando sus consecuencias con esta incomunicación y desconfianza respecto de los otros. En síntesis, entre otras cuestiones, el cuento nos facilita poder pensar y dialogar sobre maneras, equilibradas o patológicas, de afrontar, construir o transformar nuestras diversas identidades. Asimismo en la importancia que le damos a un rol adquirido y en los lentos caminos educativos y de trabajo personal de liberación. 

Sobre “el contar” - Observación y utilización de dos tipos de narrador (en primera o tercera persona) y del diálogo directo

Además de otros muchos caminos, la comparación entre las dos secuencias del “secreto” a la que hemos aludido, puede abrir la puerta para que los niños y niñas puedan observar (y, en su momento utilizar) el contar en primera persona y el contar en tercera persona, así como constatar las consecuencias de elegir una u otra. Como es sabido, el uso de la tercera persona al contar produce mayor distanciamiento respecto de lo contado; por su parte, con el uso de la primera persona el narrador se muestra como responsable y garante de lo que cuenta (sea él protagonista o no). En El rey mocho, como hemos visto, la narración es en tercera persona sin destinatario explícito.

Podemos propiciar que los niños y niñas se animen a convertirse en narradores de algún reto, dificultad, problema o suceso, adoptando la primera o tercera persona, según deseen “implicarse” más o menos, o bien, que transformen, respecto de este elemento, algún acontecimiento que les afecte u otro cuento breve de su gusto, o algún suceso recogido en un periódico o escuchado en la radio o televisión y lo cuenten a sus compañeros como si ellos mismos hubieran sido testigos directos y/o protagonistas.

La práctica de estas propuestas, además de un aprendizaje técnico del procedimiento de contar, puede conducir a un aprendizaje actitudinal que capacita al alumnado para elegir, en su expresión y comunicación de asuntos personales, privados o públicos, un discurso “distanciado” o bien “comprometido”, es decir, en el que las miradas y opciones del “yo” narrador no se difuminan ni ocultan sino que se hacen explícitas.

De manera progresiva, principalmente por el hecho de la inmigración creciente, en nuestras escuelas y bibliotecas ha de crecer la presencia de libros de distintas culturas y, si tenemos en cuenta la emigración latina, los libros latinoamericanos habrían de tener un lugar importante. Por lo tanto, como anunciamos en la introducción a este artículo, en próximos trabajos, seguiremos ofreciendo nuevos acercamientos a otros libros de literatura infantil latinoamericana de calidad desde las perspectivas, estéticas, éticas y didácticas incipientemente esbozadas en este. Nos interesa dar a conocer buenos libros latinoamericanos y, al mismo tiempo, seguir profundizando en cuestiones candentes para el desarrollo educativo del alumnado, destinatario de dicha literatura, así como alimentar la necesaria formación permanente de los maestros y maestras responsables de las mediaciones entre los niños y los textos literarios que pueden trabajarse en las escuelas. 
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Tomado de “Literatura infantil y desarrollo humano: aproximación a una “historia” latinoamericana, El rey mocho”, en Didáctica. Lengua y Literatura 2008, vol. 20 135-147