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lunes, 13 de marzo de 2017

Taller de gigante

Para las ilustraciones de Los últimos gigantes, François Place ensayó una y otra vez "hasta conseguir lo que tenía en mente". Antes de dar color a las imágenes con tinta y acuarela, utilizó una plumilla para esbozar los primeros trazos. Acá les dejamos algunas imágenes de figurillas, bocetos y storyboards que forman parte del mundo imaginario de este libro. 

Diente de gigante: figurilla con grabados y viñeta final

Gigante sentado: boceto a tinta e ilustración final

Gigante: figurilla e ilustración final de portada

Gigantes dormidos: bocetos en acuarela e imagen final

Storyboard a tinta e ilustraciones finales
Desde su taller, François Place nos envío generosamente las imágenes de las figurillas. Los bocetos y storyboards fueron tomados de la página web del autor: http://www.francois-place.fr/ 

Cartografía de un encuentro

Christophe Meunier y François Place en Libr’Enfant…
"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro", dice la escritora Emily Dickinson; y si nos acercamos a la obra de François Place podemos sentir que "el viaje es el corazón de sus obras". Compartimos con ustedes un encuentro entre el autor-ilustrador de Los últimos gigantes y Christophe Meunier, colaborador del blog Les territoires de l’album, a propósito de la edición aniversaria de este libro inspirado en las grandes expediciones científicas del siglo XIX.

  Los últimos gigantes


Christophe Meunier
Este álbum ha generado el más alto interés por parte de la comunidad científica y los especialistas en literatura infantil. La naturaleza misma de la obra es objeto de debate: ¿Se trata de un libro ilustrado o de un álbum iconotextual? El diseño del texto, el soporte, la articulación de imágenes enigmáticas. La elección, por ejemplo, de un pequeño formato a la italiana que permite la expresión de los paisajes, el juego de escalas con los gigantes. ¿Tal vez detrás de esto se esconda la idea de un diario de viaje?

Los últimos gigantes
François Place
En efecto, hay algunas razones para este formato. El texto se termina con la muerte de los gigantes y la escritura es bastante compleja –al menos para los más pequeños. Por lo tanto, trabajé con Casterman (editorial franco-belga que publicó el libro por primera vez en 1992) en un "formato ideal". Para simplificar, podemos decir que los libros-álbum de gran formato son más bien para los más pequeños. En el interior, una vez abiertos, son como un teatro. Por esta razón, con el editor, trabajamos en un formato más pequeño, próximo a la novela, para indicar que el libro va dirigido a lectores más experimentados. Como el texto está ordenado por una sucesión de imágenes, la página de la derecha no tiene siempre las mismas dimensiones. Definimos una longitud de líneas, un tipo de fuente y de interlíneas, en función del bloque de texto más corto y el más largo, que ha determinado la dimensión final de la página, y del libro.

En ese momento estábamos un poco preocupados de cómo iba a ser recibido por el público, porque la historia es dura. Pero esto era en 1992, y, para ese entonces, el libro ilustrado había ganado lectores más adultos. Pienso en las obras de Fred Bernard y François Roca, por ejemplo. He recibido una decena de años más tarde, una carta de una estudiante universitaria que ha escrito un libro llamado La langue est-elle fasciste? (¿La lengua es fascista?), en donde atacaba violentamente al libro. Yo ya había anticipado un poco este tipo de críticas y dije que el libro no era para niños de cinco años.




Los últimos gigantes






El mapa y el viaje


CM: Ya sea a través de los libros: Los últimos gigantes, L’Atlas des géographes d’Orbae, La fille des batailles o en la novela La douane volante, el viaje es el corazón de tus obras. Buena parte de tus libros tocan el tema de los mapas también. ¿Es un recurso para ilustrar y pensar en los paisajes imaginarios que va construyendo la narración?


De arriba a abajo: Los últimos gigantes | L’Atlas des géographes d’Orbae (Tome 2) | La fille des batailles | La douane volante






























































FP:
En principio soy un ilustrador. De hecho, cuando comencé a escribir sobre la serie documental Découverte Cadet, pasé mucho tiempo en la biblioteca tomando notas sobre crónicas de viajes y los bocetos en grabado, los altlas. Construí una base de datos que siempre tomo como referencia para el diseño y los paisajes. Después, como quien se siente apasionado por la música, entro más y más en la sutileza de las cosas y ahí uno se da cuenta de que hay una evolución del mapa, por ejemplo, y que las ilustraciones que acompañan las historias de viajes cambian en función de la mentalidad de la época. Eso es lo que me interesa saber, como las personas se percibían las unas a las otras. Eso nos recuerda mucho la manera cómo se veían, de entenderse. En un diario de viaje del siglo XVII, un viajero se dirige a los persas e informa que ha visto personas con pies calzados de hierro. Por supuesto, esto es imposible, pero él explica que el sultán tiene un número de caballos que corren mucho y a todas horas, entonces, para protegerse las pezuñas, se ven obligados a llevar grilletes. Incluso añade que tienen una forma secreta para estar siempre activos: ¡se han hecho extirpar el bazo! Y esto es sacado de un diario de viaje muy serio que hace observaciones muy finas sobre la comida, el vino, etc. El primero de los grandes exploradores occidentales, es Alejandro Magno. Se trata de alguien que pensaba ir hasta los confines del mundo. En ese momento, uno empieza a sentir que el mundo es posible de aprehender. Sus viajes influyeron en la imaginación romana, árabe, persa...



 Mapa de la montaña  de Esmeralda  |  Mapa del país de Baïlabaïkal. L’Atlas des géographes d’Orbae (Tome 1)

Escribir para los niños

CM: Para finalizar, me gustaría discutir sobre tu trabajo como autor de libros para niños, que constituye casi la totalidad de tu obra.

FP: Es verdad, pero creo que en parte es porque la mayoría de mis libros son leídos también por los adultos. En clase, por ejemplo, por tener mucho de mundo y de viajes –el mismo Atlas que es bastante complejo–, trabajo con mis libros en 6º grado con mucho entusiasmo, porque su propuesta es muy rica. Sin embargo, debo aclarar que mi escritura no está "trabajada" para los niños.

CM: ¿Cree que estas historias que tienen que ver con el viaje, la búsqueda del espacio, los encuentros con otras personas, pueden ayudar a los niños a reflexionar sobre su manera de vivir? ¿En un espacio de su cabeza tiene ese deseo?

FP: Hay una preocupación real por el agotamiento de los entornos naturales. Sin embargo, la Tierra sigue en apuros. Creo que cuando uno se sumerge en los antiguos diarios de viajes, hay una cierta fascinación que también se asocia con un gran sentimiento de temor. El filósofo Michel Serres dice que hasta hace muy poco la naturaleza era mucho más fuerte, entonces el hombre tomó la delantera. En la actualidad, la naturaleza está en proceso de recuperar su superioridad de otra manera: el cambio climático amenaza la supervivencia de nuestra especie, que causó la contaminación y los gases de efecto invernadero. Mirando hacia atrás en los imaginarios del mundo, los mapas que tenemos ahora a nuestra disposición son tomados por satélites, procesados e interpretados por una computadora. Siempre, en el mundo de la ciencia, los descubrimientos geográficos eran paralelos a los del cuerpo humano. La evolución de los atlas geográficos acompaña de manera extraña la evolución del atlas anatómico. Parece que tenemos el mismo deseo de entender el espacio interior y el espacio exterior, eso que llamamos el gran mundo y el pequeño mundo. Las imágenes de satélite, por ejemplo, son muy cercanas a las imágenes médicas: tienen los mismos procesos de tratamiento. Son curiosas e inquietantes, como si se quisiera tomar el pulso de la Tierra cada minuto. Por último, yo realmente no quiero transmitir todo esto a los niños. Sin embargo, si quiero hablarles de diversidad, multiplicidad, oportunidades para el descubrimiento, formas de pensar, de superarse: esto me resulta más interesante que hablarles de temas angustiantes.

Rencontre avec François Place à la Médiathèque du Marsan. Imagen tomada de: mediathequedumarsanlecturecube.over-blog.com
Entrevista realizada en francés y con mayor extensión en el blog Les territoires de l’album. Traducción de Careny Galarraga

viernes, 24 de febrero de 2017

La melodiosa voz de los gigantes

Con la aparición de Los últimos gigantes de François Place se publicaron varias reseñas de parte de lectores y especialistas; entre ellas una del escritor Juan Ignacio Muñoz-Tébar, autor de Duermevela (Ekaré, 2017). Acá les dejamos algunos fragmentos.


Sin duda, hay momentos en los que no sabemos distinguir con claridad cuál es la frontera entre lo real y lo fantástico. Aquellos que se obsesionan con este intangible lindero a menudo intentan reconocer indicios o marcas que hagan más seguro su recorrido, y hasta llegan a realizar tremendos esfuerzos para delimitar los espacios, acciones y personajes que se inclinan hacia lo verosímil o hacia lo imaginario. Sin embargo, suelen olvidar que muchas veces ambas cosas se confunden y sencillamente son indisolubles. 

Archibald Leopold Ruthmore, después de descifrar el mapa tatuado en un diente de gigante, no titubeó ante la posibilidad de emprender un viaje hacia un lugar remoto que se perdía en el tiempo y en las leyendas. Desde su saludable ocio decidió que valía la pena, tanto para su gloria personal como para la ciencia, emprender la aventura de comprobar la existencia de los gigantes. 

Los gigantes acogen afablemente al protagonista y éste comprende que recién ahora comienza su verdadero estudio descriptivo: "Una tarea a la altura de Archibald Leopold Ruthmore, si lo miramos bien…" Sin embargo, si miramos bien las delicadas imágenes que conforman el libro, notaremos cómo queda relativizada la altura de este presumido explorador. Sus ínfulas de grandeza son minimizadas por los límites que establece el imponente tamaño de los gigantes y la inmensidad del paisaje. Las ilustraciones de Francois Place, además, nos ofrecen una perspectiva elevada y distante, como si apreciáramos cada escena desde los ojos de un gigante sentado o, si se prefiere, como si el lector fuese un gigante que observa a través de las ventanas que hay en el libro. De este modo, queda en evidencia la pequeñez de Archibald y de todos los hombres ante el mundo que los circunda, así como su pretensión de hacer de este mundo algo obligadamente aprehensible que deba ser llevado a la escala humana. Sin embargo, hay que aclarar que por medio de esta disminución no se sugiere que Archibald Leopold Ruthmore es una mala persona; él solo es una víctima de su propio afán de crear límites en el terreno de lo desconocido, de clasificar un espacio real que pertenece a la fantasía. 


En efecto, al medir todo con los instrumentos de la razón, Archibald, lastimosamente, acorta el aspecto emocional de ese rico contacto fantástico. Todo el cuerpo de los gigantes está colmado de tatuajes que se dibujan espontáneamente y que representan cada vivencia que los ha marcado. En contraste a esto, Archibald parece mantenerse intacto ante lo que vive; ni siquiera llega a quitarse su sombrero de copa a lo largo de su estancia en el país de los gigantes: 
Además, sus pieles parecían reaccionar a las más ínfimas variaciones de la atmósfera: se estremecían al menor soplido del viento, ofrecían visos de resplandores bajo el sol, temblaban como la superficie de un lago o tomaban los matices sombríos del océano en tempestad. Comprendí entonces por qué a veces me miraban con piedad. Además de mi tamaño, era mi piel muda la que los afligía: yo era un ser sin palabras.
Y de alguna forma lo era. No fue hasta el momento en que Archibald volvió al mundo de los hombres cuando pudo retomar verdaderamente la otra palabra, la suya. Entonces se atrevió a pronunciar una historia impronunciable y se olvidó de escuchar la melodiosa voz de los gigantes. Una voz que trataba de recordarle que hay cosas que deben permanecer vivas en el silencio.


Reseña original publicada, con mayor extensión, en el Boletín Nº 16 de la Fundación Kuai-Mare del Libro Venezolano. 

miércoles, 15 de febrero de 2017

Aniversario de Los últimos gigantes

Este 2017 se cumplen 25 años de la primera edición en francés de Los últimos gigantes (Les derniers Géants: Casterman, 1992) de François Place, que Ediciones Ekaré publicó por primera vez en 1999. 

En 1992​ Casterman publicó en Bélgica la primera edición de Les derniers Géants: una versión en tapa dura con acabados en mate y papel esmaltado. En el 2012​, a propósito de los 2​0​ años del libro, relanzaron una edición aniversaria: un formato más grande​ de cartón grueso no recubierto​, con rediseño de portada, ​título en relieve y –en su interior– tres tipos de papel diferentes: esmaltado, pergamino y vegetal. Al final del libro, se agregó un apéndice informativo que hace referencia al trabajo "gigantropológico" de Arthur Leopold Ruthmore, protagonista de la historia. Esta decisión dio un ​acabado de verosimilitud al relato.
​Ediciones ​Ekaré publicó su primera edición al castellano de este libro en 1999, titulada Los últimos giganteslibro ganador del premio Los mejores del Banco del Libro de ese mismo año. A la luz de su relanzamiento por Casterman,​ Ekaré ​decidió hacer en 2016 una edición aniversaria propia​ con algunos cambios: el​ formato en tapa dura, más pequeño, el rediseño de portada con un acabado en barniz, papel esmaltado y la inclusión del nuevo apéndice de Ruthmore con notas detalladas sobre los misteriosos tatuajes de los gigantes y su significado.


Échale un vistazo: 

A mediados del siglo XIX el explorador inglés Archibald Leopold Ruthmore adquiere lo que parece ser un diente de gigante tallado a mano. Grabado en él, aparece un mapa que podría ser la Tierra de los Gigantes. Así comienza una aventura llena de misterio y peligros para alcanzar una verdad desconocida.